{"id":5115,"date":"2011-10-17T22:04:38","date_gmt":"2011-10-18T03:04:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5115"},"modified":"2014-03-20T08:16:32","modified_gmt":"2014-03-20T13:16:32","slug":"soy-boyacense","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/soy-boyacense\/","title":{"rendered":"Soy boyacense"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>(Ingreso a la Academia Boyacense de Historia)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entrar en la historia de Boyac\u00e1 es llegar a un pasado de luchas y glorias, de esfuerzos y valent\u00edas, de misterios y epopeyas, donde la patria vibra m\u00e1s que en ning\u00fan otro sitio de Colombia. Boyac\u00e1, por ser la cuna de la libertad, es tambi\u00e9n el principio de la nacionalidad. Se comienza a ser colombiano y a sentir la densidad de le tel\u00farico y lo patri\u00f3tico desde estas piedras milenarias donde el hombre parece que emergiera, hecho roca y monta\u00f1a, ra\u00edz y esp\u00edritu, m\u00e1s all\u00e1 del mismo tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, en este territorio de labriegos y guerreros, de escritores y poetas, de hombres sencillos y mujeres virtuosas, el mundo se detiene para rendirle pleites\u00eda a la belleza y respeto al car\u00e1cter.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando venimos a Boyac\u00e1 sentimos que algo se estremece en la profundidad del alma. Es el asombro ante las bre\u00f1as que lloran de nostalgia y las mieses que susurran de plenitudes. Es el encuentro con Dios y con la naturaleza en estos campos circundados de sosiego y en estos caminos quebrados de silencios. Es la presencia inexpresable del mito y lo sobrenatural, que es mejor no romper con palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Boyac\u00e1, sumisa y arisca a la vez, es tierra de monta\u00f1as y mesetas, de llanuras y hondonadas, de recodos y horizontes, y dir\u00edase que en el capricho de la geograf\u00eda est\u00e1 fundida la personalidad de la raza. Sus pueblos, aldeas y veredas, que m\u00e1s parecen de ensue\u00f1o que de realidad, permanecen inc\u00f3lumes ante las arremetidas del enga\u00f1oso progreso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El boyacense no se dejar\u00e1 permutar el alma y vive aferrado a sus luchas, sus dificultades y sus glorias, y no renunciar\u00e1 a su ancestro y cuanto \u00e9l representa. Es, si se quiere, esclavo de la tierra, y esto hay que entenderlo como pe\u00f3n de la independencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ser boyacense significa ser hombre de ideales religiosos, de duro trabajo y temple de caballero. De los espa\u00f1oles heredamos el esp\u00edritu caballeresco con que cabalgamos por planicies y cordilleras, y tambi\u00e9n a lomo de las ilusiones, con porte galano y espada al cinto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEl boyacense \u2014dice Vicente Land\u00ednez Castro\u2014 posee un alma cosmopolita y sensitiva en alto grado, que con la misma intensidad y capacidad puede expresar la problem\u00e1tica de su terru\u00f1o tanto como la problem\u00e1tica del universo\u00bb. Y agrega Javier Ocampo L\u00f3pez que Boyac\u00e1 \u00abes un departamento cuyos paisajes naturales y su conformaci\u00f3n etno-cultural con supervivencias chibchas e hisp\u00e1nicas le infunden una identidad propia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el boyacense la discreci\u00f3n, la mesura, la sobriedad, la austeridad, mezcladas con esa malicia ind\u00edgena que con tanta certeza analiz\u00f3 Armando Solano en sus p\u00e1ginas magistrales, son virtudes sobresalientes de nuestra idiosincrasia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quienes por circunstancias ajenas a la voluntad hemos estado por \u00e9pocas ausentes del terru\u00f1o, siempre quisi\u00e9\u00adramos regresar a \u00e9l. En el anhelo del retorno hacia los primeros pasos y las primeras emociones se cifra quiz\u00e1 la mayor ilusi\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo regreso hoy, en este nuevo ani\u00adversario de la fundaci\u00f3n de la noble villa de Tunja, a recibir el alto e inmerecido honor de ingresar, al lado de personas consagradas a la lucha de las letras, la historia y la nacionalidad, a la Aca\u00addemia Boyacense de Historia. Aqu\u00ed estamos este grupo de privilegiados dici\u00e9ndole \u00a1presentes! a Boyac\u00e1, y pa\u00adrece como si de esta manera reafirm\u00e1ramos el sagrado compromiso de seguir fieles a la tradici\u00f3n boyacense.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s que a graduarnos de historia\u00addores acad\u00e9micos, ciencia de tan exigentes disciplinas, hemos venido a refrendar nuestro amor por Boyac\u00e1, por sus tradiciones y su gente. De muchas maneras hacemos historia: en el cuento, en la novela, en la cr\u00f3nica, en el ensayo y hasta en la breve nota del peri\u00f3dico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al ingresar a esta respetable casa de cultura, por donde han pasado tantas figuras ilustres, lo hago rindi\u00e9ndoles homenaje a mis antepasados, quienes me ense\u00f1aron a querer a Boyac\u00e1. De ellos recib\u00ed el estigma del boyacense y a ellos devuelvo el orgullo de ser leal al mandato de la sangre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiero traer a este recinto el re\u00adcuerdo de alguien estrechamente ligado a la estirpe boyacense, como que ya es parte nutricia de la misma tierra. Se trata de Eduardo Torres Quintero, mi mejor maestro, mi personaje inolvi\u00addable, uno de esos hombres de leyenda que para siempre permanecer\u00e1n testi\u00admoniando el pasado e impulsando el futuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue \u00e9l insomne miembro de esta Academia, adem\u00e1s de prosista castizo y vate l\u00edrico, que se volvi\u00f3 caballero an\u00addante de la cultura de Boyac\u00e1. Bien est\u00e1 entonces que evoquemos su memoria. Sobre \u00e9l escrib\u00ed una vez las siguientes palabras, que ahora deseo repasar para sentirme m\u00e1s boyacense:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abEste hombre silencioso que le huy\u00f3 a la fama y que nunca reclam\u00f3 honores; que hizo de su pobreza una oraci\u00f3n; que vibraba ante la verdad y la poes\u00eda y que en sus noches bohemias de n\u00e9ctares divinos se extasiaba con sus dioses, se vuelve mito en la historia de un pueblo que \u00e9l vener\u00f3 y ensalz\u00f3. El recuerdo se llena de unci\u00f3n al regresar a los inicios de aquellas memorables jorna\u00addas tunjanas del asombro y el hallazgo, tiznadas de lluvia y recogimientos, en la quieta placidez del hogar patricio, en cuyas noches cargadas de misterios resuena, y jam\u00e1s habr\u00e1 de apagarse, la voz enamorada de un poeta que jug\u00f3 con sus musas hasta convertirse en leyenda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 20-VIII-1985.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar (Ingreso a la Academia Boyacense de Historia) Entrar en la historia de Boyac\u00e1 es llegar a un pasado de luchas y glorias, de esfuerzos y valent\u00edas, de misterios y epopeyas, donde la patria vibra m\u00e1s que en ning\u00fan otro sitio de Colombia. 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