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Futuro incierto

martes, 26 de junio de 2018 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Dos hechos significativos se desprenden de los comicios que le dieron el triunfo a Iván Duque, candidato del Centro Democrático. De una parte está la voluminosa votación de 10,3 millones, la mayor obtenida en toda la historia por un candidato presidencial, y de otra, los más de 8 millones depositados por Gustavo Petro, candidato de Colombia Humana, cifra sorprendente que ningún aspirante de la izquierda había logrado conquistar.

La diferencia de 2,3 millones de votos, que significan 12 puntos porcentuales frente a la votación de Petro, revela que se han constituido en Colombia dos movimientos poderosos y antagónicos que se enfrentarán de nuevo en el 2022 y definirán el rumbo futuro del país. Como dijo Fidel Cano, director de El Espectador, “el triunfo de Iván Duque es indiscutible, pero no absoluto”.

El gobierno de Duque, a quien deseamos muchos aciertos, no podrá olvidar los 8 millones que militan bajo las banderas de Petro, ni los 800 mil que votaron en blanco. Lamentable que por falta de decisión política y otros errores cometidos, los seguidores de Sergio Fajardo hubieran visto frustrada la esperanza de llegar a la segunda vuelta con candidato propio, el que representaba la corriente de centro que se buscaba y se dejó perder.

No puede subestimarse la realidad de un país dividido que vive con miedo y al mismo tiempo con la ilusión de ver resueltos los graves problemas que no han tenido respuesta en mucho tiempo. Los debates de la campaña pusieron de bulto no solo las carencias que sufrimos, sino la atmósfera emponzoñada y el afán de lucro y de revanchismo que nos asfixian.

Dice el candidato ganador: “Yo no reconozco enemigos en Colombia, no voy a gobernar con odios. No existen en mi mente ni en mi corazón venganzas ni represalias.” Formidables premisas que ojalá tuvieran cabida en sus actos de gobierno, y que abarcaran a todos sus colaboradores. Por desgracia, él no es solo. Serán muchos los que buscarán enrarecer el ambiente.

Dejémoslo gobernar. Esto, sobre todo, hace relación con su preceptor y maestro, a quien se presiente dirigiendo los pasos de la nueva administración como si fuera su propio gobierno (que en alguna forma lo es). Está bien que el senador Uribe intervenga en ciertos asuntos esenciales, pero que no intervenga tanto. Iván Duque, hombre culto, talentoso, preparado y conciliador, mostrará su carácter en proporción al grado de autonomía que ejerza. De esto está pendiente el país entero.

Se nota un razonable optimismo frente a las palabras de la victoria. Las ideas de Iván Duque son claras: no hará trizas el Acuerdo con las Farc; efectuará, sí, algunas reformas; nombrará gente nueva e idónea para gobernar; impulsará una inteligente reforma tributaria; buscará beneficios para la gente pobre (como la universidad gratuita para los estratos 1 y 2), abanderará la lucha anticorrupción, la seguridad y la justicia…

Alcanzamos a entender que pondrá a raya al clientelismo y sus artes funestas. Mantendrá prudente distancia de los partidos políticos, causantes de tantos desastres en la vida pública, y que dejaron de existir en los recientes comicios. La mejor frase del nuevo mandatario es sin duda la siguiente: “Voy a entregar todas mis energías por unir al país”. Hay que confiar en que tanta belleza se haga realidad. Está abierto el compás de espera.

El Espectador, Bogotá, 22-VI-2018.
Eje 21, Manizales, 22-VI-2018.
La Crónica del Quindío, Armenia, 24-VI-2018.

Comentarios

Buen artículo. Opiniones objetivas. Para bien de todos, de Colombia, que el presidente electo tenga en sus 4 años los mejores resultados en todos los campos. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

El artículo me pareció muy acertado en todo sentido y muy imparcial. Definitivamente el futuro político, social y económico de Colombia depende de la no buena sino excelente administración de Duque. Si no lo logra, la balanza se va a inclinar hacia la izquierda, que de por sí ya tiene más seguidores de los imaginables. Mauricio Guerrero, Miami.

Confieso que estoy pleno de escepticismo. No creo que la ambición desmedida  de poder del expresidente Uribe lo sustraiga de  intervenir en todos los asuntos de  gobierno en que lo pueda hacer. Tampoco creo que el señor Duque, quien al menos parece preparado para asumir con éxito la presidencia, tenga el valor para alejarlo de su ideal y ganas de acertar.  Gustavo Valencia, Armenia.

Muy acertada la nota acerca de la esperanza que tenemos sobre el rumbo que tomará el nuevo presidente y si será capaz de quitarse de encima esa sombra funesta, no solo de Uribe, sino de los amigos de último momento que corrieron a pegársele, como niños tras de una golosina, cuando supieron que había salido vencedor en la primera vuelta a pesar de que habían despotricado con antelación del Centro Democrático y su director. Ojalá Duque se rodee de gente joven, nueva, preparada y sin antecedentes de politiquería. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

En tiempos del general

martes, 15 de mayo de 2018 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En mi artículo anterior conté dos curiosas anécdotas relacionadas con el retrato del general Rojas Pinilla, ocurridas casi al mismo tiempo en Manizales y Tunja. Anoté que dicho retrato fue elaborado por Bené en 1953, año en que el general dio el golpe de Estado. Esa foto fue colgada en todos los despachos públicos, al tiempo que se bajaba a toda prisa la de Laureano Gómez, el presidente derrocado.

En la época de la dictadura fui testigo en la ciudad de Tunja, donde residía, de algunos sucesos que conservo nítidos en la memoria. Uno de ellos, el de un teniente de la Policía que en el café Bolívar desenfundó su revólver y bajo los gritos de ¡Viva Laureano Gómez!, ¡Abajo Rojas Pinilla!, disparó toda la carga contra la foto del general instalada al fondo del establecimiento.

Uno de los disparos perforó el escudo de Colombia y la bandera nacional que el general exhibía sobre el pecho. Delicada situación, por tratarse de un ultraje a los símbolos patrios. Aquella vez estuvo a punto de ocurrir en Tunja, la tierra nativa del general, una grave perturbación del orden público. El sedicioso quedó detenido en la instalación militar, y más tarde pasó a la cárcel Modelo en Bogotá.

Tiempo después, Rojas Pinilla lo perdonó en gesto generoso que tuvo amplio despliegue en la prensa. Era, también, un acto publicitario, en tiempos en que el régimen militar atravesaba por serias dificultades de gobernabilidad. Para celebrar el primer año, fue decretada para los empleados públicos la “prima del 13 de junio”, que se entregó mediante la firma de un documento de adhesión al Gobierno. Hasta aquí llegó la luna de miel.

La llegada de Rojas Pinilla al poder fue recibida con júbilo nacional, dado el clima de violencia que azotaba a Colombia. El primer año fue excelente. A partir del segundo se desdibujó por completo el ritmo que se llevaba. La ambición por el poder y el dinero creó el estado de corrupción en que cayó la alta administración, y el hundimiento moral sepultó los postulados puestos en marcha por el general Rojas al comenzar su mandato. Esta historia funesta fue recogida por Alberto Donadío en su libro El Uñilargo.

En la Tunja que evoco, un hombre de pueblo que era conocido como “el loquito” entraba a los cafés y se dedicaba a vitorear a Laureano Gómez. De tanto repetir la escena, ya nadie le ponía atención. Pero una noche le dio por gritar: ¡Abajo el general Rojas Pinilla! En minutos, llegó una patrulla de la PM (Policía Militar), cuerpo que vigilaba la vida ciudadana y reprimía el desorden contra la autoridad. La patrulla lo conminó a que abandonara  con ellos el café. Sin embargo, él no se amilanó. Miró con prosopopeya a los militares, se tocó la garganta, y a pleno pulmón pregonó: ¡Viva el general… (y se detuvo).

Era posible que estuviera poseído por el terror, pues bien se conocía cómo actuaba la PM. Mientras tanto, el grupo militar sentía complacencia por el cambio de actitud del “loquito”. Después del suspenso, este volvió a tocarse la garganta, tomó aliento, miró a la expectante concurrencia, y así remató el grito contenido: ¡Viva el general… jefe supremo… Laureano Gómez!  

El Espectador, Bogotá, 11-V-2018.
Eje 21, Manizales, 11-V-2018.
La Crónica del Quindío, Armenia, 13-V-2018.

Comentario

Muy buena reminiscencia. Recuerdo que Tulio Bayer cuando era secretario de Higiene  en Manizales descolgó la efigie de Rojas que era colocada en todas las dependencias gubernamentales, y en su reemplazo colocó la fotografía de un hermoso caballo purasangre. Alberto Gómez Aristizábal, Cali.

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El retrato del general

martes, 1 de mayo de 2018 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

El historiador Orlando Villanueva Martínez ha concluido, después de varios años de rigurosa   investigación, la biografía de Tulio Bayer titulada El luchador solitario, la única que se ha elaborado sobre el famoso médico guerrillero, y pronto la editará. Es un trabajo serio y bien documentado, como todos los que el autor ha escrito sobre legendarios personajes de la insurgencia colombiana.

Este libro le hará justicia a Tulio Bayer como promotor de implacables campañas contra el desequilibrio social y la inmoralidad pública. Fue una figura incomprendida y muy distorsionada.  Lo que ahora deseo comentar es un simpático episodio de la época en que fue secretario de Higiene y Educación de Manizales. Dice la biografía: “Su primer acto de gobierno fue descolgar, de su nueva oficina, una réplica de un cuadro de Rojas Pinilla, ‘el jefe supremo’, que estaba hasta en los inodoros de todas las oficinas públicas. En su reemplazo colocó el retablo de un caballo de pura sangre”.

Durante mi residencia en Tunja por los días del golpe militar fui testigo de la bajada, en las oficinas públicas, del cuadro de Laureano Gómez y la subida del retrato del general Rojas. Esto sucedía en todo el país. Se buscaba opacar la imagen del presidente derrocado con la del dictador victorioso.

Bené, célebre fotógrafo austriaco, llegó de casualidad a Bogotá el mismo año 53. Más tarde, el general lo contrató para retratar a la familia presidencial. Con el tiempo fue el fotógrafo de los presidentes, y por su lente pasaron Carlos Lleras, Guillermo León Valencia, Belisario Betancur, Andrés Pastrana, Virgilio Barco, César Gaviria y familias. El retrato que no quiso colgar Bayer en su oficina era de la autoría, por supuesto, de Bené. El mismo que volaba por todo el país.

En Tunja, Eduardo Torres Quintero, reconocido laureanista y por lo tanto adversario del gobierno militar, desempeñaba el cargo de personero del municipio. Como alcalde de Tunja fue nombrado un destacado coronel. Era lo que sucedía en muchos sitios del país. En Caldas, el  coronel Gustavo Sierra Ochoa se posesionó como gobernador en septiembre de 1953, y tres años después fue trasladado como gobernador de Antioquia.

Dentro de las reglas del nuevo gobierno, el alcalde-coronel de Tunja envió a Torres Quintero el retrato de moda para que lo entronizara en su despacho. “Déjelo en aquel rincón”, le indicó el personero al portador del cuadro. Y allí se quedó muchos días. Hasta que una mañana entró a su oficina y encontró que el retrato de Laureano Gómez había desaparecido y en lugar de él estaba el del general.

Frente a este hecho, Torres Quintero reunió a sus empleados y les manifestó que no iba a ponerlos en aprietos para que contaran qué había sucedido, pero siendo el cuadro un bien público que figuraba en el inventario con su respectivo precio, debían hacer una colecta para comprar otro cuadro similar. El plazo fue perentorio, mientras salía a dar una vuelta por la plaza. Cuando regresó, otra vez se hallaba el retrato de Laureano Gómez en su sitio.

Epílogo: el personero fue destituido ipso facto, y lo primero que hizo su reemplazo fue instalar otra vez la figura del general captada por Bené. Hasta que años después alguien tuvo que revertir de nuevo la operación.

El Espectador, Bogotá, 27-IV-2018.
Eje 21, Manizales, 27-IV-2018.
La Crónica del Quindío, 29-IV-2018.

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El voto en blanco

miércoles, 21 de marzo de 2018 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Colombia es uno de los países que tienen establecido el voto en blanco. Este sistema ha sido polémico y ofrece diferentes interpretaciones, desde quienes opinan que es un medio para la indiferencia, hasta los que piensan que es el camino para manifestar inconformidad ante los candidatos o el sistema de gobierno.

Según la sentencia C-490 de 2011 de la Corte Constitucional, el voto en blanco es “una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad”. Este principio está contemplado en la Constitución de Colombia y ha tenido aplicación en todos los comicios desde 1994. Si ese voto obtiene la mayoría absoluta, deberá repetirse la votación por una sola vez, y no podrán participar en la nueva elección los anteriores candidatos.

Por lo tanto, el voto en blanco representa otra opción, y esta puede ser la ganadora. No es fácil que esto ocurra, pero tampoco es imposible. Veamos. En el 2003 hubo necesidad de repetir las elecciones para alcalde de Susa (Cundinamarca) por haberse impuesto el voto en blanco. Otro tanto sucedió en el 2011 respecto al alcalde de Bello (Antioquia). Y ocurre lo mismo con las circunscripciones indígenas en las elecciones que acaban de pasar, en las que el voto en blanco obtuvo amplia ventaja tanto para Senado como para Cámara.

En estas mismas elecciones, el total de votos en blanco para los órganos legislativos llega a 835.000, cifra que debe mover a reflexión. Los votos nulos y los no marcados superan los 2 millones. Entre estos habrá cantidad apreciable de personas que iban a votar en blanco pero se enredaron por la complejidad de los tarjetones, y su voto se perdió.

Debe saberse que el voto en blanco es útil dentro de la democracia. Sirve para llamar la atención, para poner el dedo en la llaga. Existe hoy en Colombia fuerte repudio por la clase política. La gente está cansada con tanta corrupción, con tanta impunidad. A mañana y tarde se destapan nuevos y monstruosos negociados. Algunos políticos ya están en la cárcel, y para otros se activan los respectivos juicios. El imperio de los ´Ñoños´, los Musas Besaile, Oneida Pinto, etcétera, es pavoroso. Como si fuera poco, varios de los candidatos cuestionados consiguieron curules el domingo pasado.

Este mismo panorama existía en 1998, y el entonces presidente del Congreso, Fabio Valencia Cossio, pronunció esta frase que hizo carrera: “O cambiamos o nos cambian”. ¿Qué ha sucedido en los 20 años siguientes? Que ni cambiaron ni los cambiaron. El desprestigio político en nada ha cambiado. Así define la situación Fernando Cepeda Ulloa: “Lo que asombra es la indiferencia de los partidos políticos frente a los temas más candentes de la política nacional. Es un vacío aterrador”.

Entiéndase que los 835.000 votos en blanco (más los que se perdieron en los laberintos de los cartelones mal elaborados) son una protesta por este terrible estado de descomposición que nadie logra enderezar. Esta cifra es superior a los votos por el Polo Democrático. Guillermo Perry, en su columna El último tren, en la que se traslada a lo que podría acontecer en la segunda vuelta de la elección presidencial si ninguno de los dos candidatos satisface las  esperanzas, dice que “la opción sería votar en blanco para expresar nuestra inconformidad ante semejante disyuntiva”.

El Espectador, Bogotá, 16-III-2018.
Eje 21, Manizales, 16-III-2018.
La Crónica del Quindío, Armenia, 18-III-2018.

Comentarios

A los políticos no les conviene que la gente vote en blanco. Hay muchos motivos que ahora no voy a comentar, y  este es uno de ellos: prefieren la abstención porque esta no los perjudica; mientras menos votantes haya, para ellos es más fácil manipular a esa gente. Édgar Victoria González, Cali.

Me alegró mucho leer su columna del pasado sábado en El Espectador, pues pude evidenciar que no estoy solo «pensando con el deseo» al considerar que la única salida política que en la actual coyuntura puede sacar al país del atasco en que lo tienen los políticos que, sin sonrojarse, separan la ética de la política, es una masiva votación en blanco en las próximas elecciones.  Carlos Alfonso Velásquez Romero, Bogotá.    

Mucha gente prefiere votar «por el menos pior» y con esto se le hace más perjuicio a la democracia, teniendo el poder del voto en blanco, y si lo utilizáramos para nuestro beneficio, con él podríamos sacar a los ineptos y corruptos, pero tenemos que hacerlo en masa y que sea mayoría. Jesús Escobar (correo a La Crónica del Quindío).

Creo más, como forma de protesta, en la abstención que por lo general siempre es mayoría, permitiendo que sea la minoría la que casi siempre elige (elegimos) a los gobernantes. Pero me pregunto: ¿Por qué no se ha decretado que si la abstención obtiene el 50% más uno, se deberían repetir las votaciones y cambiar de candidatos? ¿O por qué no han decretado el voto obligatorio? Nuestro sistema electoral es imperfecto y nuestros ladinos políticos nunca optarían por una reforma con los dos puntos anotados, pues peligraría su sempiterna reelección. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Con todo respeto, me permito sugerirle utilizar sus dones creativos con la pluma en otro tema que no sea el de la política. En Colombia, eso es tiempo muerto. Cuando uno mira allí, las ruinas de la política (politiquería), como al Jeremías bíblico, le dan ganas de llorar. Jorge Rafael Mora Forero, colombiano residente en Estados Unidos.

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El candidato de la paz

miércoles, 29 de noviembre de 2017 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

 Hay un hecho significativo en el triunfo de Humberto de la Calle en la consulta liberal: sin contar con maquinaria política, derrotó al que sí la tenía, Juan Fernando Cristo. Ganó el voto de opinión. Con esto se pone de presente que el país rechaza el clientelismo que encarnaba el candidato cucuteño. Frente a tan precaria votación (el 2,12 por ciento del censo electoral), los partidos políticos están en el peor momento de su extinción paulatina, que viene de muchos años atrás.

La gente se ha desencantado de los partidos porque dejaron de dar respuesta a las ingentes necesidades que agobian a la población. Y no cree en los políticos en razón de la inoperancia y la corrupción que los dominan, no a todos, justo es decirlo, pero sí a buena parte de ellos. Triste realidad en un país que registra uno de los índices más pronunciados de inequidad en el mundo entero, y que por eso mismo reclama medidas prontas y eficaces de redención social.

De la Calle posee condiciones especiales para marcar otro tipo de liderazgo en el momento actual que vive Colombia. Su brillante carrera en la vida pública le confiere vasto conocimiento del país. Ha sido registrador nacional del Estado Civil, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, designado presidencial, vicepresidente de la República, dos veces ministro, magistrado de la Corte Suprema de Justicia, embajador ante la OEA, jefe del equipo negociador en el proceso de la paz. Este largo recorrido, junto con sus virtudes personales de probidad y sabiduría, le otorga el título de estadista.

Como abanderado de la paz, misión que con lujo de competencia y con enorme sacrificio de su vida profesional y privada cumplió en La Habana durante 4 años,  su papel fue decisivo para lograr el acuerdo final, tras intensas y a veces ásperas conversaciones.

Colombia le cabe en la cabeza, tanto por su idoneidad en los cargos que ha ejercido, como por su conocimiento sobre el medio siglo de violencia que tanta sangre ha derramado a lo largo y ancho del país, y que deja más de 8 millones de víctimas. A pesar de ello, muchos colombianos se empeñan en desfigurar la realidad y poner cuanto obstáculo encuentran para obstruir el avance de las negociaciones.

La Jurisdicción Especial para la Paz –JEP– está atacada desde diferentes costados, no siempre para incorporar razonables enmiendas, sino con ánimo pugnaz y destructivo. Dice Laura Gil en su columna de El Tiempo del 22 de este mes: “El fallo de la Corte Constitucional, que permitió la introducción de modificaciones a los textos legislativos propuestos por el Gobierno, alteró la razón de ser del fast track”.

No es fácil la tarea a que se enfrenta De la Calle. A la de por sí turbulenta atmósfera que vuelve caótico lo que debe ser manejable, se suma la ola de rumores, tergiversaciones y mentiras que se ponen a circular por las redes. El país está incendiado con la polarización y el estallido de los odios y las ruindades.

No podemos regresar a la guerra. No podemos “hacer trizas” lo pactado. Ojalá, como se propone acometerlo el candidato de la paz, se constituya la gran alianza nacional, por encima de los partidos, que salve a Colombia de caer en el precipicio.

El Espectador, Bogotá, 24-XI-2017.
Eje 21, Manizales, 24-XI-2017.
La Crónica del Quindío, Armenia, 26-XI-2017.

Comentarios

Sin duda, el mejor candidato. Ojalá logre integrar una coalición que pueda imponerse. El país vive un momento muy difícil y requiere de un conductor de su talante y sus cualidades. Gustavo Valencia, Armenia.

Estoy con el candidato de la paz. Pero, con gran temor, me pregunto si en un espacio político tan degradado por la corrupción, el odio y el cinismo tenga cabida un candidato decente y capaz de administrar el Estado en forma honesta. Me parece que estas virtudes van a jugar en su contra. Ya sabemos que una característica de la situación colombiana es que nunca toca fondo. Jorge Rafael Mora Forero, colombiano residente en Estados Unidos.

Creemos varios amigos que De la Calle es quien mejor puede gobernar en esta hora. Uribe estuvo en Europa diciendo que estábamos peor que el castrochavismo y allá le están creyendo. Alberto Gómez Aristizábal, Cali.

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