{"id":6828,"date":"2011-12-15T16:57:14","date_gmt":"2011-12-15T21:57:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=6828"},"modified":"2014-03-03T17:25:50","modified_gmt":"2014-03-03T22:25:50","slug":"carmelina-soto-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/12\/15\/carmelina-soto-2\/","title":{"rendered":"Carmelina Soto"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Salpic\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Si cuanto soy ya no ha de ser ma\u00f1ana,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>qu\u00e9 me importa el recuerdo y qu\u00e9 el olvido.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed remata Carmelina Soto el soneto <em>Autorretrato<\/em> con el que inicia la producci\u00f3n de veinte a\u00f1os (1953-1973) recogida en el tercero de sus libros, \u00a0<em>Tiempo inm\u00f3vil<\/em>, que la coron\u00f3 de gloria. Hoy, con su muerte, las letras del Quin\u00adta se estremecen. Con ella se va una de las m\u00e1s grandes poeti\u00adsas de Colombia, que elabor\u00f3 en silencio una de las obras de mayor acento l\u00edrico \u2013por su emoci\u00f3n, origi\u00adnalidad y hondo sentido humano\u2013 que se hayan escrito en los \u00faltimos tiempos. Lino Gil Jaramillo anot\u00f3 en este mismo peri\u00f3dico, el 17 de marzo de 1975: <em>\u00abVoz l\u00edrica de aut\u00e9ntica entonaci\u00f3n, sin tintineos de cuentecitas de vidrio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es posible que en la propia ciudad de Armenia, de donde Carmelina es oriunda, no aprecien la ascendencia po\u00e9tica de esta extra\u00f1a mujer a quien se ve\u00eda deambular por sus calles como un viento trasnochado, envuelta en soledad e inmersa en su mundo lleno de distancias. Ella define as\u00ed su habitual porte introvertido: <em>\u201cNo lla\u00admo la atenci\u00f3n con mi figura y paso de las gentes muy lejana, al desgai\u00adre el cabello y el vestido\u201d<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No era mujer de f\u00e1cil trato para el com\u00fan de la gente, y s\u00f3lo quienes en horas \u00edntimas ten\u00edan acceso a su perso\u00adnalidad rebelde y desde\u00f1osa lograban entenderla y gozar con su amistad franca y su adem\u00e1n des\u00adcre\u00eddo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En parque de Armenia per\u00admanece esculpido el bello poe\u00adma que le deja a su ciudad nativa. Es posible que el ajeno transe\u00fante no repare en la evocaci\u00f3n emotiva de esta dama err\u00e1til que no apren\u00addi\u00f3 la lisonja ligera sino el canto profundo: \u201c<em>Ciudad de mi regazo y de mi almohada, de mi techo y mi brizna de dulzura, al andar por tus calles con premura, mi infancia en ella se qued\u00f3 enredada\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su obra, que no es extensa en palabras, es intensa en lirismo: <em>Campanas del alba, Octubre <\/em>y<em> Tiem\u00adpo inm\u00f3vil<\/em>. Era reacia a la edici\u00f3n y pul\u00eda cada verso con la paciencia del orfebre. Duraba meses fabricando un soneto, y es posible que antes de considerarlo termina\u00addo lo hubiera vuelto a elaborar muchas veces. Cuando en octubre de 1979 (aniversario de Armenia) la agasajamos con ocasi\u00f3n de la Medalla al M\u00e9rito Literario que le otorg\u00f3 la Gobernaci\u00f3n del Quind\u00edo, me obsequi\u00f3, al calor de unas copas de whisky, dos poemas candentes: <em>Llama y Brasa<\/em>. (En realidad, no me los obsequi\u00f3, sino que yo los extraje del libro donde los guardaba, luego de hab\u00e9rmelos le\u00eddo).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los de\u00adnomino candentes no tanto por sus t\u00edtulos de fuego, sino porque, siempre que los leo, siento que la piel se me incendia. Creo que contin\u00faan in\u00e9ditos, y sospecho que en medio del rigorismo de la autora hayan sido transformados. O lo que es peor, lanzados al fuego que les dio vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es preciso decir, para afirmar el concepto anterior, que Carmelina Soto era llamarada y vida. Las pasiones las volvi\u00f3 canci\u00f3n. Entre las r\u00e1fagas de soledad que azotaron su existencia, siempre permaneci\u00f3 prendida la llama del amor. M\u00e1s que amor vivo era un amor po\u00e9tico y filos\u00f3fico. El sentido de la vida lo interpret\u00f3 a trav\u00e9s de diversos s\u00edmbolos: los espejos, los vasos, el vino, las llamas, la rosa&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despreciaba la vida, pero la quer\u00eda. Para ella lo fundamental, sin importar que fuera in\u00fatil, era vivir: <em>\u201cNo he muerto. \u00a1Vivo! Vivir es maravilloso. \u00a1Puede ser hasta in\u00fatil pero es bello! Es ocupar un sitio bajo el sol\u2026 Un sitio&#8230; Y esto del sitio bajo el sol, no es poco\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como maestra de la paradoja, a lo \u00d3scar Wilde, su poes\u00eda se mueve entre la explosi\u00f3n y el arrebato, entre la contradicci\u00f3n y la claridad, entre la canci\u00f3n airada y el calor silencioso del amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La utop\u00eda escueta, la reflexi\u00f3n profunda, la soledad irremediable, el concepto amargo, la triste alegr\u00eda de vivir\u2026 son t\u00f3picos que se encuentran tanto en su vida insular como en su obra de prodigio. Tal vez en su propia patria chica muchos no se den cuenta de que la dama distante, a quien se acostumbraron a ver con boina y bufanda al cuello, ya apag\u00f3, con su voz cansada, la inmortalidad del poema.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 9-IV-1994.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salpic\u00f3n Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Si cuanto soy ya no ha de ser ma\u00f1ana, qu\u00e9 me importa el recuerdo y qu\u00e9 el olvido. As\u00ed remata Carmelina Soto el soneto Autorretrato con el que inicia la producci\u00f3n de veinte a\u00f1os (1953-1973) recogida en el tercero de sus libros, \u00a0Tiempo inm\u00f3vil, que la coron\u00f3 de gloria. 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