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Furia contra las canecas

lunes, 28 de octubre de 2019 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Cuando Enrique Peñalosa fue por segunda vez alcalde de Bogotá, solo había en la ciudad 6.000 canecas, la mayoría en pésimo estado. Cuatro años después, deja cerca de 81.000, de las que ya se han instalado más de 23.000. Además, el programa comprende cerca de 11.000 contenedores que se fijarán en todas las localidades. Es uno de los grandes legados de su administración, que representa un evidente logro en el aseo y ornato de la capital.

En mi sector, que colinda con el deprimido de la calle 94, el desaseo era deplorable,  causado en parte por la construcción de la obra. Esta fue presupuestada en $45 mil millones y ocho años después terminó en $186 mil millones, o sea, cuatro veces más. Esta es una radiografía de lo que sucede en el país con las obras públicas, tanto por las conocidas trabas y atrasos, como por los sobrecostos impuestos por los corruptos.

Si se gastaron ocho años para construir el deprimido, el que abarca una mínima porción de terreno, ¿cuántos se gastarían para el metro subterráneo? En este caso, hubo por fortuna sensatez, y es hora de reconocerle al alcalde Peñalosa su tesón, paciencia y destreza para sacar adelante el metro elevado, tras los 77 años que han corrido desde que se pensó por primera vez en esta idea.

Un día me encontré con una serie de relucientes canecas colocadas en el sendero por donde salgo a caminar. No eran cualquier clase de artefactos, sino que estaban elaborados con alta técnica y material sólido para que tuvieran larga duración. Por cierto, me asombró el hecho de hallar un número considerable de ellos durante el recorrido. Sabría después que están fabricados con acero inoxidable y polietileno inyectado, y que en los sitios de mayor tránsito se instala una caneca cada 25 metros.

El programa contempla una caneca por cada 90 habitantes (antes había una por cada 1.200 habitantes). Este privilegio no lo tienen otras ciudades del mundo, como Nueva York (una por cada 318 habitantes). Las nuestras, fuera de su estructura resistente a la par que estética y ornamental, han sido concebidas para hacer más grata la vida urbana e infundir conciencia ambiental.

Se ha pensado con proyección futurista y con la mira puesta en la urbe que crece a ritmo acelerado en medio de la confusión y el gigantismo, y que debe, por eso mismo, controlar el desorden e impulsar el desarrollo humano y el ambiente armónico. Esa es la Bogotá que queremos. Es la Bogotá en la que el alcalde Peñalosa ha puesto una alta  cuota de urbanismo, que se verá con mayor claridad en el futuro.

Otro día quedé perplejo ante el brutal atropello que mostraba una de las canecas: esta había sido golpeada con una piedra, un hierro o algo similar, al pretenderse arrancarla de su base. Y no era una sola, sino tres o cuatro en el mismo lugar, sometidas a igual acto de vandalismo. Este año han sido robadas más de 100 canecas nuevas, y en el barrio Galán fue detenido un camión que transportaba cuatro pares. Como cada par cuesta $1’839.000, el robo asciende a $7’356.000. Por supuesto, detrás de esta piratería existen compradores ocultos que incentivan el hurto.

Los vándalos llevan en la sangre fermentos dañinos que buscan la destrucción de la sociedad y utilizan  cuanto sistema encuentran para atentar contra el mobiliario urbano y la propiedad ajena. Son resentidos sociales que desafían las normas sin dárseles nada, y hoy andan campantes por las calles atacando las útiles y preciadas canecas –símbolo de cultura y progreso– que debemos consentir y proteger.

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El Espectador, Bogotá, 26-X-2019.
Eje 21, Manizales, 25-X-2019.
La Crónica del Quindío, Armenia, 27-X-2019.

Comentarios 

No hay conciencia de estos pícaros que solo piensan en lucrarse y dañar cuanto beneficio se establezca por parte de la Alcaldía para el bienestar general. En el sector de La Colina norte y ahora aquí en El Batán, la situación es idéntica a la descrita en el artículo. Es como si siempre tuviéramos que vivir en medio de la basura: no hay quién detenga a los vándalos. Inés Blanco, Bogotá.

Mi punto de vista consiste en que esta gran inversión (algo así como $150 mil millones) va a ser en parte perdida debido al vandalismo ya conocido de muchos desadaptados que creen que con destruirlas o dañarlas sientan una protesta de su inconformidad con la sociedad, mientras que otros las robarán para conseguir algún dinero. Yo hubiera preferido que esa inversión, o al menos parte de ella, se hubiese dirigido a realizar una campaña de educación (televisión, radio, prensa, etc.) para que la gente aprenda a no tirar desechos a la calle. Aquí lo que falta es cultura cívica y hay que enseñarla. Está el caso de Japón en donde no existen canecas para basura en las calles y estas permanecen limpias. También el de ciudades y poblaciones pequeñas de Europa en las que no se ve basura en las calles. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

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El drama de Aura Lucy

miércoles, 16 de octubre de 2019 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Aura Lucy Garzón, de 49 años y madre de dos hijas, se levanta muy temprano para cumplir su labor como mensajera de una empresa del norte de Bogotá. Es la típica mujer trabajadora que se gana la vida en un oficio modesto y se siente contenta por tener empleo.

En estos días, ella se volvió noticia. El suceso tuvo lugar cuando se abría paso, por entre una multitud de gente vociferante, para llegar al cajero de Davivienda. Allí se realizaba una manifestación de estudiantes frente a la Universidad Pedagógica situada en el sector, dentro de un movimiento integrado por alumnos de varias universidades que denunciaban graves actos de corrupción en la Universidad Distrital.

El movimiento llevaba varios días de agitación callejera y había causado problemas en la movilización vehicular y cometido desmanes con la ciudadanía. Las imágenes mostraban a jóvenes con carteles que lanzaban consignas en relativo orden. Mezclados con ellos, aparecía buena cantidad de encapuchados que se enfrentaban a la policía con artefactos incendiarios en medio de furiosos denuestos.

Al entrar al cajero, Aura Lucy escuchó una explosión y quiso abandonar el lugar. Pero no pudo hacerlo, ya que otro artefacto estalló en la puerta de la entidad bancaria. Las terribles ‘papas bomba’ accionadas por bazucas están elaboradas con pólvora y otros elementos lesivos. Pueden mutilar y desfigurar, e incluso causar la muerte. La diligente mensajera, humilde mujer de pueblo ajena a lo que ocurría, sintió cerca un fogonazo,  al tiempo que las esquirlas de los vidrios rotos se insertaban en su cuerpo.

Cubierta de sangre y con serias heridas en la cara, yo la vi, atribulado, en algún video  pasado por la televisión. Presa del shock y sufriendo intenso dolor, la nueva víctima de la violencia se sentía morir. Por fortuna, un joven que por allí pasaba –su ángel de la guarda– le prestó auxilio en medio de la revuelta, mientras otros huían en desbandada. No la dejó un momento sola, hasta que llegó la ambulancia y la transportó a la clínica. Aura Lucy, que había recibido heridas en el 90% de la cara, fue sometida a una cirugía de reconstrucción de los tejidos.

Convulsionada y presa del dolor y la angustia, la laboriosa trabajadora no sabe qué pensar: la fatalidad la tiene consternada. El mundo se le vino encima en el preciso instante en que ingresaba a la cabina bancaria, como tantas veces lo había hecho, a retirar un dinero dentro de su oficio de todos los días. Más tarde, en medio de sollozos y palabras sobrecogedoras, le contó su drama al periodista que la interrogaba.

Yo vi en ese rostro sangrante, y en esa mirada lánguida, y en esa voz entrecortada, la imagen del país. Es el país que no logra contener la demencia de las calles ni la locura humana. Es el país de la violencia incrustada en todas partes, del atropello callejero, de la injusticia perenne, de la inequidad y la infamia. Mientras tanto, los corruptos y los usufructuarios del poder y el dinero hacen de las suyas a la vista de todos, sin que los políticos y los gobernantes consigan fórmulas de salvación.

Nadie ignora que estos encapuchados pertenecen a grupos anarquistas que buscan, mediante pedreas, explosivos, ataques a la policía, daños a las instituciones, los edificios y los vehículos, sembrar el caos y perturbar la tranquilidad pública. Embisten con rabia contra personas inocentes y cometen toda clase de actos vandálicos. Quizás Aura Lucy se cure de las heridas. Pero el alma nunca dejará de sangrarle. Esa es la propia cara de la Colombia doliente que gime entre las tinieblas de los odios y la barbarie.

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El Espectador, Bogotá, 12-X-2019.
Eje 21, Manizales, 11-X-2019.
La Crónica del Quindío, Armenia, 13-X-2019.

Comentarios 

Conmovedor. Pobre mujer. Pobre Colombia. Pobre mundo. Muy linda esta crónica. La compartiré. Los encapuchados son terroristas urbanos de profesión. Gloria Chávez Vásquez, Nueva York.

Es a esa gleba de anarquistas, vándalos y criminales en curso que forman parte de las milicias guerrilleras urbanas a quienes se les debe dar, como a las víboras, en la cabeza. E igual que las tales marchas pacíficas de estudiantes enredados en sofismas de justos reclamos tienen que someterse al orden legal. El derecho a la sana protesta está establecido, mas no en esas condiciones que propician actos criminales. Carlosmoralej (correo a El Espectador).

Drama es drama y dolor es dolor. Pienso que como sociedad es bueno que nos sensibilicemos con el dolor de los demás. Debemos a toda costa evitarlo. Hherazo (correo a El Espectador).

El hombre del puente

miércoles, 6 de marzo de 2019 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar 

Dos años cumple, este 22 de marzo, el deprimido de la calle 94, luego de 12 años de atrasos causados por la falta de planeación, la corrupción, los contratos caducados, los cambios de precios, la desidia oficial. El costo inicial fue fijado en 46.000 millones de pesos, pagados por  cuotas de valorización en el 2008, y la cifra final ascendió a 170.000 millones, reajuste que se quería volver a cobrar a los contribuyentes, hasta que el alcalde Peñalosa destrabó el problema con recursos del distrito. Lo que en este caso ocurre en Bogotá es similar a lo que pasa con la mayoría de obras públicas en el país.

El deprimido de la 94 es el mayor símbolo del carrusel de la contratación, el vergonzoso cartel que tiene en la cárcel al exalcalde Samuel Moreno. El ingenio popular dice que el nombre de “deprimido” está muy bien puesto al reflejar la depresión del ánimo colectivo. Dibuja el abatimiento, la desesperanza, el cansancio, la postración, la humillación que han tenido que sufrir los ciudadanos por culpa de los corruptos y los malos gobiernos.

Al poco tiempo de inaugurada la obra, un hombre de unos 50 años, con cara de buena gente, hizo su aparición en el puente peatonal construido al lado del deprimido. Venía atraído por la posibilidad de ganarse unos pesos en el oficio de barrer el puente. Desde entonces se dedica a recoger con su escoba solidaria la basura que cae en el lugar, que él empuja poco a poco, de manera pausada y eficiente, para que los transeúntes se den cuenta de su trabajo y le aporten alguna ayuda.

La gente lo mira con indiferencia, a veces con fastidio, y sigue adelante. Son pocos los que le dan algún dinero. Nicanor –supongamos que ese es su nombre– es un desplazado de la violencia. Vivía con su mujer y sus hijos en un predio rural del Tolima, y la guerrilla lo obligó a salir de la propiedad. De esta manera, llegó a Bogotá, la ciudad monstruo, la ciudad indolente, donde los desheredados creen que encontrarán oportunidades para trabajar, y se equivocan.

Nicanor sujeta en la baranda del puente la cartelera donde exhibe la certificación del alcalde del pueblo sobre su condición de desplazado. Es la misma suerte de miles de colombianos que deambulan por las ciudades rebuscándose los medios para vivir.

Nicanor “trabaja” los jueves en el puente de la 94. El resto de la semana está en otros puentes. Un día hablé buen rato con él y me contó sus penurias. Supe que su mujer está inválida y que su hijo sufre una enfermedad degenerativa. Él mismo –Nicanor– tiene disminución auditiva y sus fuerzas vienen en decadencia. Aun así, se levanta todos los días, muy de mañana, para conseguir los pesos que le permitan pagar el arriendo en Soacha y subsistir con su familia en medio de la pobreza. Yo creí su historia, porque no había razón para dudar de su infortunio.

Es un ser decente, de mirada franca y triste. Le he cogido aprecio. Cuando lo veo ejecutando su oficio pordiosero, es como si viera al país entero: el país de los pobres, los desamparados, los arruinados, los que huyen del Tolima, y del Chocó, y del Cauca… y de buena parte de Colombia. Prófugos en la propia tierra.

Hace varias semanas no he vuelto a encontrarme con Nicanor. No sé si se enfermó, o se murió, o dejó de serle rentable el puente de la 94 y se fue con su escoba a otra parte.

El Espectador, Bogotá, 2-III-2019. Eje 21, Manizales, 1-III-2019.  La Crónica del Quindío, Armenia, 3-III-2019.

Comentarios 

Qué sensible artículo. Gracias por ponerles la cara y las palabras a esa rabia y a esa impotencia que la desigualdad y la indiferencia estatal causan en Colombia. Rodrigo E. Ordóñez (colombiano residente en La Florida, Estados Unidos).

Plenamente justificadas estas críticas sobre el deprimido de la calle 94, obra emblemática de la ineptitud, corrupción e impunidad que está caracterizando tristemente a la dirigencia colombiana en muchas de sus áreas. Y muy sentido el relato sobre Nicanor, que también puede ser el emblema del desaliño y carencia de las políticas sociales de nuestro aguantador país. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Es verdad lo que dice el artículo: Nicanor es el país. En el puente de la 146 del Transmilenio hay otro Nicanor, este más joven que el de la historia narrada, con las mismas características, barriendo la mugre que la mala educación y la indolencia de las gentes deja abandonada a merced de nadie. Inés Blanco, Bogotá.

¡Cuántos Nicanores hay en este país! Gustavo Álvarez Gardeazábal, Tuluá.

El artículo es el reflejo de lo que sucede en el país. Duele Colombia, por diversas causas, que parecen inamovibles: nos rodea la inercia ante lo verdaderamente humano e importante. Elvira Lozano Torres, Tunja.

Dolorosa y pequeña historia que bien recoge todo el drama de cientos de miles de compatriotas que año tras año han de abandonar sus terruños por cuenta del eterno abandono y negligencia del Estado en aquello que tenga el tinte de provincia. El lamentable caso de Nicanor al menos tiene el toque de bondad natural propia de nuestros desplazados que buscan cómo rehacer sus lastimeras vidas en la capital. Carlosmoralej (correo a El Espectador).

Iglesias coloniales

jueves, 10 de enero de 2019 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar 

Maravilloso el libro que lleva por título Localización, historia y arte de las iglesias coloniales de Bogotá D.C., de Mercedes Medina de Pacheco, editado hace poco por la Sociedad Geográfica de Colombia, presidida por Eufrasio Bernal Duffo. En él se recoge la historia de 26 iglesias de la capital colombiana en las que tuvo su origen el arte religioso en la época colonial (1550-1810). Algunos de esos tesoros fueron saqueados en el curso de los años, y varios templos ya no existen, pero gran parte del valioso patrimonio fue preservado y hoy se exhibe como expresión de aquel pasado legendario.

Aparte del sentido histórico que representa este minucioso trabajo de la historiadora tunjana luego de más de 30 años de tesonera investigación, su libro se convierte en motivo de atracción para los turistas y los estudiosos que buscan las huellas de célebres artistas en los sitios de la religiosidad capitalina que tanto auge tuvo en aquellos días. Lo mismo que se dice de Bogotá puede decirse de varias ciudades colombianas que sobresalieron y sobresalen en este campo.

Es todo un libro de arte, en gran formato, en cuyas 360 páginas se hace un recorrido ameno por el perímetro urbano y se aprenden no pocas historias, anécdotas, leyendas y tradiciones religiosas, algunas envueltas en misterios y aspectos curiosos. Las numerosas fotografías tomadas por Gonzalo Garavito Silva –fotógrafo, investigador y pintor– le dan colorido a la obra. La lista de figuras llega a 416.

Otras personas se destacan por su profesionalismo en el diseño, diagramación e impresión; por  el diseño de la carátula y por el mapa plegable: Mario Augusto Rojas Aponte (Artesanos Imagen Creativa, Soacha), María Fernanda Garavito Santos y Carlos Augusto Sánchez Castañeda. La Arquidiócesis de Bogotá publicó en 2013, con motivo de sus 450 años de existencia, el libro Iglesias coloniales, conventos y ermitas de Santa Fe, en tiraje limitado, para fines de relaciones públicas. La actual edición es más amplia y fácil de conseguir.

Aquí están detenidos los siglos XVI, XVII y XVIII a través de las iglesias coloniales de Bogotá y sus obras de arte religioso. Las tallas llegaban de España, Inglaterra o Quito y eran trabajadas por artistas criollos, como los Acero de la Cruz, los Figueroa, Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. Época de fe que tiene parangón con la del Renacimiento.

Y se erigen en el panorama bogotano iglesias históricas de perenne recordación, como la Catedral de Bogotá, Santo Domingo, Santa Bárbara, San Francisco, la Veracruz, las Nieves, San Diego, San Ignacio, Santa Clara, Nuestra Señora de Egipto, San Agustín, San Alfonso María de Ligorio, Monserrate, la Capuchina, Nuestra Señora de las Aguas…

Son 26 iglesias que ha escudriñado Mercedes Medina de Pacheco con su pasión de investigadora. Su labor literaria está señalada por libros que han merecido reconocimiento, como Resplandú, El duende de la petaca, El palomar del príncipe, Las estatuas de Bogotá hablan, Instantáneas bogotanas, Don Juan de Castellanos y otros  aventureros, Relatos de luna llena. Ha sido profesora de Historia de Colombia y es miembro de varias academias.

El Espectador, Bogotá, 5-I-2019.
Eje 21, Manizales, 4-I-2019.
La Crónica del Quindío, Armenia, 6 de enero de 2019.

Comentarios 

Es una obra maravillosa, no solo por la investigación, la fotografía y la impresión, sino por su gran aporte para propios y extraños al tema. Sin duda será documento de estudio que la autora  se empeñó por largos años en su preparación. Su calidad de historiadora le concede un punto muy alto en el panorama de las letras colombianas. Inés Blanco, Bogotá.

Deseo expresarle mi agradecimiento por el reconocimiento a la publicación de la académica Mercedes Medina de Pacheco y la mención a la Sociedad Geográfica y quien la preside. Harta falta hace el reconocimiento a los esfuerzos por divulgar cultura. Eufrasio Bernal Duffo, presidente de la Sociedad Geográfica de Colombia.

 

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Recuperemos Bogotá

miércoles, 23 de septiembre de 2015 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Como alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa recuperó la calle El Cartucho, habitada por la peor crápula y convertida en foco de la droga, el raterismo, el tráfico de armas y toda clase de vicios. Sórdido lugar adonde la propia Policía se cuidaba de penetrar. Los alcaldes eran conscientes de este cáncer social y de la necesidad de erradicarlo, pero eludían el problema.

La atmósfera de corrupción infectó a todo el barrio, compuesto por catorce mil personas que vivían dentro del libertinaje más abyecto, y habitado en otra época por gente distinguida. Desde los años ochenta comenzó a ser invadido por pordioseros, jíbaros, prostitutas y maleantes, hasta volverlo uno de los sitios más peligrosos de Bogotá. Fue Peñalosa quien acometió el acto valeroso del desalojo y la demolición, librando a la ciudad de un antro de podredumbre, a la vez que rescataba el sector y ofrecía a sus moradores fórmulas de rehabilitación. Allí se construyó el parque Tercer Milenio. Este acto es modelo de la autoridad bien ejercida.

Bajo el lema Recuperemos Bogotá, el líder del progreso bogotano en los años 1998-2000 adelanta hoy su campaña hacia la reconquista de la Alcaldía. Para nadie es secreto que se trata de uno de los alcaldes de mayor visión y desempeño que ha tenido el distrito. A su sólida cultura profesional y destacado ejercicio en diversas posiciones de la vida pública se suma su constante preocupación por los problemas de Bogotá.

En su paso por la Alcaldía dejó mejoras de profundidad y largo alcance, entre las que se cuentan TransMilenio, novedoso sistema de transporte admirado y copiado por otros países; el desarrollo urbano integral, con énfasis en el espacio público; la construcción de colegios y la ampliación de cupos escolares; la creación de las grandes bibliotecas El Tintal, El Tunal y Virgilio Barco, y trece más de inferior nivel.

Quince años después, Bogotá es una ciudad detenida. Ha sido un proceso progresivo, hasta llegar al desgreño causado por las torpes administraciones que hemos sufrido. Los gobiernos de izquierda resultaron un fracaso. Problemas como el tránsito caótico, la inseguridad, el abandono de la infraestructura urbana y el desgobierno dondequiera se mire hacen insoportable la vida bogotana.

En reciente encuesta, el ochenta por ciento de las personas consultadas dice que las cosas van por muy mal camino y quiere un cambio. Se ha llegado a los peores extremos de la inconformidad y la desesperanza. La otra Bogotá, la Bogotá humana, es la que dejamos perder. Y hay que recuperarla.

En la mira de Peñalosa está la ciudad del futuro, la ciudad con calidad de vida, que  surgirá con ideas como estas: más TransMilenio, “eficiente, rápido, pulcro y seguro”, sin descuidar el metro con el componente de tramos elevados; la recuperación del espacio público; la seguridad ciudadana; la reparación de las vías; el mejoramiento de todas las entradas y salidas de Bogotá; la descontaminación y ampliación del río Bogotá; la construcción de ALO (Autopista Longitudinal de Occidente). Y óiganse estos anuncios de especial significado: la necesidad de que la ciudad demuestre respeto por el ciudadano; llenar el alma con la recreación y no con la droga.

Ha llegado la hora en que los ciudadanos deben escoger el modelo de ciudad que quieren. Es preciso romper las cadenas del atraso y la parálisis que hoy tienen hundida a Bogotá. A la vista está la opción de un ejecutivo comprobado y garantizado.

El Espectador, Bogotá, 18-IX-2015.
Eje 21, Manizales, 18-IX-2015.

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Comentarios

Es necesario que regrese Peñalosa a la Alcaldía de Bogotá a ver si logra recuperar algo del orden y calidad de vida que la ciudad estaba alcanzando durante su gobierno. Los que critican TransMilenio no tienen en cuenta que el sistema funcionaba bien hasta que las malas alcaldías  y el comportamiento de la gente se lo tiraron. También olvidan cómo Transmilenio mejoró rápidamente el transporte público para miles de personas que tenían que tomar los espantosos y destartalados buses bogotanos. Crótatas (correo a El Espectador).

Está bien que se recupere una zona. Pero que alguien le explique al personaje que recuperar los ladrillos no es recuperar al ser humano, y que El Cartucho no se acabó: se trasteó unas cuadras abajo con el nombre de Bronx. Usted, columnista, puede cortar y pegar frases de la campaña de quien quiera, como lo hace en este caso, y hacer campaña. Pero no nos venga con cuentos. yancarlo10 (correo a El Espectador).

Ya es hora que Bogotá sea la hermosa capital que fue. No entiendo cómo  mis conciudadanos pudieron elegir a semejante alcalde, Petro, que desbarató la ciudad al igual que lo están haciendo Maduro y Cabello con Venezuela. A ver si esta vez elegimos a Peñalosa para que se recupere Bogotá del desastre. Luis Quijano, bogotano residente en Estados Unidos.

Peñalosa hizo más en tres años que los tres últimos alcaldes sumados, que nos tienen a los bogotanos con ganas de irnos a vivir a otra parte. Dobleu25 (correo a El Espectador).

A los ingenieros que hemos trabajado con empresas petroleras americanas y que pensamos en Colombia nos aterra el cáncer que carcome a nuestro país y es el de la corrupción. Muchos estamos entusiasmados con Peñalosa pues sabemos de sus condiciones, su preparación, conoce la ciudad, la ha estudiado, no va a perder tiempo enterándose de los problemas y las necesidades. De Petro no me gustó su terquedad respecto a la definición de hacer el metro 100% subterráneo, a costos imposibles de pagar. Si en el deprimido de la 94  llevan 3 años, ¿cómo será en varios  kilómetros? Apoyo a Peñalosa especialmente por su decisión de revisar y hacer el metro elevado en un porcentaje muy alto.  Gilberto Giraldo Henao, Bogotá.

Plenamente de acuerdo en lo referente a la necesidad de elegir a Peñalosa. He hablado con muchas personas al respecto y creo que así será, a juzgar por los conceptos que he recibido. Unos cuantos han estado en desacuerdo conmigo y cuando les pregunté el porqué, solo argumentaron con una simplicidad que da grima: ¿para que nos llene de bolardos? Y cuando les repreguntaba qué tuvieron de malo los bolardos (o si preferían las aceras llenas de carros aparcados, como sucede ahora), se quedaban sin argumentos. Bueno, sigamos animando la idea de nombrar un alcalde reformador y técnico que vuelva a pensar en Bogotá y no en la politiquería. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

 

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