{"id":6367,"date":"2011-11-11T14:21:48","date_gmt":"2011-11-11T19:21:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6367"},"modified":"2014-03-18T15:47:27","modified_gmt":"2014-03-18T20:47:27","slug":"dos-valores-boyacenses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/11\/dos-valores-boyacenses\/","title":{"rendered":"Dos valores boyacenses"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Infatigables luchadores de las letras, registran ponderada labor intelectual. Fernando Soto Aparicio sobresale en el g\u00e9\u00adnero de la novela, y Vicente Land\u00ednez Castro se ha consagrado como ensayista y estilista. Los dos fueren directores del Ins\u00adtituto de Cultura y Bellas Artes de Boyac\u00e1. Y ambos dejan\u00a0 huella en las letras boyacenses.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>EL HOMBRE EN LA CREACI\u00d3N DE<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>FERNANDO SOTO APARICIO<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tiene antecedentes en su desconcertante capacidad para elaborar cuartillas, corregir, lanzar libros. Es el novelis\u00adta m\u00e1s prol\u00edfico de Colombia. Le recomienda al escritor la disciplina de escribir todos los d\u00edas, y todos los d\u00edas pulir, sin descanso, como la \u00fanica f\u00f3rmula para avanzar de trecho en trecho hasta la elaboraci\u00f3n de una obra. Y es el \u00fanico autor que, despreciando conceptos malintencionados, se ha conver\u00adtido en t\u00e9cnico de libretos para la televisi\u00f3n, arte que domina con erudita facilidad y que le permite abarcar el poder completo de la palabra. Adem\u00e1s es cuentista, ensayista y delicado cul\u00adtivador de la poes\u00eda, y sobre todo del soneto, el que maneja dentro de los moldes cl\u00e1sicos de este g\u00e9nero, el m\u00e1s dif\u00edcil, que ha aprendido a pulsar con musicalidad y elocuente emisi\u00f3n de ideas y met\u00e1foras.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Una m\u00e1quina de libros<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al entrar en circulaci\u00f3n un libro suyo, ya la imprenta adelanta el siguiente. Desde la edad de diez a\u00f1os, cuando sus compa\u00f1eros se entreten\u00edan en las sanas diversiones de la \u00e9po\u00adca, Fernando Soto Aparicio escrib\u00eda dos novelas a la vez, caso de excepcional precocidad literaria que mostraba la vocaci\u00f3n de quien no iba a darse tregua en el af\u00e1n de explotar las profundidades del hombre. Puede decirse que no conoci\u00f3 la ni\u00f1ez e irrumpi\u00f3 en la juventud, casi sin darse cuenta, con la mente moldeada por los escritores franceses, sobre todo, de quienes aprendi\u00f3 el don de criticar a la sociedad entreteni\u00e9ndola.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El hombre, una br\u00fajula social<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el \u00fanico escritor que desde su primera obra tom\u00f3 al hombre como meta de su creaci\u00f3n. De ah\u00ed no se ha desviado. Soto Aparicio es un buceador permanente de la inteligencia y no se ha conformado con se\u00f1alar al ser humano como el principio \u00e9tico m\u00e1s importante del planeta, sino que ha con\u00advertido su literatura en arma clamorosa contra los desequili\u00adbrios y los atropellos sociales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Agudo observador del medio ambiente que le ha corres\u00adpondido vivir, copia de la realidad cotidiana las angustias, las frustraciones, los anhelos de un mundo en constante con\u00adflicto que clama por la justicia y que pide pan, techo, salud, educaci\u00f3n, libertad\u2026 un <em>Mundo roto<\/em> \u2014el t\u00edtulo certero de una de sus obras\u2014 que es preciso recomponer si se quiere evi\u00adtar la cat\u00e1strofe social. Soto Aparicio no ha tenido que inven\u00adtar nada. Todo lo ha captado con su fina penetraci\u00f3n en el mundo circundante. Ha sentido las desgracias ajenas y las ha recibido como propias, meti\u00e9ndose en el pellejo de sus per\u00adsonajes, criaturas de barro y con alma noble que transitan por las p\u00e1ginas de sus obras como testimonio y denuncia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la temprana edad de quince a\u00f1os, apenas un mozal\u00adbete inexperto, conoce en Santa Rosa de Viterbo a una bella mujer de la cual se enamoraron todos los muchachos del pueblo. De aquel fugaz encuentro s\u00f3lo le qued\u00f3 la imagen de la ni\u00f1a boyacense de trenzas ligeras y facciones candorosas, que bien pronto desapareci\u00f3 como una ilusi\u00f3n, dej\u00e1ndole la mente herida. Al correr de los a\u00f1os encontr\u00f3 el novelista un rostro similar, ajeno y desdibujado, en una c\u00e1rcel de Bogot\u00e1, y de all\u00ed naci\u00f3 la asimilaci\u00f3n de dos semblantes de mujer, dos almas que, girando en sentido contrario, daban aliento a una novela de cr\u00edtica social. Antes de plasmar su prop\u00f3sito visit\u00f3 no pocas c\u00e1rceles en investigaci\u00f3n de sistemas que, pretendiendo ser reformadores, mutilan al individuo y lo desadaptan como ser social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La lente de retratista de los tiempos que hay en Fernando Soto Aparicio ha escudri\u00f1ado los recovecos del alma para mostrar, en su desnudez, la tragedia del hombre, con sus vicios y virtudes, sus clamores y deseos de redenci\u00f3n. Su intenci\u00f3n, que va m\u00e1s lejos de los linderos de la patria, descubre al hombre latinoamericano, un segmento de id\u00e9nticas dimensio\u00adnes, tambi\u00e9n pisoteado y tambi\u00e9n desconocido. Dondequiera que est\u00e9 el hombre, y bajo cualesquiera circunstancias, all\u00ed se siente la voz de este escritor que entiende la literatura como combate, m\u00e1s que como simple juego ret\u00f3rico.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La novela como filosof\u00eda<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Beatriz Espinosa Ram\u00edrez, estudiosa de la problem\u00e1\u00adtica latinoamericana, dedic\u00f3 cuatro a\u00f1os de investigaci\u00f3n a los escritores m\u00e1s importantes del continente y encontr\u00f3 a Soto Aparicio como el m\u00e1s consagrado e identificado con la causa del hombre latinoamericano. Estudi\u00f3 a fondo la obra, ya monumental, de nuestro escritor, hasta conven\u00adcerse de la esencia human\u00edstica de un patrimonio cultural que no todos advierten. Y como consecuencia de ese an\u00e1lisis, nos deja Beatriz Espinosa un libro excelente, <em>Soto Aparicio o la filosof\u00eda en la novela<\/em>, que habr\u00e1 necesidad de consultar siempre que se quiera entender la personalidad literaria de este escritor infatigable en la b\u00fasqueda de su verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se mete \u00e9l en la conciencia del pueblo latinoamericano y ennoblece el sentido de vivir. Propugna una existencia m\u00e1s digna, lque es negada por los gobiernos desp\u00f3ticos y las leyes anacr\u00f3nicas que anquilosan y empeque\u00f1ecen, cuando no embrutecen y destruyen. El hombre contempor\u00e1neo, engendro de la \u00abincivilizaci\u00f3n\u00bb que primero supo deformarlo y lo mantiene entre fusiler\u00edas y miserias sin fin, se rebela a encontrar escritores no conformistas, como Fernando Soto Aparicio, que atacan la falsificaci\u00f3n de la moral y se van contra todo lo que signifique opresi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El imperio de la palabra<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribe con originalidad, sencillez e independencia, y adorna sus pasajes con \u00e1giles recursos estil\u00edsticos, unas veces en tono reposado, y l\u00edrico otras, seg\u00fan lo impongan las cir\u00adcunstancias. Ha hecho de la palabra su raz\u00f3n de ser, su m\u00e1s apropiado canal para llegar a las masas. As\u00ed define \u00e9l mismo su universo: \u00abLa palabra pinta, suena, abofetea, enamora, se dispara hacia el infinito o hacia el coraz\u00f3n, que viene a ser lo mismo; la palabra no tiene l\u00edmites, como no los tiene el hombre, cuando aprende a entenderla [\u2026] Por la palabra he entendido personas, injusticias, llamadas de auxilio, convul\u00adsiones sociales y plegarias. Yo creo que vivo en funci\u00f3n de la palabra; es mi aliada, mi instrumento, mi compa\u00f1\u00eda&#8230;\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este sencillo hombre de provincia que salt\u00f3, desde su te\u00adrru\u00f1o boyacense, a la gran ciudad, lo hizo igualmente desde las novelitas aquellas de sus diez a\u00f1os, que luego destruy\u00f3, a la copiosa producci\u00f3n de todos los d\u00edas, que hoy conforma un hecho notable en la literatura. Sus libros son textos obligados de colegios y universidades. Hombre tacitur\u00adno, recogido en su propio mundo, sabe que el aislamiento del creador, a pesar del bullicio de la gran ciudad que lleva a rastras, significa liberaci\u00f3n. Liber\u00e1ndose a s\u00ed mismo, le en\u00adse\u00f1a al hombre los caminos de la emancipaci\u00f3n, de la aut\u00e9n\u00adtica dignidad que no todos los escritores saben explorar para luego pregonar.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>VICENTE LAND\u00cdNEZ CASTRO, <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>UN PEDESTAL DE CULTURA<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Naci\u00f3 en Villa de Leyva en el a\u00f1o de 1922. Sobre su ciu\u00addad natal escribi\u00f3 hace muchos a\u00f1os una hermosa p\u00e1gina, donde se lee: \u00abAqu\u00ed, en esta anta\u00f1ona ciudad, tenemos el pret\u00e9rito detenido, hier\u00e1tico, fosilizado delante de nuestros ojos: nos es dado o\u00edrlo, verlo, sentirlo, olerlo y palparlo por doquier. Por eso encontrarse uno en Villa de Leiva equivale a estar sumergido en lo m\u00e1s profundo de la historia de la patria\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La cultura como blas\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parece como si Villa de Leiva le hubiera marcado el alma a este boyacense integral que tambi\u00e9n se encuentra detenido en la historia de Boyac\u00e1. Cuando se llega a Tunja y se posee sensibilidad de escrutador, como yo lo he hecho por breve tem\u00adporada en este declinar de 1987, es forzoso preguntar por los forjadores de la cultura regional. Tunja es una ciudad que respira cultura por todos los poros. Surgieron muchos nombres ilustres y siempre se mencion\u00f3 el de Vicente Land\u00ednez Castro como un term\u00f3metro espiritual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n en su caso podr\u00eda decirse que su rastro se siente, se palpa, se olfatea en cada esquina, en cada recinto de la cultura. Su dedicaci\u00f3n a la causa del esp\u00edritu ha sido absoluta durante toda su vida de medi\u00adtaci\u00f3n, de estudio y creaci\u00f3n. Yo lo conoc\u00ed en los a\u00f1os cincuenta como quijote batallador en medio de una ciudad fr\u00eda y al mismo tiempo creativa. Pasados los a\u00f1os, muchos a\u00f1os, me postul\u00f3 como miembro de la Academia Boyacense de Historia y, sin serme posible evadir el honor, le perdon\u00e9 su generosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El gran ausente<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vicente est\u00e1 hoy ausente de Boyac\u00e1. En Tunja dej\u00f3 es\u00adcrito su nombre, nombre que siempre se leer\u00e1 en letras grandes dentro de los inventarios de la cultura regional, y luego se traslad\u00f3, ya en el ocaso de su fecunda existencia, a un departamento vecino. Cuando la vida ha sido productiva, sobre todo en los afanes de la mente, el hombre se encuentra realizado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amigo ya no vive en Tunja pero se halla, con el vac\u00edo de su ausencia, m\u00e1s cerca de la tierra de sus luchas y sus sue\u00f1os. Es, por consiguiente, ese pret\u00e9rito inm\u00f3vil, al igual que su cuna natal, que no lograr\u00e1 ya remover el paso del tiempo. Villa de Leyva, que es historia y permanencia, le transmiti\u00f3 genes de perpetuidad. Eso les sucede a los hombres grandes que han vencido los l\u00edmites de lo caduco para remon\u00adtarse por las regiones de lo imperecedero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Land\u00ednez Castro es hoy habitante contemplativo del bello municipio de Barichara, donde se residenci\u00f3 en plan de si\u00adlencio, de soledad y olvido. As\u00ed me lo confiesa en una de sus cartas, mediante esta\u00a0 sentencia de Enrique Ibsen: \u00abEl hombre, cuanto \u00a0m\u00e1s solo, m\u00e1s fuerte\u00bb. All\u00ed pasa sus horas en saludables cavilaciones y hondos reposos. All\u00ed se siente compenetrado con su mundo interior y se regodea morosamente en sus soledades.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Remanso espiritual<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otra c\u00e9lebre p\u00e1gina suya, del mismo corte de la dedi\u00adcada a su patria chica, confiesa que Barichara fue el pueblo con el que siempre so\u00f1\u00f3. Lo llevaba en la mente y en el coraz\u00f3n como se guarda el rostro de la mujer amada. Se refugi\u00f3 en el callado paraje de vuelta de los halagos literarios, pero para rematar su carrera de abundantes frutos intelectuales. Y vive rodeado de paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Boyac\u00e1 ha perdido a uno de sus hijos m\u00e1s meritorios. El escritor se enclaustr\u00f3 en el solar santandereano y ya poco se le ve por Tunja. Al poco tiempo de andar por las calles em\u00adpedradas que le recuerdan las anchurosas de su Villa de Leiva, se rebelaron en sus intimidades las mismas ansias de explo\u00adraci\u00f3n que le abrieron los veneros de la Tunja colonial y fund\u00f3, seg\u00fan me cuentan, un movimiento de cultura. Vi\u00adcente morir\u00e1 con su eterna sed de investigaci\u00f3n y creatividad. Entre artesan\u00edas y letras pasa sus horas del solaz vesperal. El hombre culto nunca puede detenerse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como catedr\u00e1tico de la universidad tunjana y de impor\u00adtantes colegios de Bogot\u00e1, Ibagu\u00e9 y Tunja, deja huellas de su vasta erudici\u00f3n. Es miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y de la Academia Colombiana de Historia. Como miembro de la Academia Boyacense de Historia asesor\u00f3 la edici\u00f3n de obras fundamentales para la investigaci\u00f3n de nues\u00adtro pasado glorioso. Fue, durante largos a\u00f1os, director del Fondo de Publicaciones de la Universidad Pedag\u00f3gica y Tec\u00adnol\u00f3gica de Colombia y all\u00ed cumpli\u00f3 extensa labor de di\u00advulgaci\u00f3n de los escritores boyacenses. Su \u00faltima posici\u00f3n fue la de director de Cultura y Bellas Artes de Boyac\u00e1, instituto gigante que promueve, a trav\u00e9s de variadas y actividades, el desarrollo espiritual de la comarca.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Orfebre de la palabra<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su obra literaria es valiosa: <em>Testigos del tiempo, Almas de dos mundos, Primera antolog\u00eda de la poes\u00eda boyacense, 105 sonetos de la literatura universal, Novelando la historia, El lector boyacense, Estampas.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vicente Land\u00ednez Castro ha entrado ya con suficiente bagaje en la galer\u00eda de pensadores y escritores boyacenses. Su trayectoria como hombre de c\u00e1tedra, de academia, de realiza\u00adci\u00f3n literaria y liderazgo cultural lo sit\u00faa entre los m\u00e1s destacados exponentes de la cultura boyacense. Alg\u00fan d\u00eda se levantar\u00e1 un pedestal a su inteligencia. Su prosa es castiza y de cincelado estilo. Ha sido orfebre de la palabra, meti\u00adculoso creador de cuartillas. Se ha ido de Tunja y eso nos duele, pero su nombre vaga por la villa como una luz protec\u00adtora. Est\u00e1 hecho de piedra, de piedra est\u00e1tica y fosilizada. La misma piedra de Villa de Leiva, de Tunja y Barichara le con\u00adtorne\u00f3 el alma, le dio solidez al esp\u00edritu. Permanecer\u00e1 en el tiempo como una estatua del saber y la virtud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>Revista Cultura, <\/strong><\/em>N\u00b0 135, Tunja, segundo semestre de 1991<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Infatigables luchadores de las letras, registran ponderada labor intelectual. Fernando Soto Aparicio sobresale en el g\u00e9\u00adnero de la novela, y Vicente Land\u00ednez Castro se ha consagrado como ensayista y estilista. 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