{"id":3351,"date":"2011-10-02T21:30:11","date_gmt":"2011-10-03T02:30:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3351"},"modified":"2014-04-07T10:52:01","modified_gmt":"2014-04-07T15:52:01","slug":"las-primeras-piedras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/02\/las-primeras-piedras\/","title":{"rendered":"Las primeras piedras"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gente no suele reparar en las obras silenciosas, las que maduran con el esfuerzo cotidiano y generalmente con ausencia de recursos oficiales, y solo movidas por una aut\u00e9n\u00adtica vocaci\u00f3n de servicio a la comunidad. Somos m\u00e1s dados a la ostentaci\u00f3n de primeras pie\u00addras, a los discursos desme\u00addidos, al ansia de conseguir tributos en v\u00edsperas electorales o al t\u00e9rmino de un mandato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El funcionario de turno se mueve afanosamente cuando presiente que se aproxima el final de su per\u00edodo, en busca del pretexto que le permita dejarle a la posteridad un testimonio, as\u00ed sea tan ef\u00edmero como su propia ambici\u00f3n, y luego pretende que dormir sobre los laureles es la mayor obra del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vienen las carreras de \u00faltima hora, las competencias contra reloj, los nerviosismos que pro\u00advoca la incompetencia, y se echa mano de cuanto argumen\u00adto se atraviese para levantar esas pasmosas mentiras rega\u00addas por todos los confines del pa\u00eds que conocemos como las primeras piedras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son, en t\u00e9rminos generales, piedras huecas, sin m\u00e1s consistencia que la de sostener monumentos a la vanidad, tan movedizos como la inutilidad de quienes no entienden que el servicio p\u00fablico es, ante todo, apostolado. Hay quienes inten\u00adtan prolongarse en la piedra y solo consiguen quedar aplasta\u00addos bajo ella. Las obras aut\u00e9nticas no se afirman sobre bases fr\u00e1giles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En todos los confines del pa\u00eds nos encontramos con palmarias demostraciones de ineficacia, de arrebatos ego\u00edstas, de glorias caducas de quienes buscaron m\u00e1s la lisonja que el verdadero sentido de servicio. La vanidad del hombre lo conduce a crear alrededor de su figura aureolas tan desproporciona\u00addas que no soportan el primer encontronazo y, lejos de enaltecerlo, lo ridiculizan. Los hechos intrascendentes solo duran lo que resiste una ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La euforia de las primeras piedras no convence a nadie, y ni siquiera a sus autores. Es preferible ser autor de todo un conjunto y no de una primera piedra que suele desmoronarse o desaparecer. El cementerio de las obras inconclusas est\u00e1 formado por entusiasmos moment\u00e1neos. Pocos son los que tienen la visi\u00f3n, la paciencia y la perseverancia suficientes para iniciar un proyecto y proseguirlo hasta su culminaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los m\u00e1s, que solo persiguen impresionar al electorado o a la comunidad con la placa o la valla que consagren m\u00e9ritos que nunca se han tenido, resultan los desaforados dilapidadores de presupuestos invertidos sin planeaci\u00f3n ni l\u00f3gica, dentro de estos arranques de soberbia que a nada conducen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vemos por doquier la placa que recuerda la iniciaci\u00f3n del hospital que no ha avanzado m\u00e1s all\u00e1 de armar una negra armadura; la valla que se dej\u00f3 extendida sobre un campo bald\u00edo, anunciando proyectos ambiciosos que nunca se cumplir\u00e1n; la piedra muy bien cincelada e incrustada a varios metros de profundidad, para que nadie la arranque, dando cuenta de que en ese preciso sitio se comenz\u00f3 la noble idea de levantar la salacuna, el asilo de ancianos, la ciudadela del ciego, y acaso todo un complejo urban\u00edstico para la redenci\u00f3n de los desheredados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esos y otros enunciados ociosos nunca se realizar\u00e1n, pero contienen hondas \u00a0ra\u00edces fantasiosas que nutren la vanagloria de sus forjadores. Y a lo largo de los d\u00edas nos tro\u00adpezamos con testimonios que se quedaron clavados en la tierra o en la fachada de la obra negra, aunque no en la gratitud de la gente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los verdaderos servidores sociales se recogen en su celosa humildad y\u00a0 huyen del boato de las primeras piedras. Estas no necesitan placas consagratorias. \u00a0A ellos solo les preocupa la suerte del hombre. Trabajan entre silencios sufridos, sudan las dificultades de presupuestos escasos y no desfallecen hasta poner la \u00faltima piedra, esta s\u00ed majestuosa, que es la que corona de gloria a quienes sa\u00adben que el ser \u00fatiles no consiste en la ostentaci\u00f3n sino en la efectividad. El hombre no es \u00fatil por lo que anuncia sino por lo que ejecuta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 24-XII-1976.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar La gente no suele reparar en las obras silenciosas, las que maduran con el esfuerzo cotidiano y generalmente con ausencia de recursos oficiales, y solo movidas por una aut\u00e9n\u00adtica vocaci\u00f3n de servicio a la comunidad. 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