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Mundo curioso (3)

martes, 22 de junio de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

En la tercera entrega de casos curiosos que ocurren en el mundo, destaco, en el campo femenino, dos sucesos memorables que recoge El Tiempo en su sección Hace 100, 50 y 25 años, de la que soy asiduo lector.

(12/05/1917). Hace un siglo existía en el estado norteamericano de Nueva Jersey un club femenino que ofrecía la “cátedra de sonrisas”, dedicada a enseñar la más dulce y efectiva manera de sonreír, como camino para triunfar en las batallas de la vida. Cabe pensar que el número de mujeres asistentes era numeroso, atraídas por la tentación de cultivar el eterno hechizo femenino que seduce al hombre en la senda del amor y abre las puertas del trabajo y los negocios.

Es usual enseñar  buenas maneras, glamur, encanto sensual, pero no he sabido de ninguna academia especializada en el arte de la sonrisa. Por cierto, buena faltan nos hace hoy sonreír, cuando la acidez de la vida es tan atosigante y al género humano se le olvidó que el éxito puede provenir de una sonrisa franca, un porte amable, un gesto de urbanidad y conquista.

(25/7/1967). La noticia viene ahora de Pereira, que se ha distinguido por sus lindas mujeres. Y la protagoniza Cástor Jaramillo Arrubla, exministro de Trabajo de Rojas Pinilla y primer gobernador de Risaralda. Cuando en 1967 llegó a este cargo, tenía 54 años de edad, estaba casado, era padre de cuatro hijos y, para mayor precisión, era “católico, apostólico y romano”, como con picante malicia lo define el periódico. Pasó a la historia no solo como el fundador de Risaralda, sino que miraba con buenos ojos la aparición de la minifalda en las dependencias de la gobernación.

En tales condiciones, le hubiera correspondido vetar esta revolución de la moda, pero optó por el silencio permisivo, es decir, por la complacencia. Así, se convirtió en el padre de la provocación. A partir de entonces, las bellas mujeres de Pereira se vieron mucho más hermosas y seductoras, sin importarle al mandatario las críticas que le llovieron de dirigentes políticos, de jóvenes señoras y de matronas del siglo pasado. Todo un chaparrón se le vino encima, pero Cástor Jaramillo no dio el brazo a torcer y en poco tiempo se impuso el ícono de la minifalda como uno de los más perdurables y perturbadores de la época.

¿Sabe usted por qué se le llama minifalda, y también mini, en su abreviatura? ¿Por la cortedad de la tela? Si así piensa, está equivocado. Esta prenda, incitante de los sentidos, y que no siempre agrega encanto –pues no todas las piernas están hechas para seducir–, fue inventada por la diseñadora de modas británica Mary Quant, quien se inspiró en el automóvil Mini y creó, en los años 60, esta expresión cultural que daba inicio al movimiento de liberación sexual que poco tiempo después inventó la píldora anticonceptiva. Al llegar el fenómeno a las páginas de la revista Vogue, este grito de la moda repercutió en todo el planeta

A la minifalda se le llama también “la revolución en dos piernas”, y cada cual puede pensar como quiera. Sea como fuere, marcó un momento histórico como sinónimo de libertad, de astucia y creatividad, desafiando cánones y vetos eclesiásticos.

Y fue Cástor Jaramillo Arrubla, hombre de visión y buen gusto, quien desde Pereira, la “querendona”, se adhirió a la idea formidable de Mary Quant, quien así le rendía homenaje al Mini Cooper, con solo subir la falda tradicional unos centímetros arriba de la rodilla.

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El Espectador, Bogotá, 19-VI-2021.
Eje 21, Manizales, 18-VI-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 20-VI-2021.

Comentarios

Este tipo de columnas deberían ser más seguidas: son lecturas amenas que no hacen daño a nadie y distraen mucho. Gracias, señor columnista. Luis Arturo (mensaje a El Espectador).

Muy entretenida columna de quisicosas. Y cómo se ve que a don Cásto…r le vino muy bien su nombre, y que quizá de casto muy poco tenía, y con tan grande progenie dudas no había. Atenas (mensaje a El Espectador).  

Ingenioso episodio para enseñar a sonreír y conquistar el mundo afectivo, laboral y teatral, pues imagino las risas espontáneas y hermosas y las forzadas, innecesarias y ficticias que también se debieron producir. Toda una obra de arte visual y corporal.

En cuando al uso de la minifalda, gran invento que aún atrae a propios y extraños, un verdadero acierto de la «mini», que luce en quien tiene los atributos físicos para llevarla: juventud, buena figura, lindas piernas y estilo propio. Inés Blanco, Bogotá.

Esta vez nos tocó a las mujeres en el mundo curioso con estas simpáticas anécdotas y la manera como visualmente, con una bella sonrisa y mostrando piernas, se abrieron caminos tan cerrados para nuestro sexo. Que vivan las mujeres que más allá de lo físico somos inteligentes y tenemos cualidades que ayudan a mejorar el mundo. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Muy buena tu nota y el elogio a la minifalda, esa hermosa prenda femenina que, como lo anotas, no es para todas las piernas, y sí nos permitió deleitarnos con esas partes corporales tan importantes estéticamente para catalogar la belleza física de nuestras adorables enemigas y alimentar nuestros recónditos pensamientos y deseos. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

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Mundo curioso (2)

martes, 15 de junio de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

(17/9/1918). Todo da a entender que Rodrigo Vela, el enigmático personaje de esta historia, no tenía amigos en sus noches de licor. No se trataba de un ciudadano lunático o buscarruidos, como tanto borrachito insoportable, sino que, por el contrario, se vestía con compostura y era correcto en los modales. También puede pensarse que era un poeta taciturno y romántico, personaje fácil de imaginar en la Bogotá monacal que todavía sentía en sus noches lúgubres el eco del disparo con que Silva, 22 años atrás, se había suicidado.

Rodrigo llegó aquella noche al bar Árabe, en el centro de la ciudad, acompañado de Jalisco, su garboso y fiel pastor alemán, y buscó una mesa para los dos. Amo y perro tomaban a la par, y entre trago y trago, Rodrigo le contaba sus confidencias a su mascota.

Cuando la comisaría lo citó para responder por el escándalo y los daños que el perro, excedido de copas, había causado en el bar, se presentó de inmediato a la autoridad, escuchó los cargos y aceptó su culpa como todo un caballero (el perfecto cachaco o rolo bogotano). Iba acompañado por su mejor amigo, su inseparable Jalisco, que en medio de la resaca lo miraba con ojos traviesos y le batía la cola. Y abandonaron la comisaría como si nada hubiera sucedido.

(7/3/1967). El circo Atayde, de Méjico, se desplazaba a Colombia con su caravana de payasos, magos, acróbatas, bailarinas y animales amaestrados. Cuenta la noticia que el león africano Yoyo cayó en desgracia: pasó por otros circos de inferior categoría y se salvó de un naufragio. Más tarde tuvo la suerte de llegar al zoológico de Pereira, donde fue recibido con vítores. Su sociabilidad, soberbia melena y oros poderosos atributos estimularon las ansias de las leonas, pero él solo puso los ojos en la más atractiva y sexi de la manada.

No fue fácil la conquista, ya que la pretendida tenía pareja. Sin embargo, no demoró en caer en sus redes. Dicha que duró poco, pues Yoyo descubrió que su favorita le era infiel. La ingrata no accedió a volver a su lado, y él se creyó el más miserable de los leones. Se le veía triste y abatido. Como consecuencia, lo atacó la depresión y murió de un infarto. El corazón le puso término a este amor trágico.

(8/4/1995). ¡Ah, las ratas de París! Pero no cualquier clase de ratas, sino unos voraces roedores –de cuerpo alargado, horrible hocico, mirada diabólica e ímpetu destructor– que invadían las calles, las casas y las alcantarillas. Se calculó que su número pasaba de seis millones en el casco urbano, sin contar los suburbios. Y habían acabado con la tranquilidad de la ciudad. Se trataba, nada menos, que de la rata noruega, de sanguinario instinto. Esta historia hace recordar el mar de ratas enfurecidas que se agita en la novela El pájaro pintado, de Jerzy Kosinski.

La Ciudad Luz acabó al fin con esta pesadilla, invirtiendo cifras millonarias. Escena similar se vivió en Colombia cuando el médico Tulio Bayer era secretario de Salud de Manizales. Allí se sufrió la misma invasión de ratas noruegas, con iguales efectos desastrosos. Ante dicha calamidad, Tulio Bayer, hombre genial, ofreció un billete de baja cuantía por rata muerta. Los muchachos, sobre todo, gozaban cazando al enemigo común. El ataque a la plaga se volvió una diversión. En pocos días, no quedaba una sola rata viva en Manizales, y el costo de la operación había sido mínimo.

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El Espectador, Bogotá, 8-VI-2021.
Eje 21, Manizales, 7-VI-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 9-VI-2021.

Comentarios 

Yo, que amo los animales, sentí gran placer e hilaridad leyendo esta columna. La historia de Rodrigo y su perro Jalisco, que toma trago como su dueño, solo podría haber ocurrido en esa época. Menos mal que después del escándalo, uno y otro salieron libres, sanos y salvos. Una confirmación más de que el perro es el más fiel amigo del hombre. La historia amorosa del león tiene el valor, en primer lugar, de haber sido rescatado de las «garras» de un circo, y luego vienen su enamoramiento fallido y la tristeza de su muerte por abandono sentimental. Genial. La invasión de ratas en Manizales tuvo un final feliz gracias al buen juicio del doctor Tulio Bayer, pues los jóvenes las exterminaron por la dádiva… Como diría mi abuela: «Por el collar, baila el perro».

Tulio Bayer era un genio. Gustavo Álvarez Gardeazábal, Tuluá.

La información y la creatividad hacen grata la columna. Con el episodio de las ratas recordé la novela La peste, de Camus. Recuerda que las ratas contagiaron a la población de Orán. Esperanza Jaramillo, Armenia.

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Mundo curioso (1)

martes, 25 de mayo de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Soy asiduo lector de la sección en la que El Tiempo recuerda algunos hechos ocurridos hace 100, 50 y 25 años. Allí se encuentra desde el suceso histórico hasta la noticia ligera, la frívola o la jocosa. Es un ágil recorrido por el tiempo, que el periódico entrega a diario para ilustración o simple diversión de los lectores. Esta lectura constante me ha permitido establecer que muchos de los sucesos actuales son los mismos, con otro matiz, que ocurrieron en otras épocas.

Un día me dio por guardar algunas de esas noticias con la intención de ventilarlas más tarde en mi propio espacio periodístico, para darme con mis lectores un viaje por el pasado, como una manera de recrear la vida. A partir de la presente entrega traeré a cuento varios casos curiosos, entreverándolos con mis notas habituales. Al principio de cada caso anotaré la fecha en que ocurrió el suceso.

(6/03/1917). El cura de El Espinal, Tolima, dispuso que los agentes de la policía tenían que confesarse. El único que no lo hizo fue Julio César Vásquez, motivo que dio lugar a que el director general de la Policía ordenara su arresto. Pero ni aun así se logró que el agente llegara al confesionario. A la postre, su familia intervino para que le dieran la baja.

¿Qué secreto guardaba Vásquez para negarse a la confesión? ¿Algún hecho grave que temía revelar? ¿Algún lío de faldas que no tenía por qué contarle al clérigo? Al preferir el arresto, el agente demostró sin duda que era hombre valiente en aquella  época manejada por el fanatismo religioso. El mando policivo cometió un abuso de autoridad, pero esa era la norma del día. ¿Qué tal que a los miembros del Esmad, que han cometido desmanes en el paro actual, se les ordenara confesar sus culpas?

(11/10/1968). El único peluquero que había en el pequeño municipio de Puerto Inírida, Guainía, resolvió marcharse en busca de nuevos horizontes. Mientras llegaba otro peluquero, los vecinos se volvieron melenudos. Es lo que ocurre en la pandemia actual, en la que no solo ha crecido el cabello con apabullante velocidad, sino que muchos hombres han optado por dejarse crecer la barba, sin importarles volverse viejos antes de tiempo. Resulta fácil presumir que el nuevo peluquero de Puerto Inírida hizo su agosto desmontando las montañas de pelo acumulado, una fórmula de regeneración y vitalidad que hoy esperan los habitantes de Colombia.

(29/09/1993). Feliz se ve el presidente César Gaviria, de 46 años, acompañado de Ana Milena, su esposa, y del actor Anthony Quinn. Menos de un año le faltaba para concluir su mandato, en el que había afrontado serias dificultades, como el enfrentamiento contra los narcotraficantes, la apertura económica y la crisis energética. Así las cosas, se había ido a echarse una cana al aire en el restaurante Nanis de Nueva York, donde cantó rancheras y bailó el trencito rodeado de la aclamación de los asistentes.

Hoy, a los 74 años, ya no canta rancheras, pero sigue en el trencito –mejor, en el tren del Partido Liberal, del que es presidente–. Es ya una maquinaria obsoleta, pero él lucha por que no pierda la fuerza para subir la pendiente. Como el paso del tiempo trae olvidos, ya pocos se acuerdan de aquellos momentos de euforia, con gritos a lo mariachi, que hoy evoca con nostalgia. Y no quiere bajarse del tren de la política, aunque ha tenido que hacer paradas para tomar aliento.

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El Espectador, Bogotá, 22-V-2021.
Eje 21, Manizales, 21-V-2021.
La Crónica, Armenia, 23-V-2021.

Comentarios

Simpática idea de recrear, con base en datos de El Tiempo, hechos curiosos que sucedieron hace muchos años. Un toque de humor nos cae de maravilla. Como diría mi abuela: entre chiste y chanza vamos contando verdades. Inés Blanco, Bogotá.

Curiosa columna en un mundo que ya no es tan curioso. Gustavo Álvarez Gardeazábal, Tuluá. 

Yo también leo diariamente la sección de El Tiempo en la que con sorpresa se encuentran situaciones de hace 100 años, por ejemplo, que se repiten actualmente con tozudez. Es ilustrativa. Se me hizo muy curiosa tu divertida nota de hoy, pues no es usual que deslices en tus escritos esos brotes amenos de buen humor. Eduardo Lozano Torres, Bogotá. 

Respuesta. Hace ya buenos años escribí en El Espectador la columna Humor a la quindiana, así bautizada por el periódico después de haberle enviado varios artículos sazonados con sal y pimienta. Y tuvo buena acogida. En mi página web tengo abierta la sección titulada Humor, donde recojo aquellos y otros artículos. Gustavo Páez Escobar

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Cartas a Antonia

jueves, 13 de mayo de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Cuando Alfredo Molano Bravo falleció, era uno de los 11 comisionados de la Verdad, entidad constituida dentro del Acuerdo de Paz suscrito en La Habana. Se trataba de uno de los colombianos con mayor conocimiento sobre el conflicto armado y la perturbación de la vida campesina, y que podía, por lo tanto, aportar muchas luces para esclarecer lo que había sucedido en Colombia durante más de medio siglo de violencia.

Como sociólogo, periodista y escritor fue un crítico vehemente de los desastres de la guerra y la desidia de gobernantes y políticos para obtener reales medidas de solución social. En tal carácter, se dedicó a conocer la entraña del conflicto armado mediante entrevistas con diversos colombianos residentes en todos los confines del país.

Era un viajero impenitente que a bordo de su campero se desplazaba por la geografía colombiana, provisto de libros, libretas de apuntes y pocos atuendos personales, y recorría a pie los sitios más remotos y abruptos, siempre con el afán de dialogar con la gente y entender sus problemas. Cuando murió, quedaron 126 pares de tenis, según cuenta su hijo Alfredo. Y dejó publicados 27 libros, otro de relatos sin concluir y 3 más sin editar. En ellos está el testimonio de toda una vida de estudio, análisis, denuncia y protesta social.

Entendió las angustias del campesino, los despojos de la tierra y la injusticia con que siempre se le ha tratado. Supo que las guerrillas nacieron como un método de defensa contra los terratenientes y los políticos usurpadores, si bien con el tiempo surgió en los guerrilleros el apetito de riqueza con los narcóticos y desfiguraron su causa. Todo esto comenzó a relatarlo como periodista estrella de El Espectador, y después lo plasmó en sus libros. Sufrió el destierro, y nunca se apartó de la verdad. Su labor le mereció el Premio Nacional de Periodismo y el título de doctor honoris causa de la Universidad Nacional.

Cartas a Antonia es su libro póstumo, editado por Aguilar en agosto de 2020. Lleva el prólogo de su hijo Alfredo y la enternecedora imagen de su nieta Antonia, la adoración de su vida, quien desde niña lo acompañó en muchas de sus correrías, recibió sus enseñanzas, compartió sus penas y alegrías y entendió el sentido de sus luchas. Este libro es un recorrido por Colombia en el que el abuelo lleva de la mano a su nieta, le muestra paisajes y maravillas ecológicas, le señala la miseria humana, le resalta los valores de la vida y le inculca el amor a la patria.

Cuando un día aparecen los primeros síntomas del cáncer, el abuelo presiente que se aproxima el final de la jornada. Pero no pierde la esperanza de sobrevivir. Tiene la valentía de describir por escrito, paso a paso, el proceso de la enfermedad, como si se tratara de una historia clínica. Y siente miedo y confusión ante el tratamiento médico, cada vez más perverso y extenuante. Todo esto se lo narra a su nieta perpleja, ahora ya una adolescente de 14 años que adquirió asombrosa madurez bajo la guía y el cariño de su abuelo.

Alfredo Molano murió en Bogotá el 31 de octubre de 2019, a los 75 años de edad. En el cementerio, Antonia se despidió de él con palabras entrañables y serenas. Y más tarde hizo una evocación del saco rojo que él siempre llevaba puesto: “No me hallo sin ti y solo veo ese saco rojo que abrazo cuando me haces falta”.

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El Espectador, Bogotá, 8-V-2021.
Eje 21, Manizales, 7-V-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 9-V-2021.

Comentarios 

Preciosa remembranza de este soldado de la paz, quien la buscó con ahínco y fue un viajero incansable y conocedor como nadie de las carencias y angustias de las comunidades más pobres de nuestro territorio. La bella relación con su nieta Antonia es hermoso ejemplo de un ser que desborda cariño y afecto en medio de su infatigable labor. Gustavo Valencia García, Armenia.

Excelente libro. Nos lleva por la historia de Colombia, nos permite entender el problema de la tierra, el despojo, la usurpación por parte de los terratenientes, problema vigente y causa de la violencia en el país. La relación con su nieta, llena de ternura; su enfermedad lleva a las lágrimas. Martha (en El Espectador).

Bella semblanza. Todos los libros del señor Molano son hermosos, pero este es el que deja a flor de piel todo el amor que siente por su nieta y la tristeza de morir sin haber terminado la tarea que le había sido encomendada en la Comisión de la Verdad. Ana Celina (en El Espectador).

Su majestad el mar

martes, 27 de abril de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Creen los científicos que los océanos tuvieron su origen hace unos 4.000 millones de años y formaron cuatro grandes regiones: los océanos Atlántico, Pacífico, Índico y Ártico, a los que tiempo después se sumó el Austral o Antártico. Este conjunto de océanos, constituido por agua salada, cubre más del 70 % de la superficie terrestre y suministra el 50 % del oxígeno del planeta. Y ha dado en llamarse mar, mar a secas, en forma genérica. Expresado en solo tres letras, el mar es tan colosal que la mente no puede entender ni su proporción, ni su edad ni su enigma. No se trata, por supuesto, de una criatura común, sino de un soberano todopoderoso. Puede asemejarse a Poseidón, el dios del mar en la mitología griega.

Se le atribuyen poderes fantásticos, y también pavorosos, dependiendo del lado por donde se mire. El mar –nombre mágico– es el mayor estremecimiento y la mayor fascinación del mundo. Desde niño, al hombre se le enseña a verlo como una fantasía, como un encanto abismal. Los ojos del entendimiento no logran penetrar en su misterio. Es una deidad masculina, pero los poetas y los marinos se han dado la licencia de convertir la palabra en femenina –la mar–, para proclamar su embeleso y perplejidad frente a la magia de las olas.

Sin el mar no habría vida en la Tierra. Es el gran dispensador de nutrientes, energía renovable, minerales y medicamentos. Además, el paraíso de los peces, los mariscos, los calamares e infinidad de especies. El 80 % de los seres vivos del planeta habita en el mar. La gente que mora en los alrededores busca en sus aguas el alimento cotidiano.

El 90 % del comercio internacional se moviliza por mar. Al mismo tiempo, grandes contrabandos de mercancías y otros elementos ilícitos, como los alucinógenos, toman esta vía clandestina en la que unas veces caen en manos de las autoridades y otras se evaporan mediante el pago de sobornos o el poder de las armas. Riquezas mal habidas, fraudes, escapes de la justicia, en un horizonte marcado por la vastedad de las aguas y el embrujo de la naturaleza, transitan desafiantes por todos los mares del mundo.

El mar es fuente de vida y también campo propicio para el delito. Es un portento de la belleza y un escenario del crimen. Como el hombre viola de mil maneras este patrimonio de la humanidad, el mar se enfurece contra la perversidad del hombre. La contaminación marina es el gran reto de la hora. Se calcula que hay más de 5 billones de partículas de plástico, con un peso total de 250.000 toneladas, que flotan por el mar. Ese plástico es el que se arroja a cada momento en las calles o en las canecas y que las industrias fabrican sin medida ni respeto por el medio ambiente.

La respuesta del mar así agredido son las tormentas, los huracanes y los ciclones. En Colombia, el huracán Iota destruyó en 10 horas, en noviembre del 2020, la isla de Providencia. Era algo impensado. Un huracán nunca había producido semejante desastre ni había llegado con el ímpetu con que Iota lo hizo. En todos los confines del mundo suceden a diario catástrofes devastadoras causadas por la furia del mar. Sin embargo, los gobiernos, las empresas y los habitantes no toman conciencia de que es necesario, para la conservación del planeta y de la propia vida, adoptar medidas drásticas para salvarnos en medio de la insensatez universal.

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El Espectador, Bogotá, 24-IV-2021.
Eje 21, Manizales, 23-IV-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 25-IV-2021.
Aristos Internacional, Alicante, España, abril/2021.

Comentarios 

A pesar de los avances científicos y tecnológicos aún se desconoce mucho de ese gigante enigmático y hermoso. Una prueba de ello es que cada año se descubren nuevas especies animales que quién sabe en dónde estuvieron resguardadas durante todos los siglos que han pasado. También, formas vivas de vegetales. Y no se sabe cuántos restos de naufragios están bajo sus aguas. Muchos siglos transcurrieron durante los cuales la navegación fue la única vía de intercambio comercial a gran escala de los fenicios, egipcios, griegos, romanos, cartagineses, etc. Y cuántos hombres guerreros no han encontrado su tumba en aguas del mar. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Es una lástima que estos clamores no son escuchados por quienes podrían asumir soluciones a su  permanente deterioro. Gustavo Valencia García, Armenia.

El mar es vida. Recuerda la ilusión que sentíamos de niños cuando nuestros padres nos decían que íbamos a conocer el mar. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

La columna retrata ese bello monstruo, amado y temido. De él vivimos, y lo crucificamos, y cuando se rebela y reclama sus derechos, es implacable. Inés Blanco, Bogotá.

¡Nada más femenino que la mar! Es por eso que hablamos de la marea y no del mareo; es por eso que la mar simboliza a Yemayá como dueña de la mar, y en el fondo de la mar vive Olokun, otra deidad femenina que simboliza el poder destructor de la mar. Liliana (en El Espectador). (Nota del columnista. Leo en Wikipedia que Olokun, una de las deidades de la religión yoruba, “es andrógino, lo mismo hombre que mujer”). 

Gracias por la columna. Es bueno invitar a leer al poeta del mar, Rafael Alberti: «Marinerito delgado… Te fuiste, marinerito, en una noche lunada, ¡tan alegre, tan bonito, cantando, a la mar salada!….” Pedro Juan (en El Espectador).