Archivo

Archivo para la categoría ‘Quindío’

Una esperanza quindiana

domingo, 9 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

No es necesario aguzar mucho el cerebro para presentir en el doctor Hugo Palacios Mejía una sólida pers­pectiva para el Quindío. Nos queja­mos de la ausencia de hombres impor­tantes en el panorama de la nación y solemos menospreciar nues­tros auténticos valores. Quizás en ocasiones sólo pen­samos con criterio egoísta, con pasión de partido. Esa cortedad de ánimo limita y frustra muchas pro­mesas regionales.

En otras partes se obra y se piensa en función de comarca. El liderazgo de Antioquia, del que ahora se duda porque hay otras regio­nes en competencia, como el Valle, obedece a un propósito regional. Allí sus hombres eminentes son empujados a posiciones claves del país como ban­deras de sus departamentos. Por eso, Antioquia y el Valle, valga el ejemplo, pesan en el concierto nacional.

Situados en el Quindío, debe lamentarse que no haya más sentido de región para aprovechar las calidades de quienes pueden sobresalir en las altas posi­ciones del Estado. Vemos ahora esta promisoria juventud de Hugo Palacios Mejía que lucha por el engrandecimiento de la comarca, con ideas y hechos positivos, y sólo cabe esperar que los egoísmos partidistas no frenen su carrera llamada a impor­tantes realizaciones.

Es hombre de sólida formación y experiencia en la vida pública y privada. Se distinguió como viceministro de Hacienda; fue presidente de la junta directiva del Banco Popular y repre­sentante de los gobiernos de Colom­bia y Perú ante el Banco Interamericano de Desarrollo; dirige hoy el Centro de Estudios Colombia­nos; es miembro del Directorio Nacio­nal Conservador Alvarista y represen­tante a la Cámara; autor de los li­bros Teoría del Estado y La eco­nomía en el derecho constitucional co­lombiano, y sobre ambas materias dicta cátedra en universidades de Bogotá; demuestra garra periodística desde su columna edito­rial de La Patria, y por encima de todo, es hombre estudioso, de firme carác­ter, de antecedentes limpios y dota­do de resuelta vocación de servi­cio.

Hugo Palacios Mejía es una esperanza quindiana. Sabe difundir y defender sus ideas con brillo y biza­rría. Hay que desear que el Quindío, departamento con buen potencial pero enredado en me­nudos afanes políticos, aprecie a sus mejores hombres sin importar rótu­los partidistas.

Que haya consenso para impulsar a la gente de valía a las posicio­nes claves de la nación, desde donde podrán servir mejor a su tierra y lo­grar planes de desarrollo para la región. Que no se pierda su dinámica humana.

Con valores como Palacios Mejía y otros que deben tener figuración nacional, el Quindío puede aspirar a dejarse oír en el país y pasar de departamento me­nor a una región influ­yente.

La Patria, Manizales, 10-VIII-1980.

 

Categories: Quindío Tags:

Una nueva Armenia

domingo, 9 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Quisiéramos una nueva Armenia, distinta a la que se está levantando, muy briosa, pero con olvido de la dignidad humana. Todos los días vemos una casa vieja que se echa al suelo con ansias de modernismo, mientras los edificios y las mansiones emulan por ser más airosos. En la plaza de Bolívar quedó flotando, desde años atrás, una mole de cemento con pretensiones de gigante y sin alma por dentro. Es la constancia de lo que hace la inestabilidad oficial.

La ciudad crece por todos los poros, los vehículos ya no caben en las call­es y los servicios públicos no alcanzan para el conglomerado que avanza con ritmo desesperante. Todo se tornó grande, monstruoso, y el hombre se reduce cada vez más entre las arremetidas del cemento y las longitudes.

Los planeadores de Armenia, que hoy no se ven, descuidan al hombre. Le roban espacio para dárselo al urbanismo. Le escamotean las vías, la respiración, y le niegan la tranquilidad. Cuando son insuficien­tes el agua, la luz y el teléfono y no existen empleo ni oportunidades para la vida decorosa, el progreso material no cuenta. Primero el hom­bre, después el urbanismo.

Por eso reclamamos una Armenia mejor. Preferiríamos la antigua, quieta y confortante. Entonces la vida se tejía con reposo y había tiempo para la delectación. Las costumbres eran sa­nas y se ignoraban los acechos de los piratas urbanos. Ahora, con el pro­greso, las calles se volvieron enemi­gas. Comienza a recelarse de todo y de todos, porque la cara amable de la ciudad está desdibujándose.

A las nuevas generaciones les corresponde detener esta metamorfosis amarga. Armenia debe crecer, pero con ritmo proporcionado. Prime­ro hay que poner servicios, antes que lujosas mansiones. Primero las vías, después el torrente de vehículos. Las calles son el medio para permitir el desahogo y no deben ser cicateras como las actuales, que revientan los nervios.

En Armenia se debe pensar con criterio grande. Enredados los polí­ticos en menudas apetencias burocrá­ticas, descuidan lo primordial. Se ne­cesitan industrias para reme­diar el agudo déficit ocupacional. Se echa de menos una clase dirigente de avanzada, sin egoísmos ni inútiles ban­derías, que mueva los resortes de las altas esferas oficiales.

Ni si­quiera contamos con un ministro, porque no nos dejamos oír. Y hay que volver por los fueros de la moral públi­ca. A las posiciones deben llegar las personas más pulcras y capa­ces. Hoy los cargos son para los políticos, que por lo general no son ni los más honorables ni los más eficientes. El presupuesto es el soporte de las necesidades pri­marias de la comunidad. Cuando se vuelve la caja de milagros de los oportunistas, todo se derrumba.

En ambos partidos hay juventudes promisorias. Pero no se atreven, o no las dejan avanzar. Algunos comienzan a figurar con timidez. A esas juventudes, la esperanza del mañana, les corresponde to­marse el mando para que Armenia sea la ciudad que todos ambicionamos.

La Patria, Manizales, 30-VII-1980.

Categories: Quindío Tags:

Nicolás Arcila Giraldo

domingo, 9 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Cuando la muerte tocó en su mo­rada, él la recibió con serenidad. Se encaprichó con él al llegarle en el pleno vigor de una vida que prometía mucho más, y su formación de hombre consciente y templado para la adversidad le hizo enfrentar el duro trance con el valor que robustece las energías del espíritu. Cabe en su caso la sentencia de Santaya: “Para un hombre que ha cumplido sus deberes naturales, la muerte es tan natural y bienvenida como el sueño”.

Varón justo, cuya vida fue una parábola de dignidad y distin­ción y una síntesis de acendrados principios, realizó el tránsito terrenal con la mira en alto, ajeno a las bajas pa­siones y ennoblecido con la fortuna del corazón generoso. Aprendió a sublimar la existencia practi­cando las lecciones del hijo y el hermano modelo, del esposo y el padre amantísimo, del recto magistrado, del ciudadano ejem­plar.

El Quindío, al que sirvió con ho­nestidad y brillo, puede sentir­se orgulloso al haber contado con su colaboración espléndida y haber tenido en él al funcio­nario capaz y de invulnerable rectitud. En todas las posiciones por donde pasó, dejó muestras del desempeño cabal y sobre­saliente. Para él importaba, ante ­todo, el cumplimiento del deber, y no podía ser de otra manera si sabía que el hombre debe ser íntegro para que sea meritorio.

No toda la gente se da cuenta de las disciplinas ajenas. Es posible que muchos ignoren, inclusive sus antiguos colegas de magistratura, que era lector voraz, y no solo de tratados de derecho, sino de li­teratura clásica de todos los tiem­pos. Con esa humanización del espíritu no es de extrañar que se tratara del hombre sensible a las expresiones estéticas de la vida.

Se destacó en diferentes posi­ciones, como la personería y la alcaldía de Armenia, primer secre­tario de Gobierno del naciente departamento del Quindío, luego Gobernador encargado; en la rama judicial recorrió distintas escalas, hasta magistrado, y dio ejemplo de eficiencia y decoro. No supo de intrigas ni desdobles de la personali­dad para avanzar en su carrera, y por eso, cuando se le presentó algún contratiempo, lo superó con elegancia y recatada conducta.

Habrá que recordar a Nicolás Arcila Giraldo, el amigo y el con­fidente, como arquetipo huma­no que pocas veces se repite, sobre todo cuando hoy los valo­res vienen en decadencia. En su hogar inyectó sabias lecciones que perdurarán, porque la buena simiente es fértil. Con Ma­ría Elena, la afligida esposa, y sus desconcertados hijos Elena Ma­ría, Adriana Patricia y Nicolás Felipe hemos tributado, en el pri­mer aniversario de su muerte, sentido homenaje a su memo­ria.

La Patria, Manizales, 4-VI-1980.

Categories: Quindío Tags:

Los cívicos de Armenia

sábado, 8 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Agrupar, movimiento cívico constituido pocos días antes de las elecciones de mitaca, conquistó importante caudal en las urnas, a poca distancia del jefe liberal Ancízar López López, que ha perdido la fuerza electoral que antes ostentaba. Entra así al Concejo esta agrupación respetable que consagra hechos nuevos en la vida municipal. Con mayor tiempo y mayores recursos económicos, habría conseguido ser la voz mayoritaria del Concejo. El respaldo popular así lo hace pensar.

La campaña, adelantada al margen de los partidos y con la bandera de luchar por esta ciudad que reclama mejor tratamiento, se ganó rápidas simpatías. A la gente le gustó la consigna de rescatar del abandono a un conglomerado que no camina al ritmo impuesto por su veloz transformación.

Cansados los armenios de las fallas públicas y recelosos de las promesas de los políticos en vísperas electorales, vieron en el movimiento cívico la garantía para buscar mejor suerte. Conservadores y liberales apoyaron esta asociación de servidores comprometidos a mejorar las equivocaciones de los últimos tiempos. Y esto lo anuncian en reto a los políticos, que en adelante tendrán que adoptar mejores sistemas de trabajo para que la ciudad recupere su dinamismo perdido.

Cuando los pueblos se vuelven grandes corren el riesgo, como sucede con Armenia, de que todo les quede estrecho. Las vías se tornaron sofocantes ante el crecimiento automotor, la energía eléctrica es escasa para la población en vertiginoso aumento, el acueducto se halla desactualizado, los teléfonos no alcanzan. Son síntomas del temible gigantismo que parece precursor de días todavía más angustiosos.

Las finanzas municipales, enredadas y maltrechas, ahogan muchos esfuerzos. El deterioro de las calles, la parálisis de obras abandonadas, la incapacidad para acometer otras, la inmoralidad de los funcionarios son atentados contra la comunidad. Es, por desgracia, el común denominador que frena el desarrollo del municipio colombiano. Pero en el país hay también ejemplos de superación. Y cuando a todo esto se agrega el morbo de la politiquería, los resultados son catastróficos.

El movimiento cívico de Armenia, consciente del compromiso social que pide Colombia a los buenos ciudadanos, se hizo presente en las elecciones y obtuvo el favor de las urnas. El grupo está inspirado en nobles propósitos que ojalá no se deje desviar. Sus líderes entendieron que la hora es de decisiones y se embarcaron en la empresa de contribuir al progreso local. Se rebelaron contra el conformismo, en acto de amor por Armenia. La ocasión será propicia para que los políticos aúnen sus capacidades y entre todos saquen a la ciudad de su actual encrucijada.

Hay que saludar con alborozo el surgimiento de estos grupos movidos por sanas intenciones y liderados por personas representativas, que permanecen aisladas por falta de oportunidades, pero sobre todo porque no acometen el acto de valor de oponerse a los errores. Las corporaciones públicas, que por lo general se repiten con las mismas personas, sin importar su incompetencia y vicios crónicos, necesitan el vigor de ciudadanos honestos y positivos.

Agrupar de Armenia, es un hecho que merece mostrarse al país como signo de progreso. Los elegidos al Concejo, líderes calificados, deberán trabajar duro y con ánimo constructivo. De lo contrario resultaría un engaño su nominación.

El experimento será benéfico en la medida que se note el cambio de rumbo municipal. No permitirán ellos que Armenia, ciudad joven y prometedora, se envejezca prematuramente. Tanto para los del movimiento cívico como para los restantes miembros del nuevo Concejo, en quienes depositamos nuestra confianza, se abre el reto de esta ciudad progresista que merece más.

La Patria, Manizales, 25-III-1980.

Categories: Quindío Tags:

Una plaza con esfuerzo

sábado, 8 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Hace dos años y medio un alcalde de Armenia desmontó a Bolí­var de la plaza principal y lo llevó a la entrada de la ciudad, donde aún permanece con cierta expec­tativa de si lo dejarán allí o si lo pondrán de nuevo a recorrer ca­lles, ahora deterioradas por los trabajos de ampliación telefónica, programa de nunca terminar que mantiene incómodos a los armenios, más que la propia falta de teléfonos. Pero menos que la escasez del agua, que amenazó la vida municipal en meses anterio­res al producirse continuos desli­zamientos de tierra en los canales de conducción.

Los servicios públicos en Co­lombia son los menos planificados. Cuando las necesidades hacen crisis, todos se lavan las manos, ya se ve que a medias, como aquí ocurre, pues si esta no alcan­za para la higiene corporal, me­nos servirá para el lavado de las imprevisiones. Las clases dirigen­tes no siempre se preparan para los urbanismos precoces, pero ni siquiera para los normales.

Por eso, Armenia, ciudad dinámi­ca y más veloz de lo que podía cal­cularse diez años atrás, cuando ya de todas maneras había despega­do con paso desafiante, se quedó corta de servicios públicos. Es el caso típico colombiano. Menos mal que la raza paisa no se deja apabullar por las dificultades, y aliñada como está por glóbulos de progreso, hallará en Armenia fórmulas para acelerar los pro­gramas tardíos.

Bolívar, vigilante silencioso de esta ciudad que crece con ritmo acelerado, contempla desde su pe­destal de la entrada la asombrosa transformación urbanística que él mismo ignoraba cuando lo tenían encerrado entre cuatro esquinas.

Por aquella época, época del alcalde progresista que quiso construir un estadio en una cañada y no lo dejaron, le había llegado el turno de remodelación a la plaza. Por los cuatro costados irrumpió la arremetida constructora. Antiguas casonas fueron sustituidas por líneas modernas. Se levantó el viejo asfalto y en su reemplazo se colocaron baldosas muy bien perfiladas. A Bolívar se le pidió permiso para remozar su sede. Trasladado al borde de una avenida, hoy no sabe si seguirá allí o regresará a la quieta soberanía de su nombre.

En esos dos años y medio la plaza ha tenido metamorfosis total. Bolívar mismo, tan acostumbrado a todos los terrenos, va a sentirse extraño cuando regrese, mientras se acostumbra a la evo­lución. En sus predios fue cla­vado un esfuerzo monumental. Es el Monumento al Esfuerzo de Rodrigo Arenas Betancourt, que no tuvo inconve­niente en desnudarlo en Pereira acaso para hacerlo más polémico. Gastó año y medio en la realiza­ción de la obra. Hoy está el maes­tro tan contento como todo el pueblo quindiano. Es su homena­je a la raza quindiana, y por extensión, a toda la sangre paisa, que es la propia del escultor. La obra es sangre de su san­gre.

Es, al propio tiempo, y hasta re­sulta redundante la adición, un tributo a la vida. Saliendo de la cepa de un árbol está el hombre, hecho raíz y café, que se lanza al espacio en actitud de vuelo y con ansia de cosmos, de libertad. La savia del café le hincha las venas y le insufla ímpetus varoniles para posesionarse de su hembra e impulsarla hacia la atmósfera car­gada de aromas campesinos y esperanzas de vida.

El hombre, tie­rra y viento, semilla y cosecha, profundidad y altura, irrumpe como un desafío en el aire, con telúrico esfuerzo, para empujar a su compañera en busca del infini­to, luego de haberla fecundado. La pareja así pegada al limo se vuelve aérea como un canto al trabajo arriero que ha sufrido la dureza del hacha y los rigores de la montaña.

En esta oración del bronce las generaciones admirarán la proeza de una estirpe fecunda y valiente, sufrida y creadora, esforzada y libre. Es esa la vida del propio artista, este Arenas Betan­court viajero por densos caminos y proyectado hacia horizontes de supremas concepciones estéti­cas. Su alma está inspirada por irreversibles idearios espirituales.

Dice él en su libro que «el hom­bre que se va haciendo árbol, crea raíces, desafía los males, constru­ye la fe en su propio destino y en el destino de la humanidad». En esta plaza de Armenia está su al­ma de artista que crea en so­plo cósmico la imagen romántica de la pareja campesina que se entrelaza para volverse amor y fruto.

Bolívar, héroe de todos los esfuerzos y romántico como el que más, querrá volver por entre calles remendadas, en plena transformación de redes y bocatomas, a encontrarse con el milagro de la ciudad probada en la lucha y forjada a golpes de grandeza. Ya para siempre seguirá clavado el milagro de la vida y erigida la raza quindiana en el tronco de bronce.

La Patria, Manizales, 11-IV-1980.

Categories: Quindío Tags: