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Archivo para viernes, 11 de noviembre de 2011

El imperio de las mujeres

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

En el Quindío entran a man­dar las mujeres. Allí resol­vieron cambiar los bigotes por las faldas, y el látigo por el colorete. (El látigo –herencia de los tiempos de la arriería– es símbolo del trabajo y también de la dureza. El colorete, que se inventó para enamorar y dulcifi­car la vida, se convierte ahora en atributo del poder). En el departa­mento las mujeres impusieron su predominio al obtener siete de las doce alcaldías que conforman la región. Con esta ventaja del 58% han destronado al hombre en un departamento machista por tradi­ción. Parece que es la derrota más estruendosa que han tenido los quindianos.

Este resultado es aún más significativo (e incluso escalofriante): la victoria femenina lle­ga en realidad al 70%, si se tiene en cuenta el número de habitantes que ellas van a gobernar. De esta manera, los hombres queda­ron reducidos a una apabullante minoría. La sola alcaldesa de Armenia conquista el 40% de la población general. Dicen que Alba Stella Buitrago se ganó el puesto construyendo vivienda popular, mientras los hombres andaban por los clubes chismoseando y perdiendo el tiempo.

Como tres de las alcaldesas son solteras y una viuda, se logra cierta igualdad, de puertas para adentro; no completa, ya que el que manda, manda. La menor del grupo tiene 23 años y la mayor, 50. El promedio de edad es de 38 años, lo que supone una buena dosis de madurez. Bajo este as­pecto, pueden dormir tranquilos los varones –sobre todo si se trata de los esposos–, ya que a los 38 años ya no se es reina de belleza. Sin embargo, a cualquier edad se puede ser veleidoso, y ojalá esto no ocurra aquí, ya que el Quindío necesita seriedad y firmeza admi­nistrativa.

Todas tienen en común el ser líderes del progreso regional, en­tusiastas, sencillas, descomplicadas. No las asusta el mando, y van a demostrar que ellas tam­bién pueden. Martha Lucía Be­doya, la más joven, entra a dirigir el municipio más viejo: Salento. Isabel Pava, la de Montenegro (la tierra del cacique Ancízar López), dice que tuvo que luchar «como una leona contra la maquinaria política». Rubiela Nichols, la de Buenavista, es líder del pueble hace 20 años. Gloria Helena Giraldo había perdido en 1990 la alcaldía de Finlandia por sólo 23 votos. Como en juego largo hay desquite, insistió y ganó.

El matriarcado fijará una nueva moda en las costumbres regionales. Al quedar abolidos los alcaldes barrigones y aguardentosos, ya no habrá disculpa para tantas ausencias del despacho y tanto sancocho de gallina por los campos. Ellas llevarán en adelante los pantalones, muy bien puestos. Como se trata de demostrar igualdad de los sexos, algunas añorarán el bigote masculino (y nunca el femenino) como emblema de fuerza.

En fin, en el Quindío se han trastocado los papeles. Falta ver si a la larga también cambian las costumbres políticas en esta tierra progresista que necesita un toque femenino contra los vicios y las corruptelas. A estas damas luchadoras hay que desearles buena suerte y buenos resultados.

El Espectador, Bogotá, 6-VI-1992.

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El designado ideal

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Otto Morales Benítez ha debido ser presidente de Colombia hace muchos años. Pienso que su propio par­tido, al que ha servido con dedicación, desvelo y brillo ejemplares, no le ha correspondido con largueza lo que él le ha entregado en lealtad y eficiencia. Luchador de las ideas liberales, ha estado siem­pre comprometido –desde los cargos de representación popular, los ministerios y demás ges­tiones que ha desempeñado– con la suerte de su colectividad y el progreso de la patria.

Algunos de sus copartidarios, movi­dos por afanes menores, no enrienden ni entenderán el sentido de este intelectual e ideólogo que concibe al Estado como el supremo generador del bienes­tar social y la moral pública, y que combate, por consiguiente, la corrupción y los vicios políti­cos como pecados nefandos de la democracia.

Desde hace 15 años se menciona el nombre del político y escritor caldense para presidente de Colombia. Desde Manizales, en artículo de La Patria aparecido en octubre de 1976, Adel López Gómez propuso esta candidatura como un anhelo racional. Cuatro años más tar­de, en noviembre de 1980, el diario manizaleño –de clara estirpe conservadora– proclamó el nombre de su coterráneo como una esperanza sentida en el país. Otros diarios han mirado con simpa­tía esta posibi­lidad que por épocas ha vuelto a contemplarse.

El Espectador tomó causa, en el mismo año 80, con la bandera moral que representa­ba, como lo representa hoy, la presencia del colombiano ilus­tre en el debate de los temas nacionales. Desde Pereira arran­có un movimiento dirigido por prestantes intelec­tuales (como Carlos Lleras Restrepo y Pedro Gómez Valderrama), líderes cívicos y políticos de todas las regiones, escritores, periodistas y ciuda­danos comunes, todos compro­metidos con una campaña dig­na.

Quienes seguíamos con entu­siasmo aquella perspectiva, que cada vez ganaba mayor fuerza popular, lamentamos después que el propio candidato retirara su nombre como consecuencia de los apetitos e intrigas con que los conocidos saboteadores de las causas grandes volvían tor­tuoso el proceso democrático. Cuando en aquel momento se trataba de purificar de impure­zas el ambiente político, los tra­moyistas de siempre fraguaban oscuras maniobras para impe­dir el triunfo de este hombre recto. Pasados los años, consi­dero hoy que si Otto Morales Benítez se hubiera mantenido en la lu­cha, a la postre habría resultado triunfante. La victoria es obra de la resistencia.

El mismo deplorable episodio se ha repetido varias veces en años posteriores. El caso es irónico, por no decir que penoso: mientras Morales Benítez es admirado en diversos países –donde se le conoce y reconoce como notable escritor y estadista–, en su propia patria y desde su propio partido se le cierra el paso. Así se frustra una espe­ranza nacional. La misma histo­ria ocurrió en 1946 con otra brillante figura liberal, que hubiera sido uno de los grandes presidentes de Colom­bia: Gabriel Turbay.

Pocos colombianos poseen tanto conocimiento del país como Otto Morales Benítez. Es una reserva desaprovechada que buena falta le hace a Colombia, por su formación intelectual, su ética, su experiencia en el manejo de los asuntos públicos, su equilibrio y probada capacidad de estadista. El país necesita gente madura. Es preciso buscar hombres de calidad, verdaderos veteranos que nos ayuden a salir de la encrucijada.

El Espectador, Bogotá, 28-V-1992.

Obras quindianas inéditas

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

El Quindío tiene olvidados a sus escritores. No se ha pre­ocupado por rescatar obras valiosas que debería exhibir con orgullo como patrimonio de la región. Son pocos los gobernadores y alcaldes que han mostrado interés por la cultura. Hace buen tiempo se constituyó la Biblioteca de Escritores Quindianos, que lanzó varios títulos como in­signia de una raza creadora. Hoy la Biblioteca está muerta.

El Comité de Cafeteros, también en días remotos apoyó la publicación de varios libros, como la novela Bajo la luna negra, de Eduardo Arias Suárez, una antología de Bau­dilio Montoya y un libro de Euclides Jaramillo Arango. Y no volvió a hacerlo.

Gloria Chávez Vásquez, distinguida escritora y perio­dista quindiana residente en Estados Unidos, había recibido promesa de la Alcaldía para editarle la obra El conde del Jazmín, que iba a obsequiarle a Armenia en el centenario. El alcalde le incumplió la pala­bra. Pasada la efemérides, el libro fue publicado por la Universidad del Quindío, aun­que con fallas de impresión. Ojalá alguien me informe qué títulos han patrocinado en los últimos años el departamento y el municipio de Armenia.

Como un reto para los nuevos gobiernos regionales (y sobre todo para los organis­mos de cultura, que a veces no se sabe qué hacen) voy a citar algunas obras de escritores fal­lecidos, con énfasis en los li­bros inéditos, y con el propósito de que el Quindío recoja la herencia espiritual que le de­jaron insignes autores:

Eduardo Arias Suárez: inédi­tos sus Cuentos heteróclitos; y no volvió a circular su obra cuentística, que tanta pondera­ción recibió en Colombia y en el exterior.

Jaime Buitrago Cardona: inédito un libro de cuentos folclóricos; además, esperan reedición sus tres novelas indigenistas.

Rodolfo Jaramillo Ángel: fuera de dos libros publica­dos, dejó importante material inédito.

Antonio Cardona Ja­ramillo (el célebre Antocar): están inéditos Juanito el soñador y Barbasco. Cor­dillera, su único libro publi­cado, reclama reedición desde hace mucho tiempo.

No cito a escritores muertos en años recientes. Con esta muestra basta y sobra.

La Crónica del Quindío, Armenia, 19-V-1992.

 

Las caídas del Presidente

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

La hora no sólo se le adelantó a Colombia: también al presidente Gaviria, cuya luna de miel ya concluyó. De aquí en adelante tendrá que cargar el sol a la espalda,  sin manera de opacarlo, ya que la luz eléctrica puede racionarse, e incluso apagarse –como él mismo lo hizo con este país resignado–, pero el astro rey permanecerá inmutable. Y esto no es poca ­cosa cuando faltan más de dos años para finalizar el mandato.

El Presidente, cuando se encontraba en pleno apogeo de su prestigio, y el país  entero lo aplaudía de pie en las plazas de toros y en los estadios de música –o sea, cuando viajaba en el punto privilegiado de la órbita astral–, expresó varias veces esta frase optimista que a muchos sonó pretenciosa: «La popularidad es para gastarla». De tanto jugar con su popularidad, la dejó perder. Lo normal es que la fama de un Presidente comience a disminuir en la segunda etapa de su perio­do, y no cuando falta, como en este caso, mucho camino por re­correr.

Una caricatura de Osuna pone al Presidente encaramado en el reloj de la historia y pedaleando contra la corriente nacional. El reloj, ya lo vimos, se puede ade­lantar una hora y nada pasa. Ni siquiera habrá una economía significativa de electricidad. No sucede lo mismo con adelantar la paciencia de los colombianos. Día a día, es decir, apagón tras apagón y desacierto tras desacierto, tam­bién disminuye el límite de resis­tencia del país. Si hubiera manera de medir la paciencia de la gente, como se hace con los embalses, se vería que la tolerancia ciudadana ya tocó fondo.

Son diversas las causas que han contribuido a esta baja en la popularidad del Presidente: violencia encarnizada en campos y ciudades, flagrante corrupción de la clase política y del sector oficial, crisis energética, creciente alza de la vida, agudos conflictos labora­les que atentan contra la econo­mía nacional y la seguridad so­cial, falta de producción industrial y agrícola, voracidad tributaria, empobrecimiento del pueblo… El país no puede progresar si subsis­ten estos focos que desestabilizan –cada vez con mayor rigor, como viene ocurriendo– la tranquilidad pública.

A todos nos preocupa y nos duele que Gaviria no sea el mismo de antes. En él está encarnada la esperanza de Colombia. Preciso es recordar que pocos gobernan­tes han llegado al poder rodeados de tanto respaldo popular, de tan­ta confianza y expectativa. Se dijo en principio que la buena estrella favorecía al Presidente y suce­dieron, en efecto, hechos  positivos derivados de la gestión gubernamental.

Después, poco a poco, muchas esperanzas se frustraron. Hasta marzo de este año no había concluido la luna de miel. Hoy ya cesaron los aplausos que aturden. ¿Qué pensarán de esto los asesores de la imagen presidencial?

Se insiste, con todo, en una traumática reforma tributaria y en privatizaciones discutibles que erosionan la estabilidad del Go­bierno. Los desgastes causados por las imprevisiones y las impro­visaciones –tanto de ministros co­mo de los jóvenes asesores de Palacio– deberían sopesarse, aho­ra con mayor hondura, para bus­car otro ritmo en los días por venir. Todavía es posible, y ojalá así suceda, ganar puntos en el reto del futuro.

*

Vimos al Presidente vacilante en su reciente discurso por tele­visión. La improvisación no lo favoreció. Echarle la culpa al vera­no para justificar la oscuridad del país (cuando el Gobierno no revi­só la versión del exceso eléctrico, y el ISA permaneció un año sin gerente), no convenció a nadie. Desde luego que hay que confiar en la ayuda de Dios y de la naturaleza. Pero Dios también di­jo: «Ayúdate, que yo te ayudaré».

El Espectador, Bogotá, 8-V-1992.

 

El caso Escrucería

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Bastante tardía la manifes­tación de protesta que hizo el Senado de la República ante Samuel Alberto Escrucería Manzi, senador de Nariño, que acaba de ser condenado por el delito de peculado.

Sus colegas, y ahora excolegas, levantaron la sesión y abandonaron el recinto para mostrar de esta manera el rechazo de esa conducta in­digna.

¿Por qué no lo hicieron an­tes y esperaron hasta que la Corte Suprema de Justicia se pronunciara? Días atrás la Comisión de Ética aprobó una moción de censura contra el senador, la que al ser so­metida al Senado en pleno fue derrotada debido a la extraña solidaridad que varios de los senadores –entre ellos, otro Samuel, el del Quindío– tuvie­ron con el compañero en pe­ligro.

Aunque no son las corpora­ciones las que delinquen, sino sus miembros, la repulsa de los senadores ha debido ser unánime y vigorosa para pro­teger el prestigio de la entidad. Aquí se repite la lección de la manzana podrida: que si ésta no se retira del grupo, se pudren las sanas.

El asunto es de conta­minación. Problema de higiene. El acto de protesta al final del episodio, cuando ya todo estaba consumado, no enaltece al Senado de la República, y sobre todo a sus miembros vacilantes, por lo que atrás se dijo: por tardío.

El comportamiento delictuo­so de Escrucería era conocido de todo el país. Nadie entendía cómo una persona con antecedentes penales podía pertenecer al cuerpo supremo del poder legislativo. Enrique Gómez Hurtado puso el dedo en la llaga –y esto lo honra en grado sumo– como autor del debate moral que adelantó con valor y entereza, y que a la postre no recibió el respaldo de todos sus colegas, entre los que está el otro Samuel, que tam­bién anda en líos con la justi­cia por sus actuaciones cuando fue gobernador del Quindío.

Por poco Enrique Gómez Hurtado resulta en la cárcel ante la denuncia por calumnia que le entabló el senador delincuente. ¿Se ha salvado la dignidad del Senado? Ojalá que así fuera.

Si en adelante todos sus miembros (y los integrantes de las otras corporaciones públicas) reaccionan a tiempo contra la inmoralidad y la corrupción, otra sería la suerte del país.

La Crónica del Quindío, Armenia, 11-V-1992.