{"id":4779,"date":"2011-10-17T08:47:05","date_gmt":"2011-10-17T13:47:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4779"},"modified":"2014-03-29T11:43:26","modified_gmt":"2014-03-29T16:43:26","slug":"la-noche-del-hilton","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/la-noche-del-hilton\/","title":{"rendered":"La noche del Hilton"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Humor a la quindiana<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gran jefe colorado contempla, desde el piso 40, la majestad de una noche tranquila. Tambi\u00e9n su esp\u00edritu est\u00e1 sereno, porque el triunfo es se\u00adguro. Sus huestes se pasean jubilosas, listas para el batir de palmas. S\u00f3lo sus m\u00e1s \u00edntimos consiguen llegar hasta la suite presidencial, desde donde el gran jefe colorado, con su solemne porte ingl\u00e9s y el burbujeante vaso de whisky en su diestra poderosa, mira peque\u00f1a la ciudad que se riega a sus pies entre lejanas luces titilantes. El recinto est\u00e1 contagiado de grandeza y monarqu\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los congeladores del hotel hay 300 botellas de champa\u00f1a haciendo cola para el brindis de la victoria. Est\u00e1 pr\u00f3ximo el parte de la alegr\u00eda. Ser\u00e1 un suceso arrollador, digno de los c\u00e9sa\u00adres. Julio C\u00e9sar, en Palacio, encabezar\u00e1 la marcha consagratoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eastman, su ministro consentido, futuro presidente, acaricia entre li\u00adbaciones aceleradas su destino privilegiado. El pueblo, ese populacho fre\u00adn\u00e9tico que en las plazas p\u00fablicas sali\u00f3 al encuentro del Patriarca, y que lo vitore\u00f3 y lo halag\u00f3 y lo ensalzo, ser\u00e1 una sola garganta en el momento de la apoteosis.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Patriarca se imagina desgarrada la garganta del pobre gallo plebeyo bajo la espuela inclemente de su bizarro ejemplar, el gallo colorado, que emple\u00f3 como s\u00edmbolo de su cam\u00adpa\u00f1a para doblegar al enemigo. R\u00ede con satisfacci\u00f3n y lanza una bocanada de fin\u00edsima picadura. En ese momento el gallito plebeyo, el de las \u201cminor\u00edas violentas\u00bb, desplumado y con l\u00e1nguida mirada azulosa, se sa\u00adcude y canta por primera vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acaba de entrar al recinto el s\u00fabdito mayor, Alberto el tolimense, con cajas destempladas. \u00adTrae malas pulgas. El contrincante lleva 100 mil votos de ventaja. En la sala de comunicaciones, 30 telefonistas reciben datos adversos de todo el pa\u00eds. El gran jefe colorado se encierra a solas con Alberto y entre los dos repasan el estado de sus regimientos. La provincia est\u00e1 fa\u00adllando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 con la Costa?\u00bb, pregunta intranquilo el Patriarca. Hay un rictus de contrariedad en el semblante antes impasible. En r\u00e1pida sucesi\u00f3n desfilan los rostros del estado mayor y en ellos flota cierto aire indiferente, como si la derrota, que comienza a presentirse, no fuera de ellos. Se ven ahora muy posesionados de sus corrales. La plata para la compra de votos s\u00f3lo alcanz\u00f3 para las curules que ya aseguraron.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Augusto se muerde nervioso la manga de su elegante gabardina. \u201cOtra vez me apunto mal\u00bb, piensa en sus intimidades. Se acuerda de la columna que perdi\u00f3 en el peri\u00f3dico de la resistencia y sobre todo del piso de credibilidad que hab\u00eda conquistado ante el pa\u00eds. \u00ab\u00a1Ay juelita!\u00bb, exclaman en Santander. Lo acompa\u00f1a Abd\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Prieto ve derrumbarse su segunda alcald\u00eda bogotana y se duele de la <em>Tribuna de Opini\u00f3n <\/em>de<em> El Espectador,<\/em> que se le desmoron\u00f3. La Cacica, que proclam\u00f3 muchas veces, hasta la terquedad, el imperio de su \u00eddolo, no sabe c\u00f3mo encabezar su pr\u00f3xima columna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D&#8217;Artagnan, tan punzante y des\u00adpreciativo, promete ser m\u00e1s cuerdo. El profesor Panesso, que defendi\u00f3 la \u00ablegitimidad\u00bb y no escuch\u00f3 el clamor popular, piensa que tambi\u00e9n los sabios se equivocan. El Doctor Rayo queda estupefacto, el\u00e9ctrico. Dar\u00edo, que supon\u00eda que la pedanter\u00eda era de los dem\u00e1s, siente una mosca zumbona, la de millones de sufridos televidentes, que se llevan su bol\u00edgrafo arrogante. Hasta Soto lo compadece, pero luego se acuerda de que \u00e9l tambi\u00e9n es de la misma procesi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abA muchos personajes los mata la soberbia\u00bb, piensa el gallo azul, y le asesta un fuerte picotazo a su empe\u00adnachado contendor. El gallo canta por se\u00adgunda vez. Klim se frota las manos. El Coctelero, a quien esto no le hace gracia, se toma su ecuanil con miel de abejas. El Patriarca sigue intranqui\u00adlo. Ya la diferencia ha subido a 300 mil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se acuerda del fuerte elector, el de los puentes y las maquinarias, y del poderoso vallenato, el de los buses y los bonos de la paz, y se desencanta. La ca\u00edda en Bogot\u00e1 es estruendosa, y en la Costa se escondieron los clientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ernestico est\u00e1 hecho un gui\u00f1apo. Parece una coladera. Perdi\u00f3 la curul y ya no sirve para coordinador. Don Roberto el em\u00e9rito, que puli\u00f3 bellas frases que apoyaban una causa perdida, ve esfumarse su \u00faltimo sue\u00f1o. Lo consuela Hers\u00e1n, su fiel disc\u00edpulo, m\u00e1s h\u00e1bil que \u00e9l para los timonazos sorpresivos. A los dos, Klim les sonr\u00ede con infinita bondad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Patriarca se siente traicionado y por primera vez mide la real dimensi\u00f3n del drama. Sus aduladores han huido. Ma\u00f1ana lo negar\u00e1n. Los periodistas corren al cuartel vecino, en el que est\u00e1 la noticia. \u00a1La gran des\u00adbandada, la hora de tinieblas! El olor de la guayaba penetra con presagios de desastre. Todo el mundo lo aban\u00addona. El famoso escritor que la v\u00eds\u00adpera le ofreci\u00f3 un inesperado voto de sensaci\u00f3n, a la hora de la verdad se qued\u00f3 del tren. Abelardo, antes tan categ\u00f3rico, est\u00e1 mustio y en\u00adsimismado. Da un bastonazo contra la historia ingrata.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es en estos instantes de soledad cuando el Patriarca se encuentra con un pa\u00eds enjuiciador, deseoso de cambio. Es un pa\u00eds sin los s\u00fabditos que \u00e9l pensaba, cansado del ruido de maquinarias y el alboroto de la corrupci\u00f3n. La conciencia colectiva se ha rebelado. Rechaza el continuismo, con\u00addena los negociados, pide justicia so\u00adcial. \u00a1Paz, paz, paz nacional, no sec\u00adtaria! Y es entonces cuando el gallo canta por tercera vez, con eco sonoro y victorioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A sus pies cae fulminado el gallo burgu\u00e9s, ba\u00f1ado en gl\u00f3bu\u00adlos rojos. Alfonso el Cofrade, que no tragaba entero, el m\u00e1s noble y el m\u00e1s sentimental, prorrumpe en llanto. El grupo se contagia de ambiente f\u00fa\u00adnebre. Hay sollozos en el pa\u00eds entero. La noche se pone m\u00e1s negra, y el Patriarca, descendiendo de su torre de marfil, se pierde entre las luces titilantes de la ciudad adormecida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 16-VI-1982.<br \/>\n<em><strong>Peri\u00f3dico El Editorial de Caldas, <\/strong><\/em>Manizales, 24-VI-1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Humor a la quindiana Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El gran jefe colorado contempla, desde el piso 40, la majestad de una noche tranquila. Tambi\u00e9n su esp\u00edritu est\u00e1 sereno, porque el triunfo es se\u00adguro. Sus huestes se pasean jubilosas, listas para el batir de palmas. 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