{"id":4617,"date":"2011-10-16T06:58:46","date_gmt":"2011-10-16T11:58:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4617"},"modified":"2014-04-08T14:13:19","modified_gmt":"2014-04-08T19:13:19","slug":"la-vela-y-el-bombillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/16\/la-vela-y-el-bombillo\/","title":{"rendered":"La vela y el bombillo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pa\u00eds cre\u00eda haber superado la \u00e9poca de la esperma. A comienzos del siglo y algo m\u00e1s hacia adelante era imprescindible la vela, porque la luz el\u00e9ctrica apenas se vislumbraba como un adelanto sin mucha certeza. Los pueblos consegu\u00edan con dificultad su planta elemental, de escasa potencia y sin demasiadas pretensiones, que en\u00adcend\u00eda con desgano y por turnos los pocos bombillos que comenzaban a desplazar el hasta entonces indispen\u00adsable candelero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las familias m\u00e1s pudientes, una especie de burgues\u00eda castigadora, hab\u00edan dado un paso ha\u00adcia la civilizaci\u00f3n con la l\u00e1mpara de gasolina, otro invento deslumbrador que hoy no se aprecia en sus justas proporciones porque en aquellas ca\u00adlendas exist\u00eda a\u00fan mucha distancia de los incre\u00edbles progresos de los tiempos actuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cambiar el estertor de una vela por la potente y hasta prepotente lumino\u00adsidad de una Coleman era como traer el sol a la noche. As\u00ed se pregonaba aquella audacia. El aparato misterioso que irradiaba una luz estable y vigorosa, dominar\u00eda una \u00e9poca de asombro. Desped\u00eda rayos como lanzando cho\u00adrros de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comenz\u00f3 a retirarse de los hogares cuando el municipio co\u00adlombiano se dio aires progresistas. No era f\u00e1cil dotar a las comunidades de su propia planta el\u00e9ctrica, con todas las arandelas y los requisitos que supon\u00eda un programa de esa \u00edndole, pero como el hombre, monstruo insaciable y aventurero, no se detiene en sus in\u00adcursiones cient\u00edficas y no se atemoriza ante lo inc\u00f3gnito, a la vuelta de los a\u00f1os ya conoc\u00edamos el bombillo como un dios precursor de reservadas reve\u00adlaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y as\u00ed fuimos entrando silencio\u00adsamente a la era de la electricidad, con cautela pero con certeza, tratando de dominar un derecho que parec\u00eda esquivo y que era preciso poseer para seguir invadiendo otras \u00e1reas. La bandera de la civilizaci\u00f3n, con la que se han ganado tantos privilegios y se han perdido tantos sosiegos, se man\u00adtendr\u00e1 siempre desafiante en manos del hombre, para bien o para mal. Despu\u00e9s se sabr\u00eda de inmensas re\u00adpresas hidrogr\u00e1ficas, generadoras de miles de kilovatios, y se armar\u00edan complejos engranajes a lo largo de nuestra absorta geograf\u00eda. Hab\u00eda irrumpido el grito de la tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La triste vela, con la que tanto escritor se quem\u00f3 las cejas tratando de escribir su mensaje para las futuras generaciones, que\u00addaba convertida en pavesas. El pa\u00eds se ilumin\u00f3 y a lo largo de sus carreteras y caminos, en campo abierto como en la escondida vereda, ya no era posible sino la luz articulada del modernismo. Acaso nos acos\u00adtumbramos mal. Botamos corriente hacia todos los confines y un d\u00eda, cuando menos lo esper\u00e1bamos, vol\u00advimos a quedar en tinieblas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos explicaron que hab\u00edamos lle\u00adgado a la crisis del petr\u00f3leo, el mayor dictador de los tiempos presentes. Poco a poco comenz\u00f3 el racionamien\u00adto, al principio como un juego y finalmente como una dictadura. Nadie entendi\u00f3 que eso fuera posible en pleno arrebato de la tecnolog\u00eda, y por m\u00e1s que el Gobierno hac\u00eda cuentas y ce\u00adrraba las palancas del fluido, la gente hablaba de imprevisiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se entend\u00eda c\u00f3mo, de la noche a la ma\u00f1ana, hab\u00eda podido dilapidarse el tesoro conquistado despu\u00e9s de medio siglo de avances.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya ni siquiera le queda f\u00e1cil al pa\u00eds volver a la dulce placidez de la vela, porque el hombre no se resigna a los retrocesos. Se halla, en cambio, perplejo ante estos fen\u00f3menos de la humanidad desprogramada que primero da mucho y despu\u00e9s lo recorta. Y en secreto lanza una maldici\u00f3n contra las autoridades por no permitirle disfru\u00adtar de mayor luminosidad en momen\u00adtos que requieren verdaderos chorros de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 30-IV-1981.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El pa\u00eds cre\u00eda haber superado la \u00e9poca de la esperma. A comienzos del siglo y algo m\u00e1s hacia adelante era imprescindible la vela, porque la luz el\u00e9ctrica apenas se vislumbraba como un adelanto sin mucha certeza. 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