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Archivo para lunes, 28 de octubre de 2013

El burrito Demo

lunes, 28 de octubre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

En el potrero de Turbaco, donde descansa hoy del asedio de los periodistas después del golpe de publicidad que se dio en la Cumbre de las Américas, Demo pensará que es mejor volver a ser borrico plebeyo, y no míster Donkey, como casi llega a ser si el presidente Obama se lo lleva para la Casa Blanca.

Demo sabía que su amo Silvio Carrasquilla gusta de ciertas extravagancias, como la de realizar unas elecciones simbólicas en honor de Obama, o la de pintar de blanco la casa de Turbaco para hacer una réplica de la Casa Blanca. Además, le adivinó la intención de deshacerse de él, pobre borriquito, que no podía defenderse. Con su fino olfato, le olió a su amo la intensa “obamanía” que lo dominaba. Es decir, su sumisión al imperialismo.

Ninguna gracia le hacía al pequeño Demo irse a encerrar en un palacio tapizado de alfombras mágicas, en lugar de disfrutar a sus anchas del verde pasto de su tierra marítima. Tampoco le halagaba  servir de jumento a Michelle y sus hijas Malia y Natasha. Alcanzó, eso sí, a sentirse bendito entre las mujeres. Aspiró entonces el aire tropical, se tocó la grupa nerviosa, se acarició el mentón conquistador, aguzó el magín sensual (¡mujeres, mujeres!, se dijo)… pero ¡no! Reaccionó a tiempo. Él prefería la libertad.

A trote, como si fuera un alazán y no el tierno borriquillo, llegó como una flecha, pletórico de bríos, hasta el populoso barrio El Bosque, de Cartagena. Por allí se puso a mirar hacia todas partes, a olisquearlo todo, hasta detenerse frente al Pley Club, cuyas luces de neón lo entusiasmaron. Luego, la reja se abrió para cinco hombres musculosos, con traza de gringos, que entraron desaforados a la mansión. Demo afinó el ojo y vio que al encuentro de los hombres veloces salía un grupo de bellas mujeres que estaban, sin duda, pendientes de su llegada.

Solo días después, cuando ya Obama y su séquito habían regresado a su país, oiría el borrico que las jóvenes damiselas eran prostitutas de alta calidad que cobraban onerosas tarifas, en dólares relumbrantes, entre las sábanas del Hotel Caribe. Los gringos, pertenecientes al Servicio Secreto de Estados Unidos, habían producido, con sus idas al Pley Club y sus embriagueces diarias, un escándalo mayúsculo con resonancia mundial. Pero esto no lo entendía Demo, burro como era, pues él nada había aprendido aún de política ni de relaciones internacionales.

Cuando volvió a Turbaco, su amo trinaba de la ira. Lo había preguntado por todas partes y nadie pudo dar razón de sus andanzas precoces. Entonces lo sometió a castigo ejemplar: esa noche dormiría en la tierra pelada, y no en lecho de paja. Demo lloró, con ojos dilatados de tristeza, pero nada dijo. (No dijo nada porque no sabía hablar, pero lo entendía todo). Cumplido el castigo, lanzó un rebuzno agudo, desenfrenado, victorioso. Y se preparó para recibir al presidente, que ya venía en camino.

Cuando Obama estuvo a corta distancia, Silvio codeó a su mascota.  Y le caló el sombrero con el símbolo del Partido Demócrata (nombre del que había salido, a lo costeño, el Demo abreviado que corre por estas líneas). Incluso le lastimó las orejotas eréctiles y blandas. El presidente, elegante en el vestir y en el andar, ágil y sonriente, saludaba a todo el mundo, sin propósito de detenerse en ninguna parte. La seguridad no se lo permitía.

Silvio ha dicho que el presidente se quedó mirando con admiración a Demo, y lo identificó, claro está, como uno de sus votantes latinos. Pero no: cuando el personaje pasaba por el frente del burrito fiestero, este agachó la testa, no en señal de reverencia, ni de respeto ni sumisión, sino de elemental prevención. Sencillamente, no quería irse para la Casa Blanca. Deseaba seguir siendo asnito plebeyo, como lo habían sido Platero, el rucio de Sancho Panza, el Burrito sabanero o el Burro flautista. Nada de míster Donkey.

Fue entonces cuando Demo escondió su clásica estampa tras el sombrero de la propaganda demócrata. Sonrió para sus adentros, con su amplia sonrisa asnal, de oreja a oreja. Y aquí se queda, en su propia tierra, después de estos coqueteos con la fama.

El Espectador, Bogotá, 26-IV-2012.
Eje 21, Manizales, 27-IV-2012.
La Crónica del Quindío, Armenia, 28-IV-2012

* * *

Comentarios:

Rebuzné de gusto leyendo esta columna, más que columna, un cuento. Me parece incomparable y digna de guardar para enfrentarla a tanta babosada que se cuela en los diarios. Libaniel Marulanda, Calarcá.

Excelente artículo sobre el burrito Demo. Fue un bocado delicioso para iniciar este sábado pasado por agua. Hugo Hernán Aparicio, Calarcá.

Buena la columna, no sabía que este columnista tenía sentido del humor. Pero le faltó una puntilla: que el presidente Obama le agradeció al dueño del burro con una nota de su puño y letra, con solo la frase «muchas gracias» escrita en español. El agradecido propietario del solípedo dijo visiblemente entusiasmado que este era un recuerdo tan valioso para él que «ningún hacker árabe» (sic) tendría el dinero para comprar ese pedazo de papel. El de la H (correo a El Espectador).

Y la misión del burrito, igual a la de sus predecesores, será cargar agua para la sedienta población, porque cuando don Silvio abandone su casa «blanca», Turbaco aún estará sin acueducto. Jojecarte (correo a El Espectador).

El castigo de los inocentes (2)

lunes, 28 de octubre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

Después de mi artículo de la semana pasada que se refiere al alarmante estado de inseguridad que viven los clientes de la banca por la clonación de tarjetas y la adulteración de otros sistemas, ha caído en Bogotá un pez gordo de este delito. Detrás de él se esconde una poderosa banda criminal.

Se trata de Jorge M. Pachón, alias “Pachoviola, a quien la Policía atribuye, solo en los últimos cinco meses, el robo de datos de 8.000 usuarios de una entidad bancaria y el hurto de 15.780 millones de pesos. Es todo un profesional en la instalación de microcámaras y dispositivos en cajeros automáticos, para apoderarse de las claves y clonar las tarjetas. Este es un caso evidente de lo que sucede con la multitud de colombianos víctimas de tales maniobras, a quienes las entidades financieras niegan la devolución de los dineros robados, con el manido argumento de que las claves salieron de las tarjetas y por lo tanto el usuario es el responsable.

Dicha argucia, contra la que los usuarios estafados no tienen cómo defenderse, clama por acciones severas en el sector financiero, para que se corrija tal proceder, a todas luces injusto y leonino, que vulnera la ética bancaria y hace perder la confianza en el sector. Y que ocasiona graves perjuicios a las personas asaltadas en su buena fe.

Diversas expresiones se produjeron con motivo de mi artículo anterior, de las cuales selecciono las siguientes:

«Gracias por llevar a la luz pública este grave problema de impunidad para los defraudadores y de «lavado de manos» de nuestros billonarios bancos. He sufrido el robo de dos de mis cuentas y es al banco donde han «entrado» electrónicamente para saber mis claves. Pero ni el banco ni el supuesto «Defensor» hacen nada para devolver el dinero y proteger las cuentas. Albamor» (correo a  El Espectador). 

«Gracias por este buen artículo que revela el refinamiento de métodos delincuenciales en los que el fácil expediente del sector financiero es echarles la culpa a los defraudadores externos y alzarse de hombros. Alpher Rojas Carvajal», Bogotá.

«Siempre el «paganini» es el cuentahabiente, comparable con los desfalcos de la contratación en que el pueblo paga con los impuestos y la justicia premia a los estafadores con castigos ínfimos tanto monetariamente como con mínima cárcel. Humberto Escobar Molano», Bogotá.

«Eso es abordar con autoridad un tema. Todo avance tecnológico presenta, siempre, una faz negativa. Así ha ocurrido desde que el hombre habita la tierra, pero no resulta justo que el usuario, casi en toda ocasión, el de menos recursos, termine siendo la víctima de la falta de controles de las entidades financieras y de los organismos de vigilancia de ellos. Gustavo Valencia García», Armenia.

«Aquí se legisla para mantener y aumentar las prerrogativas de los bancos. ¿Cómo es posible que una chequera de 30 cheques valga $130.000, que en proporción a su tamaño es más cara que un libro de medicina? Carlos Abdul» (correo a El Espectador). 

«Si los bancos son obligados a responder, ahí sí se acabará este robo o fraude descarado, o llegará a la mínima expresión. Lira» (correo a El Espectador). 

«En días pasados me llamaron de la entidad financiera para ofrecerme el famoso seguro antirrobo de mi tarjeta de crédito. Esto me hizo cuestionar las garantías que me ofrece la entidad que me presta el servicio de crédito (Colpatria). ¿Cómo así que yo tengo que asumir el costo de protección? Encima de pagar una altísima cuota de manejo que me cobran, encima del interés oneroso por los dineros utilizados, encima de las comisiones que me roban por pedir un simple extracto… Lo ancho para ellos, lo angosto para uno. Aristóbulo Socarrás» (correo a El Espectador).

El Espectador, Bogotá, 20-IV-2012.
Eje 21, Manizales, 20-IV-2012.
La Crónica del Quindío, Armenia, 21-IV-2012.

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Comentarios:

Conocí a alguien a quien le clonaron una tarjeta en Inglaterra. Fueron tres mil libras. Pero mi amigo no perdió ni un peso. El banco le restituyó el dinero. Los bancos en Colombia abusan mucho del usuario. Tratan muy mal a los clientes, no se hacen responsables de nada. Es un horror. Mariadolores (correo a El Espectador).

Felicito su valiente opinión, en este país donde nuestros mandatarios prefieren salvar un banco en quiebra que un hospital en crisis. Callaron al ministro de Hacienda, que hablaba de poner en cintura a los bancos, y no se volvió a hablar del 4xmil y de los intereses de usura. La indolencia y abusos de los bancos es atroz y no existe ninguna entidad ni autoridad que defienda a los usuarios víctimas. La atrocidad de los bancos tiene mucha tela de dónde cortar. No es el sector industrial o el agrícola el que presenta inmensas utilidades cada año, sino el financiero, que obtiene sus desbordadas ganancias a costa de «banquear» a la gente. Carlos Alfredo Roncancio Roncancio.

El 23 de julio de 2009 consulto mi saldo y veo con gran sorpresa y asombro que me han retirado la suma de $14.499.004 de mi cuenta corriente de Bancolombia (Cúcuta).  Hice mil reclamaciones a todos: Grupo Bancolombia, Defensor del Cliente… Al verme completamente perdida solicité ayuda de un abogado y se presentó ante la Fiscalía la respectiva denuncia, pero hasta el momento no he recibido respuesta… Jackeline Cañizares Pacheco, Cúcuta.

Dio en el clavo de la situación: los bancos se hinchan el pecho cuando tienen que fanfarronear por los billones de ganancias, pero son los primeros en hacerse los de la vista gorda delante de los desfalcos que le pasan al usuario en manos de la inseguridad que ellos están obligados a resolver  Ozcvrvm (correo a El Espectador).

Buena columna sobre un tema de «misterio» donde todo el fraude se hace con absoluta precisión y las grabaciones solo muestran al cliente como único «sospechoso» claro, sin serlo. Indoamericano (correo a El Espectador).

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El castigo de los inocentes (1)

lunes, 28 de octubre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

Este es el cuarto artículo que en menos de dos años escribo sobre la ola de fraudes bancarios que estremece al país, y que lejos de reducirse ha crecido con hechos cada vez más perturbadores, según se establece por las noticias de prensa y por los correos llegados a esta columna.

Hasta donde puede captarse la dimensión de semejante desastre público, puede decirse que este flagelo se convirtió en dolor de cabeza para las entidades financieras y en lastre para la tranquilidad de los hogares. La gente se siente insegura para realizar sus transacciones bancarias, y la banca carece de herramientas eficaces para contrarrestar las técnicas sofisticadas que utilizan los delincuentes para apoderarse de los dineros de la clientela.

Según manifiesta la Asociación Bancaria de Colombia (Asobancaria), los organismos financieros gastaron en los últimos dos años más de doscientos millones de dólares para evitar el delito. Es decir, para blindarse contra el avance de la delincuencia, la que siempre responde con superiores métodos de fraude dentro de este mundo inextricable de la cibernética. Algo se ha logrado, por supuesto. Pero el mayor perdedor es siempre el cliente, que no tiene cómo defenderse contra el asalto –impune, en altísima proporción– de que son objeto los dineros depositados en los bancos.

Se dice que varias de las entidades financieras han contratado seguros suficientes para responder a la clientela por los fraudes. Es posible que así ocurra en algunos casos. Pero la inmensa mayoría de los colombianos estafados pierden sus reclamaciones ante las entidades, ya que estas suelen decir lo mismo, sin posibilidad de que el cliente pueda demostrar lo contrario: que la clave salió de la misma tarjeta entregada al titular, o del servicio de internet por él mismo manejado.

Es decir, que fue el cliente quien se descuidó y permitió que un tercero abusara de la confidencialidad de la clave. Esto no es cierto, y la banca lo sabe muy bien. Pero lo invoca para defender sus propios intereses. Como el caso se volvió común –y masivo, además–, existen formatos pregrabados para dar, en forma automática, la respectiva respuesta a la víctima del fraude. Es un engaño flagrante que de todas manera lo pagan los inocentes depositantes de la banca, que ven así asaltada su buena fe. Si se acude al defensor del cliente o a la Superintendencia Financiera, el resultado será el mismo.

Lo triste, lo aberrante, lo inequitativo, lo catastrófico, es que los defraudadores, ocultos en las sombras, son maestros en el manejo de tres sistemas demoledores: “phishing” (obtener información electrónica en forma fraudulenta), “phaming” (redireccionamiento de un dominio electrónico a otro fraudulento), “malware” (software “malintencionado”, o espía).

En los cajeros automáticos colocan cámaras invisibles y se apoderan de las claves. Copian la información de las bandas magnéticas, clonan las tarjetas, suplantan la identidad, ejecutan a su amaño la serie multitudinaria de robos financieros que ocurren en el país… Y nada les pasa. Todo sale del bolsillo de los clientes. Son ellos los grandes contribuyentes de esta red monstruosa montada al lado de la red cibernética que está distorsionando la vida económica del país y arruinando la paz y la salud de mucha gente.

Como corolario de este panorama sombrío –e inicuo–, por todos conocido, copio la siguiente carta, una más de las tantas que llegan a esta columna sobre el mismo tema:

“Soy una víctima de fraude bancario por el Banco de Bogotá por la suma de nueve millones de pesos, soy muy cuidadosa con mi tarjeta y en ningún momento la perdí, fue por internet pagando unas planillas de seguridad social de empresas, hubo muchas irregularidades del Banco que plasmé en la carta de reclamación (…) Después de casi dos meses me responden que el Banco no devuelve nada, que las transacciones fueron realizadas exitosas, o sea que yo las realicé (…) Mi situación económica no es buena, soy madre separada, tengo que ver por mis tres hijos, uno de ellos es especial y requiere de muchos cuidados y mi salud tampoco es buena. Pilar Bohada”.

El Espectador, Bogotá, 12-IV-2012.
Eje 21, Manizales, 13-IV-2012.
La Crónica del Quindío, Armenia, 14-IV-2012.

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Comentarios:

Gracias por llevar a la luz pública este grave problema de impunidad para los defraudadores y de «lavado de manos» de nuestros billonarios bancos. He sufrido el robo de dos de mis cuentas y es al banco donde han «entrado» electrónicamente para saber mis claves. Pero ni el banco ni el supuesto «Defensor» hacen nada para devolver el dinero y proteger las cuentas. Albamor (correo a El Espectador).

Gracias por tu buen artículo que revela el refinamiento de métodos delincuenciales en los que el fácil expediente del sector financiero es echarles la culpa a los defraudadores externos y alzarse de hombros. Alpher Rojas Carvajal, Bogotá.

Qué noticias desastrosas da esta columna. Pero gracias por dejarnos saber a quienes estamos lejos del país y tenemos alguna cuenta bancaria o de ahorro en Colombia. Colombia Paez, periodista de El Nuevo Herald, Miami.

Siempre el “paganini” es el cuentahabiente, comparable con los desfalcos de la contratación en que el pueblo paga con los impuestos y la justicia premia a los estafadores con castigos ínfimos tanto monetariamente como con mínima cárcel. Humberto Escobar Molano, Bogotá.

Eso es abordar con autoridad un tema. Todo avance tecnológico presenta, siempre, una faz negativa. Así ha ocurrido desde que el hombre habita la tierra, pero no resulta justo que el usuario, casi en toda ocasión,  el de menos recursos,  termine siendo la víctima de la falta de controles de las entidades financieras y de los organismos de vigilancia de ellos. Gustavo Valencia García, Armenia.

Aquí se legisla para mantener y aumentar las prerrogativas de los bancos. ¿Cómo es posible que una chequera de 30 cheques valga $130.000, que en proporción a su tamaño es  más cara que un libro de medicina? Carlos Abdul (correo a El Espectador).

Si los bancos son obligados a responder, ahí sí se acabará este robo o fraude descarado, o llegará a la mínima expresión. Lira (correo enviado a El Espectador).

En días pasados me llamaron de la entidad financiera para ofrecerme el famoso seguro antirrobo de mi tarjeta de crédito. Esto me hizo cuestionar las garantías que me ofrece la entidad que me presta el servicio de crédito (Colpatria). ¿Cómo así que yo tengo que asumir el costo de protección? Encima de pagar una altísima cuota de manejo que me cobran,  encima del interés oneroso por los dineros utilizados, encima de las comisiones que me roban por pedir un simple extracto… Lo ancho para ellos, lo angosto para uno. Aristóbulo Socarrás (correo a El Espectador).

Villa de Leiva, cuna ecológica

lunes, 28 de octubre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

Diversas expresiones de admiración llegaron a esta columna con motivo del artículo de la semana pasada, dedicado al Acueducto Río Chaina, obra de iniciativa privada que favorece a amplio sector rural de Villa de Leiva. Faltó decir que este acueducto está catalogado como modelo desde el punto de vista municipal y departamental, por entidades como la Superintendencia de Servicios Públicos, Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA) y Corpoboyacá.

Debo agregar que el hermoso municipio boyacense, convertido en una de las mayores atracciones del país, y que es visitado por continuas corrientes de turistas del mundo, tiene como prioridad la conservación de la naturaleza, el mayor tesoro que posee. Desde los propios días de su fundación (12 de junio de 1572), don Andrés Díaz Venero de Leiva, primer presidente del Nuevo Reino de Granada, y fundador del pueblo, señaló los encantos de aquella tierra como sitio ideal para el descanso y el disfrute de sus paisajes.

Y surgió una población encantadora bajo los moldes de la arquitectura colonial y del arte religioso. En los campos, el trigo se enseñoreó de la comarca como emblema de la fecundidad terrígena. Durante los siglos XVI y XVII, con la gran cantidad de molinos construidos por doquier, el pueblo ostentó el título de primer productor de trigo en el país. Alrededor del cereal, y como complemento necesario, florecía una agricultura abundante (cebada, papa, maíz, hortalizas) que ha llegado hasta nuestros días.

Por allí pasó el Libertador, en septiembre de 1819, y allí vivió sus últimos años el Precursor de la Independencia, Antonio Nariño. Oriundo del mismo sitio es el prócer Antonio Ricaurte, patrono de la Fuerza Aérea. Durante la pacificación de Morillo, varios leivanos perdieron la vida por la causa de la libertad. En 1954, Villa de Leiva fue declarada monumento nacional por el general Rojas Pinilla. Desde entonces, frente a las imágenes que mostraban la gigantesca concurrencia nacional, es posible que se haya divulgado la idea de que es la plaza más grande del país. Bella plaza empedrada y majestuosa.

Depositaria de ese pasado de glorias y de esplendor ambiental, no puede ser gratuita la fama de esta fascinante comarca boyacense hermanada con la naturaleza, y que por tal motivo le rinde culto al agua, defiende el paisaje, labora la tierra y preserva las tradiciones. Diversos festivales se celebran en el curso del año, y todos tienen el sello de la autenticidad.

En una de las fechas clásicas, se rinde homenaje al agua. Y no puede ser de otra manera, ya que en sus dominios permanece despierta la diosa Bachué, madre primitiva del pueblo muisca. Es ella la protectora de las quebradas, los ríos, los manantiales y los arroyos. Vela por las cosechas, ilumina los campos y dispensa la paz y la armonía en que viven los moradores. Dice la leyenda que Bachué brotó de la laguna de Iguaque y procreó con su compañero los hijos que poblaron la tierra. Luego se consumió en las aguas. Según la cosmogonía muisca, es la madre del género humano.

Iguaque es un santuario de fauna y flora (una de las 56 áreas protegidas con que cuenta el país), con superficie de 6.750 hectáreas de bosque y páramo y fascinante entorno que embriaga el espíritu. Varias lagunas fertilizan la tierra, y de allí se obtiene agua para algunos municipios próximos.

Territorio mítico este de Villa de Leiva, que conserva incontaminadas las fuentes primigenias de la vida representadas en Iguaque. Territorio auténtico de la ecología, de los pocos que quedan en el país. Cuando una asociación de amigos nos propusimos construir el Acueducto Río Chaina y erigir en El Roble nuestros refugios campestres (entre ellos, Villa Astrid, remanso de paz y de unión familiar), teníamos como meta huir de los sofocos y las turbulencias de la gran ciudad, para conquistar por temporadas el aire y el agua puros de la montaña. Un premio de la naturaleza.

El Espectador, Bogotá, 29-III-2012.
Eje 21, Manizales, 30-III-2012.
La Crónica del Quindío, Armenia, 31-III-2012.

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Comentarios:

Hacen bien al espíritu y a la colectividad de la Villa estas remembranzas históricas y la difusión de los planes para preservar las reservas hídricas y la naturaleza del entorno. Elvira Lozano Torres, Tunja.

Pienso que deberíamos sacar a la superficie la parte indígena que todos llevamos adentro, y rendirles tributo al agua y a la naturaleza. Eradelhielo (correo a El Espectador).

¿Aún es cierta toda esta belleza, tan bien narrada y con amor de terruño? Ojalá, porque desde que puse los pies en esas tierras por primera vez, sigo considerándolas un privilegio, un lugar casi «sagrado», aun cuando en determinadas fechas sea «mancillado» por borrachines y escandalosos. Me alegró mucho saber que la planta de nafta ya no va ahí, la presión ciudadana y de amigos de esa región como que pudo (pudimos) más que la ambición. Suesse (correo a El Espectador). 

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Canto al agua

lunes, 28 de octubre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

Hoy se realiza el día del agua con actos en cien lugares del mundo.  En Colombia, país que poco a poco viene tomando conciencia sobre lo que significa el precioso líquido, la ceremonia se ejecuta con meditación, música y arte, en rituales donde se canta por la sanación de ríos y quebradas, de  caños y lagos, para proteger el agua como elemento vital de la existencia.

En Bogotá, el rito está programado en lugares como las quebradas La Vieja y Las Delicias, los parque El Virrey y Simón Bolívar y el Jardín Botánico. En el resto del país, la ceremonia tiene énfasis en ciudades como Pasto, Pereira y Barranquilla. El hombre depredador de esta época extingue en forma progresiva las fuentes tutelares del agua mediante la tala de árboles y bosques, la deforestación de las cuencas, la contaminación de los ríos.

Al paso que llevamos, el planeta está condenado a morir de sed y de hambre. Factores críticos como el deshielo de los glaciares, el crecimiento de la población, el calentamiento global, con secuelas cada vez más dramáticas como las  inundaciones y las sequías, representan el mayor reto del futuro.

Hay, sin embargo, hechos aislados que contradicen la conducta general de la  época. Resulta oportuno que esta columna destaque un caso ejemplar que en forma silenciosa se cumple en Villa de Leiva y se convierte en motivo edificante para celebrar el día del agua. Se trata del empeño puesto por los propietarios de unos predios rurales situados a pocos minutos de la población (en el sector de El Roble), para proteger la microcuenca del río Chaina y beneficiarse con el consumo de agua potable y otras ventajas para los predios.

Ante la inoperancia de la Cooperativa Camilo Daza, que dirigía el desarrollo de dichos lotes, sus dueños decidieron constituir nueva entidad, en diciembre de 2001, y escogieron como presidente al economista Humberto Escobar Molano, uno de los 300 propietarios, que desde entonces se convirtió en líder de ese propósito comunitario.

Obtenida la autorización legal de la nueva empresa (Asociación de Suscriptores del Acueducto Río Chaina), se le imprimió la infraestructura necesaria para impulsar su desarrollo. Otorgada por Corpiboyacá la concesión de agua, se entró a cambiar las redes obsoletas y a construir un nuevo acueducto, lo mismo que un tanque de captación y distribución y una planta de tratamiento de agua potable. Y se contrataron el fontanero y el guardabosques como personas claves para ejecutar sus tareas.

Especial mención merece la labor realizada por el presidente de la entidad, con la asesoría de la junta administradora, respecto al programa de reforestación de la microcuenca del río, misión que ha llevado al arrendamiento y compra de terrenos para aislar cañadas y nacimientos de agua, controlar la contaminación animal y preservar y enriquecer la ecología. Además, se creó una asociación de cinco acueductos rurales que defienden los intereses comunales y favorecen la conservación ecológica.

Todo esto se ha hecho posible sobre la base de la gran voluntad colectiva y  del recto, desinteresado y laborioso liderazgo individual del del presidente Humberto Escobar, que no ha ahorrado esfuerzo para plasmar estos resultados en beneficios para el conjunto residencial, en pleno contacto con la naturaleza, que cada día se embellece más. En este recinto fue construida una sede campestre de la Fuerza Aérea Colombiana, hecho que le da mayor atractivo al lugar.

El nuevo alcalde municipal, ingeniero Camilo Igua, se muestra  interesado tanto en el desarrollo de la localidad como en el florecimiento de los campos,  y ha conformado mesas de trabajo con los vecinos para llevar a cabo ideas de progreso de la villa y de mejoramiento rural.

Este es el mensaje que envía Humberto Escobar en el día institucional que celebramos: “El agua es vida, el agua nos la regala la naturaleza. Conservemos el medio ambiente por nuestra salud y la de las generaciones futuras”.

El Espectador, Bogotá, 22-III-2012.
Eje 21, Manizales, 23-III-2012.
La Crónica, Armenia, 24-III-2012.

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Comentarios:

Magnífica descripción y fotografía de nuestro acueducto como motor de desarrollo en temas ambientales y de salud. Mil gracias por la alusión de que fui objeto. Humberto Escobar Molano, Bogotá.

Si todas las asociaciones de copropietarios fueran como la de Villa de Leyva, qué distinta seria la vida en nuestra bella Colombia. Luis Quijano, Houston.

La labor que ha hecho Humberto Escobar Molano ha sido grandísima y los resultados se ven en todo el sector del Roble en Villa de Leyva, y creo que en algunas veredas aledañas. Y el motivo tan lindo que hay detrás, de preservar la naturaleza, nos ha llevado a concientizarnos de que este recurso natural puede ser agotable, y por eso lo debemos querer y reutilizar. Los que estamos conscientes de lo que significa usar bien el agua, sentimos mucha alegría de unirnos a personas felices de ver que Dios nos muestra agua por todas partes. Para que concluyamos que con la abundancia nos podemos maravillar, pero siempre y cuando entendamos por qué nos premian con ese regalo. Fabiola Páez Silva, Bogotá.

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