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Una pausa necesaria

sábado, 25 de enero de 2014

Por: Gustavo Páez Escobar

Cumplo 43 años de actividad periodística. Según Albert Camus, “el periodismo es el oficio más bello del mundo”. Gabriel García Márquez, periodista por excelencia, ha repetido esta frase en infinidad de ocasiones, hasta el punto de que muchos la consideran de su autoría. Pero fue Camus quien primero la pronunció.

En 1971 tuve la suerte de ver publicado mi primer escrito en las páginas de El Espectador. Lo envié al diario como la persona anónima que era en el campo del periodismo, y en poco tiempo me hallé con la grata sorpresa de verlo destacado en letras de imprenta. No tenía ninguna vinculación con El Espectador, fuera de ser su lector constante y su ferviente admirador desde buen tiempo atrás.

Me atraía sobremanera la personalidad de don Guillermo Cano, director del diario, como el denodado defensor de la moral pública, autor de brillantes y valerosos editoriales contra la corrupción y los abusos del poder, y periodista a carta cabal. La otra figura era don José Salgar, que en plena adolescencia se había iniciado en tareas elementales del periódico, hasta conquistar, a base de esfuerzo, consagración y aptitud a toda prueba, el cargo de subdirector.

Ellos fueron mis maestros y mecenas, y a ellos debo mi ingreso a El Espectador, que por aquellos días era el periódico más leído del país. Con el correr del tiempo, mis escritos, tanto los de opinión en las ediciones corrientes, como los de tipo literario en el Magazín Dominical, se fueron multiplicando bajo el impulso de una clara vocación que no ha tenido eclipse. Mi cosecha periodística está representada en más de 1.800 artículos, recogidos todos en mi página web.

Tras la muerte de don Guillermo, muchos vaivenes y nubarrones surgieron en la vida del diario, hasta el día de hoy, cuando el capital ya no es de la familia Cano, pero sí su director, don Fidel Cano Correa, bisnieto del fundador. Y continúa la lucha por las ideas y la preservación de los principios tutelares. Con justo orgullo me precio de ser uno de los pocos colaboradores antiguos que quedamos de los tiempos gloriosos en que escribí mi primer artículo de prensa. He sido, además, columnista de otros diarios. Hoy lo soy de La Crónica del Quindío, dirigida por Miguel Ángel Rojas Arias, y de Eje 21 de Manizales, cuyos directores son Orlando Cadavid Correa y Evelio Giraldo Ospina.

A todos ellos expreso mi sentida gratitud por la acogida y el estímulo que me han dispensado. Y a ellos, lo mismo que a mis pacientes lectores, les pido permiso para suspender esta columna durante algún tiempo –que no sé cuánto se prolongará–, mientras adelanto un trabajo literario que me exige mucha dedicación. Cumplida  dicha tarea, espero que la vida me conceda el privilegio de regresar al oficio más bello del mundo.

El Espectador, Bogotá, 20-I-2014.
Eje 21, Manizales, 17-I-2014.
La Crónica del Quindío, Armenia, 18-I-2014.

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Comentarios:

Tu retiro temporal no es buena noticia. Habías acostumbrado al país de lectores, yo entre los más constantes, a unas extraordinarias referencias estéticas en El Espectador y a sentar posiciones éticas muy necesarias para la época que sufrimos. En la última época, tus artículos de los sábados servían de inspiración a muchas reflexiones que tuve ocasión de transmitirte. Sabías encontrar el punto exacto del debate no resuelto y aportabas tu genuina contribución a su esclarecimiento. La buena noticia es que te dedicarás a producir un trabajo literario de largo aliento que, seguramente, será tan interesante como la obra que hasta ahora has construido con sindéresis y elegancia. Alpher Rojas, Bogotá.

Es una lástima que, como dicen los muchachos de ahora, no puedas caminar y mascar chicle al mismo tiempo, pero solo cada quien sabe hasta dónde puede y cuánto le quita o interrumpe hacer una columna. Gustavo Álvarez Gardeazábal, Tuluá.

Nos privas de un deleite intelectual producto de un hombre talentoso como tú. Espero que esa pausa sea corta, pues cada vez que dejamos de leer algo importante como lo que tú escribes, sentimos que nuestra mente se ilumina menos. Eduardo Durán Gómez, Bogotá.

Con cierto cupo de envidia por haber logrado el milagro de esconderte al mundo para disfrutar de los objetivos literarios, te entiendo. Éxitos. Jaime Lopera Gutiérrez, Armenia.

Me parece muy bien que decida una pausa para dedicarse a un proyecto literario, que intuyo sea un interesante libro. Me hará falta leer su columna, pero deseo que su ausencia temporal no menoscabe la comunicación que tenemos. Gustavo Valencia García. Armenia.

Lo vamos a extrañar mucho. No tengo idea de la obra literaria que emprenderá, pero imagino que debe ser de real importancia, para desprenderse al menos temporalmente de sus seguidores que no somos pocos. Luis Quijano, colombiano residente en Estados Unidos.

Quienes hemos tenido el privilegio de disfrutar tu obra periodística y el orgullo de haber participado (así sea breve y modestamente) en la difusión de tu labor literaria, debemos expresar nuestro agradecimiento. Quienes compartimos nuestros días juveniles con Guillermo Cano y hombro a hombro trabajamos con el Mono Salgar, celebramos tu reconocimiento. Luis Carlos Adames, Bogotá.

Me hará falta tu columna semanal, pero quedo con la inquietud de la espera para conocer tu nueva tarea literaria. Te deseo que este camino lo sigas disfrutando como estos cuarenta y tantos años de vida literaria. Marta Nalús Feres, Bogotá.

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