{"id":4727,"date":"2011-10-16T23:16:30","date_gmt":"2011-10-17T04:16:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4727"},"modified":"2014-03-29T10:43:01","modified_gmt":"2014-03-29T15:43:01","slug":"peripecias-del-libro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/16\/peripecias-del-libro\/","title":{"rendered":"Peripecias del libro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Humor a la quindiana<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Por:\u00a0Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si el novel escritor supiera las vueltas que da un libro, tal vez se arrepentir\u00eda de continuar publicando. Alrededor del libro ocurren no pocos episodios que por decoro solemos mantener ocultos en ese mundillo de sobresaltos que se conoce como los partos le la inteligencia. Esos partos, al igual que en la mujer, causan espasmos, sofocos, desgarraduras, dolor y arrepentimiento. J\u00fabilos tambi\u00e9n, pero despu\u00e9s de hacer mucha fuerza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A usted, joven garrapateador de cuartillas, engre\u00eddo como todos los que \u00a0por primera vez nos lanzamos al respetable p\u00fablico, quiz\u00e1 le convenga saber unas cuantas verdades sobre la aventura de \u00abpublicarse\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi primer sinsabor estuvo relacionado con el t\u00edtulo de la obra: <em>Destinos cruzados<\/em>. Dur\u00e9 doce a\u00f1os pens\u00e1ndolo, y al d\u00eda siguiente de salir el libro se me present\u00f3 alguien con este argumento: \u00abEs su primer error, joven. Con ese t\u00edtulo fracasar\u00e1. Destinos, a secas, hubiera sido un \u00e9xito de librer\u00eda\u00bb. Ya era tarde para borrar la otra palabra y tuve que cargar con la criatura tal y como la hab\u00eda concebido.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer env\u00edo, muy retocado, fue para mi jefe del trabajo, el presidente del Banco. Me sent\u00eda grande. Era posible que lo deslumbrara. Present\u00eda la r\u00e1pida manifestaci\u00f3n congratulatoria. \u00a1Y nada! Ni una exaltaci\u00f3n, ni un halago, ni la m\u00e1s m\u00ednima palabra. Estuve a punto de renunciar al trabajo y a la literatura. S\u00f3lo 25 d\u00edas despu\u00e9s recib\u00ed la ansiada carta. Me dec\u00eda el jefe que le habla llegado equivocado el libro y que hab\u00eda tenido que esperar el regreso del otro destinatario para destrabar los correos. \u00abEsta vez se cruzaron los sobres\u00bb, me puntualizaba. Me felicitaba, pero todav\u00eda me arden las orejas. Y casi le hallo la raz\u00f3n al censor del t\u00edtulo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apareci\u00f3, al fin, el primer comentario de prensa. Parece que ning\u00fan escritor quer\u00eda comprometerse. Era preciso que alguien hablara de la obra del momento, que me lanzara al gran p\u00fablico. Para eso ya llevaba repartidos 120 ejemplares. \u00a1Eureka! Me cre\u00ed levantado a las cumbres de la fama con el primer p\u00e1rrafo de la nota de prensa. Pero acto seguido el comentarista revelaba el n\u00famero de adverbios terminados en \u00abmente\u00bb y de conjunciones \u00abpues\u00bb que hab\u00eda subrayado en la lectura. Esas palabrejas eran para \u00e9l pecados mortales y me rega\u00f1\u00f3 solemnemente. Era su man\u00eda. Menos mal que no me dej\u00e9 despistar y contin\u00fao en el uso de mi propio vocabulario. \u00bfD\u00f3nde estaba, mientras tanto, la \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb de escritor que yo me hab\u00eda forjado?<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vend\u00ed los primeros ejemplares a una industria de la regi\u00f3n. Era diciembre, y la obra de actualidad llegar\u00eda a muchas manos como regalo navide\u00f1o. Todos sabr\u00edan del surgimiento del nuevo genio de la literatura. Tambi\u00e9n yo me sorprend\u00ed. Con los colorines de diciembre recib\u00ed, coquet\u00f3n y travieso, mi propio libro con una tarjeta expresiva: \u00abPase usted una feliz Navidad con esta obra amena\u00bb. Si la secretaria se equivoc\u00f3 en mi caso al enviarme mi propio libro, tomado de la lista de amigos de la empresa, yo me dej\u00e9 creer del halago.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y como el prestigio debe volar al exterior, despach\u00e9 la obra a la editorial que me hab\u00eda indicado un amigo. \u00abA lo mejor te publican en Espa\u00f1a\u00bb, me anim\u00f3. A los pocos d\u00edas me lleg\u00f3 una amable nota agradeciendo el env\u00edo y ofreciendo una lectura cuidadosa. Tres d\u00edas despu\u00e9s recib\u00ed devuelto el libro, sin ninguna explicaci\u00f3n, y una semana m\u00e1s tarde una carta de disculpas con el ruego de que gastara nuevos portes de correo para remitirles otra vez la obra. Qued\u00e9 viendo un chispero y jur\u00e9 no acudir nunca m\u00e1s a un desconocido.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A mi amigo Otto lo acompa\u00f1\u00e9 un d\u00eda a comprar libros, aqu\u00ed en Armenia. \u00c9l buscaba novedades. De pronto alcanc\u00e9 a divisar en un estante mis <em>Destinos cruzados, <\/em>rodeados de obras famosas. Me sent\u00ed avergonzado al verme tan insignificante en medio de tantos escritores ilustres. Con rapidez y habilidad escond\u00ed el librejo donde Otto no iba a hallarlo. Y lo esper\u00e9 en la caja. All\u00ed lleg\u00f3 con los t\u00edtulos escogidos y, encima de ellos, el de la prohibici\u00f3n. \u201c\u00a1Tu libro!\u201d, me dijo con sonoridad, en medio de una carcajada que todav\u00eda no he logrado descifrar.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si usted supone que por novato no se tiene compradores, se equ\u00edvoca. El viejo escritor de la zona cafetera me indic\u00f3 el sistema: deb\u00eda despachar por Velotax, a Bogot\u00e1, la remesa de libros que \u00e9l hab\u00eda vendido, a nombre del comprador que me indicaba. En ocho d\u00edas tendr\u00eda el giro, me asegur\u00f3. Por supuesto, una gran venta para cualquiera y sobre todo para un principiante. Ese d\u00eda volv\u00ed a sentirme genio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaron los d\u00edas y los d\u00edas\u2026 Al fin me resolv\u00ed a enviar un mensaje urgente al escritor manizale\u00f1o, el intermediario de la venta prodigiosa: \u201cApremiado espero giro\u201d, le dec\u00eda. Y \u00e9l me contest\u00f3 al instante: \u00abSemana entrante \u00e9sa. Nunca cre\u00ed banqueros apremi\u00e1ranse\u201d. Desde entonces, hace diez a\u00f1os, no veo a mi vendedor estrella.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La estafa anterior, que siempre me ha parecido ingeniosa y digna de memoria, me ayud\u00f3 en adelante a no ser tan ingenuo. Supe despu\u00e9s que era la manera de dejar huella aquel escritor en los reci\u00e9n iniciados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tuve que regalar la mitad de la edici\u00f3n. Es la f\u00f3rmula corriente. La otra mitad se pone en consignaci\u00f3n en las librer\u00edas, o a cr\u00e9dito entre amigos, y nunca se recupera. Recuerdo que meses m\u00e1s tarde me acerqu\u00e9 a liquidar cuentas en una librer\u00eda por los 10 libros que le he hab\u00eda entregado, y encontr\u00e9 12. Tengo m\u00e1s\u00a0 historias, pero me volver\u00eda pesado con estas cojeras de la literatura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si a pesar de todo esto insiste en ser escritor, \u00a0\u00a1all\u00e1 usted!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 2-III-1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Humor a la quindiana Por:\u00a0Gustavo P\u00e1ez Escobar Si el novel escritor supiera las vueltas que da un libro, tal vez se arrepentir\u00eda de continuar publicando. Alrededor del libro ocurren no pocos episodios que por decoro solemos mantener ocultos en ese mundillo de sobresaltos que se conoce como los partos le la inteligencia. 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