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Brownie

lunes, 5 de febrero de 2018 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

 Brownie tenía un año de nacido cuando llegó a Villa Astrid, nuestro predio campestre en Villa de Leiva. Jonás, el otro perro de la finca, que por su talante y antigüedad se había ganado el título de patriarca, lo miró con recelo y cierta distancia y le notificó: “Aquí el que manda soy yo”. Pero como el nuevo residente era caballeroso y bien educado, lo saludó con amabilidad y respeto.

Y siguió adelante, como si estuviera en su propia casa. Lo estaba. De ahí en adelante, Villa Astrid era su nuevo hogar, y él sospechaba que mejor familia no podía tener. Labradores los dos, al instante se hicieron amigos. Brownie dio el primer retozo por los prados al entrar a compartir con el patriarca el territorio lleno de árboles nativos, fascinantes paisajes y calurosa camaradería.

Sin embargo, días después tuvieron furiosa contienda. Cada cual pretendía convertirse en jefe del otro, sin aceptar que debían ser un par de hermanos juiciosos. El asunto era de celos, de instinto de superioridad, de querer marcar territorio y ostentar el liderazgo tan propio de su raza. Por eso chocaban con rabia, con ímpetu, con sangre de labradores. Eso mismo sucede con los hombres. Pero los hombres no son fáciles para el perdón y la reconciliación.

Hubo necesidad de llamarlos al orden, dictarles clases de convivencia y hacerles entender que su mundo era civilizado. Bajaron la cabeza con humildad y se fueron en silencio, el uno al lado del otro, a buscar el recipiente del agua para calmar el enojo. Unos de los rasgos del labrador son la inteligencia, la nobleza, la bondad, la empatía, la lealtad. Su carácter es tierno y su mirada sincera. Sabe obedecer y se adapta a cualquier ambiente. Siempre está en plan de ayudar. Goza con los juegos y las aventuras. Y sufre cuando ve triste al amo.

Mi hija Liliana y su esposo, Juan Carlos, adquirieron a Brownie en Bogotá, en Cachorros y Cachorritos, de mes y medio de nacido. Como era de color marrón, le pusieron el nombre del bizcocho de chocolate pequeño, el brownie. Y se lo llevaron a su apartamento. Un día se escapó y atravesó la Circunvalar a plena carrera, y por poco muere atropellado por los carros.

Ya en Villa Astrid, era un perro muy grande, de patas inmensas y fuerza impresionante. Su figura apuesta y vigorosa causaba admiración. Y temor para quienes no eran muy allegados a él. Permanecía correteando por la finca, y cuando quería descansar, lo hacía por lo general en el porche de la casa. Al salir yo para dirigirme a mi cuarto de estudio, se paraba, junto con los perros que llegaron después, y todos me acompañaban en la travesía como guardianes deferentes. Él los dirigía.

Su papá, que se había ganado un premio en concurso canino, le enseñó a ser varonil y enamoradizo. Cualquier día, como ya lo había hecho en Bogotá, se escapó de la finca y duró tres días perdido. Al fin fue localizado en un matorral, cubierto de barro, extenuado por el hambre y en estado lastimoso. Es fácil suponer que salía de una aventura amorosa. Cuando distinguió el ruido del carro, lleno de alegría voló hasta sus amos y se subió al vehículo.

La vejez le hizo perder el ritmo y el entusiasmo. Ya caminaba lerdo, como en la canción de Piero. Víctima de enfermedad incurable, recibió todos los auxilios de la ciencia. Así comunicó la triste noticia, el pasado 11 de enero, el cirujano que le practicó la operación: “Liliana, buen día. Brownie no lo logró, lo siento. Esta madrugada se fue”. Por su parte, Juan Carlos le envió a Brownie este mensaje inmediato: “Dios se llevó tu alma bella e inocente al cielo. Sé que ya te ganaste tus pequeñas alas peludas, que te las mereces con todo el amor perruno. Espero que corras por hermosos prados y cielos perfectamente color chocolate como tú”.

A Brownie se le enterró al lado de Jonás (muerto en junio de 2012). Ya está en el cielo de los perros, compartiendo el territorio con el patriarca. Moka, su hija (su descendencia es de más de 20 hijos), estuvo dos días sobre la tierra removida lanzando aullidos de dolor. Y a nosotros se nos desgarró el alma.

El Espectador, Bogotá, 2-II-2018.
Eje 21, Manizales, 2-II-2018.
La Crónica del Quindío, Armenia, 4-II-2018.

Comentarios

Para quienes amamos los animales y nos involucramos emocionalmente a la vida de una mascota, el desprendimiento es muy similar al duelo de las personas, el alma duele. El milagro de su amor nos permite seguir viviendo alegres, pues estos compañeros de vida nos enseñan y nos dan tanto que aprendemos que a eso vienen en su corta vida. El hermoso artículo es un grandioso homenaje a Brownie, quien llegó a mi vida en momento crucial: yo estaba en medio del tratamiento para combatir el cáncer y estoy segura de que esa era parte de su misión, y sí que la cumplió. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Me uno al dolor de Moka. Gustavo Álvarez Gardeazábal, Tuluá.

Bello artículo y un homenaje a nuestros más fieles compañeros. He tenido varios «compañeritos»: Roky, Mago y gatas como una de raza griega (la más bella e inteligente del mundo). Ahora nos acompaña Campanita (gatica de varios colores y todo el amor del mundo). Alberto Gómez Aristizábal, Cali.

Las personas que amamos y respetamos a los animales sabemos lo doloroso que es la partida de uno de ellos. Hacemos lo imposible, cuando enferman, por procurarles la atención veterinaria para que no se vayan y… muchos se van, dejándonos sumidos en la impotencia y el dolor. Sus recuerdos nos acompañan, su nobleza y cariño no los olvidamos. Inés Blanco, Bogotá.

Artículo lleno de emociones. Pasé por la alegría, la ternura, la diversión y la tristeza. Siempre será bueno recordar sus aventuras y ver cómo cada mascota tiene un comportamiento diferente, dependiendo de con quién se encuentre. Diana Muñoz Herrera, Bogotá.

Yo, que amo a los perros, he llorado leyendo y releyendo sobre la vida del gallardo labrador. Qué bien se narra el paso de Brownie por este mundo. Seguro que ese par de ángeles desde el cielo cuidan de Villa Astrid con esmero. Nunca es tarde para enviarle un abrazo a Liliana. Ella fue su mamá humana. Yo perdí mi perrita hace un año y aún no me repongo. Colombia Páez, Miami.

Emotivo relato. Solo quienes hemos tenido la fortuna de compartir años de nuestra vida en compañía de perros sabemos los seres tan extraordinarios que son y el vacío que dejan con su partida. Aberica (comentario en El Espectador).

Va para la familia Páez mi más sentido pésame por la muerte de Brownie. Sé que deben sentirse muy adoloridos por su pérdida, pues nuestras mascotas se convierten en parte muy importante de nuestras familias por su compañía y nobleza sin igual. Reciban, igualmente, de Snowy, nuestra mascota chihuahua, un lúgubre aullido de solidaridad. William Piedrahíta González, Estados Unidos.  

Mariposas en el Quindío

miércoles, 21 de septiembre de 2016 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En 1975, siendo alcalde de Armenia Alberto Gómez Mejía, invitó al botánico Jesús Idrovo a dictar una conferencia sobre ecología. Animado con la conversación privada que tuvo con el conferencista, Gómez Mejía creó en 1979 el Jardín Botánico del Quindío, y diez años después recaudaba los recursos para comprar en Calarcá el terreno que desde entonces funciona como sede del jardín.

Iniciados los trabajos en 1990 –con los diseños estructurales de la construcción donados por el arquitecto Simón Vélez–, la entidad se abrió al público en diciembre del 2000. Esto pone en evidencia que al frente del jardín existía una voluntad dinámica y perseverante que nunca se ha arredrado ante las dificultades y ha tocado en cuanta puerta ha sido necesaria para sacar adelante los programas. La tarea no ha resultado fácil, pero los resultados están a la vista de todo el país.

Con ese mismo talante se desempeñó en los dos períodos en que fue alcalde de su ciudad. Hubiera podido cumplir una brillante carrera en la vida pública o en la rama judicial, pero renunció a ellas para vincularse al campo de la ecología.

César Hoyos Salazar, que al igual que él fue alcalde de Armenia con magnífico desempeño, y que años después ocupó la presidencia del Consejo de Estado, me cuenta que en el 2003 sugirió al Consejo Superior de la Judicatura el nombre de Gómez Mejía para consejero de Estado. Indago al ecologista sobre este hecho, y él me comenta: “Al averiguar que tendría que retirarme del Jardín Botánico del Quindío y de la Red Nacional de Jardines Botánicos, decliné mi aspiración. Nunca llegué a ser tan importante, pero en cambio tengo fortalecida mi alma”.

Sobre esto de la importancia, cabe destacar que su liderazgo se ha mantenido durante largo tiempo y con nota excelente en el área de la ecología, tanto en la comarca quindiana como a escala nacional. Desde 1996 preside la Red Nacional de Jardines Botánicos, que realiza ponderada labor con 20 sedes situadas en las diferentes regiones del país.

Para ampliar sus conocimientos iniciales, visitó jardines botánicos por todo el mundo. Cuando trabajaba en Bogotá, leyó en 1990 un libro de la científica británica Miriam Rothschild titulado El jardinero de mariposas, el que explica la técnica para hacer un mariposario. Fascinado con la obra, viajó a Londres para conocer a la autora y recibir de ella lecciones sobre esta materia que lo apasionaba. Más clara y decidida no puede  ser su vocación ecológica.

Así nació el mariposario de Calarcá, convertido en el mayor encanto del jardín. Allí se albergan más de 1.500 mariposas en una extensión de 680 m2., las que hacen parte de más de 50 especies nativas diferentes. Quien visita el sitio disfruta de las delicias de un edén tropical cruzado por senderos naturales y lleno de riachuelos, puentes, palmas, helechos, heliconias y plantas diversas. Durante el recorrido estará acompañado por las mariposas, que parecen brotar de un sueño fantástico.

Para rematar la excursión efectuada en días pasados por este asombroso santuario de la naturaleza, viene de perlas el siguiente poema del escritor portorriqueño Andrés Díaz Marrero: De bellos colores, / sus alas pintadas, / se posa en las flores / con leve pisada. / Perfuma su aliento / besando una rosa, / se mece en el viento, / ¡frágil mariposa!

El Espectador, Bogotá, 17-IX-2016.
Eje 21, Manizales, 16-IX-2016.
La Crónica del Quindío, 18-IX-2016.

Comentarios

Ciertamente Alberto mantiene su alma llena, como pudimos comprobarlo en nuestra visita y podrán hacerlo muchos colombianos, que al leer esta bella historia podrán decir que al frente de su jardín botánico y su mariposario el Quindío tiene un señor líder, un hombre brillante, emprendedor y pulcro que brinda todo de sí en beneficio de su región. César Hoyos Salazar, Armenia.

Qué grato saber de Alberto Gómez Mejía, a quien le perdí el rastro hace más de treinta años cuando era secretario general de la Contraloría. Muy grato también ver recordado el nombre del profesor Jesús M. Idrovo, gran botánico, fundador de la Sociedad Colombiana de Ecología y un hombre sencillo y siempre dispuesto a popularizar el conocimiento científico. Alberto Donadío, Bucaramanga.

La columna destaca con sencillez la labor, más bien silenciosa, de un hombre inteligente, un quijote que prefirió educarse de naturaleza y expandirla con sabia constancia, a buscar otros méritos, con su formación de abogado, a pesar de su inicio en el sector público, como alcalde de recordada y positiva gestión. Gustavo Valencia García, Armenia.

Muchas gracias por compartir esa bonita y muy interesante biografía del mariposario del Quindío. No conocía varios detalles de su fundación. Lindo el poema de Díaz Marrero, tampoco lo conocía y ya entró a hacer parte de los versos que sé de memoria. Josué Carrillo, Calarcá.

Justo reconocimiento a la extraordinaria labor realizada por Alberto. Evidenciamos que  el compromiso con los objetivos propuestos, y la continuidad de los proyectos lejos de las ambiciones personales y políticas, permiten la realización de obras cuyo significado trasciende. Esperanza Jaramillo García, Armenia.

Qué buen artículo. Hemos sido muy avaros con el reconocimiento que se merece alguien tan excepcional como Alberto Gómez Mejía. Diego Moreno Jaramillo, Bogotá.

Calarcá es una fiesta de colores gracias al mariposario. José Nodier Solórzano, Calarcá.

Me encantó el artículo, en especial porque es un claro  reconocimiento a la paciencia, tesón y sacrificio que Alberto ha realizado a lo largo de su existencia, con el único objetivo de defender la naturaleza y al mismo tiempo dejar elementos que crean conciencia de los beneficios que ella nos deja y del respeto y cariño que debemos tener para con ella. Luis Carlos Gómez Jaramillo, Cali.

Los poemas sobre la mariposa y las racionales propuestas sobre documentación no son de hacer a un lado. Como miembro de la Junta del Jardín Botánico del Quindío, y el apoyo permanente y solidario por años a la gestión de Alberto, abrigo la esperanza de que podamos hacer ese centro de documentación. Se necesita. Jaime Lopera Gutiérrez, Armenia.

Tratándose de mariposas, no puede uno menos que  estar absorto ante  la maravilla del leve vuelo y del color, como si de suspiros se tratara. En alguno de mis viajes tuve la oportunidad de conocer y disfrutar de este sitio en el Quindío, de la mano de la poetisa Esperanza Jaramillo. Bellos y gratos recuerdos que se mecen al vuelo de alas de mariposas. Gratitud para su fundador y para quienes los han mantenido al vuelo. Inés Blanco, Bogotá.


De una carta de Alberto Gómez Mejía sobre la vida de las mariposas:

La vida de las mariposas comienza cuando eclosiona el gusanito del huevo. En esta etapa se alimenta vorazmente y luego se encierra en un capullo, para hacer la metamorfosis, uno de los procesos más asombrosos de la naturaleza. Pasado un tiempo surge la mariposa adulta, que ya no crece más. Podría decirse en términos generales que en estas tres etapas: larva, crisálida y mariposa adulta, gasta en cada una la tercera parte de su vida. Como mariposa adulta hay especies que solo viven unas cuantas horas en tanto que otras pueden durar meses. Con las que trabajamos en el Mariposario duran mes y medio, aproximadamente.

Rocky

miércoles, 12 de noviembre de 2014 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Un ser minúsculo e indefenso como Rocky fue capaz de desafiar el caos y la dureza de la urbe monumental y no se dejó apabullar por las multitudes con que se tropezaba en las estaciones de TransMilenio. Se subía a los buses, circulaba con la gente, miraba hacia todas partes, y al no encontrar a la persona que buscaba, descendía en la próxima estación. Y allí tomaba otra ruta.

 Así duró tres días, de estación en estación. De tristeza en tristeza, porque nadie le daba la mano. De soledad en soledad, a pesar del tumulto. No hablaba con nadie, y nadie le preguntaba qué le sucedía. La gente va abstraída en sus propios problemas e inundada por sus propias iras y asperezas, y no le importa lo que le pasa al vecino.

Lo veía, eso sí, como un paria, de los tantos que ruedan por las calles de Bogotá. Y si era un paria, lo mejor era dejarlo así, porque los parias no tienen dolientes. Lo mejor es que sigan vagando de sitio en sitio, callados, sumisos, relegados. Y sin hacerle mal al transeúnte, como le sucedía a Rocky, que no ofendía a nadie.

Una señora cargada de paquetes y de intemperancia estuvo a punto de agredirlo, porque Rocky le interceptó el paso y le gruñó. En realidad, era ella la que había pisado al leve caminante de los buses. La señora se detuvo, recapacitó, y para sus adentros se arrepintió de la crueldad que iba a cometer, cuando Rocky le devolvió su frialdad con una mirada de ternura.

Y descubrió que Rocky no era una persona, sino un perro. Rocky tiene nombre de boxeador, pero no pelea con nadie. Mejor: la señora descubrió que era una persona, porque ella también tiene su mascota y sabe lo que ellas valen como seres humanizados que son. Pero su mascota no era desgreñada, ni sucia y famélica, como aquel perro plebeyo. Cosas del destino.

Mientras tanto, Sandra Patricia Hernández, la dueña del can extraviado, lo buscaba desesperada. Se le había perdido en un descuido y no dejó el menor rastro. Ella publicó la foto en Facebook, recorrió el barrio, fue de casa en casa hablando con los vecinos, y nadie le daba razón de su bebé, que así lo ve. «Me ataqué a llorar –cuenta Sandra–. Me lo imaginaba muy indefenso; nunca había pasado una noche en la calle, nunca había cruzado una avenida».

El instinto condujo a Rocky por buses y estaciones en busca de su ama, de su mamá. La necesitaba: sin ella era imposible su vida perruna. Él sabía que la iba a encontrar. El olfato de los perros –tan pegado a su afecto y su fidelidad con el hombre– no falla, y le hizo rastrear todos los caminos. Sufrió hambre, sed, pisotones, indolencia. Pero no se quejó.

Valérie Trierweiler, excompañera de Hollande, presidente de Francia, revela en libro que acaba de publicar que durante su vida de pareja él llamaba a los pobres «los desdentados». El perro bogotano no tiene dientes, más por el almanaque que se le vino encima, y que a pesar de sus 14 años biológicos acusa vejez, que por pobre. De todas maneras, es pobre. Mala figura para Hollande, según Valérie, que bien lo conoce.

Rocky deambuló durante tres días, y sus largas noches, abandonado, aterido y triste por la ciudad impía, la ciudad insolidaria. Y lloró. Los animales lloran, y la gente lo ignora. El escritor quindiano Eduardo Arias Suárez (1897-1958) vio llorar a La vaca sarda (su cuento magistral), y así lo describe: «Todos nosotros vimos que cuando la vaca lamía aquella piel, iba vertiendo gruesas lágrimas de sus ojazos espirituales».

Cuando Rocky se reencontró con su dueña y señora, gracias a la divulgación de su foto por las redes sociales, sus lágrimas de orfandad se volvieron perlas de amor.

El Espectador, Bogotá, 20-IX-2014.
Eje 21, Manizales, 19-IX-2014.
ADDA Defiende los Animales, Madrid (España), diciembre/2014.
Mirador del Suroeste, n.° 60, Medellín, marzo/2017.

* * *

 Comentarios:

Artículo tristemente hermoso. Creo que retratar, por un lado, la espiritualidad animal y, por otro, la bestialidad humana con la insolidaridad que nos conduce a ese infierno en vida que es la soledad. Jorge Rafael Mora Forero, Weston (USA).

Cuán real cuadro de sufrimiento, ternura y amor en el que la mascotica representa estampas humanas tan bien pintadas. Carlos Martínez Vargas, Fusagasugá.

Lindo artículo que nos llega a lo más profundo del corazón, especialmente a los que tenemos mascota. Ellos con su proceder y sentimientos nos hacen conocer su lealtad y nobleza. William Piedrahíta González, colombiano residente en Estados Unidos.

La farsa de la tauromaquia

sábado, 14 de diciembre de 2013 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Carmen Méndez, presidenta de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal –ADDA–, me envía de España el libro de su autoría que lleva por título Tauromaquia, el mal cultural. La entidad nació en 1976 y es la primera ONG española que se fundó para dicho fin. Su órgano de divulgación es la revista ADDA Defiende los Animales, con 22 años de vida y amplia circulación en España y otros países.

Carmen Méndez es abanderada desde vieja data de la causa de los animales. Ha hecho parte en España de diferentes organizaciones de esa índole, y en Londres, de WSPA (Sociedad Mundial para la Protección Animal). Fruto de esa experiencia y de ese apostolado es el libro que comento, en el que hace detenido análisis de los antecedentes históricos de las corridas de toros, a partir del circo romano, donde se practicaron los mayores actos de crueldad para divertir al público, hasta el momento actual, donde con los festejos taurinos se pretende que el espectador goce a costa del sufrimiento y la muerte de los animales.

La brutalidad del hombre llega a extremos abyectos cuando hace del dolor animal una fuente de placer. Eso son las corridas de toros. Sus defensores traen a cuento las obras de Goya que exaltan, según ellos, al toro de lidia como manifestación de arte al morir de manera cruel, cubierto de luces e infamia ante multitudes frenéticas.

Esa no fue la intención de Goya: lo que él quiso plasmar en sus pinturas fue la agonía estremecedora del animal, representada con gran colorido y realismo –como sucede en la serie Los toros de Burdeos–, para despertar la sensibilidad humana frente al dolor. Se trata de una condena y no de un encomio, que mal podía existir en quien como notable cronista de su época presenció trágicos sucesos como la Guerra de la Independencia (1808-1814). Y recogió en los cuadros y grabados que llevan por título Los desastres de la guerra todo un panorama de violencia, que censuró con sus pinceles maestros. Tomar a Goya como auspiciador o inspirador de las corridas de toros es una farsa. Es no saber interpretar su arte.

Así se tergiversa la verdad para apoyar la llamada fiesta brava (sinónimo de sadismo). La cual es espectáculo grotesco y retrógrado que incita las bajas pasiones del ser humano y lo arrastra a la violencia. “La fiesta de los toros es la forma más brutal y sangrienta de distraer la atención del pueblo, desviándole de los verdaderos problemas nacionales”, dijo Eugenio Noel, escritor y periodista español, muerto en 1936. Ya desde aquella época, hace cerca de ochenta años –y más de dos siglos si nos remontamos a la vida de Goya–, se levantaban en España voces de protesta contra la tauromaquia.

España, según palabras de la propia Carmen Méndez, “siempre ha sido considerado como uno de los países más atrasados y bárbaros con los animales”. Copió lo malo de la cultura romana al llevar a su ámbito la sevicia ejercida en el horrendo circo de la muerte. Y lo trasladó a los países descubiertos en el continente americano. En Colombia, desde tiempos remotos echó raíces esta costumbre atávica, y cuán difícil ha sido erradicarla. Sin embargo, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, acaba de dar un gran paso al prohibir el espectáculo taurino en la emblemática Plaza de Santa María, cuya construcción fue ejecutada en 1931.

En Cataluña se prohibieron las corridas a partir del 1° de enero del 2012, y la ciudad de San Sebastián busca hacer lo mismo durante el presente año. En otros de los ocho países donde aún subsiste la fiesta taurina se sienten movimientos ciudadanos que abanderan el mismo propósito. Al fin se acentúa este triunfo del toro contra la barbarie humana.

El Espectador, Bogotá, 8-II-2013.
Eje 21, Manizales, 8-II-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 9-II-2013.

* * *

Comentarios:

Hay que presionar mucho para que estos circos que aún pretenden ganar incautos desaparezcan. Además, es hora de desenmascarar a muchos de sus seguidores de estrato seis que gracias a su poder escriben artículos para apoyar esta «fiesta» de dolor, manipulan la gente y juegan a ser intelectuales. Alvaro A. Bernal, Ph.D., University of Pittsburgh at Johnstown, USA.

Escritos como este hacen falta todos los días para despertar la conciencia de esta brutalidad, y para golpear a los amigos y ensalzadores del «arte de la tauromaquia» que nos lo muestran como parte vital de la cultura. Entre ellos está el filósofo Savater, generador y maestro de pensamiento ético quien nos dice que los animales no tienen derechos… Sinceramente, pienso que los gritos sedientos de sangre en los «neocircos romanos» no pueden justificarse desde la filosofía, la tradición o la cultura. Menos desde la ética. Jorge Mora Forero, colombiano residente en Weston, Florida, USA

Aquí a más de un aficionado se le «llena la boca» diciendo que es una tradición cultural y que viene de la madre patria. Es vicio del colombiano copiar siempre lo peor. Me pregunto: ¿por qué no copiamos un modelo de educación europeo?, ¿por qué nuestros políticos no copian la transparencia de los países europeos nórdicos?, ¿por qué no copiamos la salud canadiense?, ¿por qué es tan fácil copiar? Julián Román (correo a La Crónica del Quindío).

Debemos exigir la prohibición de la fiesta taurina en todas sus modalidades, porque en ella toros y caballos sufren un tratamiento cruel e inaceptable. Llegan a horrores como el de rematar a tiros en la cabeza a un pobre caballo destripado. Condoricosas (correo a El Espectador).

De acuerdo con Carmen Méndez, España es uno de los países más atrasados y bárbaros con el trato a los animales. Todavía está en mi mente ese vídeo del psicópata que asesinaba cachorros. Leinadsajor (correo a El Espectador).

Excelente columna. Precisamente hoy 9 de febrero AnimaNaturalis va a hacer en Medellín protesta en contra de las corridas de toros. A partir del comienzo de los festejos taurinos en Medellín, activistas de AnimaNaturalis se concentrarán pacíficamente, mostrando pendones y repartiendo miles de volantes informativos sobre la crueldad en los espectáculos que se desarrollarán durante un mes en la plaza de toros La Macarena. ¡Acompáñanos! Eradelhielo (correo a El Espectador).

En tu artículo olvidaste mencionar la crueldad en las calles bogotanas contra los pobres caballos maltratado y abusados hasta lo imposible. Para no hablar de los perritos callejeros tratados en la forma más inmisericorde. Por eso mi frase preferida es: «Entre más conozco a la humanidad más quiero a mi perro». Luis Quijano, colombiano residente en Houston, USA.

Mientras he firmado no sé cuántos pliegos en las más diversas ocasiones, protestando contra las corridas de toros, éstas siguen y siguen. Y uno lee esos admirativos discursos de los amantes de la tal fiesta brava y no le convencen ni un ápice. Uno se sorprende a cada paso de lo crueles que podemos ser los seres humanos. Diana López de Zumaya, colombiana residente en Ciudad de Méjico.

Excelente punto de vista sobre una tradición funesta y que debe avergonzar a los pueblos que la practican y la permiten. Armando Rodríguez Jaramillo, Armenia.

El perrito vagabundo

viernes, 22 de noviembre de 2013 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En el video que se divulgó por internet se oyen las voces de cinco soldados del Batallón de Infantería No. 27, con sede en Pitalito, que preparan una operación de tiro al blanco tomando como objetivo a un cachorro que lleva por nombre Largo, y por apodo, Garra. Se sabe por esa conversación que se trata de un perro antiexplosivos, es decir, de un compañero de los soldados en su lucha contra las guerrillas. Por lo tanto, preparado para dar la vida por ellos.

En las imágenes transmitidas por internet y grabadas por uno de los soldados, he distinguido con absoluta precisión dos aspectos escalofriantes: en primer lugar está Largo, con su figura lánguida y su mirada triste y resignada, como presintiendo la desgracia que se avecina, y luego, los cinco soldados, muy bien nutridos, que entre risas, groserías, sarcasmos e increíble sangre fría atan al perro del árbol y se preparan para su ejecución. ¡Van a matar al amigo que los defiende contra las minas explosivas sembradas en los campos del Huila!

Cuatro de los soldados se identifican como Chilito, Orozco, Castillo y Vargas (se ignora el apellido de quien los dirige). Quizá el apodo de Garra que lleva el perro se lo pusieron ellos mismos interpretando una de las acepciones que da el diccionario a dicho vocablo: “objeto de mala calidad”. Como quien dice, perro plebeyo, perro vagabundo, perro paria, sin categoría ni dolientes. Y que por mala fortuna cayó en manos de estos desalmados que lo llevaron al patíbulo de la ignominia.

Como uno de los reclutas “no pudo hacer polígono” (según se oye en la atroz conversación), el jefe del grupo dispone lo necesario para cumplir el ejercicio, esta vez con un ser viviente, con el mísero can que bien pueden sacrificar en aras de la práctica militar. Lo atan al árbol, lo ponen de frente al verdugo, y suena la orden de disparar…

En la oquedad del monte repercute el tiro fatal, mientras el pobre cachorro lanza un alarido desgarrador, que las bestias humanas celebran entre risas. Ellos se solazan con este espectro de la muerte, que tal vez asimilan a una muerte humana. Esto les produce frenesí. Están en la guerra, y así hay que matar al enemigo, ¿verdad, soldados de la patria? Victoriosos, se abalanzan sobre el animal caído, para comprobar el éxito de la operación. Pero el perro no ha muerto: se estremece en medio del dolor. Uno de ellos lo patea, otro lo asegura por la boca y le detiene la respiración.

Y se oyen –¡otra vez el maldito video!– expresiones tajantes como “está vivo… dele duro… mátelo…” Con el fusil le descargan el golpe brutal en la cabeza, con la fuerza energúmena de los monstruos. Se ven las botas de los soldados que andan presurosos de un lugar para otro, como testimonio degradante de la milicia y de la propia guerra. Y se intuye el silbido acusador del viento en la montaña perpleja.

Pero Largo –o Garra– vive aún, a pesar de la ferocidad de sus verdugos. Dura vida la de este perrito vagabundo, convertido en héroe, cuya imagen lánguida ha pasado a las páginas de los periódicos, incluso del exterior, como prueba salvaje de la crueldad del hombre (en este caso, de cinco fiesteros soldados de la patria) contra los animales. Uno de los soldados grabó la escena, y no se sabe por qué motivo fue a dar a las redes de internet.

No es la primera vez que esto sucede en las filas de la Fuerza Pública. Como siempre, se anuncian medidas disciplinarias contra los culpables. Después, todo quedará en silencio.

Hubiera querido no hacer este crudo recuento de los hechos. Sentí el ánimo conturbado al ver en internet este sartal de horrores, y quise comerme mi propia congoja. Luego pensé que como escritor y defensor de los animales no era posible acallar la indignación frente a semejante iniquidad.

El Espectador, Bogotá, 23-XI-2012.
Eje 21, Manizales, 23-VI-2012.
La Crónica del Quindío, Armenia, 24-XI-2012.

* * *

Comentarios:

¡Qué dolor y qué impotencia ante estos criminales, mal llamados humanos y mal llamados soldados! Lo que son: verdaderos monstruos. Ante hechos de este calibre se queda uno mudo, con lágrimas en el alma. Y lo peor de todo: no pasa nada, nadie los  castiga y reina el silencio cómplice. Inés Blanco, Bogotá.

Yo también me estremecí, como me estremecen las manifestaciones de violencia que a diario veo y que ocurren en Colombia y en algunos países vecinos. De tantos años de violencia se ha heredado más violencia. Álvaro León Pérez Franco, colombiano residente en París.

No he visto el video completo, pero como usted sentí horror al ver las imágenes en la televisión de estos desalmados ignorantes. ¿Para dónde va la humanidad?, me pregunto a diario. Pablo Mejía Arango, Manizales.

Interesante columna acerca del video del cachorro que tomaron para prueba de polígono los soldados del Huila. Cuando vi el video tuve la misma percepción: que así como tomaban la vida de un indefenso animal, lo harían con un ser humano, caso los famosos «falsos positivos». Alguien comentaba en twiter que son costumbre de los soldados estos actos reprochables. Gracias por ser amigo de los animales. Esperanza Cobos Amaya.

¡Qué desgracia tener defensores de la Patria con estos sentimientos!  Sólo se escuchan “las voces del silencio” de sus superiores, para los cuales esta acción no merece atención y mucho menos castigo, ya que se trata de un mísero can.  Felicitaciones por haber tenido el carácter de denunciar a estos cobardes “héroes de la Patria”. Jaime Vásquez Restrepo, Medellín.

Soy amigo de los animales y desde que tengo uso de razón en mi casa hemos tenido perros. Supe del video y me negué a verlo, como me niego a ver cualquier escena de violencia extrema. Aunque antropólogo, y aunque interesado en la violencia como objeto de estudio, las imágenes de violencia logran perturbarme y, algo curioso, cuando son contra animales (animalitos diría en mi conversación cotidiana) me perturban aún más. La reacción en las redes sociales ha sido enorme, y me parece bien. La crueldad con los animales y tal comportamiento de parte de miembros de las fuerzas de seguridad del Estado (esas que pagamos con nuestros impuestos) deben ser repudiados. Nicolás Espinosa Menéndez.

No hay una sola prueba de que el perrito vagabundo vive. Esta villanía no puede serme más triste. El noble animal, mucho más leal y franco que cualquier ser humano, es asesinado a sangre fría y agonizó en la soledad y desesperación. Mientras tanto, las alimañas siguen riendo. 31337 (correo enviado a El Espectador.

Yo creo que la labor del periodista debe ir un poco más allá al hecho simple de comentar un acontecimiento de la gravedad como el que usted denuncia y cumplir su cuota semanal de producir una columna de opinión para este medio. Si pensó «que como escritor y defensor de los animales no era posible acallar la indignación frente a semejante iniquidad», ¿no cree, con todo respeto, que debería enviar un derecho de petición al Comandante del Batallón de Ingeniería No. 27, para que informe qué medidas disciplinarias aplicó a los bárbaros delincuentes y remitir copia de esa petición al señor Procurador? gusvaga (correo a El Espectador).

Eso es lo que vemos, un video, una muerte registrada (dudo totalmente de la sobrevivencia del perro). ¿Cuántas canalladas más suceden sin que sepamos? ¿Cuántos animales habrán pasado por lo mismo a manos de los «héroes de la patria»? digoall (correo a El Espectador).

Lo que hicieron estos dizque «soldados» –en realidad sádicos vulgares– es vergonzoso. Lo peor es que seguramente el ejército colombiano no les castigará de ninguna forma y seguirán muchísimo tiempo dañando a otros seres vivos (humanos o animales). Ese video es otra muestra de la podredumbre en medio de la cual se hunde Colombia. samueld (correo a ElEspectador).

Esto es aberrante, esos soldados de la patria merecen estar en el mismo árbol, amarrados y fusilados. Ewar Gordillo (correo a El Espectador).