{"id":7223,"date":"2011-12-16T20:16:51","date_gmt":"2011-12-17T01:16:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=7223"},"modified":"2014-03-08T15:23:04","modified_gmt":"2014-03-08T20:23:04","slug":"el-final-de-una-epopeya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/12\/16\/el-final-de-una-epopeya\/","title":{"rendered":"El final de una epopeya"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este 22 de marzo marca en la vida de <em>El Espectador<\/em> el final de una epopeya: la epopeya de los Cano. Don Fidel Cano, que en 1887 funda el peri\u00f3dico en Medell\u00edn \u2013en una casa destartalada de la calle de El Codo\u2013, nunca llega a imaginarse las penalidades que \u00e9l y tres generaciones m\u00e1s de su familia habr\u00e1n de sufrir hasta la venta del diario, 111 a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El modesto taller donde se edita, formado por unos cuantos chibaletes y una maltrecha prensa \u00abWashington\u00bb, es adquirido a plazos por los amigos de don Fidel, cuotas que \u00e9l devolver\u00e1 m\u00e1s tarde en forma religiosa. Este precario inventario es s\u00edmbolo de la nada, frente a las gigantescas rotativas que hoy posee la empresa en plena era de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ideal es grande. <em>\u00abEl Espectador \u2013dice don Fidel en la primera edici\u00f3n\u2013 \u00a0trabajar\u00e1 en bien de la patria con criterio liberal, y en bien de los principios liberales con criterio patri\u00f3tico\u00bb.<\/em> Con este lema ha librado todas sus batallas. Ha combatido los abusos oficiales y ha defendido la justicia y la libertad. Nunca se ha dejado seducir por el capital, ni ha cedido ante el poder de los dineros corruptos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando en 1981 denuncia los abusos de un poderoso grupo financiero que explota la confianza del p\u00fablico, lo hace con vehemencia y sin tregua, por espacio de seis a\u00f1os, sacrificando sus propias finanzas al serle retirados los numerosos avisos publicitarios que el consorcio sostiene en la prensa nacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Meses despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, el peri\u00f3dico es suspendido durante seis meses por el gobierno de N\u00fa\u00f1ez. Al a\u00f1o siguiente llega otro cierre de seis meses por orden del presidente Holgu\u00edn. En 1893, el gobernador de Antioquia lo silencia durante 31 meses y reduce a prisi\u00f3n a su director. Los cierres m\u00e1s prolongados ocurren a partir de octubre de 1899 (cuatro a\u00f1os) y a partir de diciembre de 1904 (ocho a\u00f1os). En la vida del diario se cuentan ocho recesos, que en total suman alrededor de 17 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1892, se le impone es multado por publicar un suelto que se considera subversivo. En su comunicaci\u00f3n, el ministro de Gobierno se despide, como es la usanza de la \u00e9poca, con el <em>\u00abDios guarde a usted\u00bb.<\/em> El director le responde: <em>\u00abPuede su se\u00f1or\u00eda disponer del dinero que seg\u00fan su telegrama ha resuelto exigirme forzosamente. Dios me guarde de usted. Fidel Cano\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 6 de septiembre de 1952 son incendiadas y saqueadas sus oficinas. En la dictadura de1l general Rojas se le ordenan dos multas: una de $ 10.000, sin precisar los motivos; y la otra de $ 600.000, por presuntas inexactitudes en las declaraciones de renta, multa que meses despu\u00e9s es revocada por el Tribunal de lo Contencioso Administrativo. Por esos d\u00edas escribe el director, don Gabriel Cano, dos de sus m\u00e1s c\u00e9lebres editoriales: <em>El tesoro del pirata <\/em>y<em> La isla del tesoro.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando al fin se siente un respiro, exclama don Gabriel: <em>\u00abEsta es la vieja y la nueva historia de <\/em>El Espectador:<em> una historia de pobreza, de lucha, de trabajo; una batalla del esfuerzo coronada al fin de muchos a\u00f1os con unos\u00a0\u00a0 pocos gajos del esquivo laurel del triunfo\u00bb.<\/em> El victorioso director \u2013\u00a1oh iron\u00eda!\u2013 est\u00e1 muy lejos de sospechar que a\u00f1os despu\u00e9s su hijo Guillermo, el m\u00e1rtir mayor del periodismo colombiano, ser\u00e1 asesinado por sus valerosas luchas contra el narcotr\u00e1fico.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El fuego de la palabra<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El peri\u00f3dico, a lo largo de su agitada historia, ha sido victima de censuras, persecuciones, atropellos, suspensiones, incendios, multas, intimidaciones, c\u00e1rceles, asesinatos&#8230; Dif\u00edcil encontrar en el mundo entero otro peri\u00f3dico que haya resistido tantos y tan violentos ataques de quienes buscan la destrucci\u00f3n de la palabra. Pero como <em>El Espectador<\/em> no deja morir los principios \u00e9ticos, siempre, como el ave f\u00e9nix, sale victorioso de las cenizas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los narcotraficantes destruyen las instalaciones del diario con implacables cargas de dinamita, parece que la historia hubiera llegado al final. Pero no: desde los escombros humeantes se escucha aquel d\u00eda \u2013d\u00eda de muerte y resurrecci\u00f3n\u2013 la voz de Jos\u00e9 Salgar, que escribe editorial del d\u00eda siguiente: <em>\u00a1El Espectador sigue adelante!<\/em> Es la propia voz de Guillermo Cano, que hab\u00eda dicho: <em>\u00abDe las ceniza de equipos calcinados resurgir\u00e1 siempre el fuego de la palabra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inmolado don Guillermo, sus hijos Juan Guillermo y Fernando se ponen al frente de la nave, todav\u00eda con el eco de la dinamita en el alma. Se asesoran de Jos\u00e9 Salgar, maestro de periodistas y el amigo m\u00e1s fiel de la casa. Prenden de nuevo los motores y el mar se encrespa con nuevos torbellinos. Luchan los tres \u2013111\u2013, y detr\u00e1s de ellos toda la familia, por salvarse del naufragio que amenaza a la casa Cano como consecuencia de sus luchas heroicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y cuando ya no queda m\u00e1s por hacer, el peri\u00f3dico se vende. Pero no se va a pique. Osuna, que opina que hubiera sido mejor hundirse con la nave, se marcha. Otros opinan como \u00e9l y tambi\u00e9n se marchan. A <em>El Espectador<\/em> lo compra el mayor grupo financiero del pa\u00eds, que a Osuna le produce urticaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed llega a su final esta epopeya period\u00edstica de 111 a\u00f1os. El n\u00famero parece cabal\u00edstico. Es como si la hojita aquella fundada en Medell\u00edn por don Fidel Cano hubiera quedado reducida a tres palitos \u2013111\u2013: Juan Guillermo, Fernando y Jos\u00e9. Ellos son los \u00faltimos mosqueteros de esta casta de titanes que defendieron hasta \u00faltima hora el imperio de la palabra y las normas tutelares de la casa, en la peor guerra econ\u00f3mica que haya tenido peri\u00f3dico alguno.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Arranca el a\u00f1o 112<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde entonces la historia de El Espectador queda dividida en dos. Ahora arranca el a\u00f1o 112, en la antesala del siglo XXI. Siglo m\u00e1s azaroso que el vislumbrado por don Fidel Cano cuando cometi\u00f3 la quijotada de hacerse periodista. El Grupo Bavaria y el nuevo director del diario, Rodrigo Pardo, manifiestan que mantendr\u00e1n los principios fundamentales de los Cano como la columna vertebral de la empresa. A la gente hay que creerle. Muchos esperamos que as\u00ed ocurra, cumpli\u00e9ndose la ley de las cosechas: la semilla bien sembrada germina siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 22-III-1998<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mensaje dirigido al doctor Rodrigo Pardo Garc\u00eda-Pe\u00f1a al asumir la direcci\u00f3n de <em>El Espectador:<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Despu\u00e9s de leer la edici\u00f3n donde se conmemoran los 111 a\u00f1os de vida de <\/em>El Espectador<em> queda la sensaci\u00f3n de que contin\u00faa \u00a0vivo el esp\u00edritu que motiv\u00f3 a don Fidel Cano a fundar el peri\u00f3dico. Muchas cosas cambiar\u00e1n en adelante \u2013hombres, estilos, diagramaciones\u2013, \u00a0pero lo importante es que no desaparezca lo fundamental: la independencia cr\u00edtica para decir la verdad, y el profesionalismo period\u00edstico para mantener un diario de alta calidad informativa e ideol\u00f3gica.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con un cordial saludo,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Este 22 de marzo marca en la vida de El Espectador el final de una epopeya: la epopeya de los Cano. Don Fidel Cano, que en 1887 funda el peri\u00f3dico en Medell\u00edn \u2013en una casa destartalada de la calle de El Codo\u2013, nunca llega a imaginarse las penalidades que \u00e9l y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[28],"tags":[88],"class_list":["post-7223","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-periodismo","tag-periodismo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7223","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7223"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7223\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10145,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7223\/revisions\/10145"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7223"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7223"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7223"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}