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Archivo para viernes, 11 de noviembre de 2011

¡Pobre Rebeca!

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

El 26 de octubre de 1928 fue instalada La Rebeca en Bogotá, obra del escultor quindiano Ro­berto Henao Buriticá. De paso por París, el doctor Laureano Gómez había visitado el taller del artista y allí descubrió la famosa escultu­ra, aún sin terminar, ante cuya belleza extraordinaria quedó deslumbrado. La compró como obsequio a Bogotá en su cuarto centenario.

Desde entonces –y han trans­currido 63 años– La Rebeca se quedó como un símbolo amable de Bogotá. Es una referencia que recogen las postales para ponerle embrujo femenino a la ciudad. La estatua reposa hoy en el sector de San Diego. Varias veces, para protegerla, se ha pensado trasla­darla a otro lugar. Mientras tanto, la novia de los bogotanos –que así se le llamó en otra época, y que ya no merece serlo– vive en el abandono y sometida al atropello callejero.

No han existido ni autoridades ni organismos cívicos que se acuer­den de la pobre huérfana. Hace varios años vi que le habían puesto corbata y bigote. Más tarde le trazaron rayas y la desfigura­ron. Con estas manifestaciones se retrata el vandalismo de la plebe. En abril de 1986 publiqué en este diario una nota de protesta con el título El abandono de La Rebeca, y nadie acudió en defensa de la reina mancillada.

La escultura se encuentra en el peor estado de deterioro. Parece una triste harapienta que a todos in­comodara. La piedra, carcomida por la pátina del tiempo, no sos­tiene un monumento sino un es­combro. La dulce mirada de antaño está hoy sombría y la expresión, mustia, y los labios, marchitos, y el alma, enferma.

Las espléndidas formas femeninas están ajadas. La lejana novia, toda frescura y sensualidad en sus épocas de esplendor, languidece ahora entre el maltrato, la frialdad y la ingrati­tud de los bogotanos. ¡El arte ha sido vilipendiado! Dicen que la van a restaurar. Alguien, tal vez, advirtió una lágrima de soledad en un rincón de Bogotá.

En Armenia, cuna del artista, se ha iniciado un movimiento pa­ra que La Rebeca sea trasladada a esa ciudad ante el ultraje perma­nente que vive en las calles bogo­tanas.

El Espectador, Bogotá, 26-III-1992.

 

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El alcalde en desgracia

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Producido el auto de detención que por el delito de peculado dictó el juez 23 de Instrucción Criminal contra el Alcalde de Bogotá, surge la impresión de que el doctor Juan Martín Caicedo Ferrer, persona honrada y dedicada con decisión al servicio público, se dejó enredar por concejales inescrupulosos en las prácticas corruptas de los auxilios oficiales.

La lección es dolorosa, pero crea un clima de moralidad en la conciencia del país. Es apresu­rado condenar a quien no ha sido condenado por la ley. El juicio apenas comienza y debe cumplir las instancias de rigor. Será la sabiduría de los códigos la que determine si el doctor Caicedo es culpable o ino­cente.

Es lamentable que esto ocurra cuando él está próximo a entregar a la capital las grandes obras emprendidas por su administración. Los tiempos futuros juzgarán, sin la pasión actual, los sanos empeños de este alcalde en desgracia que siente hoy en sus espaldas, y sobre todo en su espíritu abatido, valeroso y noble, el dicho cruel de al caído caerle.

Con fe en la justicia colom­biana, el burgomaestre espera el veredicto final con estas palabras que lo enaltecen: «En el Dios de Colombia y de nuestros padres, que conoce el interior del corazón humano, deposito confiadamente mi persona y mi obra».

El Espectador, Bogotá, 26-III-1992.

 

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Misión comercial del Quindío

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Estuve en el acto de aper­tura de la exhibición de pro­ductos quindianos que se llevó a cabo en las instalaciones de la Cámara de Comercio de Bogotá. El dinámico director de la Cámara de Comercio de Armenia, Rodrigo Estrada Revéiz, gracias a cuya gestión se realizó la cita quindiana en Bogotá, se hace acreedor al reconocimiento público por haber puesto en alto el nombre del Quindío con este suceso de indudable éxito.

Se ve que la Cámara de Comercio es ex­perta en elaborar fórmulas publicitarias para conseguir los efectos que se buscan. El título de «Misión comercial del Quindío», de tan expresiva síntesis, causó interés por el mensaje que sugiere: un acto de presencia y buena voluntad de los quindianos en la capital del país. La misión vino con otra frase de impacto: «Somos café y mucho más». Para que el eslogan llame la atención debe ser conciso y elocuente, como lo son los rótulos mencionados.

El propio alcalde de Bogotá, Juan Martín Caicedo Ferrer, estuvo presente en el acto y ponderó la calidad del Quindío como departamento em­prendedor y progresista. No sólo hizo pública manifes­tación de su afecto por la tierra quindiana, sino que destacó la colaboración recibida de va­rios hijos notables de la región. Se refería a Alpher Rojas y a José Noé Ríos, destacados funcionarios de la administración distrital.

Con esta muestra comercial e industrial, que despertó admiración entre los asisten­tes a la feria, se ha puesto en evidencia la capacidad del Quindío para buscar caminos de progreso. Ahora que la suerte del café se muestra incierta y que por otra parte ha producido tantos descalabros a la economía de la región, surge una vigorosa fuerza de trabajo que a base de técnica y creatividad acomete nuevos retos.

Creo que en el Quindío se presenta hoy otro milagro: el del viraje hacia la industria, fenómeno que puede ser lento pero que ya ha comenzado a dar sus primeros frutos. Entusiasma esta transformación silen­ciosa. Ya no es tan silen­ciosa, si la capital del país, incluidos los quindianos que aquí residen, ha asimilado el mensaje: «Somos café y mucho más».

La Crónica del Quindío, Armenia, 28-III-1992.

 

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Invitación a la microhistoria

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Mucho me agradó ver que en Soatá, mi pueblo, ha­bían sido trasladados a la casa de cultura viejos papeles notariales que contienen datos sobre compra de tierras y otros acontecimientos significativos de la población. En los archivos de notarías y parroquias, en la correspondencia particular y en los libros de los comerciantes reposan las mayores referencias sobre la vida de los pueblos. A ellos es preciso acudir cuando se quiere localizar los signos del pasado, pero resulta que los municipios, en general, carecen de memoria histórica.

Las raíces ancestrales del pueblo no se pueden perder. Es en la provincia donde se consolida el alma de una nación. «En defensa de la provincia debemos librar todos los combates», pregona Otto Morales Benítez. Esta frase se recuerda en los tomos (y van ocho) que registran los Encuentros de la palabra realizados en su tierra de Riosucio.

Un pueblo sin identidad es como una fami­lia sin apellido. La historia local marca los rasgos distintivos de una generación. Hasta la pobla­ción más pequeña constituye un eslabón de la patria y se halla integrada como tal al proceso de la nación entera. Inclusive en los más apartados rincones nacen hombres ilustres y ocurren he­chos dignos de historiarse.

Las universidades han com­prendido la importancia de crear facultades de historia, y ya exis­ten varias en el país. Así se forma una nueva mentalidad que busca proteger el espíritu del pasado como brújula del futuro. José Carbilio Valderrama, director en Ibagué del periódico Prensa Nue­va, denunció el año pasado los atropellos cometidos en el Tolima contra diversos archivos históricos, varios de ellos incendiados o tirados al río por orden de autori­dades irresponsables.

Voy a mencionar dos casos que demuestran la utilidad de los ar­chivos a través del tiempo. El historiador tolimense Álvaro Cuar­tas Coymat (autor del libro Tolima insurgente, galardona­do en 1987 dentro del Concurso Nacional de Historia Eduardo San­tos) anda en busca de datos sobre los últimos años del fundador de Ibagué, capitán español Andrés López de Galarza, cuyas cenizas quedaron en la capital boyacense, donde pasó sus últimos años (y han transcurrido cuatro siglos). Es posible que el Archivo Regional de Boyacá, que ha sabido resguar­darse con tanto celo, le suministre la información.

En Ciudad de Méjico se con­serva en la Capilla Alfonsina (bi­blioteca y casa-museo de Alfonso Reyes) una colección que abarca alrededor de 45 cartas cruzadas entre Reyes y Germán Pardo Gar­cía en el lapso de 1930 a 1956, documentos de gran significado para el estudio de ambas persona­lidades. Bien se sabe que es en las cartas donde los escritores dibu­jan mejor su alma.

El sentido de la historia debe incentivarse no sólo desde la uni­versidad sino desde las propias aulas escolares. En colegios y escuelas hay que enseñar la his­toria local e inculcar en los estu­diantes el valor de la provincia como cuna de la cultura nacional.

El Espectador, Bogotá, 6-V-1992

 

 

 

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Ausencia de quindianos

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Desde buen tiempo atrás el Quindío se halla ausente de las altas posiciones del Estado. A lo largo de su historia ha tenido dos ministros, ambos conservadores: Diego Moreno Jaramillo en Desarrollo Económico (1976) y Hugo Palacios Mejía en Hacienda (1985). Jaime Lopera Gutiérrez fue ministro de Trabajo en 1987, pero sólo por tres días, y esto no cuenta.

En cambio, hay departamentos, incluyendo los otros del antiguo Caldas, que mantienen permanente representación en los puestos claves del Gobierno, y esta vocería, como es obvio, se traduce en progreso para sus regiones.

Si descendemos de los ministerios a otros cargos de influjo nacional, vemos que la cuota quindiana en estos niveles es también precaria. En el pasado, y pasado ya remoto, Hugo Palacios Mejía fue viceministro de Hacienda; José Iván Echeverri, gerente del ICCE; Mario Gómez Ramírez, gerente de la Corporación Financiera del Transporte.

Hoy el Quindío tampoco figura en estos predios de la administración. A veces un quindiano es designado en alguna posición importante, pero él no tiene la necesaria identidad con la comarca, y esto equivale a otra clase de ausencia.

Desde el nacimiento del Quindío no se ha logrado que los senadores y representantes, sin distingos políticos, formen un grupo compacto con sentido regional. Esta dispersión incide en la atonía del departamento dentro del concierto nacional. En otras partes se unen liberales y conservadores para luchar por las causas comunes y establecer una verdadera fuerza provincial.

El señor Presidente de la república, tan pródigo con sus paisanos de Risaralda, debe invitar también a los quindianos (y los hay sobresalientes en muchos campos) a participar en la vida nacional. El Quindío también es Colombia, le recordó este diario al primer mandatario con ocasión de su reciente visita al departamento. Los dirigentes quindianos, a su vez, deben meditar en la necesidad de un verdadero liderazgo para hacerse sentir en el país.

La Crónica del Quindío, Armenia, 16-III-1992.

 

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