Archivo

Archivo para la categoría ‘Quindío’

El constituyente quindiano

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Parece que Jorge Arango Mejía, uno de los nueve miem­bros de la Corte Constitu­cional, se hubiera preparado toda la vida para magistrado. Las leyes han sido su pasión. Lo conocí entre códigos, hace más de treinta años, en la ciudad de Cartagena. Allí fue a dar desde su tierra quindiana, recién salido de la universidad, como abogado del Banco Popular. Es po­sible que este cargo no aparezca hoy en su hoja de vida por haber sido demasiado fugaz. A mí me permitió apreciar en el joven profesional su mente despierta, su carácter vigoroso y su simpatía confortante.

Regresó a Caldas, que entonces no había sido segregado en los tres departamentos actuales, y comenzó a actuar en la judicatura. Pasado el tiempo, cualquier día fui sorprendido con su nombramiento como Alcalde de Armenia. Se me ocurrió pensar que el amigo lejano se había desviado de su camino de leyes para incursionar en la política. Supe después que se había asociado en Manizales con un abogado eminente y que su nom­bre figuraba entre los profesionales más destacados de la ciudad.

En 1969, cuando llegué a Armenia como gerente del Banco Popular, Jorge Arango Mejía era el gobernador del Quindío, que se había consti­tuido como departamento tres años atrás. Encuentro alborozado, des­pués de nuestra fugaz amistad en las playas de Cartagena. A su retiro de la Gobernación, regresó a su bufete y en poco tiempo volvió a consolidar su prestigio como hombre de leyes, que esa ha sido su esencia vital. Como mi estadía en el Quindío fue larga, me correspondió presenciar su desempeño exitoso como litigante y asesor de diversas empre­sas.

Su permanente vida de estudio le ha conquistado amplio bagaje intelectual, no sólo en las disciplinas del Derecho sino en la cultura gene­ral. Lector de los clásicos, amante de la música inmortal y de todas las manifestaciones del arte, en 1983 le tocó en suerte, en otro entreacto de su ejercicio profesional, trasladarse como embajador a Checoslovaquia. En Praga, que es una montaña cultu­ral, sobresalió como diplomático de altura y allí acrecentó, mientras le daba brillo a Colombia, su formación humanística.

La política la ha entendido como vocación de servicio, y con esa norma se apartó del sentido clientelista –o mercantilista, que es lo mismo– con que se ha degradado el noble postulado. Antes de su viaje a Checoslovaquia enarboló en el Quindío la bandera llerista de la moralización. En su tierra –tan dada a los cacicazgos– libró recias batallas por la purificación de las costumbres, y a la postre perdió la curul parlamentaria por menos de 50 votos. Es lo que les pasa a los hombres rectos en la política colom­biana: pierden sus batallas a manos de la mediocridad.

Pero Jorge Arango Mejía no ha perdido la batalla de los códigos. Al revés, le ha llegado la hora de demos­trar sus amplios conocimientos jurí­dicos. Lo que ha dado en llamarse por estos días la politización de la justicia no tiene validez en su caso. Es él, ante todo, un disciplinado del Derecho, dotado de probada pulcritud y gran independencia, y como tal fue nomi­nado para la alta investidura por la Corte Suprema de Justicia.

Apasiona­do de los temas constitucionales (vale la pena mencionar un texto suyo: La Constitución de 1991: ¿ilusión, sueño o pesadilla?), le ha llegado su hora. De su desempeño queda pen­diente el país, y sobre todo el Quindío, región olvidada por el poder central, y que al fin logra, por méritos propios, nota de excelencia.

El Espectador, Bogotá, 19-XII-1992.

Categories: Quindío Tags:

Historias de un pueblo rebelde

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Editado por la Universidad del Quindío acaba de entrar en circulación el libro Historias de un pueblo rebelde, del que es autor Alberto Bermúdez. Con doce obras publicadas sobre diversas materias socia­les y políticas, es la primera que le dedica al proceso histórico del Quindío, desde la conquista hasta su creación como departamento.

En este último posee amplia autoridad por haber sido uno de los promotores de la segrega­ción de Caldas y haber ac­tuado como enlace en la capital del país, en asocio de Horacio Gómez Aristizábal, Humberto Cuartas Giraldo y Bedmar Vásquez Henao, de la cam­paña regional que buscaba, desde años atrás, la independencia administrativa. Alberto Bermúdez sostiene en su estudio que «la primera protesta multitudinaria de los quindianos contra la omnipo­tencia manizaleña fue la sucedida simultáneamente en Armenia y Calarcá el 28 de marzo de 1920 en rebeldía por los abusos contra los sembra­dores de tabaco».

Y recuerda que el Quindío nunca tuvo nexos afectivos con el Cauca, al que perteneció en su primera instancia. A Cal­das pasó en 1905, hasta 1966, cuando se independizó. Pero desde 1924 expresó su volun­tad de separarse de Caldas debido al centralismo de esa región y al dominio arrogante de su clase dirigente.

Contra quienes dicen que el Quindío no tiene historia, Bermúdez afirma lo contrario, respaldado por los sucesos que explaya en su ensayo, desde los ante­cedentes de los quimbayas y los pijaos (pueblos que trans­mitieron la idiosincrasia labo­riosa y batalladora del quindiano) hasta la epopeya del café, el factor económico más sobresaliente en la vida re­gional.

Alberto Bermúdez describe los rasgos del quindiano en su compenetración con la tierra, y como ser audaz, decidido, trabajador, independiente y rebelde. Nos cuenta el milagro de Armenia y nos pasea por los otros municipios como eslabones del gran esfuerzo colectivo. Y revela intimidades sobre los hechos que determi­naron la creación del depar­tamento. Es su propio testi­monio. Sobre el mismo episo­dio se han escrito diferentes ver­siones. Este libro enriquece la bibliografía re­gional por su espíritu polémico.

La Crónica del Quindío, Armenia, 23-XI-1992

Categories: Historia, Quindío Tags: ,

Brotes de delincuencia

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Preocupantes los datos que suministra el comandante de la Policía Quindío sobre el crecimiento de la delincuencia en la región. El informe revela un aumento acentuado en homicidios, atracos, secuestros y asaltos a predios cafeteros, lo que pone de presente un peligroso clima de inseguridad. El Quindío se está dejando robar la paz tradicional.

Si en el año se presentan hasta treinta secuestros y sólo se denun­cian dos, esta actitud de silen­cio estimula la acción de los facinerosos. No se acude a las autoridades por tres motivos principales: miedo, falta de fe en la justicia y temor a las represalias. Se prefiere el camino de la negociación secreta, que suele motivar el chantaje en las sucesivas intimidaciones. De esta manera seguirá creciendo la industria del secuestro.

En el estudio de la Policía hay este dato alarmante: el Quindío ocupa el primer lugar en el país por el número de hurtos y está entre los diez primeros por el índice de homicidios. Ignoro bajo qué parámetros se establece la comparación, y todo hace suponer que ella es pro­porcional al número de habi­tantes. Hay que abrir el ojo ante semejante realidad.

El aumento en homicidios, le­siones personales y hurtos es de 1.271 casos registrados en 1991, a 1.539 en los primeros ocho meses de 1992. De seguir  esta tendencia, la cifra llegaría a 2.309 infracciones al finalizar el año, lo que signifi­caría un incremento del 82% en los tres delitos citados.

El año pasado se incautaron 30 kilos de coca; este año van 153 y además 146 de marihuana. Con la llegada de mafiosos de Medellín, los mercados de la droga están haciendo su agosto en la tierra quindiana. Las causas de este deterioro moral son múltiples, y ojalá las autori­dades y la ciudadanía las analicen con cabeza fría. Entre ellas está la concentración de la riqueza, el factor más desestabilizador de la paz.

El desempleo aumenta como un cáncer: el número de perso­nas sin ocupación pasa de 14.000, entre ellas, cerca de 4.600 profesionales. Este año las cifras son muy superiores. Sin la colaboración general y sobre todo sin el liderazgo de la clase dirigente, el Quindío no podrá salir de esta encrucijada.

La Crónica del Quindío, Armenia, 27-X-1992.

Categories: Quindío Tags:

Una gran dama quindiana

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Este año se crece el Cordón de los Fundadores al serle asignado a Virginia Uribe de Botero. Acierto indudable. Su nombre simboliza todo lo bueno que tiene Armenia. Entregada toda una vida a las nobles causas de la ciudad, bien en el campo de las obras sociales o bien en el pro­greso regional, no ha conocido descanso en su apos­tolado silencioso.

Siempre prefirió la modes­tia a la ostentación, y por eso su labor discreta ha pasado inadvertida para muchos. Los que la cono­cemos de cerca sabemos que ha sido una trabajadora admirable en múltiples ac­tividades, y sobre todo en la protección a los más nece­sitados.

Faltaba que este recono­cimiento fuera público, como ahora lo es gracias a la junta encargada de con­ferir la presea municipal. La distinción se hizo esperar mucho tiempo, pero de todas maneras resulta hoy válida para destacar una vida dedicada al bien público.

Modelo de virtudes hoga­reñas, sobresale como la matrona ejemplar que levantó a sus ocho hijos den­tro de los mejores preceptos morales y cívicos. Con su esposo el médico Alfredo Botero Álvarez, muerto hace varios años, fundó un hogar estructurado por el afecto y convertido en centro del amplio núcleo familiar que se desprende de aquel tronco respetable.

Al crecer las familias, lle­gan nuevos hogares que se ramifican para continuar prolongando la especie, y no siempre conservan la unidad de la raza. En cambio, el hogar de Virginia ha mantenido el calor de los primeros años. Esto obe­dece, sin duda, al papel de esposa, de madre y de abuela entrañable que siempre ha ejercido. Su casa es toda una institución en Armenia. En ocasiones el infortunio la ha golpeado con dureza incomprensible, y ella, cual otra viuda del Evangelio, ha sabido su­perar los reveses y dar ejem­plo de fortaleza y dignidad, sin olvidar que la lucha y el sufrimiento ennoblecen a las almas grandes.

Virginia Uribe de Botero se ha ganado el cariño de la ciudad que le testimo­nia la gratitud y la admira­ción por su vida colmada de méritos, que es preciso imitar.

La Crónica del Quindío, Armenia, 13-X-1992.

 

Categories: Quindío Tags:

Invasión de indigentes

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En días pasados, 300 perso­nas menesterosas se tomaron en Armenia el templo de San Francisco, acción que se prolongó hasta altas horas de la noche, cuando tuvo que intervenir la policía para hacer el desalojo. En el operativo fueron retenidos 39 indigen­tes, 9 de ellos con ante­cedentes penales.

El motivo que expusieron los organizadores de esta ac­ción cívica, como hay que llamarla, es el incumplimiento de promesas electorales a esta población que espera, como todo núcleo social, que se so­lucionen sus necesidades.

Estos seres desamparados que deambulan por las calles capitalinas como elementos desechables (término cruel que les ha dado la sociedad de consumo), claman justicia, con su miseria a cuestas, y nadie los escucha.

A esta noticia se le dio en la prensa quindiana más el carácter de policiva, con gran­des titulares en primera página y fotos sensacionalistas, que lo que es en realidad: un drama social llamado a des­pertar la conciencia de gober­nantes y políticos para que se alivie el hambre de esa masa flotante que carece de condiciones mínimas para vivir como seres humanos.

Hay que decirlo con clari­dad: la sociedad arrogante de los centros urbanos, que vive entre clubes y lujos, menosprecia a estos parias que los mismos ricos se encargan de crear por la indolencia de sus capitales. La riqueza mal repartida es la causante de tanta mi­seria. Por eso, los indigentes de Armenia invadieron el templo y pusieron su dedo acusador en la sensibilidad ciudadana.

Este capítulo debe mirarse con la seriedad que tiene. No se trata de llevar a los patios de la policía a unos vendedores de basuco para mostrarlos como reos abo­minables. El mal tiene otras raíces. Es el propio mundo capitalista en que vivimos el que hace resentidos sociales.

Es la falta de solidaridad la que fomenta estos estados de morbilidad callejera. Las auto­ridades deben saber interpretar el mensaje para que la capital quindiana sea una capital humana.

La Crónica del Quindío, Armenia, 24-VIII-1992.

Categories: Quindío Tags: