{"id":6371,"date":"2011-11-11T14:25:28","date_gmt":"2011-11-11T19:25:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6371"},"modified":"2014-03-03T12:13:59","modified_gmt":"2014-03-03T17:13:59","slug":"el-vuelo-de-hirondela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/11\/11\/el-vuelo-de-hirondela\/","title":{"rendered":"El vuelo de Hirondela"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el momento de escribir la presente nota \u2014diciembre de 1987\u2014, el bello poemario <em>Hirondela<\/em>, de Octavio Rodr\u00ed\u00adguez Sosa, se encuentra in\u00e9dito. Existe la intenci\u00f3n de publi\u00adcarlo por cuenta de la Academia Boyacense de Historia. Hay que admitir que en ocasiones el m\u00e9rito es tard\u00edo por parte de las entidades promotoras de la cultura regional, como ocurre con este libro escrito hace m\u00e1s de quince a\u00f1os y que no ha conseguido, aunque se le ha prometido en varias oportunida\u00addes, el favor de la imprenta oficial. Boyac\u00e1 es, de todas maneras, tierra benefactora del escritor y el poeta; por eso, aunque el tiempo en este caso ha sido parsimonioso, ya le llega su hora a <em>Hirondela.<\/em> (Esto todav\u00eda no ha ocurrido, lamentablemente, y estamos finalizando el a\u00f1o de 1991).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Octavio Rodr\u00edguez Sosa ha cultivado la poes\u00eda desde su m\u00e1s tierna infan\u00adcia. Naci\u00f3 poeta. No se ha apartado una l\u00ednea del mandato de la sangre y eso le ha permitido afirmar a trav\u00e9s del tiempo su destino rom\u00e1ntico, que ese, en general, es el sello de su producci\u00f3n. Se gradu\u00f3 de arquitecto siendo ya poeta recono\u00adcido; y a\u00f1os m\u00e1s tarde abandon\u00f3 la profesi\u00f3n, pero no la poes\u00eda. La arquitectura, rama importante del arte, se convirti\u00f3 en mayor apoyo para su vocaci\u00f3n de esteta, pero no pod\u00eda renunciar a la poes\u00eda, el medio ideal para elevar el alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Octavio Rodr\u00edguez Sosa siempre ha sido poeta. Algunos apenas lo son de juventud o de afici\u00f3n ef\u00edmera y luego se eva\u00adporan. Como tal lo conozco desde nuestro primer encuentro en Tunja, hace 35 a\u00f1os, cuando compart\u00edamos en alegres tertulias las iniciales andanzas por los caminos del esp\u00ed\u00adritu. Caminos que se mantuvieron firmes \u2014para Octavio en sus afanes po\u00e9ticos y para m\u00ed en los compromisos con la narrativa y el ensayo\u2014, y que han dejado, para fortuna de ambos, la constancia de una obra ya definida al final de este itinerario inconcluso. El escritor y el poeta nunca consideran concluida su faena y morir\u00e1n al pie de sus pertrechos, como los viejos \u00e1rboles mueren pegados a la sustancia nutricia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Hirondela, Hirondela&#8230;! Palabra musical, que sugiere un susurro o un vuelo. Me qued\u00e9 meditando en ella cuando el libro cay\u00f3 en mis manos, tratando de hallarle su significado. Y al rato de bucear por sus entra\u00f1as, como se busca encontrar la explicaci\u00f3n de los manantiales cantarinos, descubr\u00ed a <em>hirondelle<\/em>, en el habla francesa, o sea, golondrina. Ya no me qued\u00f3 duda de que Octavio hab\u00eda creado, en espa\u00f1ol, su <em>Hiron\u00addela<\/em> vol\u00e1til. Su golondrina amorosa. Y eso, en efecto, es su libro: un vuelo de golondrina. Un susurro del viento, unas veces esquivo, otras, cadencioso, otras, sensual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor, siempre el amor, recorre en alas de la golondrina los 34 poemas escritos en el viento. Parece como si el poeta, que en 1965 hab\u00eda publicado <em>El pasaje<\/em>, libro tambi\u00e9n amo\u00adroso pero de angustias y de palabras torturadas en el laberinto de la soledad, desencadenara la pasi\u00f3n sombr\u00eda para transfor\u00admarla en brisa y cosmos. De <em>El pasaje<\/em> a <em>Hirondela<\/em> se pro\u00adduce una metamorfosis en el alma del autor. En el primero hay un asomo de pesimismo, de pesadilla, de encrucijada, donde el amor es duro y al propio tiempo absorbente, y en el otro se libera la golondrina, que no est\u00e1 hecha para los espa\u00adcios cerrados y vuela por las regiones del \u00e9ter y el resplandor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Creo que la golondrina, o sea, <em>Hirondela<\/em>, es la mensajera de toda la poes\u00eda de Octavio Rodr\u00edguez Sosa. Es como un alien\u00adto invisible que est\u00e1 vivo en toda su producci\u00f3n, y que lo mismo aletea en los miedos y los llantos del poeta, cuando el alma se sofoca, que en sus auroras y sus esperanzas, cuando revienta el amor pleno. Octavio le da \u00e9nfasis en sus cantos, bien sean \u00e9stos doloridos o jubilosos, al sentido del vuelo, ese ir y venir por los espacios de la fantas\u00eda, del dolor y el gozo. As\u00ed lo proclama:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>El amor es muerte y vida: es ir y retornar;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>es un morir aqu\u00ed y nacer m\u00e1s all\u00e1;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>es un viaje feliz donde la vida nos regresa<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>a ese lugar del cual hemos partido<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y al cual habremos de llegar.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amor es inm\u00f3vil. Siempre ser\u00e1 dolor y placer. Ser\u00e1 sexo y esp\u00edritu. Muerte y vida. Y es preciso vivirlo a plenitud, palparlo, padecerlo, escanciarlo en sus amargas y exquisitas embriagueces. El amor no tiene tiempo, ni hora, ni condici\u00f3n. Es estallido, y tormenta, y sollozo, y misterio. Tambi\u00e9n es \u00e9xtasis, y frenes\u00ed, y arrebato, y sosiego. En la permanente uni\u00f3n de los cuerpos, donde el sexo se acopla para producir la chispa de la vida, y donde las venas se hinchan para descargar emociones, estar\u00e1 siempre <em>Hirondela<\/em>, la golondrina sensual, con su ramo de olivo portador de paz y de perfumes de mujer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eso es <em>Hirondela<\/em>: ave armoniosa y escurridiza, sutil y voluptuosa, que pica aqu\u00ed y all\u00e1, siempre en majestuoso vuelo, y que imitando el girar de la circunferencia e infatiga\u00adble ante el amor sin tiempo, ante la pasi\u00f3n inm\u00f3vil, revolotea por los r\u00edos de la sangre como un suspiro indescifrable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>Revista Cultura, <\/strong><\/em>N\u00b0 135, Tunja, segundo semestre de 1991<strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar En el momento de escribir la presente nota \u2014diciembre de 1987\u2014, el bello poemario Hirondela, de Octavio Rodr\u00ed\u00adguez Sosa, se encuentra in\u00e9dito. 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