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Medio siglo en las letras

miércoles, 8 de diciembre de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

En 1971, siendo gerente de un banco en Armenia, publiqué mi primer libro, la novela Destinos cruzados, escrita en Tunja a los 17 años, y que vio la luz en medio de la expectativa de los escritores quindianos, que dudaban de la idoneidad del escritor en ciernes. En efecto, las cifras y las letras nunca han sido compatibles. Se rechazan, aunque a veces se dan la mano. Ese mismo año, el Magazín Dominical de El Espectador publicó con honores mi primer cuento, El sapo burlón, dentro de un concurso promovido por el periódico. 

No quiero despedir el 2021 sin celebrar con mis amables lectores el medio siglo cumplido en el arduo y al mismo tiempo gratificante oficio de escribir. Es el oficio más bello del mundo, y también el más solitario. Mis primeras lecturas en Tunja, ciudad propicia para el sosiego y la reflexión, fueron Madame Bovary y La prima Bette, integrantes de la serie Grandes novelas de la literatura universal, de la editorial Jackson de Buenos Aires.

Esa fue mi primera biblioteca, que siempre me ha acompañado, y está constituida por 32 volúmenes y 62 novelas ejemplares. Conforme avanzaba por el mundo fantástico de la narrativa, más me mordía el gusanillo del escritor que dormía en mis venas. Y un buen día tuve el atrevimiento y el coraje, incitado por las obras maestras que devoraba noche tras noche, de ser también novelista.

Inicié Destinos cruzados en un cuaderno escolar que supo de mis vigilias y mis ardores literarios, hasta que un año después tuve que suspender el proyecto novelístico, que ya iba en el 80 %, para trasladarme a la selva del Putumayo, donde continué mi vida laboral. A mi regreso, recuperé el bendito borrador que estaba escondido, como un huérfano indefenso, en el fondo del baúl protector donde por poco se extingue bajo la humedad del clima tunjano.

Años después, Fernando Soto Aparicio conoció la novela, ya editada, y se interesó por llevarla a la televisión, como en efecto ocurrió: con ella inició RCN, en 1987, sus telenovelas nacionales. “¡Lo que puede la edición!”, dijo el poeta chocoano Ricardo Carrasquilla (1827-1886), quien nos anima a los “pobrecitos escribidores” –en palabras de Larra– a no quedarnos inéditos. En mi caso, esto se traduce en 13 libros  publicados y 2.000 artículos de prensa.

Quien quiera ser escritor debe saber que este no es un camino de rosas. Al revés, lo es de espinas, privación y sacrificio. Tarea exigente que reclama paciencia, consagración y altas miras para no conformarse con  la mediocridad de la vida y de la propia escritura. “Escribe con sangre –dijo Nietzsche–, y sabrás que la sangre es espíritu”.

Quiero celebrar este medio siglo con la evocación de las dos obras citadas, la novela y el cuento inaugurales, que constituyen el eje de toda mi producción. Y siguieron textos constantes trabajados con empeño, esfuerzo y rigor. Desde entonces, la mente no ha dejado de pensar.

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El Espectador, Bogotá, 4-XII-2021.
Eje 21, Manizales, 3-XII-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 5-XII-2021.

Comentarios 

Qué buen trabajo. Pero, sobre todo, somos tus lectores quienes más disfrutamos y nos beneficiamos con tu don para hacerlo. Has tenido una disciplina digna de imitar. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

Bien celebrado el medio siglo con la magnífica reseña autobiográfica. Siempre te leo con atención y admiración. Esperaré la columna del siglo. Alpher Rojas, Bogotá.

Mis congratulaciones por su loable doble esfuerzo de trabajar, para algunos en asunto de precario esfuerzo mental –yo también lo viví y lo alterné con el emprendimiento–, y su dedicación intelectual. Es innegable la calidad de sus escritos. Enhorabuena. Atenas (mensaje a El Espectador).  

Cumplir las bodas de oro en el oficio y arte de escribir es un logro muy meritorio, pero haberlo logrado escribiendo bien, como es tu caso, es sobresaliente. Ese recorrido, como lo anotas en tu artículo, se hace con dificultades y a veces es tortuoso, pero a la postre gratificante. Para mí ha sido muy grato haberme encontrado, aunque tardíamente, con tus escritos y tu amistad y espero seguir disfrutando de ellos por mucho tiempo más. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Cincuenta años de amor, pasión y consagración al difícil y gratísimo oficio de escribir. Amén del feliz resultado de 13 libros y 2.000 artículos y todo cuanto vendrá de tu pluma inagotable. Este afortunado balance no es venido del azar, sino el resultado del impulso interior, la disciplina, la investigación y el gran placer de llenar cuartillas que se han convertido en letras de molde, para solaz espiritual y alegría para los lectores. Bien se dice que el escritor y el poeta y el artista, en general, son los cronistas del tiempo que les ha correspondido vivir. Brindo por la palabra, la soledad, la calidad y cualidad de tus obras, con el mismo regocijo con el cual fueron escritas. Inés Blanco, Bogotá.

Medio siglo dedicado a las letras constituye una proeza que pocos pueden igualar. Reciba el más entrañable abrazo en esta fecha tan especial para el inicio de su brillante carrera literaria. Gustavo Valencia García, Armenia.

Nos ha contado Gustavo Páez Escobar, columnista y escritor, colaborado de El Espectador, Eje 21y otras publicaciones de aquí y del exterior, que ha llegado a sus cincuenta años de vida periodística y literaria. Gustavo es boyacense-quindiano. Les ha dado lustre a las letras de esos departamentos y goza de reconocimiento nacional.

Sus novelas, sus ensayos –Biografía de una angustia, sobre uno de los grandes de la poesía colombiana, Germán Pardo García, es uno de mis textos de cabecera–, sus columnas, son un ejemplo del bien escribir. Su castigado estilo, el encuentro de la palabra clara y precisa para expresar su pensamiento y del personaje, cuando de novela se trata, lo hacen un paradigma en el periodismo y en la literatura. (De la columna Salpicón navideño, de Augusto León Retrepo, Eje 21, Manizales, 12-XII-2021).

La Crónica: una marca quindiana

miércoles, 20 de octubre de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar

Hace 30 años –el 3 de octubre de 1991– salió a la calle La Crónica del Quindío, modesto periódico que apenas tenía un tiraje diario de 1.000 ejemplares, impreso en sistema offset, tamaño universal. El propósito era convertirlo en un enlace entre los tres departamentos del Eje Cafetero. El capital inicial fue aportado por varios empresarios del Quindío.

Más tarde, el grupo empresarial dueño del Diario del Otún, en la ciudad de Pereira, impulsó la idea del diario quindiano y entró en conversaciones con los dirigentes de la región. Para el efecto, se constituyó una sociedad de 10 personas a la que pertenecían los fundadores de la empresa  en el Quindío y los propietarios del diario risaraldense. De esta manera, se puso en marcha un periódico moderno que al paso del tiempo se ha consolidado como un respetable órgano de comunicación que goza de prestigio, seriedad y amplia difusión en la zona cafetera, con presencia, incluso, en la capital del país.

Con motivo de sus 30 años de vida, celebrados con alborozo, orgullo y satisfacción por la labor cumplida, el diario hace énfasis, con las siguientes palabras, en el objetivo que ha movido su existencia: “Son ya 30 años haciendo periodismo en la calle, alimentando nuestras páginas con las preocupaciones, los temores, las quejas, pero también registrando los sueños, los éxitos y las alegrías de todos nuestros ciudadanos”.

Esa es su razón de ser. Ha sido, en efecto, una publicación constante y exitosa que a pesar de los naturales escollos que han surgido a su paso, como ocurre en general con el periodismo, se ha mantenido fiel a su ideario de ser la vocera de las inquietudes, los problemas y las esperanzas de la comunidad. Y hay algo más: La Crónica, como se le llama sin necesidad del otro apelativo, puede considerarse una marca de la región.

En tal forma se encariñó la gente con su periódico, que este hace parte de sus querencias, sus hábitos y su cotidianidad. Lo que al principio pudo ser mirado como empeño pasajero, al igual que otras publicaciones de breve existencia que han corrido por el suelo quindiano, pasó a ser un hecho positivo y perseverante. Y se volvió una bandera regional.

La Crónica supera las 10.000 ediciones impresas, y su página web recibe la visita de 800.000 personas cada mes. Se procesa en R. R. Editores de Pereira con todas las exigencias de estos tiempos en constante evolución. La Crónica es un nervio palpitante de lo que ocurre y de lo que se avizora.

Es un periódico bien escrito. Se esmera en la presentación editorial, en la actualidad noticiosa y en el espíritu crítico. En la nómina de sus colaboradores hay 3 que vienen de la época inicial. Otro grupo lleva 20 y 15 años de servicios, lo que es garantía de constancia y profesionalismo. Expreso cordial congratulación a sus directivos, al personal y a los columnistas por esta efeméride digna de todo encomio.

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El Espectador, Bogotá, 9-X-2021.
Eje 21, Manizales, 8-X-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 10-X-2021.

Comentarios 

Justo reconocimiento a un diario que ha persistido y crecido, a pesar de haber afrontado crisis económicas propias y del país. Hacer empresa en Colombia es una verdadera lucha contra todo lo impredecible. Esperanza Jaramillo, Armenia.

Merecido el reconocimiento al empeño de impulsar un diario, para el Quindío y el país, que copó el vacío que dejó el otrora y excelente Diario del Quindío. Gustavo Valencia, Armenia.

Valioso aporte para crear más sentido de pertenecer por una de las empresas que en el Quindío han llenado de orgullo a sus habitantes. John (El Espectador).

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En el alma del Quindío (2)

martes, 31 de agosto de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Pueblo Tapao –o Pueblo Tapado– es el sitio que mejor personifica la guaquería en el Quindío. Evoca el pasado de la región, cuando los primeros pobladores se dieron a la tarea de buscar el tesoro aborigen. El nombre de Pueblo Tapao indica que el oro y la orfebrería de los quimbayas fueron “tapados” en este pintoresco caserío que se localiza entre La Tebaida y Montenegro, en la vía que conduce al Parque Nacional del Café, uno de los principales atractivos del Quindío. Otro parque significativo es Panaca, en Quimbaya. También sobresalen el Parque de la Vida, en Armenia, y el Jardín Botánico, en Calarcá. En 1978 fue erigido Pueblo Tapao como corregimiento de Montenegro. Es un bello paraje lleno de arborización, fincas, alojamientos rurales, almacenes de artesanías y encantadores paisajes.

No siempre se sabe el origen de los pueblos. Veamos el caso de Montenegro. Cuando los primeros pobladores querían saber en qué parte se hallaban las guacas más ricas, se les respondía que estaban cerca de un monte negro. Hacia allá se fueron los colonizadores, y así nació Montenegro, municipio que registra hoy evidente progreso. Luis Arango Cardona publicó en 1924 el libro Recuerdos de la guaquería en el Quindío, al que siguieron varias obras de Jesús Arango Cano, su hijo, ambos versados en esta materia.

El pasado histórico del Quindío está ligado a las tumbas en las que los quimbayas enterraron su riqueza. En 1959, una ley creó el Museo Arqueológico del Quindío, adscrito al Instituto Colombiano de Antropología. En 1965, el museo fue trasladado a la Universidad del Quindío, y fue inaugurado el primero de julio de 1967, primer aniversario de la fundación del departamento. En 1972, siendo yo gerente del Banco Popular en Armenia, se firmó un fideicomiso mediante el cual la entidad crediticia, que poseía alto espíritu cultural bajo la dirección de Eduardo Nieto Calderón, pasaba a administrar la muestra arqueológica. Para tal fin se acondicionaron, a título gratuito y como homenaje a la región, los dos pisos superiores del edificio.

Cuando me trasladé a Bogotá en 1983, el banco cumplía excelente función como guardián del tesoro quimbaya. Allí no solo se exhibían las piezas de la colección, sino otras pertenecientes a diversas culturas, que eran tomadas del propio museo del banco ubicado en la Casa del Marqués de San Jorge en Bogotá. Y se desarrollaba permanente actividad cultural. Un día supe que el museo había sido desmontado y devuelto a la universidad, y los dos pisos se habían destinado para renta de la sucursal. Lamentable suceso.

Hoy camina esta crónica por la tierra legendaria de los quimbayas. El primer sitio que visité con mi familia fue Pueblo Tapao. Allí tuvimos grata tertulia con un viejo amigo que reside en ese paraíso terrenal. En Pueblo Tapao se respira el aire de la guaquería bajo el mito y el misterio. Este viaje de placer nos permitió el reencuentro con el alma del Quindío a través de su historia y sus tradiciones.

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El Espectador, Bogotá, 28-VIII-2021.
Eje 21, Manizales, 27-VIII-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 29-VIII-2021.
Aristos Internacional, n.° 46, Alicante (España), octubre/2021.

Comentarios 

Elegí levantar mi casa cerca de Pueblo Tapao, justamente por los extraordinarios paisajes de la zona. Desde allí se mira el cañón colmado de guaduales de todos los matices. Es un lugar muy agradable para vivir. Respecto al origen del nombre he oído decir que fue denominado así debido a que la exuberancia impedía ver más allá. Esperanza Jaramillo, Armenia.

El Quindío no solo es la zona más fecunda de Colombia, es la región más fértil del mundo. Con solo atravesar el hermoso departamento salta a la vista el humus feraz de sus tierras. Al llegar al Quindío no puedo evitar evocar al querido rapsoda quindiano Baudilio Montoya, antioqueño “nacionalizado” en el Quindío, donde falleció. Gines (correo a El Espectador).  

Innegable, el Quindio es tierra de los afectos del creador. Forma parte de ese triángulo admirable, otrora llamado del café, con Risaralda y Caldas, o gran Caldas antes. Y como haya sido, esa hermosa región es rescoldo para la vida apacible en medio de gente muy laboriosa, sin igual en Colombia. Atenas (correo a El Espectador).

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En el alma del Quindío (1)

miércoles, 18 de agosto de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Hablar del alma del Quindío es lo mismo que hablar de todo el Quindío. Quien no lo conozca, se ha perdido de uno de los mayores espectáculos de la geografía colombiana. Con apenas 12 municipios y 1.845 kilómetros cuadrados de extensión, sobresale como uno de los territorios más fértiles, hermosos y hospitalarios de Colombia, y por eso se ha vuelto centro de atracción de las continuas corrientes turísticas que llegan del exterior y del propio país. El prodigio de la tierra hizo brotar palabras precisas, que suenan mágicas –edén y paraíso–, con las que se califica la riqueza ecológica del departamento.

Con estos apelativos están bautizadas muchas fincas, negocios y lugares diversos. El aeropuerto, ubicado en La Tebaida, a 15 kilómetros de Armenia, se denomina El Edén. En cercanías del club Campestre queda el reconocido restaurante Estación Paraíso, donde en el año 2013 mi esposa y yo tuvimos la gratísima sorpresa de encontramos con un entrañable grupo de amigos quindianos que fueron invitados por nuestros hijos y sus cónyuges para celebrarnos las bodas de oro. Muy cerca funciona el restaurante Rancho Edén, que lleva dos décadas de tradición y se ha convertido en sitio emblemático.

Me dice Josué López Jaramillo, mi excolega de la banca en Armenia y agrónomo de profesión, que el Quindío posee unas de las tierras de más alta calidad del país, ya que el suelo es profundo y rico en materia orgánica, y por eso posee mucha fertilidad. Sí: es un paraíso, o un edén, tanto por la fertilidad de la tierra como por el embrujo de sus paisajes. A esto hay que agregarle la amabilidad y la simpatía de su gente, tesoro innato que permanece fresco como sus verdes campiñas.

Vuelvo ahora al Quindío con mi familia en gratificante periodo de descanso, tras sufrir el confinamiento de 16 meses causado por la pandemia. Nos hospedamos en el hotel Palma Verde, compuesto por 16 confortables casas campestres –el mismo número de los meses del encierro, curiosa coincidencia–. Obsérvese que el nombre del hotel representa un tributo a la ecología de la comarca: la palma y la lozanía del entorno son el mejor distintivo del alma regional. La palma de cera del Quindío fue escogida como el árbol nacional de Colombia.

El hotel está en el kilómetro 10 de la vía al aeropuerto, cerca de una glorieta. Para mí, que viví 15 años en Armenia y regresé a Bogotá hace 38 años, es sorprendente descubrir en este paraje, antes deshabitado, un poderoso polo de desarrollo que ha surgido, a ritmo veloz, con viviendas, hoteles, restaurantes y otros negocios, como los supermercados Laureles y D1. Hoy crece en el sector una maravillosa zona turística con ambiente campestre que mañana será un centro urbano.

Los quindianos son personas de empuje, esfuerzo y progreso. No se arredran ante las dificultades. Si fueron capaces de reconstruir a Armenia en solo cinco años después del terremoto de 1999, cualquier cosa pueden hacer.

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El Espectador, Armenia, 14-VIII-2021.
Eje 21, Manizales, 13-VIII-2021.
La Crónica del Quindío, 15-VIII-2021.

Comentarios 

Comparto tu opinión sobre el Quindío y en particular sobre Armenia. Estuve allá con la familia pasando una Semana Santa, hospedado en el Club Campestre de Armenia, y en realidad fue una experiencia maravillosa. Entre otras cosas, hay bellísimos pueblos alrededor de la capital del Quindío. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

Soy testigo de todas las maravillas del Quindío que tú nombras, pues las disfruté en familia hace pocos años. Mercedes Medina de Pacheco, Bogotá.

Su columna es no solo una manifestación de gratitud hacia una tierra que lo acogió con cariño, sino un artículo con argumentos para motivar a la gente a que la visite. José Miguel Alzate, Manizales.

Verdaderamente envidiable que se hayan decidido a viajar al Quindío, tierra que todos ustedes aman, y que hayas encontrado no solo a Armenia sino a todo el departamento tan bello, tan grato, tan lleno de recuerdos y con esa naturaleza de prodigio que todavía tengo metida en el corazón, pese a que hace ya muchos años no regreso al Quindio. Diana López de Zumaya, Ciudad de Méjico.

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De humorista a historiador

miércoles, 17 de marzo de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

A José Jaramillo Mejía lo conozco hace más de 40 años, desde cuando dirigía en Manizales La Nacional de Seguros y yo ocupaba en Armenia la gerencia del Banco Popular. Su primer libro, publicado en 1980, se titula A mitad de camino. Hoy, con Monólogos de Florentino, salido en noviembre pasado, su producción llega a 20 obras. Esto significa que no se quedó a mitad de camino, sino que siguió adelante, con vigoroso empeño, tanto en la labor literaria como en la periodística.

En 1980 me hizo el honor de nombrarme, junto con Adel López Gómez y Humberto Jaramillo Ángel, jurado de un concurso de periodismo que se realizaba en la capital caldense con el auspicio de La Nacional de Seguros. Jaramillo Mejía ha sido gran promotor de la cultura regional. Nació en La Tebaida, Quindío, en 1940 y a la edad de 38 años se radicó en Manizales. Con orgullo se proclama hoy escritor quindiano-caldense como autor que es de excelentes investigaciones, crónicas y estudios surgidos en las dos comarcas cafeteras.

Sus textos son ágiles, concisos, claros y amenos. Posee exquisita vena humorística  que se manifiesta en varios de sus libros, lo mismo que en sus crónicas en el diario caldense. Es un placer leerlo. Ha incursionado en diversos géneros y sobresale por su esmero gramatical y la sindéresis de sus ideas, bien sean estas elaboradas con tono divertido o con el rigor del ensayista y el historiador que escudriña interesantes temas movidos por su inquietud intelectual.

Además, ha demostrado buenas dotes para el arte poético, como lo acredita su libro La vida sonreída y 12 sonetos para leer después de muerto (2004), que para mi gusto personal son “poemas de fino humor, a lo Luis Carlos López, llenos de ironía y encanto”, según lo expresé cuando fueron publicados.

En los últimos años, sus preferencias se han manifestado en el ámbito de la historia, la biografía y las memorias, con la exaltación de personajes del pasado como José Restrepo Restrepo, Arturo Arango Uribe, Eduardo Arango Restrepo y Rafael Arango Villegas; o en el rescate de sus propias raíces ancestrales, que recoge en Las trochas de la memoria. Tales calidades le valieron, desde tiempo atrás, su elección como miembro de la Academia Caldense de Historia.

A Monólogos de Florentino, su reciente libro, le agregó el subtítulo de Reflexiones de un ideólogo empírico. La obra está prologada por el exvicepresidente Humberto de la Calle Lombana y lleva una nota de presentación del historiador Albeiro Valencia Llano. Florentino es el alter ego de Jaramillo Mejía. En 1995 ya había establecido nexos con él en Coloquios de Berceo con Florentino. Es este un personaje típico de la región, de profesión tinterillo, con honda sabiduría en los campos del derecho, la economía, la política, la literatura, la religión, la historia… Todo un prototipo de la ciencia de la vida. Por largo tiempo, Florentino fue secretario del juzgado de Circasia, Quindío, donde Jaramillo Mejía vivió memorables andanzas luego de su residencia en La Tebaida.

Valiéndose de este personaje emblemático, el escritor explaya sus ideas liberales y penetra en palpitantes temas de la vida nacional. Le rinde homenaje a Circasia, y a través de ella, al Quindío. Esta hermosa población, de seductores paisajes, sanas costumbres y gente amable, posee un pasado glorioso con su Cementerio Libre, símbolo de la libertad liderado por el patricio Braulio Botero Londoño, figura relevante de la región. Florentino –no cabe duda– es el propio José Jaramillo Mejía.

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El Espectador, Bogotá, 13-III-2021.
Eje 21, Manizales, 12-III-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 14-III-2021-

Comentarios 

Gracias, Gustavo, por el artículo. Resolví recoger mis “divertimientos” poéticos en un libro que hoy te envío. A propósito de los poemas, me dijo Aída Jaramillo Isaza (directora de la revista Manizales): “Yo no sabía que tú eras poeta”. Y le contesté: “Yo tampoco”. José Jaramillo Mejía, Manizales.

Muy justo el reconocimiento a José Jaramillo de su obra y de su vida. En efecto, es un gran escritor. Una persona dedicada al oficio y purista con el lenguaje; le tengo gran admiración y afecto. La publicación más reciente titulada Yo, Quijote, con ilustraciones de Ferney Vargas Jaramillo -Feroz-, es magnífica. Nada más grato que reconocer los valores de los amigos y tú lo has hecho siempre con generosidad y rigor. Esperanza Jaramillo, Armenia.