{"id":5504,"date":"2011-10-31T13:55:18","date_gmt":"2011-10-31T18:55:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=5504"},"modified":"2014-04-29T07:59:57","modified_gmt":"2014-04-29T12:59:57","slug":"una-viuda-del-evangelio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/31\/una-viuda-del-evangelio\/","title":{"rendered":"Una viuda del Evangelio"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las notas de do\u00f1a Ana Mar\u00eda Busquets de Cano, la dolorida y al mismo tiempo valerosa viuda que parece haberse quedado defendiendo la espalda de su sacrificado esposo, destilan gotas de ausencia. Una ausencia que se hace presencia y tiene cierto tono m\u00e1gico de resu\u00adrrecci\u00f3n, si la sombra conyugal permanece con ella, la consuela y fortifica. Admirable car\u00e1cter el de esta mujer que aprendi\u00f3, al lado del periodista, del humanista y del es\u00adcritor, a conjugar la vida con gran\u00addeza y afrontar el destino con se\u00adrenidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay seres que se engrandecen en el infortunio y tal es el caso de esta dama espa\u00f1ola \u2014colombiana de co\u00adraz\u00f3n\u2014 que hace de su pena, como ejemplo para la viudez estremecida, un canto a la lealtad y al amor. Y al mismo tiempo una afirmaci\u00f3n de la valent\u00eda. El mundo, que no ser\u00e1 nunca de los pusil\u00e1nimes \u2014y mundo significa tambi\u00e9n evoluci\u00f3n\u2014, aprende a no detenerse con lecciones como las que desde su columna pe\u00adriod\u00edstica escribe Ana Mar\u00eda sobre el coraz\u00f3n de las viudas. Y las escribe, con dolor, para que se fomente el amor entre los colombianos, para que se salve el honor de la patria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez el mejor homenaje que puede hacerle al compa\u00f1ero de todas sus horas, incluso de las presentes, es no dejar de escribir. Nunca dej\u00f3 \u00e9l de hacerlo, en las buenas y en las malas. Algo me dice, en el reiterado ejer\u00adcicio de esta vigilante columna fe\u00admenina, que es la manera l\u00f3gica de comunicarse con \u00e9l, de mantener los hilos del pensamiento, de no dejar flaquear el esp\u00edritu. Y de conservar reverdecido el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es que ni siquiera la muerte, para quienes viven compenetrados en el sublime pacto de las mutuas perte\u00adnencias, consigue separar a las per\u00adsonas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por eso, a s\u00f3lo pocas horas del ho\u00adlocausto, Ana Mar\u00eda hablaba de perd\u00f3n y olvido. No se rasgaba las vestiduras, como tantas viudas en el mismo trance, ni abominaba contra los asesinos, por m\u00e1s sangrante que llevaba el alma, sino que rezaba una oraci\u00f3n al Dios de los desamparados para que contuviera el furor de las bestias y no permitiera que Colombia se disolviera entre m\u00e1s atrocidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si vi\u00e9ramos m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, m\u00e1s all\u00e1 de las l\u00e1grimas, su protec\u00adtor, a quien ella no cesa de invocar para sentirse valiente, le dicta estas notas de generosidad y nobleza, de pronto con alguna mezcla de iron\u00eda, para que los asesinos \u2014estos sic\u00f3\u00adpatas del siglo veinte salidos de las entra\u00f1as del doctor Jekill y Mister Hyde\u2014 aprendan a no disparar balas torcidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sorprende, en esta \u00e9poca de co\u00adbard\u00edas inconfesables, que sea una mujer, una fr\u00e1gil y lozana mujer, la que nos ense\u00f1a a ser fuertes. La que, olvid\u00e1ndose de su propio dolor, no se olvida del dolor de Colombia. La que desde su espacio period\u00edstico \u2014continuaci\u00f3n de otra <em>Libreta <\/em>que no puede concluir\u2014 da orientaciones de moral y confraternidad. La que hecha viuda para volverse hero\u00edna, parece salir de las p\u00e1ginas del Evangelio con las heridas cicatrizadas y el \u00e1nimo altivo para no dejarse abatir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed derrota Ana Mar\u00eda la sole\u00addad. As\u00ed mantiene encendido el es\u00adp\u00edritu. Los asesinos de su marido la mirar\u00e1n, desde las penumbras de sus horrendas conciencias, con pavor y respeto. Con admiraci\u00f3n, sin duda. Miedo le tendr\u00e1n a esta viuda del Evangelio que apenas armada con la sencilla m\u00e1quina de escribir heredada de su maestro y confidente \u2014y <em>Para leer en la ma\u00f1ana,<\/em> como se beben las gotas de roc\u00edo\u2014, frente a ellos que tienen envenenada el alma de balas monstruosas, de noches borrascosas, los ha conturbado con su sonrisa de perd\u00f3n y con su temple de espartana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 8-II-1987.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Las notas de do\u00f1a Ana Mar\u00eda Busquets de Cano, la dolorida y al mismo tiempo valerosa viuda que parece haberse quedado defendiendo la espalda de su sacrificado esposo, destilan gotas de ausencia. 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