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Viaje poético

miércoles, 3 de agosto de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Esperanza Jaramillo nació en Manizales y desde niña se trasladó al Quindío. Trabajó en el sector financiero y alternó el oficio con el arte de la escritura. Es autora de los libros Caminos de la vida, Testimonio de la ilusión, El brazalete de las ausencias y los sueños, Abecedario del viento, Tiempo del escarabajo. Aparece ahora El incierto color de la luz: Egipto, Israel y Jordania, editado por la Biblioteca de Autores Quindianos, en el que narra el viaje que realizó en junio de 2012 en compañía de su amiga la fotógrafa Olga Lucía Jordán, quien captó una serie de imágenes que le dan realce a la obra.

Al regreso, Esperanza se dedicó a revisar su libreta de apuntes, discernir las ideas y ahondar en la historia de los pueblos visitados, para presentar, como acaba de hacerlo, un reflexivo libro de viajes que ofrece la visión de esas milenarias y misteriosas culturas. No se conformó con contar de refilón los sucesos e impresiones que surgieron a su paso, sino que estructuró los recuerdos y les puso la sazón necesaria para hacer atractiva la lectura. Y embelleció su empeño con el ingrediente mágico de la prosa poética, que es el aroma que se esparce en las 300 páginas del libro.

Bajo el poder de la síntesis, la brevedad de los capítulos, la amenidad de los relatos y el cincelado manejo del idioma, se percibe en la descripción el olor de la historia y se goza con el placer del viaje. El azar de los caminos no ha de consistir, como lo pregona Hermann Hesse, en el ocio improductivo, sino que ha de convertirse en circunstancia propicia para la contemplación de los paisajes y el beneficio cultural.

“Me atraen mucho las culturas exóticas y por eso visité estos países”, dice la escritora. En efecto, ella se detiene en la actual Biblioteca de Alejandría, obra de la Unesco iniciada en 1988; pasa por El Cairo, ciudad añeja y mítica; en el Nilo, el mayor río de África, se estremece ante la magnitud y el furor de las aguas; en Damasco penetra al templo legendario bajo una túnica con capucha, para impedir que alguna parte del cuerpo femenino quede visible, como lo ordena la norma; en Jerusalén se conmueve ante la historia que recuerda la crucifixión de 500 judíos y la destrucción del templo, el que solo dejó en pie el Muro de las Lamentaciones, que todos los turistas desean visitar; y presencia escenarios de tristeza, de pobreza, de dolor y resignación reflejados en los ojos y en los espíritus de los moradores…

Frente a estas realidades crueles y al mismo tiempo enriquecedoras para el buen caminante, Esperanza anota en su libro maravilloso –acaso el mejor de su producción, que me produjo a la vez asombro, perplejidad y encanto: “Mercaderes y camellos medían en largas jornadas la sed del desierto, y un olor a incienso adormecía la memoria del tiempo”. Y remata: “Para que duela menos la vida: la poesía”.

El Espectador, Bogotá, 30-VII-2022.
Eje 21, Manizales, 29-VII-2022.
La Crónica del Quindío, Armenia, 31-VII-2022.

Comentarios

 Te reitero mi gratitud de siempre. Has estado ahí cerca, apoyándome con tus consejos y pluma delicada y tratando, además, de recuperar la memoria de los escritores que ya terminaron su ciclo en este planeta. Me agradó mucho que tocaras también la parte humana.  Siempre he pensado que la literatura y el arte en general constituyen un hermoso refugio para los espíritus sensibles. Es una manera de resistir. Esperanza Jaramillo, Armenia.

Un libro muy hermoso, con las fotografías de la conocida fotógrafa quindiana. Un recorrido por lugares llenos de historia y tan cercanos a nosotros los católicos. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Muy buen reconocimiento para Esperanza, gran estilista e inmejorable prosista. Alpher Rojas, Bogotá.

Muy buena columna. Recuerdo a doña Esperanza en su época de gerente bancaria en Calarcá. De ella solo conozco un poco de su linda poesía. Este libro debe ser de belleza suprema. Gustavo Valencia, Armenia.

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Un artista colosal (1895-1963)

martes, 19 de julio de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Puede decirse que nadie es ajeno en Bogotá al monumento de la Virgen María, o Virgen de Guadalupe, que se erige en el cerro que lleva ese nombre, a más de 3.300 metros de altura. La obra mide 15 metros y puede divisarse desde distintos puntos de la ciudad. Está apoyada en la pequeña capilla que ya existía en el cerro, e impresiona cómo se ve flotar en esa cumbre, como si se tratara de una figura volátil que se mueve entre la niebla. Esa es la impresión que causa.

El monumento, elaborado en 4 años, se inauguró en 1946 en medio de gigantesca romería. Se convirtió en uno de los íconos más destacados de la capital. La patrona tutelar cumple 76 años en ese balcón de la cordillera, y desde allí ha presenciado las mayores convulsiones y evoluciones de la vida local y nacional, comenzando por la hecatombe del 9 de abril.

Lo que la gente por lo general ignora es el nombre del autor de la escultura. Se llama Gustavo Arcila Uribe. Nació en Rionegro, Antioquia, en marzo de 1895, y falleció en Bogotá en 1963, ciudad a la que su familia se había desplazado en 1909. Terminó sus estudios en el colegio de San Bartolomé y luego se inició en la carrera del arte. En su sangre llevaba marcada esa impronta, y pronto comenzó a sobresalir, por su talento, disciplina y convicción, como aventajado cultor del mundo artístico.

De ahí en adelante conquistó los niveles más altos de la realización y el prestigio. En los años 20 obtuvo en Chicago el Premio Shaffer por El sermón del monte, obra calificada como “la mejor composición escultórica ideal”. Era la primera escultura de un colombiano que lograba un premio internacional en los inicios del siglo XX. De la misma época son El interrogante y La voluntad.  

En 1928 viajó a Roma y luego pasó a París y Sevilla. En 1930 regresó a Colombia y comenzó la época de su mayor producción, plasmada en bocetos, bustos y monumentos dedicados a grandes personalidades y aspectos de la vida nacional. Maravillan la expresividad del rostro, la profundidad de la mirada y la autenticidad de otros aspectos del cuerpo humano esculpidos por el artista.

En la etapa final se consagró al arte religioso. En el monasterio del Santo Ecce Homo de Villa de Leiva dejó las imágenes de Jesús Crucificado. En la iglesia de Valmaría, en Usaquén, Bogotá, fueron talladas 4 estatuas y las 14 estaciones del Vía Crucis. En el seminario aledaño, de los sacerdotes eudistas, se localizan 52 obras suyas.

El recorrido de este artista magistral fue documentado por su hijo Eduardo Arcila Rivera, con la colaboración del arquitecto e investigador Óscar Posada Correa, en maravilloso libro –que tuve el placer de leer y admirar en estos días– editado por la Alcaldía Mayor de Bogotá, en el 2010, y que lleva por título Gustavo Arcila Uribe: armonía plástica de un pensamiento. 

El Espectador, Bogotá, 16-VII-2022.
Eje 32, Manizales, 15-VII-2022.
La Crónica del Quindío, Armenia, 17-VII-2022.

Comentarios 

Hoy me enviaron desde Alemania tu columna de El Espectador sobre la Virgen de Gustavo Arcila en Guadalupe. Te agradezco mucho este lindo artículo que honra la memoria de mi papá y enseña a las nuevas generaciones quién es el autor de este maravilloso monumento. Sólo imaginar el andamio que tuvieron que construir en las ventiscas del páramo del Verjón produce escalofrío. Eduardo Arcila Rivera, Bogotá.

Gustavo Arcila Uribe dejó un maravilloso legado, obras que vemos y no sabemos que son de él, como la Virgen de Guadalupe que nos cuida a todos los que vivimos en Bogotá y no sabíamos ni siquiera quien la dejó allí para semejante tarea. Debe vivir con mucho trabajo en una ciudad donde a diario se viven tantas angustias por la inseguridad y la injusticia social. Cuando vayamos a Villa de Leiva sería buenísimo ir a visitar al Jesús Crucificado y conocer de cerca esta otra obra. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Como sucede con muchos habitantes de Bogotá, nunca he visitado el cerro de Guadalupe. Y por supuesto, ignoraba el nombre del artista que elaboró la estatua de la Virgen que lo domina. Por tu artículo me entero de Gustavo Arcila Uribe y de su inmensa obra. Como te lo he dicho anteriormente, alabo tu empeño en destacar a figuras de la cultura que son desconocidas por el grueso de la gente, pero que han dejado obras literarias, musicales, arquitectónicas, etc. de mucho mérito. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Todos los honores y agradecimientos y admiración para el genio escultor de Gustavo Arcila Uribe. Personaje que ha dejado una huella monumental en el silencio de su magnífica creación. Su hijo Eduardo heredó, por un camino diverso, el de la palabra, esa madera que se talla en la sangre. Me recordó, de igual manera, al escultor Rómulo Rozo, boyacense, quien también vivió y murió en México, dejando en Mérida otra obra digna de reconocimiento. Inés Blanco, Bogotá.

Muy ilustrativa columna. Nadie es ajeno al monumento, ¿pero quién se pregunta por el escultor? name last (correo a El Espectador). 

Qué maravilla conocer personajes olvidados de nuestra historia, del arte, la política, la ciencia, en fin, todo es historia nuestra. Picuto (El Espectador).

Maravillosa columna. Nuestro arte lleva gestándose mucho más tiempo del que somos conscientes. Mégas Aléxandros (correo a El Espectador).

Museo del Oro Quimbaya

viernes, 8 de julio de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Fue fundado en la ciudad de Armenia por el Banco de la República, en julio de 1986, y el diseño arquitectónico lo elaboró Rogelio Salmona, obra que lo hizo acreedor al Premio Nacional de Arquitectura de 1988. Tuvo un cierre cercano a los 3 años, debido a un programa de recuperación y preservación que obedeció al desgaste natural producido por 36 años de funcionamiento y a la necesidad de fortalecer la estructura.

El museo contó con la valiosa gestión de Hugo Palacios Mejía, oriundo del Quindío, quien como gerente general del Banco de la República puso todo su empeño para sacar adelante la construcción con la grandiosidad que hoy ostenta, y fue inaugurado en el gobierno de Belisario Betancur. Era gerente regional del banco el agrónomo Josué López Jaramillo, otro entusiasta eslabón de este gran suceso cultural.

La importante colección arqueológica está situada en sitio ideal, que es el Quindío, para resguardar el patrimonio aportado por las civilizaciones quimbaya, calima, muisca, tairona, tumaco, nariño y otras tribus indígenas. En estas piezas de inestimable valor, constituidas por infinidad de objetos en cerámica, esculturas de piedra, madera, hueso, textiles y diferentes elementos, resurge todo un pasado guerrero, laborioso y artístico, que de todo eso había en aquellas mentes y voluntades que hoy no alcanzamos a comprender en su exacta dimensión.

Los poporos indígenas son reales piezas de arte aborigen concebidas como utensilios útiles para la vida cotidiana, y encierran misterio y fascinación. Se calcula que el poporo quimbaya exhibido en el Museo del Oro de Bogotá fue fabricado hacia el año 301 a. C. Su proyección en el tiempo hace pensar en la propia inmortalidad del espíritu indígena.

Si pasamos a los artículos de oro, que los hay en las formas más diversas, extrañas y deslumbrantes, tenemos que inclinarnos ante la magnificencia del ingenio creativo que viene de las comunidades indígenas. Este hecho certifica la identidad cultural de la región, que a veces se olvida. Es el Quindío tierra de guacas por excelencia. Allí se escarba y se escarba la tierra y siguen saliendo tesoros y más tesoros que brillan como una fantasía. Nada tan indicado, por lo tanto, como que el Museo del Oro Quimbaya esté erigido en este territorio legendario, cuna de mitos, leyendas, patasolas y lloronas en eterna cofradía.

Este 16 de junio se abrieron de nuevo las puertas del museo. Allí surgirán nuevas atracciones: un centro de documentación virtual, auditorio con tecnología y acústica de máxima calidad, sala infantil, jardín botánico, moderna sala de exposiciones, todo rodeado de plantas y palmeras ornamentales, de senderos y surcos de agua.

Sin embargo, Josué López Jaramillo, que como exgerente del Banco de la República conoce muy bien la obra, me hace esta observación: “El municipio no ha sido capaz de abrir la calle por el costado sur, conformado por matorrales y chamizas, lo que constituye motivo de inseguridad, además de ofrecer mal aspecto estético”. Ojalá la alcaldía local revise esta falla.

El Espectador, Bogotá, 2-VII-2022.
Eje 21, Manizales, 1-VII-2022.
La Crónica del Quindío, 3-VII-2022.

Comentarios 

Con alegría y un poco de pesar he leído la columna acerca de la reapertura del Museo del Oro Quimbaya. Digo alegría porque se abre remodelado y con nuevas propuestas y salas para su disfrute. Y digo tristeza por la desidia de las autoridades para acatar la sugerencia de encerrar la parte sur que representa un peligro enorme para los tesoros que en él se conservan, según lo manifiesta el doctor Josué López Jaramillo. Conocí el museo hace unos 15 años. Es maravilloso y la edificación, magnífica. Gracias por rescatar estas memorias. Inés Blanco, Bogotá.

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La encrucijada

miércoles, 22 de junio de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar

Colombia no conocía una campaña presidencial tan depravada y turbulenta como la actual. Juan Lozano la califica como una “maluca y dañina campaña”: definición exacta de lo que ha sido esta contienda sin altura ni grandeza y caracterizada por los agravios y el sartal de odios, ataques personales, juego sucio, mentira y desinformación.

Aparte de la ola de oprobios, recrudecida tanto por los candidatos como por sus alfiles y secuaces, está la falta de verdaderos planes de bienestar social, que no solo deben ser bien estructurados, sino realizables. Se engaña a la gente con la baja de impuestos, la vivienda gratis, el mayor tributo a la clase adinerada, la mitigación del hambre de 22 millones de colombianos. Todo esto suena bonito, y de paso hace conseguir votos entre la gente sectaria, la ingenua o la angustiada. Lo que debe saberse es dónde está la realidad y dónde la farsa.

Pasada la votación, falta conocer qué porcentaje de las promesas se cumplirá. En sus campañas por la presidencia, Juan Manuel Santos ofreció con ahínco –y hubo quienes le creyeron– eliminar el impuesto del 4 x 1.000 y disminuir la cuota de salud de los pensionados, del 12 % al 4 %, que es la cifra justa. Y no cumplió su palabra. Eso mismo sucede con la generalidad de los candidatos.

En el momento actual, llueven halagos de todo tipo. Mientras estos sean más novedosos –y algunos son estrafalarios y ridículos–, más adeptos se consiguen. La candidez de algunos ciudadanos, tan lindante con la simpleza y la resignación, es un distintivo de la época. Para los pregoneros de ilusiones lo que importa son los votos, así haya que comprarlos en los caminos de la corrupción.

La política ha llegado a los peores niveles de desprestigio y quebranto moral. No solo se ultraja al adversario con palabras soeces, sino que se inventan actos deshonestos que jamás cometió. De esta manera crecen por las redes los rumores perversos, las aseveraciones falsas, los testimonios adulterados. Vivimos en una sociedad en la que se quita la honra y nada pasa. Todo vale cuando no hay principios. Nada se pierde cuando prima la indignidad.

Fíjese lo que sucedió con los “petrovideos” denunciados por Semana, método ruin de la campaña de Petro, con el que se difamaba a los rivales para debilitar su imagen y luego destruirlos. Con este panorama de miedo, insidia, falsedad y desconcierto llegamos a la segunda vuelta. “Los sucios ensucian”, dice María Isabel Rueda. Hay que reaccionar y votar a conciencia.

Colombia entra en una preocupante etapa de polarización. Sea quien sea el ganador, el país no puede hundirse. Debemos salvarlo, para salvarnos nosotros mismos. El próximo presidente debe deponer los odios, dejar la rabia, limpiar el alma, buscar los mejores asesores, y lo más importante, implantar reales fórmulas de buen gobierno. Sin concordias nacional, todo será oscuro, tortuoso, tétrico. ¡Que los dioses de la democracia nos lleven de la mano! Solo así podremos salir de la encrucijada.

El Espectador, Bogotá, 18-VI-2022.
Eje 21, Manizales, 17-VI-2022.
La Crónica del Quindío, Armenia, 19-VI-2022.

Comentarios 

¡Qué buen artículo! Oportuno, pertinente, preciso. Y corresponde de verdad a lo que lamentablemente ha sucedido. Dios oriente el futuro de Colombia. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

Excelente columna. La más sensata y justa que he leído sobre este tema, y he leído muchas. Duele mucho ver a nuestro país tan apasionado y absurdo. Las redes sociales se apoderaron de la razón y hacen a su antojo lo que les da la gana. Quiera Dios que mañana reinen la cordura, la tranquilidad y no se hunda la democracia. Eduardo Arcila Rivera, Bogotá.

La encrucijada señala los males y las complicaciones que el país afronta en estas tortuosas y desgastantes elecciones, donde priman el odio, la ambición de poder y la prepotencia de los personajes políticos que parecen actores de circo. Donde los electores nos sentimos marionetas mal dirigidas y sin rumbo. Inés Blanco, Bogotá.

La alusión al incumplimiento de Santos a dos promesas de campaña es mínima falta frente a las tropelías, abusos de poder y delitos cometidos en los dos periodos de Uribe, y la incapacidad, pésimo desempeño y abusos de poder del actual mandatario Duque. Lo destacable de la actual coyuntura es el ansia de cambio que se hizo evidente en la campaña, el descontento y hastío del pueblo con la clase política y sus dirigentes. Estoy de acuerdo con la alusión a los mutuos insultos y excesos verbales, pero la noticia es la gran expectativa por el ansiado cambio. Gustavo Valencia García, Armenia.

El acuerdo nacional ya es una realidad. Intelectuales, académicos, exministros, exmagistrados, empresarios y todos los sectores de la sociedad comprometidos en sacar adelante el país. ¡Sí se puede! Daniel Rodríguez Céspedes (correo a El Espectador).  

Qué alivio que esta cochina campaña ya acabó, y aunque el resultado no fue el que yo quería, celebro que haya pasado el día de elecciones en calma, sin desbordamientos ni altercados. Como demócratas, tenemos que aceptar el triunfo de Petro y esperar confiadamente que lo expuesto en su mensaje de anoche sea llevado a la realidad para convocar un diálogo conciliador. Por supuesto que hay que darle tiempo para que pueda empezar a gobernar e implementar cambios positivos para el país. Hay que respaldarlo en las propuestas que sean provechosas y rechazar los posibles desvíos que pueda cometer. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Efectivamente, hemos asistido a una de las campañas más sucias que se hayan llevado a cabo en el país. Ahora que sabemos quién será el próximo presidente solo nos queda aferrarnos a las fuertes instituciones, incluidas las Fuerzas Militares, que tiene Colombia para que no vaya a ser cambiado el modelo económico y que no tengamos un giro hacia modelos como los de Venezuela, Argentina o Nicaragua. Esperemos con optimismo que las cosas no se salgan de cauce y que nuestros peores miedos no se conviertan en realidad. Por mi parte, mantendré el optimismo y la fe. Pedro Galvis Castillo, Bogotá.

Qué acertada y oportuna columna sobre la encrucijada que vivimos. Allí está dicho todo, lacerante, pero es la realidad, y suscita las más hondas y prontas reflexiones. Vicente Pérez Silva, Bogotá.

Novela inédita de Tulio Bayer

miércoles, 8 de junio de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Cuarenta años han pasado desde la muerte en París del médico Tulio Bayer, autor de los siguientes libros: Carretera al mar (1960), Carta abierta a un analfabeto político (1968), Gancho ciego (1978) y San BAR, vestal y contratista (1978). Su vida fue intensa y combativa. Luchó contra los poderosos, sufrió persecuciones, cárceles y destierro, y nunca se detuvo en su protesta social.

Se le tachaba de loco, aventurero y rebelde. Tuvieron que pasar muchos años para que su nombre fuera rehabilitado. El prestigioso historiador Orlando Villanueva Martínez adelantó una exhaustiva investigación sobre esta vida meritoria, y en 2019 publicó dos libros muy bien documentados que cuentan quién fue en realidad este líder insurgente: Tulio Bayer, el luchador solitario, y Tulio Bayer, una vida contra el dogma.  

De paso, se enteró de que Bayer había dejado una novela inédita, Fineglass, escrita en París en mayo de 1968 –hace 54 años–. Localizarla no era fácil, ya que la viuda había muerto en Venezuela tras su regreso de París, y no quedaron rastros sobre los papeles dejados por su marido. Yo sabía de esta novela a través de mis cartas con Bayer, y estaba enterado de algunas correcciones que pensaba hacerle.

Villanueva se trasladó por propia iniciativa a Barranquilla con el fin de ubicar al médico siquiatra Alberto Galofre Franco, en cuya casa Bayer había forjado la obra más de medio siglo atrás, cuando descendió de la Sierra Nevada de Santa Marta, antes de emprender su viaje de destierro a París.

Pero Galofre había fallecido 12 años antes. Al mismo tiempo, Villanueva supo que una hija del siquiatra –Tatiana Galofre–, que era una niña cuando Bayer se hospedó en su casa, podía dar alguna información, pero vivía en Bogotá. Sin mucha esperanza, le dejó una tarjeta en el apartamento-consultorio que había ocupado su padre, al que ella le pasaba revista una vez al año.

La sorpresa fue grande cuando tiempo después el historiador recibió una llamada que le decía: “Soy Tatiana Galofre y ¡tengo el manuscrito de Fineglass!”. En efecto, Bayer había enviado desde París una copia de la novela, escrita el 8 de mayo de 1968. Novela que dio vuelta por varias editoriales y no logró su edición. Trata el caso siquiátrico de un homosexual enfermo, hecho que le había dado ocasión a Galofre para escribir un texto sobre la materia, el que a la vez le sirvió a Bayer de base para elaborar la novela citada, que acaba de publicar Villanueva, con su propio peculio, en la editorial Búho de Bogotá.

Es una defensa de la diversidad y el derecho a la diferencia sexual, situada en aquellos años fustigados por la sociedad y la conducta religiosa. La siquiatría estaba en pañales, y la acción de Galofre ante su universidad y sus compañeros de estudios fue denodada y valiente. Y tuvo como testigo y escritor de excepción a Tulio Bayer, siempre polémico y analítico. La novela es una deliciosa sátira que enfoca la naturaleza andrógina en los seres humanos. 

El Espectador, Bogotá, 4-VI-2022.
Eje 21, Manizales, 3-VI-2022.
La Crónica del Quindío, Armenia, 5-VI-2022.

Comentarios

Maravillosa historia la de rescatar un libro, después de tantos años de escrito, sobre un tema prohibido en los 60. Felicitaciones al historiador Villanueva por dejar esta huella después de tantos años del fallecimiento de Tulio Bayer. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Una verdadera proeza la del historiador Orlando Villanueva Martínez al haber logrado recuperar los manuscritos de Fineglass gracias a los buenos oficios de la hija del médico psiquiatra Alberto Galofre Franco, los cuales entregó su hija Tatiana Galofre, para hacer posible su publicación en la editorial El Búho. El tema, por demás interesante. Inés Blanco, Bogotá.

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