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De humorista a historiador

miércoles, 17 de marzo de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

A José Jaramillo Mejía lo conozco hace más de 40 años, desde cuando dirigía en Manizales La Nacional de Seguros y yo ocupaba en Armenia la gerencia del Banco Popular. Su primer libro, publicado en 1980, se titula A mitad de camino. Hoy, con Monólogos de Florentino, salido en noviembre pasado, su producción llega a 20 obras. Esto significa que no se quedó a mitad de camino, sino que siguió adelante, con vigoroso empeño, tanto en la labor literaria como en la periodística.

En 1980 me hizo el honor de nombrarme, junto con Adel López Gómez y Humberto Jaramillo Ángel, jurado de un concurso de periodismo que se realizaba en la capital caldense con el auspicio de La Nacional de Seguros. Jaramillo Mejía ha sido gran promotor de la cultura regional. Nació en La Tebaida, Quindío, en 1940 y a la edad de 38 años se radicó en Manizales. Con orgullo se proclama hoy escritor quindiano-caldense como autor que es de excelentes investigaciones, crónicas y estudios surgidos en las dos comarcas cafeteras.

Sus textos son ágiles, concisos, claros y amenos. Posee exquisita vena humorística  que se manifiesta en varios de sus libros, lo mismo que en sus crónicas en el diario caldense. Es un placer leerlo. Ha incursionado en diversos géneros y sobresale por su esmero gramatical y la sindéresis de sus ideas, bien sean estas elaboradas con tono divertido o con el rigor del ensayista y el historiador que escudriña interesantes temas movidos por su inquietud intelectual.

Además, ha demostrado buenas dotes para el arte poético, como lo acredita su libro La vida sonreída y 12 sonetos para leer después de muerto (2004), que para mi gusto personal son “poemas de fino humor, a lo Luis Carlos López, llenos de ironía y encanto”, según lo expresé cuando fueron publicados.

En los últimos años, sus preferencias se han manifestado en el ámbito de la historia, la biografía y las memorias, con la exaltación de personajes del pasado como José Restrepo Restrepo, Arturo Arango Uribe, Eduardo Arango Restrepo y Rafael Arango Villegas; o en el rescate de sus propias raíces ancestrales, que recoge en Las trochas de la memoria. Tales calidades le valieron, desde tiempo atrás, su elección como miembro de la Academia Caldense de Historia.

A Monólogos de Florentino, su reciente libro, le agregó el subtítulo de Reflexiones de un ideólogo empírico. La obra está prologada por el exvicepresidente Humberto de la Calle Lombana y lleva una nota de presentación del historiador Albeiro Valencia Llano. Florentino es el alter ego de Jaramillo Mejía. En 1995 ya había establecido nexos con él en Coloquios de Berceo con Florentino. Es este un personaje típico de la región, de profesión tinterillo, con honda sabiduría en los campos del derecho, la economía, la política, la literatura, la religión, la historia… Todo un prototipo de la ciencia de la vida. Por largo tiempo, Florentino fue secretario del juzgado de Circasia, Quindío, donde Jaramillo Mejía vivió memorables andanzas luego de su residencia en La Tebaida.

Valiéndose de este personaje emblemático, el escritor explaya sus ideas liberales y penetra en palpitantes temas de la vida nacional. Le rinde homenaje a Circasia, y a través de ella, al Quindío. Esta hermosa población, de seductores paisajes, sanas costumbres y gente amable, posee un pasado glorioso con su Cementerio Libre, símbolo de la libertad liderado por el patricio Braulio Botero Londoño, figura relevante de la región. Florentino –no cabe duda– es el propio José Jaramillo Mejía.

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El Espectador, Bogotá, 13-III-2021.
Eje 21, Manizales, 12-III-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 14-III-2021-

Comentarios 

Gracias, Gustavo, por el artículo. Resolví recoger mis “divertimientos” poéticos en un libro que hoy te envío. A propósito de los poemas, me dijo Aída Jaramillo Isaza (directora de la revista Manizales): “Yo no sabía que tú eras poeta”. Y le contesté: “Yo tampoco”. José Jaramillo Mejía, Manizales.

Muy justo el reconocimiento a José Jaramillo de su obra y de su vida. En efecto, es un gran escritor. Una persona dedicada al oficio y purista con el lenguaje; le tengo gran admiración y afecto. La publicación más reciente titulada Yo, Quijote, con ilustraciones de Ferney Vargas Jaramillo -Feroz-, es magnífica. Nada más grato que reconocer los valores de los amigos y tú lo has hecho siempre con generosidad y rigor. Esperanza Jaramillo, Armenia.  

 

 

Parque de la Vida

martes, 2 de febrero de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Presencié en un video el acto en que las autoridades quindianas conmemoraron este 25 de enero los 22 años del terremoto que destruyó la ciudad de Armenia. El acto tuvo lugar en el Parque de la Vida, sitio emblemático fundado el 1° de junio de 1990, cuando César Hoyos Salazar inició su periodo como alcalde de la capital.

El sentido del parque es el de rendirle honor a la vida como el bien más preciado que tenemos. Ahora, por cruel ironía, murió, el mismo día de la conmemoración de la fecha siniestra, Jorge Eliécer Orozco Dávila, alta figura del periodismo, que cumplió una brillante carrera de 47 años en RCN, donde fue director de noticias en el Quindío, gerente regional y director nacional de Radio Sucesos.

Jorge Eliécer fue periodista desde los 16 años, tanto en esta cadena radial como en la televisión y en diversos periódicos. Ya en la época del retiro, fundó el portal web de noticias titulado Siempre periodista. Su muerte ha causado honda conmoción, por tratarse del periodista más destacado del departamento y poseedor además de otras facultades singulares, como su portentosa voz y su talento como cantante.

En 1987, el Comité de Cafeteros destinó la suma de $100.000 como aporte para la construcción de un parque urbano que se convirtiera en tributo al espíritu cívico y progresista de los quindianos. En esta obra participaron otras entidades que le rindieron homenaje a Armenia en sus 100 años de vida, cumplidos el 14 de octubre de 1989. El municipio y la Beneficencia departamental donaron los lotes en los que había funcionado el orfelinato de San Vicente.

El plan inicial contemplaba la construcción de una cascada de agua, un puente peatonal y varios senderos y jardines. Con el paso del tiempo se extendieron diversos atractivos a lo largo de las 10 hectáreas integrantes de la obra. En principio, a esta se le asignó el nombre de Parque del Centenario. Pero César Hoyos Salazar, elegido alcalde popular el 11 de marzo de 1990, propuso cambiarle la denominación por la de Parque de la Vida.

Entre las razones que adujo estaba el deseo de querer superar la tragedia vivida en  el país entre los años 1980 y 1990, que había dejado numerosos muertos causados por la ola terrorista responsable de la explosión de bombas, el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla, el incendio del Palacio de Justicia y la muerte de numerosos  magistrados y personal civil, lo mismo que de guerrilleros que participaron en la acción subversiva; e hizo alusión a los 25.000 muertos que produjo la devastación de Armero, y al asesinato de Luis Carlos Galán y connotados líderes políticos, entre otros sucesos siniestros.

Frente a este escenario desolador, el parque representa un llamado a la sensatez y un repudio a la violencia que ha cubierto de sangre la vida nacional. Además, es una referencia turística y cultural de Armenia. Una oración por la paz en un bello paraje ecológico situado en pleno corazón de la ciudad.

Este fue el panorama que vi el 25 de enero en el Parque de la Vida, con la mala fortuna de que ese mismo día falleció, víctima de un cáncer atroz contra el que luchó con increíble valentía, mi eminente amigo el periodista Jorge Eliécer Orozco. Aun así, escribió su columna en La Crónica del Quindío hasta el 30 de diciembre. Este sitio esplendoroso lleva un cálido mensaje por la paz de los colombianos.

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El Espectador, Bogotá, 30-I-2021.
Eje 21, Manizales, 29-I-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 31-I-2021.

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Honor a César Hoyos Salazar

miércoles, 28 de octubre de 2020 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar 

Corría el año 1969. Han pasado 51 años desde el día que llegué a Armenia y conocí a César Hoyos Salazar como secretario de Gobierno del municipio. Había terminado en la Universidad Nacional sus estudios en Derecho y Ciencias Políticas, y le faltaba obtener el grado al interponerse su compromiso con el alcalde de la ciudad, quien lo motivó para que le prestara ese servicio a su tierra.

No era usual que un joven de 23 años ocupara la segunda posición del municipio, hecho que demuestra la competencia que ya era evidente en su personalidad. Lo recuerdo como persona afable y caballerosa y que además poseía fino sentido del humor. La faceta del humor la exhibía en reunión de amigos con unas cuantas actuaciones jocosas que nos hacían desternillar de la risa, entre ellas la genial imitación del famoso culebrero de las plazas de mercado.

En 1970 se fue para Bogotá a preparar la tesis. Yo le había propuesto que una vez obtenido el título fuera el abogado del banco. En 1971, en viaje que hice a Bogotá, lo encontré de repente en una oficina de correos en la que iba a franquear un paquete de sobres: era la participación a familiares y amigos de su título profesional. Buscó mi sobre y lo puso en mis propias manos. Allí mismo cerramos el proyecto de su ingreso al banco, y de esta manera conté con su valioso concurso en los cobros por la vía judicial.

Bien pronto comenzó a sobresalir en diversas actividades. Fue director de Fenalco y Comfenalco, profesor de la Universidad del Quindío y de La Gran Colombia y decano de la facultad de Derecho de esta última. Cuando me ausenté de Armenia en 1983, era el jurista más prestigioso de la ciudad.

Fue alcalde de Armenia en 1990, posición en la que ejerció una tarea ejemplar, tanto en el manejo económico como en la moralidad pública. Para la primera diligencia que realizó en Bogotá le fue girado el cheque por los gastos de representación, y a su regreso presentó los comprobantes por lo que en realidad había gastado, y el resto lo reintegró a la tesorería municipal. Hecho insólito y único en el país, que hizo resaltar el espíritu moralista con que manejaría su administración.

Cuando su secretario de Obras Públicas provocó un escándalo al llevarse las volquetas del municipio para una construcción particular, y por ese hecho presentó renuncia del cargo, en lugar de aceptársela, como suele ocurrir, lo destituyó en forma fulminante.

En Bogotá desempeñó el cargo de director jurídico de la Federación Nacional de Cafeteros. Luego llegó al Consejo de Estado, y al poco tiempo ocupó la presidencia de la Sala de Consulta. Y más tarde, la presidencia de la corporación. En suma, una carrera en constante ascenso, guiada por el estudio y el trabajo, la moral, la ética y la eficiencia. Ya en la vida privada, fue árbitro de la Cámara de Comercio de Bogotá durante 10 años. A su regreso al Quindío se dedicó a escribir una serie de reseñas biográficas de gente importante de la región, las que merecen editarse en un libro auspiciado, ojalá, por el municipio u otra entidad.

Como reconocimiento a su vida ejemplar y productiva acaba de serle otorgado el Cordón de los Fundadores, la máxima presea regional con que se exalta el mérito de quienes contribuyen al progreso de la ciudad. Aplaudimos esta justa decisión.

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El Espectador, Bogotá, 24-X-2020.
Eje 21, Manizales, 23-X-2020.
La Crónica del Quindío, Armenia, 25-X-2020.

Comentarios 

Quiero decirte que has hecho una formidable semblanza de César, incluso con datos que desconocía. Hace poco, por la radio, me preguntaron acerca de él a propósito de la condecoración, y dije: «Basta contar un breve episodio de su vida y lo demás es una deducción de la audiencia», y narré el caso de la devolución de los viáticos que confirmas en esta columna. Jaime Lopera Gutiérrez, Armenia.

Bella nota sobre el eximio amigo común César Hoyos Salazar, un señor de los pocos que aún existen. Gabriel Echeverri González, Armenia.

Excelente y muy justiciera nota con un noble y grande amigo. Alpher Rojas, Bogotá.

Un ser humano de tan elevadas cualidades es digno de exaltación. Personas de ese talante, hoy por hoy, ni mandadas a hacer. Inés Blanco, Bogotá.

Me encontré en la vida con . . . Gustavo Páez Escobar

lunes, 17 de agosto de 2020 Comments off

Autor: Gabriel Echeverri González

Notable escritor colombiano nacido en Soatá -Boyacá- el primero de abril de 1936, sus padres Pedro Páez Cuervo, quien ejerció la medicina tropical en Casanare, dueño  de inspiración poética, y Herminia Escobar, afamada profesora en Boyacá; en este hogar nacieron: Gilberto, Graciela, Pedro Elías, Leonor, Jorge Alberto, capitán de navío de la Armada Nacional y autor de un libro de poesía denominado Bitácora de ensueños, publicado  en 2001, y, desde  luego, Gustavo.

Cursó  sus  estudios  básicos en su ciudad natal y en Servitá culminó  con éxito su bachillerato en el colegio de los Hermanos Redentoristas; su vocación de estudio y su formación en latín y en griego fue decisiva para la cimentación de su cultura, la preparación intelectual y el desarrollo vital de escritor consagrado.

Contrajo matrimonio con la distinguida señora Astrid Silva Ortiz, de cuya unión nacieron 3 hijos: Liliana, diseñadora gráfica, funcionaria de Caracol Radio; Fabiola, ingeniera de sistemas y especializada en administración de empresas, y Gustavo, administrador de empresas, con especialización en mercadeo, trabaja en Enel-Codensa.

Dedicación y empeño

Desde la adolescencia inició su vida laboral, primero en la Contraloría Departamental de Boyacá, por 2 años, y más tarde como funcionario del Banco Popular, lugar donde alcanzó importantes responsabilidades con mucho éxito, como ser gerente de una oficina de Bogotá a los 26 años, otras gerencias y otras tareas ejecutivas, durante 36 años de su vida

Banco Popular de Armenia

Encargado de la gerencia y con la misión de conseguir gerente titular, apenas llegó al Quindío sintió el influjo mágico de la tierra y, de una vez, solicitó la gerencia para sí mismo; durante 15 años realizó una maravillosa gestión al servicio de la región, logró que el banco construyera la sede moderna de la calle 21 y que el presidente del banco en esa época, doctor  Eduardo Nieto Calderón, afamado promotor de la cultura, ayudara a Páez Escobar en su empeño de que los 2 pisos superiores fueran ocupados por el Museo Arqueológico, como en efecto ocurrió. Durante su gerencia el museo funcionó en forma admirable.

Novelista y cuentista desde la primera hora

Sus estudios  clásicos lo llevaron muy pronto a la literatura y a los 17 años de edad y viviendo  en Tunja, escribió  su primera  novela, Destinos Cruzados, que publicó en 1971, cuando vivía en la ‘Ciudad Milagro’; dicha obra fue la primera telenovela de RCN, con guion de Fernando Soto Aparicio, paisano de Gustavo  y escritor consagrado, y la dirección  técnica del argentino David Stivel.

En Armenia su producción intelectual fue numerosa: publicó  en 1974, Alborada en penumbra; en 1977, Alas de papel, y en 1982, Caminos, además escribió  20 cuentos  que reunió en un libro que denominó El sapo burlón, publicado  en 1981 por la biblioteca del Banco Popular.

En 1998 fue editada su novela La noche de Zamira, uno de sus trabajos más elogiados por la crítica que tiene como escenario la bonanza cafetera, con los problemas sociales y económicos que se derivaron del singular hecho económico  e histórico.

Entre sus libros publicados en Bogotá es dable mencionar los siguientes: la novela Ráfagas de silencio, una obra de vivencias de selva inhóspita con la figura del legendario Tulio Bayer, como personaje central; Ventisca, que describe la destrucción de un pueblo, con cierta semejanza a la inolvidable tragedia de Armero; Biografía de una angustia, sobre la vida  del reconocido poeta colombiano Germán Pardo García, por muchos años residente en México; Laura Victoria, sensual y mística, la vida de su ilustre paisana, una de las aventajadas poetas eróticas del país. En total 13 libros en los géneros de novela, cuento, ensayo, biografía y periodismo.

Columnista de periódicos y revistas

Viviendo en Armenia se hizo columnista de los diarios El Espectador y La Patria de Manizales, con los años sostiene sus colaboraciones además en La Crónica del Quindío, Eje 21 de Manizales y algunas revistas, como Mirador del Suroeste de Medellín y Aristos Internacional de Alicante, España; cerca de 2.000 columnas, un poco más de 300 sobre el Quindío, recogidas casi todas en  su página web.

Debo destacar que Páez ha sido un constante pregonero de nuestra región, de sus tradiciones, de sus gentes, nunca fue en vano su veneración por el Quindío y desde el primer día fue amor a primera vista, igual su familia; lleva con mucho honor su distinción de hijo adoptivo de nuestra región.

Distinciones y reconocimientos

El gobernador Rodrigo Gómez Jaramillo, ya fallecido, a nombre del departamento del  Quindío le otorgó la Medalla al Mérito Artístico; la ciudad de Armenia, el Cafeto de Oro y la Flor del Café; el municipio de Calarcá, la Medalla Eduardo Arias Suárez; la Contraloría de Boyacá, la Medalla Francisca Josefa del Castillo.

La Imperial Orden de la Doctora de la Iglesia santa Elizabeth de Hesse –Darmstadt– le entregó el título de «Barón de los  caminos» por la semejanza con su libro Caminos, editado por la Gobernación del Quindío en su serie de la Biblioteca de Autores Quindianos.

Este libro y El sapo burlón fueron incluidos en la Cápsula de El Tiempo, a ser descubierta en 2052.

Academias

Es miembro de la Academia de Historia de Boyacá, de la Academia Patriótica Antonio Nariño, del Instituto Sanmartiniano de Colombia, entre otras.

Gustavo Páez Escobar es un ciudadano probo y aplicado a su vocación y a su trabajo diario; como banquero fue un ejecutivo correcto y diamantino, que no obstante sus ocupaciones en el  Banco Popular, ejercitó  la pluma y la lectura con constancia ejemplar; ya libre de esas ataduras laborales, está dedicado de tiempo completo a sus  amados libros, a escribir con dedicación, a la elaboración de sus  columnas y a su condición de padre amantísimo de su familia y de su país.

Lo conocí en la gerencia de la oficina principal en Armenia y desde ese momento entablamos una amistad literaria e intelectual: con el aprecio y admiración que le profeso desde esa época, por su honorabilidad a toda prueba, por su vigoroso estilo de escritor ameno y agradable y por su  señorío de boyacense trasplantado al Quindío, un gran señor con toda su cordialidad y sencillez.

Como bien lo dice, supo combinar las letras de cambio con las letras del espíritu, en ambos frentes se ha desempeñado con altura, con paso firme, con seriedad y certeza, en medio de ideales, esfuerzos y muchas realizaciones, un escritor y un hombre de bien; un ejemplo para todos aquellos que avanzan con dificultad en sus tareas diarias: Don Gustavo, valioso ser humano, registro con inmensa alegría su madurez y su consagración.

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Además: Eje 21, Manizales, 10-VIII-2020. Blog de la Academia de Historia del Quindío, 15-VIII-2020.

Comentarios 

Leí con satisfacción el escrito de Gabriel Echeverri González, en el cual presenta las diversas facetas de tu vida, una descripción de tus numerosas e importantes obras literarias, una maravillosa semblanza sobre tu valiosa vida. Felicitaciones y gracias por honrar al Quindío. César Hoyos Salazar, Armenia.

Bien merecidos los elogios que en su columna de La Crónica del Quindío te hace Gabriel Echeverri. A ellos me uno. Siempre te he profesado una profunda admiración por tus invaluables méritos intelectuales, pero principalmente por tu hombría de bien. Diego Moreno Jaramillo, Bogotá.

Muy merecido el testimonio de Gabriel, porque ha sido una vida magnífica, que bien merecía ser exaltada. Alberto Gómez Mejía, Armenia.

Más que merecida la referencia de Gabriel a tu vida y obra cuya cercanía con nuestra región ya es un logro. Jaime Lopera Gutiérrez, Armenia.

Me enorgullece verte bien plasmado en las letras de Gabriel. Te veo quindiano y amigo como el mejor. Luis Fernando Jaramillo Arias, Bogotá.

Se quedan cortas las palabras al describir la vida de mi papá. En la parte humana: intachable y lleno de sabiduría y de enseñanzas para quienes hemos tenido la dicha de poder caminar al lado, viendo cómo con esfuerzo, amor, disciplina y constancia ha realizado el gran trabajo literario. Gracias, papi, por tantos años de buen trabajo, por seguir creando y dejarnos la mejor de las herencias que son las letras. Estoy muy orgullosa y feliz con esta publicación. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Muy merecido el homenaje que el doctor Echeverri González hace a tu vida y realizaciones. Cuando en vida ocurren estos reconocimientos, se tiene la satisfacción de compartirlos con la familia y amigos, ocasionando, de hecho, otra satisfacción más.  Me adhiero a este reconocimiento. Jaime Vásquez Restrepo, Medellín.

Un justo reconocimiento a la vida y obra del ejecutivo bancario, del escritor y del amigo. Muchos podemos decir también que hace ya bastantes  años  nos cruzamos por la ruta de la palabra con este mismo hombre multifacético de Soatá y que hoy felizmente contamos con el regalo maravilloso de la amistad. Inés Blanco, Bogotá.

Justo reconocimiento a un hombre ejemplar. Tuve el privilegio de estar cerca de ti por un período suficiente para admirar tus valores. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

Gabriel Echeverri pone de relieve en esta semblanza tus dos más grandes cualidades, como son las de escritor y hombre de bien. La primera con sobradas razones, pues tu amplia trayectoria en el difícil arte de escribir bien ha quedado grabada en toda tu vasta producción literaria. Y la segunda, en mi criterio, es la más preciada cualidad que actualmente se le puede reconocer a un ser humano, pues infortunadamente en estos oscuros tiempos que nos ha tocado vivir, pocos son los que se hacen acreedores a este honroso título. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Excelente hoja de vida, resultado del estudio, la disciplina y la dedicación. Es un legado a las letras y periodismo de Colombia. Humberto Escobar Molano, Villa de Leiva.

Honrosa semblanza la que hace don Gabriel Echeverri. Un reconocimiento a tu vida honrada y fructífera, plena de realizaciones. Comparto la satisfacción por tan merecido homenaje. Elvira Lozano Torres, Tunja.  

Todas las crónicas sobre personajes quindianos de Gabriel las acostumbro leer. En ellas, como en tu caso, se trata de amigos o personas conocidas que con su accionar le han dado lustre o han impulsado obras que han beneficiado a nuestro querido Quindío. Estar en la lista es algo que emociona e impulsa a seguir adelante. William Piedrahíta, Estados Unidos.

La página de Gabriel es un sincero reconocimiento a tu vida de trabajo, estudio permanente y producción literaria. Aquí te sentimos como nuestro, de igual manera a todos los tuyos. La vida se trata de dejar huella: y qué bien que lo has hecho. Esperanza Jaramillo, Armenia.

Un gran reconocimiento a tu labor y a tu vida.  Me alegro mucho que Gabriel haya publicado tu semblanza porque es muy importante, además del reconocimiento público, que se sepa sobre las contribuciones de personajes como tú a la historia del Quindío. Alister Ramírez, Nueva York.

Tras las huellas de Izcay

miércoles, 8 de julio de 2020 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En reciente artículo con motivo de la muerte del escritor Eduardo Santa mencioné su libro El pastor y las estrellas, ameno relato que tiene como protagonistas al pastor de cabras Abenámar y a su esposa, Izcai. Una ciudadana venezolana que está terminando en Méjico la carrera de Antropología Social leyó mi artículo y me cuenta esta curiosa  historia: cuando sus padres leyeron el libro de Eduardo Santa decidieron que si tenían una hija le pondrían ese nombre. Y así sucedió. Ella, que hoy tiene 25 años, se llama Izcaí Ruiz Hecht y desea saber de dónde proviene o qué significa su nombre (a su madre le pareció que sonaba mejor Izcaí, con acento en la “i”, y así se quedó).

Todo indica que Eduardo Santa tomó esa denominación de una princesa de la etnia quimbaya de Colombia, si bien la grafía correcta es con “y”: Izcay. Cuando yo vivía en Armenia, cuyo territorio estuvo habitado por los aborígenes quimbayas, se inauguró el Hotel Izcay, hecho que refleja la intención de que la entidad llevara un distintivo de la región. Ese hotel fue destruido por el terremoto de enero de 1999, más tarde fue remodelado y pasó a denominarse Hotel Armenia Plaza.

De esta manera, el nombre de la princesa quimbaya desapareció entre los escombros del terremoto. Pero subsiste Izcaí, la venezolana nacida por obra y gracia de una lectura deslumbrada de sus padres, y que algún día, como antropóloga, ahondará más en estas cuestiones de la cultura, el lenguaje y la tradición.

Mi amigo quindiano Luis Carlos Gómez Jaramillo, que tiene buen espíritu investigativo, como se verá, me aporta interesantes datos sobre la palabra en cuestión. De entrada,  me dice que el origen de dicho término es vasco, como lo afirma Wikcionario, el diccionario libre que contiene más de 900.000 entradas para más de 665 idiomas, según lo anuncia la obra.  Con el mismo nombre, mi amigo localizó un restaurante y un bar cafetería en Bilbao, y ganas me dieron de romper el confinamiento causado por la pandemia para ir a saborear las ricas empanadas colombianas que allí se ofrecen.

En esta indagación salió a flote el vino Iscay –con “s” y no con “z”–, que simboliza un tributo a la cultura incaica al unirse las cepas emblemáticas de malbec y merlot. Pero  en este caso “iscay” –sustantivo común– significa “dos” en quechua, es decir, hace referencia a las dos cepas citadas. Además, Luis Carlos descubrió a Fernando Izcay, vecino de Tudela (España), enfrentado contra Nicasio de Francia, por supuesto en época muy remota, en un pleito fenomenal. ¡Vaya enredo en que nos hemos metido!

Fuera del aporte del amigo quindiano, aquí está esta otra cuota de mi propia cosecha: la internista frenóloga Izcay Ronderos Botero, el conjunto residencial Izcay de Timiza en Bogotá y los vinos clásicos argentinos Iscay (Trapiche). Como se aprecia, alrededor de una palabra pueden surgir muchas historias.

Ya se ve que el vocablo, fuera de llevarlo una mitológica princesa quimbaya, echó raíces en otras latitudes –a veces con cambios gráficos muy comprensibles– y con él se han bautizado negocios, vinos, pastoras de cabras y otras personas, entre ellas Izcaí Ruiz, por quien vamos a brindar con una buena copa de Iscay como homenaje a su nombre singular.

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El Espectador, Bogotá, 4-VII-2020.
Eje 21, Manizales, 3-VII-2020.
La Crónica del Quindío, Armenia, 5-VII-2020.

Comentarios 

Qué interesante artículo acerca de la palabra Izcay y sus grafías alternativas. En la industria vinícola existe la firma Trapiche que ofrece dentro de su gama de vinos la línea «Trapiche-Iscay», aclarando que aquí la palabra Iscay, que significa «dos»,  se tomó del quechua, para designar la combinación de «dos» varietales. Ellos ofrecen la combinación de Malbec-Cabernet franc y la de Syrah-Viogner. Esta última he podido degustarla y es exquisita. La cepa viogner no tiene, por lo menos acá en Colombia, mucha difusión, pero da origen a unos vinos blancos exquisitos y muy parecidos a los Chardonay. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Izcay era el nombre de un hotel de Armenia que quedó atrapado en el terremoto y en ese momento murieron allí unos futbolistas argentinos. Esto añade a la historia de ese hotel la enología, lo cual me parece novedoso. Jaime Lopera, Armenia.

Mil gracias por el tiempo y el esfuerzo de esas múltiples búsquedas. Y mil gracias por ese acercamiento a mi nombre y a mi identidad. Izcaí Ruiz, Ciudad de Méjico.