{"id":4714,"date":"2011-10-16T22:48:41","date_gmt":"2011-10-17T03:48:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4714"},"modified":"2014-03-20T16:55:44","modified_gmt":"2014-03-20T21:55:44","slug":"un-rostro-en-la-multitud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/16\/un-rostro-en-la-multitud\/","title":{"rendered":"Un rostro en la multitud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dur\u00e9 tres cuartos de hora esperando taxi en un sitio concurrido y f\u00e1cil de Bogot\u00e1: calle 45, antes de la Caracas. Era un d\u00eda cualquiera, no hab\u00eda paro de trans\u00adportadores y no era la hora pico. Los taxis pasa\u00adban ocupados. Otros ignoraban mis ruegos. Corr\u00ed a coger el que bajaba libre al otro lado de la v\u00eda, y el chofer, tan acostumbrado a estas carreras, me indic\u00f3 con sarcasmo que llevaba otra ruta. Me qued\u00e9 con la puerta en la mano y sent\u00ed la burla grotesca que quemaba mi impaciencia. Luego, por poco me precipito en un carro particular, pero me detuve, aunque tarde, cuando el se\u00f1orito del volante me recrimina\u00adba: \u201cf\u00edjese, idiota\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Idiota que es uno cuando es provinciano. Camina tor\u00adpemente y se deja atropellar de todo el mundo. Llegaba otra vez a Bogot\u00e1, deshabituado como siempre a sus carreras y su indolencia. Entrando a la ciudad al mando de mi propio veh\u00edculo, hab\u00eda gastado una hora entre las f\u00e1bricas del sur y el primer puente elevado, todo porque un volquete se hab\u00eda varado y obstru\u00eda la mitad de la calzada, provocando un lento y endemoniado infarto en el tr\u00e1nsito. Todos se miraban al cruzarse, se desafiaban, se repasaban los rostros agrios e incluso se condol\u00edan de la com\u00fan desgracia de tener que avanzar a paso de tortuga entre pitos y protestas in\u00fatiles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora segu\u00eda esperando taxi en la calle 45, antes de la Caracas. Era posible que el amigo con que me hab\u00eda puesto la cita en Chapinero estuviera todav\u00eda pendiente de mi aparici\u00f3n. Finalmente atrap\u00e9 un carro des\u00advencijado, humoso, de color mugre, que acababa de dejar a la se\u00f1ora de la tienda con sus bultos y sus canastos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El chofer me hizo una especie de ver\u00f3nica cuando pas\u00e9 a bordo. Me midi\u00f3 por el espejo y arranc\u00f3. Iba despacio, parsimonioso, indiferente a mis afanes. No intent\u00e9 urgirlo, porque entend\u00ed que su temperamento no estaba para carreras, y tampoco su veh\u00edculo. Me cont\u00f3, sin pregunt\u00e1rselo, que no llevaba placas. Tampoco tax\u00edmetro. Apenas la llanta de de repuesto y dos herramientas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hicimos amistad en un minuto. Pronto cambi\u00e9 el concepto sobre el despotismo de los bogotanos. Sonri\u00f3, sin que fuera necesario. Y me hall\u00e9 con un personaje simp\u00e1\u00adtico, buen conversador y mejor comentador de su miseria. No llevaba placas, porque la \u00abcaracha\u00bb, como la llamaba, adquirida de buena fe, le hab\u00eda resultado con un expediente por contrabando. Le aconsej\u00e9 que legalizara la situaci\u00f3n y \u00e9l argument\u00f3 que le era dif\u00edcil conseguir los $ 30 mil para atender la serie de tr\u00e1mites inabordables. Tampoco pod\u00eda esconder el carro porque la familia se morirla de hambre. Era preciso, entonces, exponerse a los riesgos de las calles bogotanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo una vez hab\u00eda tenido problemas y hab\u00eda salido de ellos con un billete. \u201c\u00bfY si le quitan el carro?\u201d, le pregunt\u00e9. \u00abEntonces me volver\u00e9 delincuente para poder subsistir\u00bb, me respondi\u00f3. Yo pensaba para mis adentros que, de viejo y destartalado, aquel armatoste no llamaba la atenci\u00f3n y pod\u00eda seguir transitando en su trabajo honrado. Seguir\u00eda con franquicia para socorrer a provincianos ignorantes de les enredos de la gran capital, la de los puentes elevados, los soberbios edificios y las miserias subterr\u00e1neas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin llegu\u00e9 a mi destino. Pagu\u00e9 sin tax\u00edmetro, o sea, con generosidad. El amigo que me hab\u00eda citado en el restaurante no se resign\u00f3 a mi demora. Perd\u00ed la cita y el almuerzo, pero qued\u00e9 contento con haberme tropezado con un ser distinto a la mayor\u00eda, capaz de hacer una ver\u00f3nica en pleno tr\u00e1fago bogotano, y tambi\u00e9n de re\u00edrse y participar sus cuitas,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este humilde chofer contradice el mal genio de los bo\u00adgotanos. Es un rostro que se pierde en la multitud y se convierte en referencia amable, humana, dentro de los laberintos de la ciudad que anda de prisa, con\u00adgestionada y neur\u00f3tica (\u00a1pero te queremos, Bogot\u00e1\u2026!) Este monstruo de la civilizaci\u00f3n ha \u00a0aprendido el v\u00e9rtigo de la vida moderna pero se olvida de los menudos e insonda\u00adbles abismos del ser insignificante que deambula en una \u00abcaracha\u201d sin\u00a0 placas, sin tax\u00edmetro, sin esperanzas, y luchando a brazo partido, casi con la ley encima, para no dejarse morir de hambre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 23-II-1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentario:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tengo que contradecir lo que afirma Gustavo P\u00e1ez Escobar en su columna. \u00c9l asegura que s\u00f3lo hay un rostro amable entre los choferes de los taxis de Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo tomo taxi con frecuencia y puedo asegurar que es grande la amabilidad de los choferes. Al entrar, saludo y doy las gracias por haber parado para recogerme. Y pronto empezamos a dialogar. Pre\u00adgunto cu\u00e1ntos \u00abpelaos\u00bb tiene y si el negocio est\u00e1 bueno. Hablamos de pol\u00edtica y por qui\u00e9n va a votar. He sabido con mucho agrado que el mayor inter\u00e9s de estos padres de familia es la educaci\u00f3n de sus hijos. La inmensa mayor\u00eda tiene sus hijos en el colegio, y otros\u00a0 ya\u00a0 est\u00e1n \u00a0ejerciendo un oficio. Del negocio dicen que no es muy bueno, pero les da para vivir. Son muy esc\u00e9pticos respecto a la pol\u00edtica y a nuestros hombres p\u00fablicos. La mayor\u00eda no vota nunca. Pero ese es otro problema. <strong>Emilia de Guti\u00e9rrez<\/strong>, Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(\u00bfEntender\u00eda do\u00f1a Emilia mi art\u00edculo? GPE)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Dur\u00e9 tres cuartos de hora esperando taxi en un sitio concurrido y f\u00e1cil de Bogot\u00e1: calle 45, antes de la Caracas. Era un d\u00eda cualquiera, no hab\u00eda paro de trans\u00adportadores y no era la hora pico. Los taxis pasa\u00adban ocupados. Otros ignoraban mis ruegos. 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