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Con el estímulo y el amor de mi esposa y de mis hijos, quienes en mi cumpleaños número 72 me sorprendieron y emocionaron con el obsequio de esta página web, emprendí la tarea de reunir en este templo de la palabra la totalidad de mi obra literaria, conformada hoy por 12 libros y cerca de 1.800 artículos de prensa.

En lo relacionado con la profusión de las notas periodísticas, esta tarea gigantesca resulta de difícil realización para la mayoría de los escritores, pues quien durante años se ha movido bajo la prisa de las cuartillas cotidianas, suele desentenderse de ellas y no logrará localizarlas a lo largo del tiempo. En mi caso, desde que hice la primera publicación en un periódico, me impuse la labor estricta de pegar cada recorte de prensa en folios organizados para el efecto, que cada tres años hacía encuadernar, con índices y otros detalles embellecedores, como si se tratara de otro libro consentido en mi biblioteca.

Cerca de cuarenta años después, estos artículos, recogidos en 13 volúmenes, junto con una noticia de mis libros y de mi vida literaria, los traslado hoy a la página web que ingresa por su propio impulso y como por arte de magia al maravilloso e inabarcable mundo del ciberespacio, donde permanecerá para siempre como un campo abierto para que cualquier visitante del planeta pueda enterarse de las ideas de un inquieto escritor colombiano que a los 17 años de edad escribió su primera novela en el ámbito solitario y estrecho de una pieza de alquiler. Desde entonces, no he dejado de pensar.

Me caen al dedillo las siguientes palabras que escribí un día sobre el ejercicio del periodismo:

"¿Se estará perdiendo el tiempo en la fugacidad del periódico? Desde luego que no, si hay estructura para pensar. Se puede ser escritor perdurable en las glosas dispersas que con el tiempo unirán un itinerario intelectual. El periodista debe ser, en esencia, un escritor. No siempre lo es. Un buen escritor supone un buen periodista. Y es de pronto el artículo de urgencia, el que escarba aquí y allá, el que perdura".

Esta regla de oro gobierna todo mi desempeño periodístico, el cual ha corrido parejo con la escritura de mis libros. Siempre consideré el periodismo como un género literario, nunca como un quehacer desechable. Bajo tal concepción, trabajé cada artículo con disciplina intelectual, con rigor gramatical y estilístico. Elaboré cada escrito de prensa con el concepto del breve ensayo, que antaño fue el mayor atributo del buen periodista, a lo Luis Tejada en Colombia.

Huyendo de lo superficial, lo cursi o lo frívolo, y reacio al tono doctoral que practican muchos para simular erudición, busqué en estas andanzas quijotescas armado a veces del estilete de la gracia o el humor, cuando no de la fina ironía hacer de mis notas y de mis libros parajes gratos y de vivificante simplicidad, accesibles para cualquier caminante.

Me enorgullezco en afirmar que mi literatura es leve como la espuma, y aspiro a que en estas alturas de mi carrera, cuando ya todo está cumplido (así se agreguen nuevos textos en el resto que falte de vida), mis letras sirvan de testimonio de una mente que nunca estuvo ociosa y siempre se empeñó en hacer de la palabra la razón de ser de la existencia.

Me honra usted, amable visitante, con que haya abierto esta página. Ojalá encuentre aquí algún puente hacia sus propias ideas y descubra en este legado literario un acto de amor hacia la humanidad.  

GUSTAVO PÁEZ ESCOBAR

 

Gustavo Paéz Escobar © 2009