{"id":6683,"date":"2011-12-12T18:45:07","date_gmt":"2011-12-12T23:45:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6683"},"modified":"2014-03-08T12:33:14","modified_gmt":"2014-03-08T17:33:14","slug":"el-caballero-silenciado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/12\/12\/el-caballero-silenciado\/","title":{"rendered":"El caballero silenciado"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Eduardo Caballero Calde\u00adr\u00f3n le quedaron debiendo el Premio N\u00f3bel de Literatura. Y el Premio Cervantes. Como era hombre sencillo, discreto y silencioso, que se apart\u00f3 del mundanal ruido para vivir su mundo interior, se manten\u00eda alejado de ambiciones y no se prestaba para los artificios de la fama. Su literatura, que no fue de concurso, vale por s\u00ed sola. Hoy se halla traducida la mayor\u00eda de lenguas universales, y su nombre, que se hizo c\u00e9lebre \u00a0en las letras como el creador de Tipacoque, est\u00e1 asociado a la grandeza de Colombia. De su prosa castiza y fecunda brotaron p\u00e1ginas vigorosas que dejan pintado con realismo m\u00e1gico el alma campesina de las bre\u00f1as del Chicamocha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viv\u00eda enamorado de Colombia, vibraba con sus angustias y se sent\u00eda perplejo ante tanta atrocidad y tanta corrupci\u00f3n. Cuando en 1977 se le tribut\u00f3 gran \u00a0homenaje nacional \u2013en asocio de su hermano Lucas y de su primo Enrique Caballero Escovar\u2013 expres\u00f3 lo siguiente, como si hablara para los d\u00edas actuales: <em>\u201c\u00bfPodr\u00edamos esperar de un Estado pragm\u00e1tico y mercantilista algo distinto de una justicia tuerta, una Universidad descuartizada, una inseguridad crecien\u00adte y una moral en quiebra?, \u00bfde un Estado que no representa a la Naci\u00f3n y es s\u00f3lo el c\u00e1ncer administrativo que la est\u00e1\u00a0 devorando?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde lo visit\u00e9 en su hacienda de Tipacoque, y all\u00ed, bajo el embrujo del paisaje y el cobijo de la tierra nutricia, hablamos de Colombia y sus desventuras. Era un tema incrustado en lo m\u00e1s profun\u00addo de su sentimiento. Sus obras describen la tragedia del hombre contempor\u00e1neo, inmerso en grandes soledades. <em>Tipacoque, Diario de Tipacoque, El Cristo de espaldas, Siervo sin tierra, El buen salvaje<\/em>, entre otros de sus libros, son viva demostraci\u00f3n de su inquietud por la suerte del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace dos meses volv\u00ed a encontrarme con \u00e9l en su aparta\u00admento capitalino, donde viv\u00eda como un ermita\u00f1o rodeado de libros y recuerdos, y otra vez aflor\u00f3 el nombre de Colombia como una frustraci\u00f3n irredimible. Hablamos de este desastre nacional que ya no permi\u00adte pensar ni respirar; y de su clase dirigente carcomida por la ineptitud y la inmoralidad; y de las penurias del pueblo a manos de los explotadores de siempre; y del atentado contra el florecimiento de los cam\u00adpos y el progreso industrial del pa\u00eds&#8230; En la tertulia no pod\u00eda faltar la menci\u00f3n de la carretera pavimentada que no alcanz\u00f3 a llegar a su tierra, y por la que tanto luch\u00f3 en sus notas period\u00edsticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me manifest\u00f3 que se hab\u00eda cansado de escribir. Desde 1986, al ser asesinado Guillermo Cano, su voz se silenci\u00f3. El pa\u00eds entero escuchaba su silencio como el grito vehemente de los inconformes que \u00e9l\u00a0 represent\u00f3. Ya hab\u00eda escrito cuanto ten\u00eda que decir, no s\u00f3lo en la prosa comba\u00adtiva del periodista, sino en la galana del ensayista, del novelista y del cuentista que ha forjado una de las obras m\u00e1s sustantivas de las letras castellanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eduardo Caballero Calder\u00f3n no muri\u00f3 de calendario, a pesar de sus 83 a\u00f1os, sino de cansancio de vivir. Muri\u00f3 de dolor de patria. Lo mat\u00f3 la soledad. Con el fallecimiento de su esposa, Isabel Holgu\u00edn, fue como si hubiera quedado con el alma rota. En 1983 escribi\u00f3 en el <em>Magaz\u00edn Domini\u00adcal<\/em> de El Espectador una hermosa p\u00e1gina dolorida, que es la demostraci\u00f3n de su angustia de vivir, donde confiesa:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abDur\u00e9 un a\u00f1o entero, m\u00e1s de un a\u00f1o, sin atreverme a escribir cuando muri\u00f3 mi mujer. Mi soledad era espantosa y la necesidad de dialogar con ella, de preguntarle por qu\u00e9 me hab\u00eda dejado solo, por qu\u00e9 no me hab\u00eda dejado ir primero, puesto que yo, sin ella, soy un minusv\u00e1lido (&#8230;) Muerta ella, dentro de m\u00ed muri\u00f3 lo mejor de m\u00ed mismo. Mi soledad es su ausencia. Pero volv\u00ed a escribir para escapar a la locura, a la melancol\u00eda, al terror&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora rompe el silencio final para unirse con su compa\u00f1era eterna m\u00e1s all\u00e1 de las estrellas, en di\u00e1logo infini\u00adto. Sus cenizas ser\u00e1n llevadas a la capilla de Tipacoque. Y crecer\u00e1 la leyenda del escritor solitario que, cant\u00e1ndole a Colombia, inmortaliz\u00f3 el alma de su gente sencilla, aquella de las riberas ariscas del Chicamocha, <em>\u00abdonde los hombres son buenos, transparentes y silenciosos como el agua\u00bb.<\/em> Con estas palabras dibuj\u00f3 su propia alma transparente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El Espectador, <\/strong>Bogot\u00e1, 8-IV-1993<strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar A Eduardo Caballero Calde\u00adr\u00f3n le quedaron debiendo el Premio N\u00f3bel de Literatura. Y el Premio Cervantes. Como era hombre sencillo, discreto y silencioso, que se apart\u00f3 del mundanal ruido para vivir su mundo interior, se manten\u00eda alejado de ambiciones y no se prestaba para los artificios de la fama. 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