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La traición a los pensionados

Jueves, 28 de abril de 2016 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En columna del 27 de febrero de 2015 en El Nuevo Siglo, Edmundo López Gómez reveló que el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, no solo se oponía al proyecto de reducir del 12 al 4 por ciento la cotización de salud de los pensionados, sino que, según informantes suyos, “se salió de los trapos para amenazar con su renuncia si el Congreso aprobaba la nivelación para la salud”.

El ministro se ha convertido en enemigo frontal de los pensionados, al tiempo que el presidente Santos, tal vez temeroso de perder a su colaborador estrella, en quien tiene puestas todas sus complacencias, no se atreve a contradecirlo. Si le lleva la contraria, tal vez abandona el puesto, y “el palo no está para cucharas”.

Mientras tanto, la promesa de Santos en la pasada campaña presidencial se quedó en el aire, y a ella no ha vuelto a hacer alusión alguna. Oigamos sus palabras: “Sé que un anhelo de todos los pensionados es que se reduzca la contribución a la salud. Hay un proyecto de ley en el Congreso de la República, y yo voy a respaldar ese proyecto de ley. Ustedes han sido las víctimas de un sistema lleno de dificultades, de burocracias, inclusive de corrupción”.

Por segunda vez, el ministro de la plata busca que se hunda el proyecto, alegando falta de sostenibilidad en las cifras del Estado. La socorrida frase vuelve a causar destrozos en la etapa final. Ha habido plata para otras cosas, pero no la hay para la justa causa de los pensionados.

Logra el ministro, como parece ocurrir, que algunos parlamentarios respalden su posición mediante dos artimañas de bajo calibre: buen número de ellos se declaró impedido para votar, alegando que tienen parientes pensionados (¿quién no los tiene?), y otros abandonaron la sesión para no comprometerse y desbaratar el cuórum. Esta actitud de marionetas es la que desdora el ejercicio parlamentario, que anda tan de capa caída.

¿Dónde está el Presidente?, es la pregunta que cabe formular ante semejante desafuero. Los jubilados lo saben: el Presidente no está. Estaba cuando necesitaba sus votos. Incumple su palabra con la mayor frescura para permitir que el ministro maneje el caso a su acomodo. Esta falta de carácter y de sensibilidad social lleva consigo un lastre que no hemos podido quitarnos de encima: ser Colombia uno de los países más inequitativos del mundo.

Incumplir la palabra oficial se volvió costumbre de moda. En las campañas todo se promete, y en la realidad se saca el cuerpo, y no responde el mandatario, en casos como este donde se sacrifica el interés social por conveniencias de otra índole.

Esto sucedió con la eliminación del impuesto del 4 por 1.000, que debía desmontarse  de la siguiente manera: en el 2011 y 2012, 3 por 1.000; 2013 y 2014, 2 por mil; 2015, 1 por mil; 2016, cero. ¿Y qué ha sucedido? Que la tarifa continúa intacta. En junio de 2010, el candidato Santos, enfrentado a Mockus, le manifestó: “Le puedo firmar sobre piedra o mármol, si es necesario, que no voy a incrementar las tarifas de los impuestos durante mi gobierno”.

¿Qué tal que hubiera firmado sobre piedra o sobre mármol? Hoy camina la reforma tributaria que les dará una dentellada a todos los bolsillos, y que en el caso de los pensionados (como si fuera poco) se pretende implantar una tarifa de retención en la fuente.

En contraste con lo que sucede en Colombia con este gremio, en Panamá la ley 6 de junio de 1987 (que ha tenido varias mejoras a través del tiempo) contempla grandes beneficios para los pensionados, consistentes, sobre todo, en descuentos para actos de la vida corriente, como las tarifas de transporte (incluso los aviones), los hoteles, la recreación, las farmacias, los costos financieros, los servicios públicos, la tasa de valorización del inmueble familiar.

Pero no estamos en Panamá, sino en Colombia. Aquí se lucha desde años atrás por una medida de absoluta justicia, y después de las elecciones los oídos se vuelven sordos. Presidente Santos: recupere la credibilidad, que aún es tiempo de rectificar el camino.

escritor@gustavopaezescobar.com

El Espectador, Bogotá, 22-IV-2016.
Eje 21, Manizales, 22-IV-2016.
La Píldora, # 182, Cali, julio de 2016.

* * *

Comentarios

El presidente Santos es un mentiroso profesional; nada lo cumple, nada le importa. Yo he  pensado muchas veces cómo se debería afrontar la toma de cuentas a los mandatarios en nuestro país, porque el engaño ha sido el lugar común. Valdría la pena un debate sobre la legitimidad y la responsabilidad de los gobernantes para que no prometan lo que no pueden cumplir y no incumplan lo que prometen. Hemos caído en la aberración de la democracia y creo que mucha de la culpa es de nosotros mismos que no reaccionamos con visión de Estado. Luis Fernando Jaramillo Arias, Bogotá.

Y eso que el columnista no habló de la traición a los trabajadores en general en la que se convirtió la falsa promesa de Santos de revivir las horas extras y recargos nocturnos a partir de la 6 pm. El asunto quedó en manos del anodino ministro Garzón que ha pasado sin pena ni gloria por el Ministerio del Trabajo. Jhacostar (correo a El Espectador).

Soy uno de los tantos millones de afectados por la traición, los engaños y torpezas del jugador de póker que nos gobierna. Carlos Martínez Vargas, Medellín.

Quien espere que la clase política cumpla con sus promesas es un pobre iluso. En este bello y sacrificado país cuando se adquiere algún cargo público solo se piensa en llenar sus arcas y las de sus allegados. Los demás que hagan fila. Ese es el ejemplo que se le da al puebo. Oscardel (correo a El Espectador).

Si llegan a gravar las pensiones, sería el acto de gobierno más injusto y la ignominia más grande de gobierno alguno. Luis Humberto Sáenz, Bogotá.  

Yo a Santos nunca le he creído. Eso no es obstáculo, sin embargo, para respaldarlo en el proceso de negociaciones que inició y mantiene con las Farc y que será el que lo redima en la posteridad. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

La situación en Panamá efectivamente es otra. Soy ciudadano panameño y allá las cosas son a otro precio con los pensionados: se les respeta, pues fue con el trabajo de ellos que el país se construyó y será con el sudor de los actuales trabajadores con el que el país continuará. Manuel Da Silva Melo, Bogotá.

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Ministros renuentes

Lunes, 9 de marzo de 2015 Comments off

 

Por: Gustavo Páez Escobar

El exministro y exparlamentario Edmundo López Gómez se refiere en su artículo del pasado 27 de febrero en El Nuevo Siglo al proyecto de disminuir la cotización de salud de los pensionados del 12% al 4%, para nivelarla, como es de elemental justicia, con la cifra que pagan los trabajadores activos.

Esta vieja aspiración de los pensionados había logrado un avance, casi definitivo, con el proyecto de ley 183 de 2014, liderado por el exministro de Trabajo Rafael Pardo, el que fue aprobado en primera instancia por la Comisión Séptima de la Cámara de Representantes en mayo de 2014. Ya se consideraba ganada la batalla. Pero se atravesó el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, con el argumento de que dicho proyecto amenazaba la sostenibilidad fiscal.

En la campaña presidencial, el presidente Santos les habló así a los pensionados: “Hay un proyecto de ley en el Congreso de la República, y yo voy a aprobar ese proyecto de ley. Ustedes han sido las víctimas de un sistema lleno de dificultades, de burocracias, inclusive de corrupción”.

Y el aspirante a la Vicepresidencia, Germán Vargas, fue enfático en afirmar: “No hay derecho y no puede ser que cualquier trabajador colombiano esté cotizando en materia de salud el 4% y los jubilados el 12%. Vamos a unificar el régimen para que los jubilados coticen en igualdad de condiciones a como lo hacen todos los trabajadores del país”.

La decisión gubernamental, sumada al ambiente parlamentario, favorecía el trámite de la ley 183, pero no se contaba con la obstinada oposición del ministro Cárdenas. Él anteponía el afán fiscalista a la justicia social. El vicepresidente Vargas, que ha debido ejercer un papel fundamental, prefirió olvidarse de sus palabras promisorias en los días de la campaña.

El nuevo ministro de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, reconocido exlíder sindical, se fue por el camino cómodo de no indisponerse con el jefe de las finanzas, y en lugar de abogar por la causa de los pensionados (que debería ser una de sus banderas  en el ministerio), se convirtió en invitado de piedra, que ni opina, ni muestra el carácter de su alta investidura, ni da la pelea que debe dar. Ambos ministros se han comportado como enemigos de los pensionados.

Edmundo López hace esta revelación de suma gravedad: según informantes suyos, el ministro Mauricio Cárdenas “se salió de los trapos para amenazar con su renuncia si el Congreso aprobaba la nivelación de los aportes para la salud”. Por lo visto, este anuncio fue suficiente para congelar el proyecto de ley.

¿Dónde queda la palabra del Presidente? ¿Y la del Vicepresidente? Desconcierta saber que vale más un ministro prepotente que el propio Presidente, que en este caso ha terminado tolerando la voluntad de su ministro y guarda silencio frente a sus ofertas de la campaña presidencial. Increíble que esto suceda. Los ministros deben ser leales con el Presidente, y si no comparten sus órdenes, deben dejar sus cargos. Es lo que pide el columnista López Gómez dentro de este deplorable capítulo de la farsa nacional: que renuncien los ministros de Hacienda y de Trabajo.

En cuanto a la tesis de la “sostenibilidad fiscal”, olvida el ministro que ese argumento no tiene validez, por cuanto viola lo consagrado en el acto legislativo 03 de 2011 (que hace parte, por tanto, de la Constitución), donde se establece: “…bajo ninguna circunstancia, autoridad alguna de naturaleza administrativa, legislativa o judicial, podrá invocar la sostenibilidad fiscal para menoscabar los derechos fundamentales, restringir su alcance o negar su protección efectiva”.

El Espectador, Bogotá, 6-III-2015.
Eje 21, Manizales, 6-III-2015.
La Píldora, n° 175, Cali, abril de 2015.

* * *

Comentarios:

Dos datos que aclaran la relación Santos-Cárdenas: Juan Manuel Santos durante varios años fue el representante por Colombia, en Londres, de eso que llamaban el Pacto Cafetero y Mauricio es hijo de un personaje que como presidente de la Federación de Cafeteros parasitó a los cultivadores durante muchos años. Ese parisitismo congénito es el denominador común de estos señores. Rabil (correo a El Espectador.com)

El ministro de Hacienda es el enemigo de los pensionados de Colombia. Ya es hora de que cancele los veinte millones de dólares que le debe al Estado el doctor Mauricio Cárdenas Santamaría, los cuales le imputó el Consejo de Estado cuando fue ministro de Transporte. Solo así dará buen ejemplo como ministro de Hacienda y aliviará el hueco fiscal del cual tanto habla. Benjamín Herrera.

Poco creo que Garzón vaya a hacer algo por los jubilados en este tema de jugársela por el derecho a la igualdad, sencillamente porque él es pensionado de Ecopetrol y por mandato de la convención colectiva de trabajo la empresa asume el pago de las cotizaciones por salud de los trabajadores activos y los pensionados. orlandotinoco0826 (correo a El Espectador.com).

Ojalá otras voces se unan para que una aspiración más que justa de los pensionados sea tenida en cuenta, pues no se trata de un regalo: se trata de corregir una injusticia que a pesar del insensible ministro Cárdenas no debe ser aceptada, pues la ley así lo determina. ¿Cárdenas es un dictador dentro del gobierno? ¿Hay acaso ministro de Trabajo que nos represente? ¿Dónde quedaron las promesas de campaña de Santos y Vargas? guicama (correo a El Espectador).

El columnista tiene toda la razón. No es posible que este país siga desmemoriado e inequitativo. Santos y Vargas Lleras deshonran la palabra empeñada durante la campaña presidencial. Y la Constitución aparece como letra muerta ante Cárdenas y ante Garzón. Cárdenas pertenece a la casta de los que tienen el poder para joder y Garzón es un traidor. Esta semana lo vimos fungiendo más como vocero de las petroleras que de los trabajadores de Ecopetrol, olvidando que fue presidente de la USO. Agualongo (correo a El Espectador.com).  

Los ministros y el presidente parecen payasos burlándose  de la gente de bien, de los pensionados que ya entregamos al país toda nuestra fuerza laboral y ahora ríen a escondidas y a costa de  todo el gremio respetable de los  jubilados. Y… aquí no pasa nada. Inés Blanco, Bogotá.

Muy bien: hay que cantarles las verdades claras a estos burócratas privilegiados que viven del sudor del pueblo. Jorge Mora Forero, Weston (USA).

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El casco

Miércoles, 28 de enero de 2015 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

El vicepresidente Germán Vargas Lleras anda de casco por todo el país. Aprendió a usarlo como ministro de Vivienda, al liderar con evidente éxito el programa de construcción y entrega de las 100.000 casas gratis ofrecidas a los pobres por el presidente Santos. Y le quedó gustando. Tanto, que ya no se siente bien sin casco, según se lo confiesa a María Isabel Rueda. Ella le hace esta anotación: “A veces hasta creo que duerme con el casco puesto”.

“Mire –responde Vargas Lleras–, a mí me encanta visitar las regiones, ir a las obras, reunirme con la gente, constatar en terreno lo que se avanza y lo que falta, es lo que siempre he hecho. Y lo del casco, que tanta risa le da, también lo convertimos en un símbolo. Ridículo me vería de corrosca o sombrero en las obras, que es donde ahora me la paso”.

El casco, pues, queda instituido como insignia del Gobierno. Lo mismo la paloma de la paz, que con tanto énfasis, y con claro desafío para el expresidente Uribe, ostenta Santos en el ojal de sus sacos. Dudo, sin embargo, que los ministros se matriculen en la moda del casco. Ellos prefieren el vestido de corte inglés, la camisa extrafina, los zapatos de alta etiqueta. ¿Qué necesidad tienen de meterse en el barro? ¿Por qué rebajarse a la condición de obreros, como pretende serlo Vargas Lleras? Asunto de conveniencia, claro está.

Lo que pasa es que los ministros, o la mayoría de ellos, no tienen ambiciones o posibilidades presidenciales. En cambio, Vargas Lleras sí las tiene. Y como las tiene, le luce el casco. Este símbolo dará votos dentro de cuatro años, por qué no. Lo cual no significa que él vaya a parapetarse en un rótulo ficticio. No: él sabe trabajar por el país. Ya lo demostró. Y también por su futuro político.

Con casco, va a enfrentar el reto de las carreteras, del agua potable y de la vivienda popular. Piensa revolucionar el atraso vergonzoso de la infraestructura, concluir  el túnel de La Línea, impulsar las obras de Cuarta Generación, 4 G… Grandes proyectos, con inversiones billonarias, caben en el casco vicepresidencial.

Veo al Vicepresidente muy activo, muy ejecutivo, muy empujador del progreso. El casco le imprime bríos, sin duda. Con él puesto, le da paladas a la transformación social que anuncia. Y que ojalá cumpla. Lo único que lamento, y lamentamos muchos, es que haya olvidado su promesa de hacerle justicia al sector de los pensionados. Oigamos sus propias palabras:

“No hay derecho y no puede ser que cualquier trabajador colombiano esté cotizando en materia de salud el 4% y los jubilados el 12%. Los jubilados en Colombia no tienen ingresos diferentes, por lo que vamos a unificar el régimen para que los pensionados coticen en igualdad de condiciones a como lo hacen todos los trabajadores del país”.

Lindo enunciado. Fue la misma posición del candidato Santos. Ambos, claro, estaban en campaña electoral. Buscaban votos. Ya elegidos, sus palabras se las llevó el viento. Ahora sale el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, como voz cantante del Gobierno (con facultades para mandar y desmandar, lo que no se entiende), a pedir que se archive el proyecto de ley 183 de 2014 que busca corregir la injusticia del régimen pensional.

¿Será que el casco sirve también para no dejar oír la inconformidad popular? ¿Será que el casco hace olvidar con tanta facilidad las promesas electorales? La gente pide que se cumpla la palabra empeñada, y la respuesta se ha hecho esperar. Este símbolo que exhibe por todo el país el vicepresidente Vargas Lleras no debería ser elemento de ilusionismo, y menos de engaño.

El Espectador, Bogotá, 3-X-2014.
Eje 21, Manizales, 3-X-2014.

 * * *

Comentarios:

Increíble que al pensionado, que la gran mayoría es con lo único con que cuenta mes a mes, le vayan a incumplir las promesas de campaña de unificar al 4% el pago por salud. ¿Será que la insensibilidad de nuestro Congreso llegará al punto de archivar un proyecto más que justo y que los pensionados llevan reclamando con todo derecho hace años? Guicama (correo a El Espectador).

Nuestros políticos se ponen cascos, botas y todo lo que necesiten con tal de simpatizar a los electores. ¿Nos hemos preguntado cuánto nos cuesta un congresista?, ¿cuánto nos cuesta sostener a un magistrado?, ¿y cuál es el beneficio para el país por su trabajo? ¡Qué desigualdad tan grande entre el colombiano del común y muchos funcionarios! Dios ayude a esta pobre Colombia adolorida y desigual. Orlando Páez Barón, Bogotá.

Me parece que da usted en el clavo, con su fina ironía, al describir los recorridos del Vicepresidente con un casco en la cabeza, preparando su campaña presidencial. Hace muy bien al citar la promesa que él y Santos hicieron a los pensionados, cuando buscaban, y con mucho afán, sus votos. Como usted dice, este engaño no puede tolerarse. Los pensionados no podemos seguir siendo los “trompos de poner”. Que se quiten no sólo el casco, sino la máscara que les ha permitido llegar  a donde están. El Vicepresidente debe ir  al Congreso y defender lo que él, y el Presidente, prometieron en campaña. En cuanto al ministro Cárdenas, creo que debemos declararlo “persona non grata… ad aeternum“. Jorge Mora Forero, Weston (USA).

Vargas Lleras anda por el país haciendo politiquería ventiada. Quiere que su Cambio Radical sea sólo de nombre para seguir de lado de las élites que tienen sumido a Colombia desde 1819 en sangre y corrupción. Es por eso que se ‘mueve’ tanto, pero en el fondo, muy en su interior, desprecia las manos callosas que estrecha de la gente humilde. Nadie, pero nadie de la aristocracia criolla podrá convencernos de su ‘filantropía’. Demagogia. Agualongo (correo a El Espectador).

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La casa 75.000

Martes, 25 de noviembre de 2014 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Avanza con éxito el programa ofrecido por el presidente Santos de construir 100.000 casas para la gente pobre. En esta ejecución tuvo singular empeño Germán Vargas Lleras como ministro de Vivienda del primer período presidencial. Para el cuatrienio que acaba de iniciarse, el Gobierno anuncia la construcción de 300.000 viviendas más.

Es un empeño plausible y de gran envergadura. Y se espera que tenga cabal ejecución. Pero vendrá la tarea nada fácil de conseguir los recursos, además de la inestabilidad de algunos propósitos gubernamentales. Es aquí donde surge el temor de que esta obra gigante no alcance la meta prometida.

No se trata de una mira pesimista, en modo alguno, sino de una valedera apreciación basada en hechos ciertos ocurridos tras la euforia electoral de meses atrás, hechos que han mostrado otra cara en el terreno de la realidad.

En la campaña presidencial, tanto Juan Manuel Santos como Germán Vargas se comprometieron, con palabras muy claras y muy esperanzadoras para el gremio de los pensionados, a defender el proyecto de ley que busca disminuir del 12% al 4% el aporte para la salud. Ya en marcha el actual Gobierno, se han evaporado las categóricas expresiones de ambos dignatarios.

Quien ha salido a hablar por ellos es el Ministro de Hacienda, que se opone al proyecto de ley con el argumento de que no existe disponibilidad presupuestal. ¿Más adelante el funcionario hará lo mismo respecto a las viviendas populares? Puede suceder, claro está.

Lo mismo sucede con otra oferta de Santos en su primera campaña presidencial: la de desmontar el detestable impuesto del 4 x 1.000. Cuando esto iba a ocurrir, vino la ola invernal del 2010, y para salvar la emergencia se dejó sin efecto lo que el candidato y luego Presidente había ofrecido con tanto énfasis. En el 2013 irrumpió el paro obrero, y para atender el costo de las mejoras otorgadas al sector se sacrificaron los dos puntos del 4 x 1.000 que se iban a recortar en el presupuesto del 2014.

En síntesis, la palabra presidencial ha quedado en el aire, tanto en relación con el  4 x 1.000 (que el país repudia), como con la contribución para el renglón de salud de los pensionados (que no puede ser más descabellada). Por lo tanto, cabe dudar de los recursos que deben arbitrarse en los próximos años para las 300.000 casas restantes. Cuando se pierde la fe en la palabra oficial, muchas cosas se derrumban en el país. Por lo que se ve, el Ministro de Hacienda es quien dice la última palabra. ¿Esto es sensato, es coherente, es comprensible? Desde luego que no.

Hay que celebrar la entrega de la casa 75.000 a Modesta Rivas, mujer azotada por el hambre y la violencia. Justo acto de reparación le hace el Presidente a esta humilde y desamparada chocoana, madre de cuatro hijas y fugitiva de su propia tierra por el asedio de los paramilitares y la miseria reinante. A través suyo se muestra que el programa de las viviendas llega a donde debe llegar. Ojalá así continúe ocurriendo hasta coronar, en el tiempo anunciado, la meta de las 400.000 casas.

Respecto a las casas con subsidio oficial, conozco el caso de una señora que desde hace 20 años presta sus servicios domiciliarios en el ramo de la estética femenina, y sin embargo no ha logrado conseguir vivienda. El problema reside en que no puede demostrar sus ingresos como trabajadora independiente. En la lucha por el techo ha gastado muchos años, y nadie le resuelve su problema. Debe estudiarse el método para que las políticas oficiales favorezcan a estos trabajadores olvidados.

El Espectador, Bogotá, 21-XI-2014.
Eje 21, Manizales, 22-XI-2014.

* * *

Comentarios:

Su interesante artículo, relacionado con el incumplimiento de algunas de las promesas del presidente Santos, me permití reenviarlo a todos mis contactos cibernéticos que son numerosos, en especial a todos los miembros de la Red Virtual Pensionados de Colombia, y en nombre de todos ellos, le expreso mis agradecimientos por solidarizarse con nuestra justa petición de reducir el aporte de salud del 12 al 4%.  Antonio Guihur Porto, Vicepresidente Red Virtual Pensionados de Colombia.

 Ya no creo en ningún político. En mi concepto, Santos es volátil, modifica su posición permanentemente. Esperanza Jaramillo, Armenia.

El artículo pone el dedo en alguna de las tantas llagas que tenemos en Colombia. Esta vez le tocó a la palabra empeñada por el candidato Santos pero olvidada por el presidente Juan Manuel (¿serán diferentes?), sobre la justa petición de los pensionados y la eliminación del 4 x 1000. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

La palabra ha perdido su valor y viniendo de nuestros  gobernantes es una afrenta vulgar, traicionera y falaz. ¿A quién  creer? Inés Blanco, Bogotá.

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El casco

Miércoles, 12 de noviembre de 2014 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

El vicepresidente Germán Vargas Lleras anda de casco por todo el país. Aprendió a usarlo como ministro de Vivienda, al liderar con evidente éxito el programa de construcción y entrega de las 100.000 casas gratis ofrecidas a los pobres por el presidente Santos. Y le quedó gustando. Tanto, que ya no se siente bien sin casco, según se lo confiesa a María Isabel Rueda. Ella le hace esta anotación: “A veces hasta creo que duerme con el casco puesto”.

“Mire –responde Vargas Lleras–, a mí me encanta visitar las regiones, ir a las obras, reunirme con la gente, constatar en terreno lo que se avanza y lo que falta, es lo que siempre he hecho. Y lo del casco, que tanta risa le da, también lo convertimos en un símbolo. Ridículo me vería de corrosca o sombrero en las obras, que es donde ahora me la paso”.

El casco, pues, queda instituido como insignia del Gobierno. Lo mismo la paloma de la paz, que con tanto énfasis, y con claro desafío para el expresidente Uribe, ostenta Santos en el ojal de sus sacos. Dudo, sin embargo, que los ministros se matriculen en la moda del casco. Ellos prefieren el vestido de corte inglés, la camisa extrafina, los zapatos de alta etiqueta. ¿Qué necesidad tienen de meterse en el barro? ¿Por qué rebajarse a la condición de obreros, como pretende serlo Vargas Lleras? Asunto de conveniencia, claro está.

Lo que pasa es que los ministros, o la mayoría de ellos, no tienen ambiciones o posibilidades presidenciales. En cambio, Vargas Lleras sí las tiene. Y como las tiene, le luce el casco. Este símbolo dará votos dentro de cuatro años, por qué no. Lo cual no significa que él vaya a parapetarse en un rótulo ficticio. No: él sabe trabajar por el país. Ya lo demostró. Y también por su futuro político.

Con casco, va a enfrentar el reto de las carreteras, del agua potable y de la vivienda popular. Piensa revolucionar el atraso vergonzoso de la infraestructura, concluir  el túnel de La Línea, impulsar las obras de Cuarta Generación, 4 G… Grandes proyectos, con inversiones billonarias, caben en el casco vicepresidencial.

Veo al Vicepresidente muy activo, muy ejecutivo, muy empujador del progreso. El casco le imprime bríos, sin duda. Con él puesto, le da paladas a la transformación social que anuncia. Y que ojalá cumpla. Lo único que lamento, y lamentamos muchos, es que haya olvidado su promesa de hacerle justicia al sector de los pensionados. Oigamos sus propias palabras:

“No hay derecho y no puede ser que cualquier trabajador colombiano esté cotizando en materia de salud el 4% y los jubilados el 12%. Los jubilados en Colombia no tienen ingresos diferentes, por lo que vamos a unificar el régimen para que los pensionados coticen en igualdad de condiciones a como lo hacen todos los trabajadores del país”.

Lindo enunciado. Fue la misma posición del candidato Santos. Ambos, claro, estaban en campaña electoral. Buscaban votos. Ya elegidos, sus palabras se las llevó el viento. Ahora sale el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, como voz cantante del Gobierno (con facultades para mandar y desmandar, lo que no se entiende), a pedir que se archive el proyecto de ley 183 de 2014 que busca corregir la injusticia del régimen pensional.

 ¿Será que el casco sirve también para no dejar oír la inconformidad popular? ¿Será que el casco hace olvidar con tanta facilidad las promesas electorales? La gente pide que se cumpla la palabra empeñada, y la respuesta se ha hecho esperar. Este símbolo que exhibe por todo el país el vicepresidente Vargas Lleras no debería ser elemento de ilusionismo, y menos de engaño.

 El Espectador, Bogotá, 3-X-2014.
Eje 21, Manizales, 3-X-2014.

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Comentarios:

Increíble que al pensionado, que la gran mayoría es con lo único con que cuenta mes a mes, le vayan a incumplir las promesas de campaña de unificar al 4% el pago por salud. ¿Será que la insensibilidad de nuestro Congreso llegará al punto de archivar un proyecto más que justo y que los pensionados llevan reclamando con todo derecho hace años? Guicama (correo a El Espectador).

Nuestros políticos se ponen cascos, botas y todo lo que necesiten con tal de simpatizar a los electores. ¿Nos hemos preguntado cuánto nos cuesta un congresista?, ¿cuánto nos cuesta sostener a un magistrado?, ¿y cuál es el beneficio para el país por su trabajo? ¡Qué desigualdad tan grande entre el colombiano del común y muchos funcionarios! Dios ayude a esta pobre Colombia adolorida y desigual. Orlando Páez Barón, Bogotá.

Me parece que da usted en el clavo, con su fina ironía, al describir los recorridos del Vicepresidente con un casco en la cabeza, preparando su campaña presidencial. Hace muy bien al citar la promesa que él y Santos hicieron a los pensionados, cuando buscaban, y con mucho afán, sus votos. Como usted dice, este engaño no puede tolerarse. Los pensionados no podemos seguir siendo los “trompos de poner”. Que se quiten no sólo el casco, sino la máscara que les ha permitido llegar  a donde están. El Vicepresidente debe ir  al Congreso y defender lo que él, y el Presidente, prometieron en campaña. En cuanto al ministro Cárdenas, creo que debemos declararlo “persona non grata… ad aeternum“. Jorge Mora Forero, Weston (USA).

Vargas Lleras anda por el país haciendo politiquería ventiada. Quiere que su Cambio Radical sea sólo de nombre para seguir de lado de las élites que tienen sumido a Colombia desde 1819 en sangre y corrupción. Es por eso que se ‘mueve’ tanto, pero en el fondo, muy en su interior, desprecia las manos callosas que estrecha de la gente humilde. Nadie, pero nadie de la aristocracia criolla podrá convencernos de su ‘filantropía’. Demagogia. Agualongo (correo a El Espectador).

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