{"id":423,"date":"2009-10-27T15:14:26","date_gmt":"2009-10-27T15:14:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=423"},"modified":"2014-03-01T10:37:00","modified_gmt":"2014-03-01T15:37:00","slug":"el-caballero-de-%e2%80%9cel-corso%e2%80%9d","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/10\/27\/el-caballero-de-%e2%80%9cel-corso%e2%80%9d\/","title":{"rendered":"El caballero de \u201cEl Corso\u201d"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Legendaria figura la de Alberto \u00c1ngel Montoya -el \u201cmaestro del soneto galante\u201d, que llam\u00f3 Guillermo Valencia-, nacido hace un siglo en Bogot\u00e1 y cuya sombra de refinado dandy a\u00fan se percibe hoy en la casa sabanera de \u201cEl Corso\u201d. (El poeta nace en marzo de 1902, no de 1903, como figura por error en algunos textos). En esta morada vivi\u00f3 intensas pasiones amorosas, trasplantadas a sus libros con fulgores prodigiosos, y all\u00ed pas\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os en absoluto silencio monacal, presa de atroz ceguera y alumbrado por la llama et\u00edlica. El sibarita de perfumados salones sociales, que \u201camaba el vino, la mujer y el juego\u201d, ver\u00eda con los ojos de la mente, alejado del mundo y los placeres, transcurrir las horas borrosas del atardecer, y exclamar\u00eda: \u201cHoy soy feliz porque aprend\u00ed a ser triste\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">Testigos de aquella \u00e9poca de sombras se encargaron de seguir desde lejos los pasos del poeta por la casona blasonada y refulgente, y luego solitaria, que a\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda sido centro de alegres bohemias intelectuales y mundanas. Por \u201cEl Corso\u201d desfil\u00f3 lo m\u00e1s selecto de la sociedad bogotana, y entre los contertulios m\u00e1s allegados puede citarse a Jos\u00e9 Camacho Carre\u00f1o, Alberto Lleras, Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda, Jorge Padilla, Eduardo Castillo, Edmundo Rico, Jaime Barrera Parra, Rafael V\u00e1squez, Nicol\u00e1s G\u00f3mez D\u00e1vila, Rafael Maya, Mario Laserna.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando sus ojos comenzaron a marchitarse, los viejos confidentes -cada vez menos buscados por el due\u00f1o de casa- entendieron que deb\u00edan mantenerse a prudente distancia y solo de tarde en tarde pasaban por la hacienda silenciosa,\u00a0 animados por el fervor constante hacia el anacoreta. El bardo quer\u00eda retirarse del mundo externo, para vivir mejor entre los l\u00edmites penumbrosos del ocaso. Este deseo se hizo manifiesto cuando en el portal\u00f3n de la casona apareci\u00f3 esta inscripci\u00f3n: \u201cProhibida la entrada a los parientes\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\">El grupo de antiguos oficiantes de los festines de la inteligencia y del alcohol, unidos por el placer y el gusto por la vida, se preguntar\u00edan c\u00f3mo el poeta del regocijo y del apetito mundano lograba resistir su adversidad sin buscar la soluci\u00f3n suicida, como en sus casos desesperados lo hab\u00edan hecho Silva, Larra, Alfonsina Storni, Virginia Woolf y Stefan Zweig, y a\u00f1os despu\u00e9s lo har\u00eda Ernest Hemingway.<\/p>\n<p align=\"justify\">Para dicho enigma resulta adecuada la siguiente interpretaci\u00f3n. En primer lugar, la p\u00e9rdida de la vista, causada por el golpe que a\u00f1os atr\u00e1s le hab\u00eda producido una pelota de polo, despert\u00f3 en \u00c1ngel Montoya la vena dormida del misticismo. Despu\u00e9s de probar los lujuriosos desenfrenos y de conocer las dimensiones del alma sensorial, supo que la vida no solo es sexo y emoci\u00f3n pasajera, sino alma y serenidad. Acaso el amor aut\u00e9ntico hab\u00eda naufragado en el torbellino de sus aventuras carnales, o \u00e9l no hab\u00eda sabido encontrarlo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando tiempo despu\u00e9s aterriz\u00f3 en su desventura, tras conocer todo lo que otorga y quita la org\u00eda del mundo, sus ojos marchitos descubrieron la verdad ignorada: el camino -en este caso el camino de \u201cEl Corso\u201d- era el de adentro, no el de afuera, es decir, el de la propia intimidad del poeta ciego. Y renunci\u00f3 a la vida pagana para encontrarse con el amor verdadero: el de una viuda atractiva y de su mismo rango social, varios a\u00f1os menor que \u00e9l.<\/p>\n<p align=\"justify\">Jorge Padilla, en excelente estampa que escribe sobre su amigo, cuenta que en enero de 1946, en forma inesperada, \u00c1ngel Montoya contrae matrimonio en la iglesia de Las Nieves de Bogot\u00e1, ataviado, a la usanza del dandy perfecto, con su flamante levita de largas colas.<\/p>\n<p align=\"justify\">He aqu\u00ed, por otra parte, la an\u00e9cdota encantada y poco conocida que narr\u00f3 a Vicente P\u00e9rez Silva el poeta Rafael V\u00e1squez, y que aquel, a su turno, me confi\u00f3 en momentos en que me propon\u00eda trazar las presentes l\u00edneas:<\/p>\n<p align=\"justify\">D\u00edas antes de la boda, el poeta depart\u00eda, en un establecimiento del centro de la ciudad, con un amigo que proteg\u00eda sus horas de tinieblas. Al recordar \u00c1ngel Montoya que se hab\u00eda comprometido a enviar una colaboraci\u00f3n al diario <em>El Tiempo,<\/em> tom\u00f3 el tel\u00e9fono -que era de disco, como se sabe, y por eso le facilitaba la marcaci\u00f3n- para disculparse por no poder cumplir con el trabajo. Pero se equivoc\u00f3 en alg\u00fan n\u00famero, y en lugar del peri\u00f3dico le contest\u00f3 una dulce voz femenina. La conversaci\u00f3n fluy\u00f3 como entre viejos amigos -que no lo eran-, se volvi\u00f3 placentera y surgi\u00f3 el romance bajo el est\u00edmulo del vino.<\/p>\n<p align=\"justify\">Convinieron una cita para d\u00edas despu\u00e9s, con la advertencia de que \u00e9l era bohemio y adem\u00e1s ciego. En el encuentro, subyugada ella por la figura apuesta y la exquisita galanter\u00eda del conquistador, y \u00e9l por la ternura presentida, qued\u00f3 sellada la uni\u00f3n matrimonial. La dama era Mar\u00eda Junguito, que se convertir\u00eda en la fiel y abnegada compa\u00f1era de las horas sombr\u00edas.<\/p>\n<p align=\"justify\">Una noche, el bohemio llega a su casa en compa\u00f1\u00eda de dos amigos y le pide a su esposa una botella de vino y cuatro copas. Al notar que hac\u00eda falta la copa de ella, tal circunstancia le inspira el soneto <em>Pasi\u00f3n tard\u00eda<\/em>: <em>\u201cToma la copa y bebe, que ma\u00f1ana \/ no habr\u00e1 vino en tu copa ni en la m\u00eda. \/ In\u00fatilmente prolongu\u00e9 mi fr\u00eda \/ indiferencia mentirosa y vana&#8230;\u201d<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">\u00c1ngel Montoya, henchido de fascinaci\u00f3n voluptuosa por la mujer, es cantor del hechizo femenino. El amor er\u00f3tico, lo mismo que ocurrir\u00eda con Laura Victoria, lo conduce al misticismo. La ceguera le lleva otras luces al esp\u00edritu y lo vuelve m\u00e1s profundo. En la \u00faltima etapa de su vida nace el fil\u00f3sofo. Su poes\u00eda, tanto en verso como en prosa (yo no he sabido precisar cu\u00e1l de las dos es superior), sobrecoge y enamora.<\/p>\n<p align=\"justify\">Su mayor arte es la del soneto cl\u00e1sico. Con poemas como el <em>Soneto al amor<\/em>, su obra mejor lograda, conquista la gloria: <em>\u201cCu\u00e1ntas veces, amor, por retenerte \/ puse a tus pies mi juventud rendida. \/ Y cu\u00e1ntas a pesar de estar herida \/ te la volv\u00ed a entregar por no perderte&#8230;\u201d <\/em><\/p>\n<p><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 27 de marzo de 2003.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Legendaria figura la de Alberto \u00c1ngel Montoya -el \u201cmaestro del soneto galante\u201d, que llam\u00f3 Guillermo Valencia-, nacido hace un siglo en Bogot\u00e1 y cuya sombra de refinado dandy a\u00fan se percibe hoy en la casa sabanera de \u201cEl Corso\u201d. 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