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La luz de un atardecer literario

domingo, 17 de marzo de 2024 Comments off

Mi archivo es una rareza. Queda de legado para mis hijos. Gustavo Páez E.

Gloria Chávez Vásquez

La aparición de la antología de cuentos del escritor y periodista colombiano Gustavo Páez Escobar (Soatá, Boyacá, 1936), publicada por la editorial La Serpiente Emplumada en Bogotá, induce a una seria reflexión sobre el actual declive social en Colombia, tomando como punto de partida la dualidad que rige al hombre iberoamericano. 

Brisas del atardecer (30 cuentos, 216 págs.) es el canto de cisne de un intelectual que ha equilibrado su vida, con disciplina, consagración y precisión monásticas. Desde ese orden, histórico, familiar, social y cultural, reflejado ahora en su página web, Páez Escobar ha dedicado más de medio siglo a rescatar los valores históricos y literarios de su patria, como parte de su legado a América y al mundo.

Sus artículos periodísticos resumen el impacto de las fuerzas bipolares que cohabitan en una nación tradicionalmente acosada por la violencia. Como comentarista de El Espectador por más de medio siglo, GPE fue testigo de crueles eventos como el asesinato de su editor Guillermo Cano, y los ataques terroristas al periódico y al Palacio de Justicia. El flagelo, de narcos y guerrilleros, que ha azotado al país desde tiempo inmemorable, está disperso en sus artículos, cuentos y novelas.

En 1987 su novela de juventud Destinos cruzados fue adaptada y producida para la televisión por el escritor y guionista Fernando Soto Aparicio con la que RCN inició el ciclo de telenovelas en Colombia.

Historia de un pueblo 

Gustavo Páez se considera un “descubridor de pueblos”. Y esto lo corrobora en su libro de viajes El azar de los caminos y en muchos de sus artículos de prensa: “Tanto la aldea más remota como la urbe más populosa son un reflejo del hombre, con sus pasiones y miserias, sus trabajos y esfuerzos, sus sueños y grandezas. Todos los pueblos tienen cuerpo, historia, estilo propio, vida y espíritu. Somos pueblos ambulantes: los llevamos con nosotros mismos. Los paisajes que admiramos, y a veces destruimos, son nuestros mismos paisajes interiores”.

De ahí que Gustavo Páez hurgue en la naturaleza pueblerina en dos de sus novelas, Ventisca La noche de Zamira. En esta últimalos habitantes de “una sociedad amable y hospitalaria, luchadora y laboriosa, ligada a los afanes del campo” caen en la degradación moral. Páez recuerda la llegada de la droga a Armenia, la ciudad donde vivió y en la que se inspiró para su novela. La visita de un capo que venía de Estados Unidos “a rendir homenaje a su tierra natal” coincidió con la bonanza cafetera de los años 70, cuando gran parte de esa sociedad tiró sus virtudes y riquezas ancestrales por la ventana. El dinero obtenido sin esfuerzo condujo a los excesos y malogró muchas vidas. A partir de entonces no sólo la sociedad quindiana, sino el resto del país y el mundo se dejaron seducir por la economía del narcotráfico.

Los vicios del subdesarrollo humano

Los cuentos contenidos en Brisas del atardecer (2023), varios de los cuales ya aparecen en selecciones anteriores, ilustran el machismo alardoso, desde cuya idiosincrasia la mujer es, a la vez, víctima del abuso y el maltrato y partícipe de la sexualidad promiscua e irresponsable. El machismo moderno, más subversivo, descarta la lealtad y la fidelidad, y con ello los amigos y la familia. Es la obsesión por la inseguridad de los celos y la envidia, así como la inmadurez en sus relaciones con el prójimo.

No es de extrañar, pues, la presencia constante y súbita de la muerte o el fallido amor conyugal en su narrativa, como observa el político y analista Germán Vargas. Una manera de abortar la felicidad, el triunfo o la victoria individual y castigar, de ese modo, la crueldad humana.  En sus cuentos Páez retrata la insensibilidad con los animales: el autor –continúa Vargas– los lleva hasta la tristeza del refugio más pobre y donde prospera la miseria; como el escuálido caballo que cae a la hondonada, después de sus duras jornadas de solidaridad en la lucha del hombre. 

Cosechando lo sembrado

Alcanzar la octava década de vida en la armonía de un hogar es testimonio de las prioridades morales en la existencia del individuo. Como el buen labriego, Páez Escobar ha sembrado y recogido un noble fruto. Sus quehaceres han transcurrido en el rol de esposo, de padre de familia, ciudadano, amigo, trabajador 9-5, a lo que se añaden las horas extras a su pasión literaria: estudioso, lector, analista, escritor, historiador, comentarista. Gustavo trabajó como ejecutivo del Banco Popular, donde se pensionó tras cumplir con su servicio en las finanzas.

En 1994, bajo el sello del Instituto Caro y Cuervo, Páez publica Biografía de una angustia, sobre la vida del poeta Germán Pardo García. En 2003, la Academia Boyacense de Historia edita el libro Laura Victoria, sensual y mística, sobre la pionera de la poesía erótica en Colombia. Ambos autores residieron en México hasta su muerte. Con esos dos libros, el autor rescata del olvido la vida y obra de dos notables escritores colombianos.

Sus libros de ensayos periodísticos Caminos y Alas de papel son el producto intelectual del trabajador que espera ansioso sus ratos libres para buscar la catarsis en el ejercicio de escribir. Como bien dice GPE, la banca es una máquina de hacer dinero, que es el caso opuesto de la literatura. Pero su experiencia en el mundo de las finanzas no le significó el apego por las cosas materiales. Al contrario: Páez E. no padece del consumismo ni el derroche que afecta a los que quieren llenar con lo material sus carencias emocionales.

El político e historiador Otto Morales Benítez (1920-2015) escribe sobre la energía creadora de Páez E.: en este escritor impera el entusiasmo espiritual, que conduce a los sueños. Los más fieles en la cercanía a la voluntad de un ser que lucha con sus propios demonios, para verterlos, dosificados, en sus libros. Su signo es la lucha mental. Su gran pasión son los problemas relacionados con el universo cultural.

De la literatura y la política 

Páez Escobar ha sido defensor tanto de la creación como de la vida, dijo una vez Otto Morales, su amigo por varias décadas. Leal a sus amigos y a quienes admira aun en la lejanía. Él acepta como evangelio que la comunidad se perfecciona en la medida en que escucha, examina o mira las obras de sus creadores.  

El diálogo de Gustavo Páez, afín con las viejas y nuevas generaciones de escritores, periodistas y políticos, documentado en su atesorado epistolario, lo coloca como referente en la cultura colombiana. Pero como asegura el veterano periodista, su vocación ha sido la de columnista de opinión dedicado a los temas sociales y culturales. En 1998, Diario de Colombia lo catalogó como uno de los críticos sociales de más amplia visión en el país.

La experiencia de Gustavo Páez Escobar en esta vida le lleva a concluir que “el mundo no cambia. Ese es el duro estigma del hombre”. Como la del grupo selecto de aquellos que siguieron el camino del deber, la de GPE es una luz que se contrapone a la oscuridad de los tristemente célebres por dañinos. Los unos dignos de elogio y emulación y los otros, víctimas de su propio invento, yaciendo en frías tumbas o en celdas carcelarias.

Pero, en contraste con la fortuna de aventureros “arrepentidos” que deducen de publicaciones y películas de sus avatares en el mundo de la droga, la de los hombres honestos es una riqueza más duradera que aumenta con el tiempo. Como moraleja y símbolo, en la cápsula preparada por el periódico El Tiempo en 1982, para abrirse en el 2052, se guarda el legado para las generaciones futuras. Entonces, los descendientes de Gustavo Páez Escobar, como su nieta Valeria, podrán apreciar la obra de su abuelo, que ayudó a construir la cultura de su patria.

Enlace http://www.gustavopaezescobar.com/site/el-autor/biografia/

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

http://www.gloriachavez-vasquez.com

https://www.hablemosescritoras.com

https://zoepost.com

 

EPISODIOS Y GENTES Nuevo libro de Gustavo Páez Escobar

domingo, 17 de marzo de 2024 Comments off

El autor se asomó hace medio siglo al mundo literario con su cuento El sapo burlón, que fue publicado con honores dentro de un concurso del Magazín Dominical de El Espectador. Con el mismo nombre editó, diez años después, su primer libro de cuentos, que un jurado escogió –junto con otra obra suya, Caminos– para integrar la Cápsula del Tiempo, que será abierta en el año 2052. En el 2000, apareció Humo, su segundo tomo de narrativa breve.

Lanzamiento «Brisas del atardecer» Librería Lerner.

Con el tercero, Brisas del atardecer, que ha entrado en circulación con el sello de la editorial La Serpiente Emplumada, y que comienza a distribuirse en la librería Nacional, regresa, por el camino de los cuentos, a su nacimiento literario, como un tributo al recorrido persistente y fructífero que se traduce en catorce libros editados y en más de dos mil artículos de prensa. La presente edición consta de treinta cuentos: doce inéditos y dieciocho rescatados de su época dorada en el Magazín Dominical, hace medio siglo, y llevan, cuando cae la tarde, el entrañable sabor de la nostalgia.

Valeria, la nieta única del escritor, es una estrella en el firmamento que representa la renovación de la vida y el fulgor de la esperanza. A sus diez años de edad se vincula a este suceso con la alegre carátula en la que pinta, con gracia y talento, el mundo elemental que ella concibe, movida por el encanto y la fantasía, que también son características del cuento.

Sobre el cuentista escribió Fernando Soto Aparicio por los días en que su paisano boyacense iniciaba su carrera literaria y periodística, y al mismo tiempo ejercía la gerencia del Banco Popular en la ciudad de Armenia:

“Raro es hallar un escritor dentro de gentes metidas en las disciplinas de la economía y de la banca. Gustavo Páez Escobar lleva años vinculado al mundo (para mí oscuro y misterioso, indescifrable) de las finanzas. Y dentro de ese trajín cotidiano, ha sacado tiempo para escribir varios libros y cuentos que se leen con interés y agrado”.          

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Entre líneas, inteligencia y cuentos pasa sus días el escritor Gustavo Páez

domingo, 17 de marzo de 2024 Comments off

POR EJEMPLO

SU VIDA TRANSCURRE ENTRE BANCOS Y LETRAS

 

Por Laura María Espinosa Estrada      

En la escritura fue explorando su inteligencia, la emotividad del arte y del ser mismo. Gustavo Páez Escobar, escritor colombiano, nació el 1 de abril de 1936, en Soatá, Boyacá. A los 17 años escribió en Tunja su primera novela titulada Destinos cruzados, y más adelante, en 1971, fue publicada en Armenia, Quindío, la cual, más adelante, en 1987, fue adaptada como telenovela nacional con libretos de Fernando Soto Aparicio.

Este hombre llegó al Quindío para convertirse en el gerente del Banco Popular de Armenia, un ciclo que terminó hace casi medio siglo. Aunque es originario de Boyacá, Gustavo se estableció en el departamento con la intención de marcar una buena etapa del banco, la cultura y escritura.

En 15 años que se desempeñó como gerente, se convirtió en el autor de la construcción del edificio actual del banco y de lo que fue hasta entonces el Museo Arqueológico del Quindío. Su labor e incursión en el mundo literario inició en 1971, y fue entonces como un año después, con El sapo burlón, cuento que se publicó en el Magazine Dominical de El Espectador, obtuvo a su paso algunos honores, y se dio a conocer en el mundo de las letras. En este mismo año, de forma simultánea, dio inicio a su carrera de novelista, cuentista y periodista.

Una vida literaria llena de desafíos, riquezas y buenas experiencias, esa misma que al día con su más reciente tomo de cuentos publicado, que se convierte en el tercero, completa 14 libros publicados y 2.000 artículos de prensa.

Desde entonces no ha dejado de escribir, ¿cuál es la motivación para estos escritos?

No he dejado de escribir porque esa es una pasión absorbente. Esa es una vocación que nace con la persona, uno siente ese deseo, así como lo tienen los artistas, pintores, es innato, pero se puede ir cultivando, que es lo que ha sucedido conmigo a través del tiempo.

¿Cuál es esa mayor característica del Gustavo escritor, por qué decidió hacerlo?

Yo escribo porque es un deseo, es parte de la vitalidad de una persona, de la parte espiritual y artística, la cual desde que se cultiva va creciendo y floreciendo cada vez más. Así como se nace para otras condiciones como el ser político, orador, médico, también nace el escritor.

Combinó la gerencia y la escritura, ¿cómo describe esa experiencia?

La parte mía especial es que podía cambiar las dos profesiones, o era gerente de un banco, pero al mismo tiempo escritor, lo cual se hace un poco extraño en la literatura y generalmente se ve raro, ya que estas dos actividades chocan, no son paralelas y no es frecuente que ocurra. Entonces para mí es un privilegio haber logrado unirlas. Combiné mi tarea bancaria, actualmente vivo en Bogotá, estoy pensionado, y llegué al otro extremo de la vida, pero escribiendo.

¿Cuáles han sido esas publicaciones que más lo han marcado?

En el año 1971 yo publiqué el primer cuento, el que fue laureado; eso me dio la motivación para seguir escribiendo cuentos, y 10 años después, esto quiere decir que en 1981, publiqué mi primer libro de cuentos que fue El sapo burlón, una recolección de 20 cuentos, la generalidad de ellos escritos en el Magazine Dominical de El Espectador. Más adelante, en el año 2000, publiqué el segundo tomo de cuentos que se llama Humo, y el tercero es el que acaba de salir en este momento, el que está editado por la editorial La Serpiente Emplumada, una editorial famosa en Bogotá, y se distribuye en la Librería Nacional en este momento.

Ahora, cuéntenos un poco más sobre su más reciente publicación.

Brisas del atardecer es un libro de 30 cuentos, 12 inéditos y 18 que recolecto o recupero de esa vieja época de hace 50 años, y tuvo la suerte de haber sido seleccionado, junto con otro de mis libros, publicado por la gobernación del Quindío, llamado Caminos, para ser incorporado en la Cápsula del Tiempo, donde está un material que será abierto en las instalaciones del periódico; estas publicaciones están bajo tierra, y será abierto en el año 2052. Es una especie de mensaje para que dentro de algunos años la generación presente pueda entender y conocer qué se hacía con la escritura en ese entonces. Para mí es honorífico y grato.

 

Centenario de Tulio Bayer

sábado, 16 de marzo de 2024 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Nació el 18 de enero de 1924 en Riosucio, Caldas. Al presentar una grave anomalía en el momento del parto, que mostraba un peligro inminente de muerte, su abuelo paterno le aplicó el agua bautismal. El niño sobrevivió, y ante la duda de que el acto había sido imperfecto, tres días después fue bautizado por segunda vez en la iglesia del pueblo.

Más adelante se descubrió que había nacido con el síndrome de Marfan, que se caracteriza por el aumento desmedido de los miembros. Cuando lo conocí en Puerto Leguízamo, en 1958 –él como jefe del puesto de salud y yo como ejecutivo bancario–, me impresionó su figura monumental. Detrás de esa apariencia había un hombre simpático, culto, estupendo conversador, que se convertía en el centro de cualquier reunión.

Cuando nos hicimos amigos en Puerto Leguízamo, ignoraba yo que había sido secretario de Higiene y Educación de Manizales, se había graduado en Harvard en Farmacología y Toxicología y había librado duros enfrentamientos contra los adulteradores de la leche y los corruptos del sector oficial, que terminaron hostigándolo y lo obligaron a salir de la ciudad.

Y se fue a buscar suerte en un pueblo remoto, donde descubrió la miseria y el abandono en que vivían los pobladores. Allí se encontró con otra Colombia. Se solidarizó con la gente desprotegida, entendió la dimensión del hambre y la pobreza y acentuó la rebeldía que llevaba incrustada en su sensibilidad desde la capital caldense.

De vuelta en Bogotá, fue nombrado director técnico de los laboratorios CUP. Al poco tiempo salió a flote otra adulteración: la de los medicamentos. Se enfrentó con los directivos de la entidad, y la respuesta fue el despido fulminante de su cargo. Pero no se detuvo: denunció en la prensa la grave infracción que cometía el laboratorio, hecho que produjo escándalo en el país.

Bayer no podía permanecer callado ante el atropello, el abuso o la sinrazón. Luchó siempre por la justicia y el equilibrio social. Esto lo he analizado en los varios artículos que he escrito sobre él. Además, es el protagonista de mi novela Ráfagas de silencio (2007). Dada la vehemencia de sus protestas, se le calificaba de “conflictivo, revoltoso, locato, comunista”… La prensa le creó esta imagen falsa. Un día se levantó en armas, cuando se vio cercado por la clase influyente del país, y fue capturado en las selvas del Vichada.

Duró detenido un año en la cárcel Modelo de Bogotá sin que se le hubiera comprobado ningún delito. Luego de visitar varios países, se radicó en París y nunca regresó a Colombia. Allí murió, a los 58 años, el 27 de junio de 1982. Se cumple ahora el centenario de su nacimiento, y la ocasión es propicia para resaltar el sentido de sus luchas, que nunca se valoraron en su época. Hoy su nombre está revaluado, entre otros, por el historiador Orlando Villanueva Martínez, autor de los libros Tulio Bayer, el luchador solitario, y Tulio Bayer, una vida contra el dogma.

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Eje 21, Manizales, 26-I-2024. Nueva Crónica del Quindío, Armenia, 28-I-2024.

Comentarios

Qué bueno que no hayas dejado pasar desapercibida esta grandiosa fecha, 100 años del nacimiento del gran luchador que hoy sigue tan solitario y casi olvidado por la Historia y la Literatura colombianas. Solo un par de quijotes como tú y yo nos atrevimos a sacarlo del olvido y rescatarlo del muladar donde lo tenían sus enemigos. Orlando Villanueva Martínez, Bogotá.  

En efecto, tenemos que sentirnos muy satisfechos por ser los defensores y difusores de este gran colombiano que hizo de la justicia y la reivindicación social el motivo de sus luchas sin cuartel, que lo llevaron a la cárcel y luego al destierro. Desde muchos años atrás he sido implacable en mi adhesión a la causa de Tulio Bayer. Luego viniste tú con los dos excelentes libros biográficos que seguirán pregonando esta personalidad solitaria y justiciera, cuyo significado, no lo dudemos, tiene lectores comprensivos de este hecho histórico. GPE

Creo que con este son tres artículos de tu autoría que he leído sobre la vida de Tulio Bayer y tu amistad con él. Lo desconocido para mí es el episodio de su despido de los laboratorios CUP por haber denunciado adulteración de medicamentos. Ese laboratorio fue fundado por el doctor César Uribe Piedrahita (otra vida interesante), que fue su propietario. Desconozco los detalles, pues él, hasta donde llega mi información, fue un científico y hombre recto. Busqué por internet información sobre este caso pero no encontré nada. Si tienes referencias acerca de ello o fuentes en donde yo pueda leer, te agradecería. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

César Uribe Piedrahíta murió en 1951, y Tulio Bayer llegó al laboratorio siete años después, cuando ya la empresa había perdido los principios inculcados por su fundador. Esto lo narra Bayer en forma muy detallada en su libro Carta abierta a un analfabeto político, y hace lo mismo el historiador Orlando Villanueva Martínez en las dos obras que cito en mi artículo. Por otra parte, comento dicho suceso en el prólogo Los motivos del insurgente que escribí para la biografía sobre Bayer de que es autor Villanueva Martínez. GPE

 Gracias por compartir los comentarios acerca de la vida y obra del doctor Tulio Bayer. Los amigos y estudiosos de él, especialmente tú, hacen posible que conozcamos la importante trayectoria y el maltrato de que fue víctima todo un científico que luchó en procura de la justicia y el bienestar común. Inés Blanco, Bogotá.

 

El bicentenario de la muerte de Antonio Nariño

sábado, 16 de marzo de 2024 Comments off

Amables lectores:

El Tiempo registró el 13 de este mes, en su espacio Hace 100 años, la nota publicada sobre la muerte de Antonio Nariño y dijo que había nacido en Villa de Leiva. Con tal motivo me dirigí al director del periódico aclarándole que el verdadero sitio de su nacimiento es Bogotá. En la edición de hoy, y en la misma sección, el periódico rectifica este lapsus. Transcribo el correo que dirigí al director del diario, donde no solo hago dicha rectificación, sino que comento las circunstancias del deceso y resalto la importancia del Precursor en la gesta libertadora:

Este 13 de diciembre se cumplieron 200 años de la muerte del Precursor Antonio Nariño. El Tiempo, en el espacio Hace 100 años, recuerda el primer centenario de su muerte y dice que el prócer nació en Villa de Leiva. En realidad, nació en Bogotá. Y murió en Villa de Leiva, aquejado por bárbaros sufrimientos, tanto físicos como morales. Padeció cárceles, injurias, calumnias, crueldades, constante persecución. Fue un eterno prisionero. Ni siquiera Bolívar sufrió tanto como él. A Villa de Leiva fue a buscar salud, y murió al poco tiempo. Pero la Historia, que es la mayor fuente de la verdad, se encargó de rehabilitar su nombre y consagrarlo como uno de los grandes líderes de la Independencia.

Gustavo Páez Escobar

Miembro de la Academia Patriótica Antonio Nariño

16-XII-2023

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