La encrucijada

miércoles, 22 de junio de 2022

Por Gustavo Páez Escobar

Colombia no conocía una campaña presidencial tan depravada y turbulenta como la actual. Juan Lozano la califica como una “maluca y dañina campaña”: definición exacta de lo que ha sido esta contienda sin altura ni grandeza y caracterizada por los agravios y el sartal de odios, ataques personales, juego sucio, mentira y desinformación.

Aparte de la ola de oprobios, recrudecida tanto por los candidatos como por sus alfiles y secuaces, está la falta de verdaderos planes de bienestar social, que no solo deben ser bien estructurados, sino realizables. Se engaña a la gente con la baja de impuestos, la vivienda gratis, el mayor tributo a la clase adinerada, la mitigación del hambre de 22 millones de colombianos. Todo esto suena bonito, y de paso hace conseguir votos entre la gente sectaria, la ingenua o la angustiada. Lo que debe saberse es dónde está la realidad y dónde la farsa.

Pasada la votación, falta conocer qué porcentaje de las promesas se cumplirá. En sus campañas por la presidencia, Juan Manuel Santos ofreció con ahínco –y hubo quienes le creyeron– eliminar el impuesto del 4 x 1.000 y disminuir la cuota de salud de los pensionados, del 12 % al 4 %, que es la cifra justa. Y no cumplió su palabra. Eso mismo sucede con la generalidad de los candidatos.

En el momento actual, llueven halagos de todo tipo. Mientras estos sean más novedosos –y algunos son estrafalarios y ridículos–, más adeptos se consiguen. La candidez de algunos ciudadanos, tan lindante con la simpleza y la resignación, es un distintivo de la época. Para los pregoneros de ilusiones lo que importa son los votos, así haya que comprarlos en los caminos de la corrupción.

La política ha llegado a los peores niveles de desprestigio y quebranto moral. No solo se ultraja al adversario con palabras soeces, sino que se inventan actos deshonestos que jamás cometió. De esta manera crecen por las redes los rumores perversos, las aseveraciones falsas, los testimonios adulterados. Vivimos en una sociedad en la que se quita la honra y nada pasa. Todo vale cuando no hay principios. Nada se pierde cuando prima la indignidad.

Fíjese lo que sucedió con los “petrovideos” denunciados por Semana, método ruin de la campaña de Petro, con el que se difamaba a los rivales para debilitar su imagen y luego destruirlos. Con este panorama de miedo, insidia, falsedad y desconcierto llegamos a la segunda vuelta. “Los sucios ensucian”, dice María Isabel Rueda. Hay que reaccionar y votar a conciencia.

Colombia entra en una preocupante etapa de polarización. Sea quien sea el ganador, el país no puede hundirse. Debemos salvarlo, para salvarnos nosotros mismos. El próximo presidente debe deponer los odios, dejar la rabia, limpiar el alma, buscar los mejores asesores, y lo más importante, implantar reales fórmulas de buen gobierno. Sin concordias nacional, todo será oscuro, tortuoso, tétrico. ¡Que los dioses de la democracia nos lleven de la mano! Solo así podremos salir de la encrucijada.

El Espectador, Bogotá, 18-VI-2022.
Eje 21, Manizales, 17-VI-2022.
La Crónica del Quindío, Armenia, 19-VI-2022.

Comentarios 

¡Qué buen artículo! Oportuno, pertinente, preciso. Y corresponde de verdad a lo que lamentablemente ha sucedido. Dios oriente el futuro de Colombia. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

Excelente columna. La más sensata y justa que he leído sobre este tema, y he leído muchas. Duele mucho ver a nuestro país tan apasionado y absurdo. Las redes sociales se apoderaron de la razón y hacen a su antojo lo que les da la gana. Quiera Dios que mañana reinen la cordura, la tranquilidad y no se hunda la democracia. Eduardo Arcila Rivera, Bogotá.

La encrucijada señala los males y las complicaciones que el país afronta en estas tortuosas y desgastantes elecciones, donde priman el odio, la ambición de poder y la prepotencia de los personajes políticos que parecen actores de circo. Donde los electores nos sentimos marionetas mal dirigidas y sin rumbo. Inés Blanco, Bogotá.

La alusión al incumplimiento de Santos a dos promesas de campaña es mínima falta frente a las tropelías, abusos de poder y delitos cometidos en los dos periodos de Uribe, y la incapacidad, pésimo desempeño y abusos de poder del actual mandatario Duque. Lo destacable de la actual coyuntura es el ansia de cambio que se hizo evidente en la campaña, el descontento y hastío del pueblo con la clase política y sus dirigentes. Estoy de acuerdo con la alusión a los mutuos insultos y excesos verbales, pero la noticia es la gran expectativa por el ansiado cambio. Gustavo Valencia García, Armenia.

El acuerdo nacional ya es una realidad. Intelectuales, académicos, exministros, exmagistrados, empresarios y todos los sectores de la sociedad comprometidos en sacar adelante el país. ¡Sí se puede! Daniel Rodríguez Céspedes (correo a El Espectador).  

Qué alivio que esta cochina campaña ya acabó, y aunque el resultado no fue el que yo quería, celebro que haya pasado el día de elecciones en calma, sin desbordamientos ni altercados. Como demócratas, tenemos que aceptar el triunfo de Petro y esperar confiadamente que lo expuesto en su mensaje de anoche sea llevado a la realidad para convocar un diálogo conciliador. Por supuesto que hay que darle tiempo para que pueda empezar a gobernar e implementar cambios positivos para el país. Hay que respaldarlo en las propuestas que sean provechosas y rechazar los posibles desvíos que pueda cometer. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Efectivamente, hemos asistido a una de las campañas más sucias que se hayan llevado a cabo en el país. Ahora que sabemos quién será el próximo presidente solo nos queda aferrarnos a las fuertes instituciones, incluidas las Fuerzas Militares, que tiene Colombia para que no vaya a ser cambiado el modelo económico y que no tengamos un giro hacia modelos como los de Venezuela, Argentina o Nicaragua. Esperemos con optimismo que las cosas no se salgan de cauce y que nuestros peores miedos no se conviertan en realidad. Por mi parte, mantendré el optimismo y la fe. Pedro Galvis Castillo, Bogotá.

Qué acertada y oportuna columna sobre la encrucijada que vivimos. Allí está dicho todo, lacerante, pero es la realidad, y suscita las más hondas y prontas reflexiones. Vicente Pérez Silva, Bogotá.

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