{"id":5025,"date":"2011-10-17T17:15:47","date_gmt":"2011-10-17T22:15:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5025"},"modified":"2014-04-11T15:09:11","modified_gmt":"2014-04-11T20:09:11","slug":"blanca-cecilia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/blanca-cecilia\/","title":{"rendered":"Blanca Cecilia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gratas sorpresas se lleva el escritor cuando, como en el caso de Blanca Cecilia, lectora insospechada, descubre revelaciones que jam\u00e1s hab\u00eda imaginado. \u00bfEscribir para qui\u00e9n?, es la pregunta intranquila que suelo formularme en mis ratos de incertidumbre, cuando pienso que al paso que lleva el mundo los lectores se agotan con la misma velocidad con que aumenta la frivolidad. Leer, leer con placer y raciocinio, no es una disposici\u00f3n de los tiempos modernos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El problema del escritor no est\u00e1 tanto en saber para qu\u00e9 escribe, si ese ejercicio por s\u00ed s\u00f3lo es un t\u00f3nico para la inteligencia y un b\u00e1lsamo para el coraz\u00f3n, sino en averiguar si sus palabras tienen destinatario y cumplen alg\u00fan objetivo social. Se escribe para curar el hast\u00edo y ensanchar el alma. Se escribe para huir de los mediocres. Los libros y el simple garrapateo en los peri\u00f3dicos, siendo canales id\u00f3neos para la transmisi\u00f3n del pensamiento, se convierten en medios inmejorables de comunicaci\u00f3n humana. \u00bfPero el p\u00fablico s\u00ed recibe los mensajes, los digiere, los controvierte?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ninguna vanidad me acompa\u00f1a al narrar aqu\u00ed un episodio personal que se vuelve motivador para mis colegas periodistas y escritores sobre la reali\u00addad de gentes escondidas que nos siguen los rastros. No hay ning\u00fan af\u00e1n publicitario, sino un pretexto para estimular el penoso oficio de quienes escribimos para el grueso p\u00fablico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Blanca Cecilia, lectora an\u00f3nima que coincide con mis puntos de vista, quiso conocerme en persona. Hab\u00eda visto en el peri\u00f3dico la referencia sobre un libro m\u00edo que deseaba adquirir, lo que se convert\u00eda de paso en un acceso al autor. Supuso que me localizar\u00eda en <em>El Espectador,<\/em> donde me cre\u00eda redactor de planta o contertulio habitual. Pero en dos llamadas sucesivas result\u00e9 all\u00ed desconocido. Con el tercer interlocutor obtuvo la certeza de que el columnista no era ning\u00fan fantasma y que adem\u00e1s ser\u00eda de f\u00e1cil localizaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi inc\u00f3gnita lectora, que desde ya me produc\u00eda inquietud, quedaba pendiente de mi llamada. Pero \u00e9sta s\u00f3lo era posible a horas fijas, lo cual, sonando a misterioso, hac\u00eda crecer la fantas\u00eda. Dar con Blanca Cecilia fue m\u00e1s dif\u00edcil que ella comprobar mi existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como su tel\u00e9fono no contestaba, hab\u00eda que pensar en la trampa burlesca con que el p\u00fablico, protegido por el anonimato, se r\u00ede de nosotros los pobrecitos escribidores de que habla Larra. Con bromas semejantes nos arman deliciosas aventuras y luego nos castigan por c\u00e1ndidos. Pero como la provocaci\u00f3n puede m\u00e1s que la prohibici\u00f3n, no tard\u00e9 en descubrir la residencia. Era una casa silenciosa y herm\u00e9tica, sin nin\u00adguna se\u00f1al de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al fin se entreabri\u00f3 el postigo. Luego apareci\u00f3 la borrosa silueta femenina que se negaba a dejar de frente el rostro de la dama. Algunas hebras doradas de la abundante cabellera flotaban en el aire y una sugestiva mujer inquisidora, en esta Bogot\u00e1 de las sorpresas y los peligros, m\u00e1s suspenso le creaba a la escena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me identifiqu\u00e9, y ella se mostr\u00f3 sol\u00edcita. Fue como si las sombras de la mansi\u00f3n se hubieran iluminado. Y segu\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Blanca Cecilia es una anciana inv\u00e1\u00adlida que vive solitaria en un palacio, colosal para su soledad. Maneja con maestr\u00eda la quietud de sus miembros atrofiados y tiene incluso horas establecidas para deambular, abandonando la silla y las muletas, por un espacio seguro de su tranquilo territorio. Ella misma se prepara\u00a0 los alimentos y mantiene en orden y armon\u00eda el ambiente dom\u00e9stico. \u201c\u00bfPara qu\u00e9 empleadas del servicio si \u00e9stas no se consiguen y son un problema mayor que tenerlas?\u201d, argument\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ser\u00eda, por estos indicios, una mujer afligida y neur\u00f3tica. Tal vez una exc\u00e9ntrica millonaria que, como Howard Hughes, se mantiene aislada de los contagios y la gente. \u00a1Nada de esto! Es una septuagenaria inv\u00e1lida \u2014ya a esta edad la mujer confiesa sus a\u00f1os\u2014 que se ha quedado sola y sin embargo vive alegre y saludable. A pesar de su postraci\u00f3n f\u00edsica hace ejercicios circulatorios por la casa (y por eso la hora de pasar al tel\u00e9fono es restringida).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qued\u00e9 sorprendido con su vitalidad y su entusiasmo. En su cuerpo y en su esp\u00edritu la senectud est\u00e1 derrotada y la supervivencia, garantizada. \u201cHasta los cien a\u00f1os\u201d, me dice con optimismo. He aqu\u00ed el personaje \u00edntegro, el anciano glorioso que pregona Gonzalo Canal Ram\u00edrez en su libro <em>Envejecer no es deteriorarse. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfSu secreto? Ya lo habr\u00e1n adivinado los lectores que siguen el relato, de pronto por camino equivocado. Mi reci\u00e9n descubierta amiga es lectora voraz. Sus horas de soledad, que para otros son catastr\u00f3ficas, Blanca Cecilia las llena de lecturas exquisitas y m\u00fasica selecta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conforme recorro los estantes de su biblioteca surgen en envidiable profusi\u00f3n los cl\u00e1sicos de todas las \u00e9pocas. La feliz se\u00f1ora, una brillante excepci\u00f3n en nuestro mundillo de m\u00ednimos lectores, se emociona habl\u00e1ndome de libros y personajes y se detiene en pasajes enteros que la apasionan y no le permiten declinar el \u00e1nimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuadros, porcelanas, diversas expresiones art\u00edsticas refulgen en el espacio encerrado y m\u00e1gico que el mundo externo ignora y son el marco ideal de su alma en constante combusti\u00f3n espiritual. Me muestra de salida el arrume de peri\u00f3dicos. \u201c<em>El Espectador<\/em> \u2013me dice\u2013 es mi solaz diario. Yo distingo a los columnistas, califico sus escritos y diferencio los estilos. Vivo las emociones del periodismo y los libros\u2026\u201d Sal\u00ed complacido con su ejemplo y me propuse compartir con mis lectores tan saludable experiencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPara qui\u00e9n se escribe?, fue la pregunta inicial. El desconsuelo de la escritura, que a veces nos golpea, tal vez no existiera si pens\u00e1ramos en las Blancas Cecilias, rec\u00f3nditas hadas madrinas que todos tenemos vigilantes en las vueltas del camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 10-XII-1984.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Gratas sorpresas se lleva el escritor cuando, como en el caso de Blanca Cecilia, lectora insospechada, descubre revelaciones que jam\u00e1s hab\u00eda imaginado. \u00bfEscribir para qui\u00e9n?, es la pregunta intranquila que suelo formularme en mis ratos de incertidumbre, cuando pienso que al paso que lleva el mundo los lectores se agotan con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[36],"tags":[97],"class_list":["post-5025","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-personajes-singulares","tag-personajes-singulares"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5025","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5025"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5025\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11899,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5025\/revisions\/11899"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5025"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5025"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5025"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}