Inicio > Panorama nacional, Temas sociales > Los suicidios nuestros de cada día

Los suicidios nuestros de cada día

jueves, 31 de octubre de 2013

Por: Gustavo Páez Escobar

Una sociedad como la colombiana que registra cinco suicidios cada día, es una sociedad que debe formularse serios planteamientos. No puede considerarse el suicidio como un caso aislado, que solo les pasa a los demás, sino como un asunto social en el que todos estamos involucrados.

El año pasado se suicidaron 1.889 personas en Colombia. Son 25 casos más de los ocurridos en el 2010. Esta tendencia viene de tiempo atrás, con riesgo de poner cada año cifras más alarmantes, si nos atenemos a las continuas noticias que en estos días leemos en los periódicos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que el suicidio es prevenible. Se trata, por eso, de “un problema grave de salud pública”, como lo califica Medicina Legal.

La mayoría de quienes en el 2011 se quitaron la vida eran adolescentes y adultos jóvenes cuyas edades estaban entre los 15 y los 34 años. Una tercera parte eran solteros y poseían un nivel educativo básico. Otro dato relevante que suministra la investigación dice que este 31,55 por ciento de suicidas jóvenes (596 colombianos) no tenía empleo. Lo primero que cabe anotar al respecto es que con esas vidas cortadas en plena edad de la producción y de la ilusión se frustraron muchas esperanzas. Y en segundo lugar, que el desequilibrio agudo o crónico en materia económica puede llevar a la desesperación, y con ella al suicidio.

En carta al presidente Santos publicada hace poco en su blog, dice lo siguiente Mónica Sánchez Beltrán, colombiana residente en Canadá y que vive atenta a la suerte de Colombia: “…le hablaré del caso que más me mortifica hace meses, cuando leí una pequeña nota de RCN, que dice que a los niños de las comunidades indígenas del Chocó el hambre los lleva al suicidio y también que, 8 de cada 10 de ellos, presentan signos clínicos de desnutrición crónica”.

Una de las causas más comunes para llegar a la tremenda decisión de quitarse la vida es la depresión. De hecho, se ha determinado que las dos terceras partes de quienes se suicidan sufren de dicha enfermedad, tan característica de nuestros días. Vivimos en un mundo de angustias, de retos desproporcionados, de injusticia e inequidad, de falta de oportunidades básicas, de crisis familiares y disolución de los principios, que genera grandes choques emocionales.

Leo en una información: “Los padecimientos psíquicos se encuentran presentes en 9 de 10 casos de suicidio; entre ellos, aparte de la depresión se encuentran también los trastornos de ansiedad y las adicciones”. Este es un enfoque que se hace respecto al mundo entero, donde cada 40 segundos alguien se suicida. En Europa el número de suicidios es alto frente a América Latina. Esto no disminuye la incidencia calamitosa que tal hecho produce en nuestra sociedad y en la vida de los hogares. Para apreciar mejor nuestra posición en el continente, debe saberse que la mayor tasa de suicidios ocurre en Cuba, luego en Brasil, y en tercer lugar en Colombia.

Se trata de un grave problema de salud pública que como tal debe ser tratado, y que los gobiernos han dejado avanzar con pasmosa indiferencia. Si conseguir en Colombia una cita médica o una medicina en el deshumanizado sistema de salud se ha convertido en un calvario para la inmensa mayoría de la población, qué no decir del tratamiento para el enfermo mental. Ese enfermo mental, agobiado por la depresión, la angustia, la ansiedad o las adicciones, puede ser uno de los 1.889 colombianos que se fugaron el año pasado del dolor y la indolencia.

En cuanto toca con los hogares, la alarma está en el caso del “suicidio silencioso”, ese que avanza, o se deja avanzar, en la soledad o el aislamiento, causado las más de las veces por falta de diálogo, de comprensión y afecto, y agravado por la ausencia de los padres o por los conflictos ciegos en la vida conyugal que conducen a infinitas desgracias.

El Espectador, Bogotá, 24-VIII-2012.
Eje 21, Manizales, 25-VIII-2012.
La Crónica del Quindío, Armenia, 25-VIII-2012.

* * *

Comentarios:

Me llamó la atención su columna porque recientemente en nuestra institución sucedió un caso de este tipo con uno de nuestros estudiantes. Estoy elaborando un artículo sobre el tema que emitiremos en nuestro boletín. El fin es sensibilizar a los universitarios sobre este tipo de casos, recordarles que es importante dialogar antes de tomar estas decisiones, y anotar algunos mensajes que dejaron los papás de este joven. Edwin Orlando Henao Acevedo, asistente de comunicaciones DAES.

En 2005 un amigo mío  se suicidó; antecedente: su mamá, que era comerciante, había sido asesinada y desmembrada tiempo atrás. En 2007 otro muy buen amigo también lo hizo; antecedente: su mamá, que era abogada, fue asesinada. En 2009 otro amigo se ahorcó; antecedente: años atrás una de sus hermanas también se había suicidado. Recuerdo en Argentina el caso de Cynthia Tallarico que se suicidó luego de que su padre le prohibió ir al concierto de Guns´n Roses. Cuando Lina Marulanda se suicidó (en Bogotá) todos los medios por «respeto» no sé a quién evitaron usar la palabra suicidio, como si ese «pequeño» detalle cambiara las cosas. Hoax (correo a  El Espectador).

El país está gravemente enfermo y el Estado, las instituciones y los ladrones de la salud se hacen los de la vista gorda y el pueblo sigue muriendo, a veces por su propia mano. Inés Blanco, Bogotá.

Comentarios cerrados.