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Luto en el periodismo

domingo, 4 de septiembre de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar

Honda consternación me ha causado la muerte de Evelio Giraldo Ospina. Es una de las figuras más destacadas del periodismo caldense, en el que cumplió brillante labor durante toda una vida de entrega al noble oficio. En los últimos años, desde que fundó el portal Eje 21, se hizo más evidente aún su presencia en la vida regional, que no solo abarcaba su propio departamento, sino todo el Eje Cafetero como comunidad unida por los mismos ideales y nexos históricos.

El crecimiento de Eje 21 ha sido asombroso. Paso a paso fue conquistando simpatía en las tres comarcas cafeteras, y al paso de los días extendió su área de influencia a otras latitudes, hasta el punto de que hoy son consultadas sus páginas por 30.000 lectores diarios, no solo de Colombia sino del exterior. Evelio, periodista integral, desempeñó su misión con profesionalismo ejemplar, con independencia de criterio y con la mira siempre puesta en los altos intereses de la comunidad. Hombre serio, amable y pulcro, deja rastros de caballerosidad en quienes lo conocieron, y sobre todo en quienes compartieron el compromiso de llegar a la gente con noticias frescas, con opiniones libres y con censuras ponderadas sobre las desviaciones de la vida pública.

Fue, sin duda, un modelo de lo que debe ser el periodismo responsable y eficiente. Esto lo aprendió y lo ejerció en otros medios de comunicación, desde vieja data, y lo puso en práctica, al más alto nivel, desde su propio periódico. Admiré siempre la rapidez con que recogía las novedades de cada día, más aún, de cada hora: cuando yo buscaba una noticia de actualidad, estaba seguro de hallarla en el diario manizaleño, por lo general antes de que periódicos nacionales la difundieran. El periodismo le bullía en las venas, y como me dijo alguna vez, su afán cotidiano estaba en adelantarse a otros medios y ganar lectores y adhesiones.

Se nos va todo un exponente de la noble profesión que pide abnegación y sacrificios para poder subsistir. Hoy el periodismo no es el de antes, porque han llegado distorsiones y sobre todo falta de vocación y mística para ejercerlo. El Eje Cafetero está de luto con el fallecimiento de Evelio Giraldo Ospina. La noticia, además, repercute en la prensa nacional.

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El Espectador, Bogotá, 3-IX-2022.
Eje 21, Manizales, 2-IX-2022.

Comentarios 

Yo también estoy muy triste; hablé con Evelio varias veces este año a raíz de ese cáncer que lo hizo sufrir tanto. Estaba muy preocupado con Eje 21. Van partiendo los amigos, es una lástima. Esperanza Jaramillo, Armenia.

Como quiera que la muerte no da tregua personal ni tampoco intelectual, quedan los afectos intactos y el trabajo como testigo fundamental del paso por la vida de un personaje tan serio, influyente y comprometido con su gran pasión: el periodismo. Así avanza la vida, con una risa y también con un llanto. Inés Blanco, Bogotá.

Siento mucho la muerte de este importante periodista y lo que representa para Manizales y toda Colombia. Te acompaño en esta pena. Eduardo Arcila Rivera, Bogotá.

El deceso de Evelio nos lleva a recapacitar, repensar y reiterar lo que él encarnó y enseñó, no propiamente con su ejemplar ejercicio del periodismo, sino con el apostolado periodístico con el que sirvió a su comunidad. Donde quiera que se encuentre brillarán sus condiciones y cualidades personales. Luis Carlos Gómez Jaramillo, Cali.

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¡Aplausos, Juan Gossaín!

domingo, 24 de abril de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

La vida de Juan Gossaín en San Bernardo del Viento transcurría entre la lectura, la escritura y los tableros de dominó. En el campo laboral, era empleado en un molino de arroz (iba a decir “en un molino de viento”, siguiendo los pasos de don Quijote). El único diario que circulaba en el pueblo, con solemne parsimonia, era El Espectador, a cuya lectura se fue aficionando con alegre empatía. Algún día envió, sin mayor pretensión, y probando suerte, un escrito al diario bogotano. Y siguieron ocho o diez artículos más.

Cuál no sería su sorpresa cuando días después le llegó la invitación de don Guillermo Cano, director de El Espectador, para que viajara a Bogotá para hablar con él sobre el campo del periodismo. Los Cano eran especialistas en descubrir nuevas vocaciones. Así se inició el nexo de Juan Gossaín con El Espectador. En poco tiempo, sus crónicas alzaron vuelo y conquistaron infinidad de lectores en el país.

Su paso por Bogotá se prolongó hasta comienzo de los años 70 del siglo pasado. Luego se trasladó a Barranquilla como jefe de redacción de El Heraldo durante ocho años. Entre 1984 y 2010 desempeñó, con lujo de competencia, el cargo de director nacional de noticias de RCN. Luego, en la edad del retiro y el descanso –una utopía en su caso–, se residenció en Cartagena, donde no ha dejado de ser periodista: hoy son famosas sus crónicas de profundidad investigativa en El Tiempo, en las que aborda grandes temas de la vida nacional y escudriña, con su peculiar gracia y amenidad, diversas facetas de la cultura, las costumbres y la idiosincrasia colombianas.

Y le ha quedado tiempo para escribir libros de narrativa y otros géneros, sin descuidar su compromiso como miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, a la que ha aportado sustantivos estudios. Entre los honores recibidos están el premio Simón Bolívar y el del Círculo de Periodistas de Bogotá a la vida y obra de un periodista, fuera de doctorados universitarios y diversas distinciones. En suma, una trayectoria ejemplar, infatigable y constructiva, que enseña lo que valen la constancia, el estudio, el ingenio, el esfuerzo y la creatividad.

¿Qué está pasando con los call centers?, pregunta en reciente artículo de El Tiempo. Hace allí un crítico análisis sobre este invento perverso de la época moderna que ha invadido la paz de las familias, ha aumentado el desempleo y se convirtió en sistema desesperante. A toda hora, incluso en las del almuerzo y las nocturnas, suena la voz de algún empleado de ese sistema que ofrece increíbles planes bancarios, fantásticos avances de la telefonía celular, cambios del mobiliario doméstico, préstamos sin fiador, etcétera, etcétera.

“Hablan tan rápido –dice el artículo–, y con un tono tan autoritario, que no se les entiende ni jota. No respetan la intimidad de la gente ni la privacidad del teléfono”. Gracias, amigo Gossaín, por poner el dedo en la llaga en este método torturante de nuestros días. 

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El Espectador, Bogotá, 9-IV-2022.
Eje 21, Manizales, 8-IV-2022.
La Crónica del Quindío, Armenia, 10-IV-2022.

Comentarios 

Qué grato es volver a tener noticias tuyas. Y gracias por tu artículo, generoso y noble con este servidor y amigo. Para mí tus palabras son una voz de aliento que me estimula a seguir escribiendo mis crónicas. Te mando dos abrazos: uno de cariño y otro de gratitud. Juan Gossaín, Cartagena.

Qué buen artículo. Y qué ciertos los méritos de Juan Gossaín a que haces referencia. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

Con relación a las muy frecuentes e impertinentes llamadas de bancos y empresas de telefonía, para ofrecer sus productos o servicios, puedo dar testimonio de lo descrito por Gossaín en su artículo. La persona que llama, después de saludar con el cacareado “¿cómo se encuentra usted el día de hoy?», empieza a disparar un apresurado e ininteligible rollo que lo deja a uno pensando si el teléfono está fallando o si uno sufre algún grado de hipoacusia (…) Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Juan Gossaín, dotado del talento y dedicación desmesurada a su labor en todos los campos de la comunicación, ha hecho, sin duda alguna, las delicias de los lectores y contribuido grandemente al progreso de los periódicos y emisoras donde ha prestado su eficiente servicio. Merece todos los reconocimientos y aplausos. Inés Blanco, Bogotá.

Qué bello artículo sobre Juan Gossaín: lo comparto totalmente. En mis años de auditor interno tuve la oportunidad de auditar un call center de españoles y pude ver cómo esas compañías explotan a esos muchachos de una manera miserable, y por otro lado tratan de lavarles el cerebro haciéndoles creer que ese es el mejor lugar para trabajar; obviamente que el trabajo es inhumano, con salarios muy bajos, y además los obligan a que invadan la privacidad de las personas y se aprovechan del desempleo de este país. José Miguel Páez Barón, Bogotá.

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Medio siglo en las letras

miércoles, 8 de diciembre de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

En 1971, siendo gerente de un banco en Armenia, publiqué mi primer libro, la novela Destinos cruzados, escrita en Tunja a los 17 años, y que vio la luz en medio de la expectativa de los escritores quindianos, que dudaban de la idoneidad del escritor en ciernes. En efecto, las cifras y las letras nunca han sido compatibles. Se rechazan, aunque a veces se dan la mano. Ese mismo año, el Magazín Dominical de El Espectador publicó con honores mi primer cuento, El sapo burlón, dentro de un concurso promovido por el periódico. 

No quiero despedir el 2021 sin celebrar con mis amables lectores el medio siglo cumplido en el arduo y al mismo tiempo gratificante oficio de escribir. Es el oficio más bello del mundo, y también el más solitario. Mis primeras lecturas en Tunja, ciudad propicia para el sosiego y la reflexión, fueron Madame Bovary y La prima Bette, integrantes de la serie Grandes novelas de la literatura universal, de la editorial Jackson de Buenos Aires.

Esa fue mi primera biblioteca, que siempre me ha acompañado, y está constituida por 32 volúmenes y 62 novelas ejemplares. Conforme avanzaba por el mundo fantástico de la narrativa, más me mordía el gusanillo del escritor que dormía en mis venas. Y un buen día tuve el atrevimiento y el coraje, incitado por las obras maestras que devoraba noche tras noche, de ser también novelista.

Inicié Destinos cruzados en un cuaderno escolar que supo de mis vigilias y mis ardores literarios, hasta que un año después tuve que suspender el proyecto novelístico, que ya iba en el 80 %, para trasladarme a la selva del Putumayo, donde continué mi vida laboral. A mi regreso, recuperé el bendito borrador que estaba escondido, como un huérfano indefenso, en el fondo del baúl protector donde por poco se extingue bajo la humedad del clima tunjano.

Años después, Fernando Soto Aparicio conoció la novela, ya editada, y se interesó por llevarla a la televisión, como en efecto ocurrió: con ella inició RCN, en 1987, sus telenovelas nacionales. “¡Lo que puede la edición!”, dijo el poeta chocoano Ricardo Carrasquilla (1827-1886), quien nos anima a los “pobrecitos escribidores” –en palabras de Larra– a no quedarnos inéditos. En mi caso, esto se traduce en 13 libros  publicados y 2.000 artículos de prensa.

Quien quiera ser escritor debe saber que este no es un camino de rosas. Al revés, lo es de espinas, privación y sacrificio. Tarea exigente que reclama paciencia, consagración y altas miras para no conformarse con  la mediocridad de la vida y de la propia escritura. “Escribe con sangre –dijo Nietzsche–, y sabrás que la sangre es espíritu”.

Quiero celebrar este medio siglo con la evocación de las dos obras citadas, la novela y el cuento inaugurales, que constituyen el eje de toda mi producción. Y siguieron textos constantes trabajados con empeño, esfuerzo y rigor. Desde entonces, la mente no ha dejado de pensar.

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El Espectador, Bogotá, 4-XII-2021.
Eje 21, Manizales, 3-XII-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 5-XII-2021.

Comentarios 

Qué buen trabajo. Pero, sobre todo, somos tus lectores quienes más disfrutamos y nos beneficiamos con tu don para hacerlo. Has tenido una disciplina digna de imitar. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

Bien celebrado el medio siglo con la magnífica reseña autobiográfica. Siempre te leo con atención y admiración. Esperaré la columna del siglo. Alpher Rojas, Bogotá.

Mis congratulaciones por su loable doble esfuerzo de trabajar, para algunos en asunto de precario esfuerzo mental –yo también lo viví y lo alterné con el emprendimiento–, y su dedicación intelectual. Es innegable la calidad de sus escritos. Enhorabuena. Atenas (mensaje a El Espectador).  

Cumplir las bodas de oro en el oficio y arte de escribir es un logro muy meritorio, pero haberlo logrado escribiendo bien, como es tu caso, es sobresaliente. Ese recorrido, como lo anotas en tu artículo, se hace con dificultades y a veces es tortuoso, pero a la postre gratificante. Para mí ha sido muy grato haberme encontrado, aunque tardíamente, con tus escritos y tu amistad y espero seguir disfrutando de ellos por mucho tiempo más. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Cincuenta años de amor, pasión y consagración al difícil y gratísimo oficio de escribir. Amén del feliz resultado de 13 libros y 2.000 artículos y todo cuanto vendrá de tu pluma inagotable. Este afortunado balance no es venido del azar, sino el resultado del impulso interior, la disciplina, la investigación y el gran placer de llenar cuartillas que se han convertido en letras de molde, para solaz espiritual y alegría para los lectores. Bien se dice que el escritor y el poeta y el artista, en general, son los cronistas del tiempo que les ha correspondido vivir. Brindo por la palabra, la soledad, la calidad y cualidad de tus obras, con el mismo regocijo con el cual fueron escritas. Inés Blanco, Bogotá.

Medio siglo dedicado a las letras constituye una proeza que pocos pueden igualar. Reciba el más entrañable abrazo en esta fecha tan especial para el inicio de su brillante carrera literaria. Gustavo Valencia García, Armenia.

Nos ha contado Gustavo Páez Escobar, columnista y escritor, colaborado de El Espectador, Eje 21y otras publicaciones de aquí y del exterior, que ha llegado a sus cincuenta años de vida periodística y literaria. Gustavo es boyacense-quindiano. Les ha dado lustre a las letras de esos departamentos y goza de reconocimiento nacional.

Sus novelas, sus ensayos –Biografía de una angustia, sobre uno de los grandes de la poesía colombiana, Germán Pardo García, es uno de mis textos de cabecera–, sus columnas, son un ejemplo del bien escribir. Su castigado estilo, el encuentro de la palabra clara y precisa para expresar su pensamiento y del personaje, cuando de novela se trata, lo hacen un paradigma en el periodismo y en la literatura. (De la columna Salpicón navideño, de Augusto León Retrepo, Eje 21, Manizales, 12-XII-2021).

La Crónica: una marca quindiana

miércoles, 20 de octubre de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar

Hace 30 años –el 3 de octubre de 1991– salió a la calle La Crónica del Quindío, modesto periódico que apenas tenía un tiraje diario de 1.000 ejemplares, impreso en sistema offset, tamaño universal. El propósito era convertirlo en un enlace entre los tres departamentos del Eje Cafetero. El capital inicial fue aportado por varios empresarios del Quindío.

Más tarde, el grupo empresarial dueño del Diario del Otún, en la ciudad de Pereira, impulsó la idea del diario quindiano y entró en conversaciones con los dirigentes de la región. Para el efecto, se constituyó una sociedad de 10 personas a la que pertenecían los fundadores de la empresa  en el Quindío y los propietarios del diario risaraldense. De esta manera, se puso en marcha un periódico moderno que al paso del tiempo se ha consolidado como un respetable órgano de comunicación que goza de prestigio, seriedad y amplia difusión en la zona cafetera, con presencia, incluso, en la capital del país.

Con motivo de sus 30 años de vida, celebrados con alborozo, orgullo y satisfacción por la labor cumplida, el diario hace énfasis, con las siguientes palabras, en el objetivo que ha movido su existencia: “Son ya 30 años haciendo periodismo en la calle, alimentando nuestras páginas con las preocupaciones, los temores, las quejas, pero también registrando los sueños, los éxitos y las alegrías de todos nuestros ciudadanos”.

Esa es su razón de ser. Ha sido, en efecto, una publicación constante y exitosa que a pesar de los naturales escollos que han surgido a su paso, como ocurre en general con el periodismo, se ha mantenido fiel a su ideario de ser la vocera de las inquietudes, los problemas y las esperanzas de la comunidad. Y hay algo más: La Crónica, como se le llama sin necesidad del otro apelativo, puede considerarse una marca de la región.

En tal forma se encariñó la gente con su periódico, que este hace parte de sus querencias, sus hábitos y su cotidianidad. Lo que al principio pudo ser mirado como empeño pasajero, al igual que otras publicaciones de breve existencia que han corrido por el suelo quindiano, pasó a ser un hecho positivo y perseverante. Y se volvió una bandera regional.

La Crónica supera las 10.000 ediciones impresas, y su página web recibe la visita de 800.000 personas cada mes. Se procesa en R. R. Editores de Pereira con todas las exigencias de estos tiempos en constante evolución. La Crónica es un nervio palpitante de lo que ocurre y de lo que se avizora.

Es un periódico bien escrito. Se esmera en la presentación editorial, en la actualidad noticiosa y en el espíritu crítico. En la nómina de sus colaboradores hay 3 que vienen de la época inicial. Otro grupo lleva 20 y 15 años de servicios, lo que es garantía de constancia y profesionalismo. Expreso cordial congratulación a sus directivos, al personal y a los columnistas por esta efeméride digna de todo encomio.

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El Espectador, Bogotá, 9-X-2021.
Eje 21, Manizales, 8-X-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 10-X-2021.

Comentarios 

Justo reconocimiento a un diario que ha persistido y crecido, a pesar de haber afrontado crisis económicas propias y del país. Hacer empresa en Colombia es una verdadera lucha contra todo lo impredecible. Esperanza Jaramillo, Armenia.

Merecido el reconocimiento al empeño de impulsar un diario, para el Quindío y el país, que copó el vacío que dejó el otrora y excelente Diario del Quindío. Gustavo Valencia, Armenia.

Valioso aporte para crear más sentido de pertenecer por una de las empresas que en el Quindío han llenado de orgullo a sus habitantes. John (El Espectador).

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En el alma del Quindío (2)

martes, 31 de agosto de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Pueblo Tapao –o Pueblo Tapado– es el sitio que mejor personifica la guaquería en el Quindío. Evoca el pasado de la región, cuando los primeros pobladores se dieron a la tarea de buscar el tesoro aborigen. El nombre de Pueblo Tapao indica que el oro y la orfebrería de los quimbayas fueron “tapados” en este pintoresco caserío que se localiza entre La Tebaida y Montenegro, en la vía que conduce al Parque Nacional del Café, uno de los principales atractivos del Quindío. Otro parque significativo es Panaca, en Quimbaya. También sobresalen el Parque de la Vida, en Armenia, y el Jardín Botánico, en Calarcá. En 1978 fue erigido Pueblo Tapao como corregimiento de Montenegro. Es un bello paraje lleno de arborización, fincas, alojamientos rurales, almacenes de artesanías y encantadores paisajes.

No siempre se sabe el origen de los pueblos. Veamos el caso de Montenegro. Cuando los primeros pobladores querían saber en qué parte se hallaban las guacas más ricas, se les respondía que estaban cerca de un monte negro. Hacia allá se fueron los colonizadores, y así nació Montenegro, municipio que registra hoy evidente progreso. Luis Arango Cardona publicó en 1924 el libro Recuerdos de la guaquería en el Quindío, al que siguieron varias obras de Jesús Arango Cano, su hijo, ambos versados en esta materia.

El pasado histórico del Quindío está ligado a las tumbas en las que los quimbayas enterraron su riqueza. En 1959, una ley creó el Museo Arqueológico del Quindío, adscrito al Instituto Colombiano de Antropología. En 1965, el museo fue trasladado a la Universidad del Quindío, y fue inaugurado el primero de julio de 1967, primer aniversario de la fundación del departamento. En 1972, siendo yo gerente del Banco Popular en Armenia, se firmó un fideicomiso mediante el cual la entidad crediticia, que poseía alto espíritu cultural bajo la dirección de Eduardo Nieto Calderón, pasaba a administrar la muestra arqueológica. Para tal fin se acondicionaron, a título gratuito y como homenaje a la región, los dos pisos superiores del edificio.

Cuando me trasladé a Bogotá en 1983, el banco cumplía excelente función como guardián del tesoro quimbaya. Allí no solo se exhibían las piezas de la colección, sino otras pertenecientes a diversas culturas, que eran tomadas del propio museo del banco ubicado en la Casa del Marqués de San Jorge en Bogotá. Y se desarrollaba permanente actividad cultural. Un día supe que el museo había sido desmontado y devuelto a la universidad, y los dos pisos se habían destinado para renta de la sucursal. Lamentable suceso.

Hoy camina esta crónica por la tierra legendaria de los quimbayas. El primer sitio que visité con mi familia fue Pueblo Tapao. Allí tuvimos grata tertulia con un viejo amigo que reside en ese paraíso terrenal. En Pueblo Tapao se respira el aire de la guaquería bajo el mito y el misterio. Este viaje de placer nos permitió el reencuentro con el alma del Quindío a través de su historia y sus tradiciones.

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El Espectador, Bogotá, 28-VIII-2021.
Eje 21, Manizales, 27-VIII-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 29-VIII-2021.
Aristos Internacional, n.° 46, Alicante (España), octubre/2021.

Comentarios 

Elegí levantar mi casa cerca de Pueblo Tapao, justamente por los extraordinarios paisajes de la zona. Desde allí se mira el cañón colmado de guaduales de todos los matices. Es un lugar muy agradable para vivir. Respecto al origen del nombre he oído decir que fue denominado así debido a que la exuberancia impedía ver más allá. Esperanza Jaramillo, Armenia.

El Quindío no solo es la zona más fecunda de Colombia, es la región más fértil del mundo. Con solo atravesar el hermoso departamento salta a la vista el humus feraz de sus tierras. Al llegar al Quindío no puedo evitar evocar al querido rapsoda quindiano Baudilio Montoya, antioqueño “nacionalizado” en el Quindío, donde falleció. Gines (correo a El Espectador).  

Innegable, el Quindio es tierra de los afectos del creador. Forma parte de ese triángulo admirable, otrora llamado del café, con Risaralda y Caldas, o gran Caldas antes. Y como haya sido, esa hermosa región es rescoldo para la vida apacible en medio de gente muy laboriosa, sin igual en Colombia. Atenas (correo a El Espectador).

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