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La sede del idioma

martes, 28 de septiembre de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

La escritora y académica tunjana Mercedes Medina de Pacheco es autora de un precioso libro dedicado a la Academia Colombiana de la Lengua con motivo de los 150 años que cumplió la entidad el 10 de mayo pasado, obra que vio la luz en 216 páginas y edición de lujo, gracias al patrocinio de la Sociedad Geográfica de Colombia. Maravillan las fotos tomadas por Gonzalo Garavito Silva, que ambientan el recorrido por las diversas áreas de la edificación.

Cristina Maya, prologuista de la obra y miembro de la academia, califica la colección de murales, estatuas, gobelinos, vitrales, pinturas, libros y demás objetos como la más completa iconografía de este templo del idioma. Y está la precisa descripción de los sitios, junto con las reseñas sobre cada uno de los personajes cuya memoria se honra en el augusto recinto.

Grandes figuras de las letras, la política, la academia y el arte han dejado allí honda huella como cultoras y maestras del idioma castellano. Su memoria está enaltecida en este instituto encargado no solo de estudiar, proteger y difundir las reglas del bien decir, sino también honrar a quienes han sido guardianes y difusores de esta disciplina. Hay que considerar a la lengua como la matriz de la civilización y el elemento básico sin el cual sería imposible la convivencia y la relación humana.

A propósito, en el momento adelanto la lectura de un libro apasionante: El infinito en un junco, de la española Irene Vallejo, quien en exhaustiva y por otra parte  amena investigación cuenta la historia universal del lenguaje oral o por gestos, antes de aparecer el junco con el que se elaboraban en Egipto los antiguos papiros manuscritos, hasta llegar al descubrimiento de la imprenta, uno de los sucesos más importantes de la humanidad.

La Academia Colombiana de la Lengua fue fundada el 10 de mayo de 1871 por un prestigioso grupo de humanistas, filólogos y escritores, entre quienes se hallaban Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo, con cuyos nombres fue bautizado, en 1942, el Instituto Caro y Cuervo, de ilustre trayectoria. Es la academia de este género más antigua de Hispanoamérica. Su primer director y máximo gestor fue José María Vergara y Vergara.

La primera sesión tuvo lugar el 6 de agosto de 1872, efeméride de la fundación de Bogotá, con la deplorable ausencia de Vergara, que había fallecido el 9 de marzo de ese año. En su remplazo fue elegido Miguel Antonio Caro. Esta junta se realizó con 12 miembros, como homenaje a las 12 casas con que el 6 de agosto de 1538 fue fundada Bogotá.

Digna de encomio es Mercedes Medina de Pacheco por este aporte a la vida cultural del país. Pertenece a varias academias y se ha distinguido por su espíritu de estudio y la escritura de varias obras de diverso género, en las que predominan la investigación histórica, la literatura infantil y las tradiciones.

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El Tiempo, Bogotá, 25-IX-2021.
Eje 21, Manizales, 24-IX-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 26-IX-2021.

Comentarios 

Muy interesante el libro de la escritora Pacheco. También estoy fascinada con la lectura de El infinito en un junco. Siempre he sentido profundo respeto por los libros, y ahora aún más, al detenerme en ese asombroso y largo camino hasta llegar a ese maravilloso producto, que nos parece tan natural. Esperanza Jaramillo, Armenia.   

El Diccionario de Construcción y Régimen iniciado por don Rufino José Cuervo y terminado por los filólogos del Instituto Caro y Cuervo es la obra monumental de nuestro idioma. Google debe tenerlo en cuenta para que su traductor al español (castellano) se mejore y los escritores colombianos no utilicen palabras en inglés. Luis (correo a El Espectador).  

En el alma del Quindío (3)

martes, 14 de septiembre de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Con esta entrega finalizo las pinceladas sobre los paisajes y la gente que surgieron durante mi visita a la tierra quindiana. Volver al Quindío será siempre grato. Allí dejé  hondas raíces y bellos recuerdos a raíz de los 15 años de residencia en Armenia.

El terremoto de 1999 causó en la ciudad 921 muertos, 2.300 heridos, más de 30.000 viviendas afectadas y más de 1 millón de metros cúbicos de escombros, según el Servicio Geológico Colombiano. Me encontré en esta ocasión con el arquitecto Eduardo Fajardo Molina, exalcalde de Armenia, quien fue el constructor, junto con su hermano Gustavo, del edificio del Banco Popular.

Hablamos de aquella dantesca catástrofe que en 28 segundos tumbó el 75 % de Armenia. Y vinieron a cuento la cantidad de edificaciones derrumbadas. Sobre la sede del banco, me dijo con orgullo: “El banco no se cayó”. La construcción de ese edificio fue mi programa prioritario cuando ocupé la gerencia regional. Mi vieja casa de trabajo quedó intacta, y esto me produce regocijo.

Después del terremoto, la ciudad fue reconstruida en 5 años. Milagro prodigioso que refleja el espíritu de resistencia y progreso de los quindianos. Hoy es una ciudad nueva y esplendorosa, si bien la invasión del espacio público representa un lunar que la desfigura. Ese es el gran reto para las autoridades. En el ámbito cultural, tuve el agrado de visitar a Carmelina Soto en el sitio del parque Sucre donde reposan sus restos. Y de repasar su entrañable poema Mi ciudad: “Y nació mi ciudad en sol bañada, / los pies en tierra aurífera y oscura / y una perenne vocación de altura / en la límpida frente iluminada”… El legado que dejan los escritores, poetas y en general los artistas se convierte en patrimonio público.

Al pasar ante la estatua de Baudilio Montoya en La Bella, Calarcá, sentí como si regresara el pasado del Quindío romántico y bohemio. Y me acordé, por supuesto, de personajes muy ligados a mis afectos: Euclides Jaramillo Arango, Eduardo Arias Suárez, Alirio Gallego Valencia… En la Casa de Cultura de Calarcá visité las tumbas que guardan las cenizas de Luis Vidales y de Javier Huérfano. Pueblos, paisajes, parques, personas, estampas múltiples… todo fue brotando en alas de la emoción y la añoranza. El Quindío cabe en un rincón del alma.

La última pincelada es para la visita al Cementerio Libre de Circasia, obra fundada por Braulio Botero Londoño en 1928. En contra de la norma discriminatoria de la Iglesia católica en aquellas calendas, el cementerio abrió sus puertas para cualquier ciudadano, sin tener en cuenta su ideología política o religiosa. Y fue destruido por el fanatismo en la década de 1950.

Entrar hoy a ese recinto artístico donde no existen cruces ni signos lúgubres, y que subsiste a pesar de las embestidas políticas y clericales de otros tiempos, equivale a encontrar un retazo de sosiego –y también de historia patria– en medio de la realidad de la muerte.

El Espectador, Bogotá, 11-IX-2021.
Eje 21, Manizales, 10-IX-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 12-IX-2021.

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Comentarios

No hace falta ser poeta para percibir en tu crónica la emoción de tus palabras y la mirada a un pasado que conmueve el alma y se fija en el recuerdo como un pálpito que no cesa. Me encantó esa dulce nostalgia, salpicada con la visita a los lugares sagrados donde reposan seres entrañables, grandes poetas: Carmelina Soto, Luis Vidales, Javier Huérfano, tan cercanos en las palabras y en la amistad. El encuentro con tus amigos ya desaparecidos y con el arquitecto causó, sin duda, conmoción en tu ánimo. Inés Blanco, Bogotá.

Bueno, así le rindió merecido culto a esa enormemente bella región. Sobre la misma que una vez el cantautor argentino Alberto Cortez dijo que no conocía tierra de tan singular belleza. Atenas (correo a El Espectador).

Gratos recuerdos tenemos de su paso por el banco. Los quindianos nos sentimos representados por usted. Álvaro (correo enviado a El Espectador).

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La importancia de llamarse Gustavo Páez Escobar

viernes, 3 de septiembre de 2021 Comments off

Gloria Chávez Vásquez

“La memoria no es lo que recordamos, sino lo que nos recuerda.
La memoria es un presente que nunca acaba de pasar”.
Octavio Paz. Poeta y ensayista mexicano (1914–1998)

En 1971, El Espectador celebraba sus 90 años de existencia con el Concurso Nacional del Cuento. En él participa toda una generación de escritores colombianos en ciernes. Nadie recuerda al ganador, pero el hecho de que aparecía publicado en el Magazín Dominical confirmaba la calidad del cuento. Uno de ellos, “El sapo burlón”, lo había escrito el gerente del Banco Popular en Armenia, Quindío.

Con ese cuento, Gustavo Páez Escobar (1936), nacido en Soatá, Boyacá, iniciaba su aventura como escritor y periodista. Ese mismo año, en medio de su bonanza literaria, comienza a escribir la columna semanal Salpicón, que aparece en La Patria de Manizales y en El Espectador de Bogotá. En 1981 publica una colección de 20 cuentos auspiciada por la Biblioteca del Banco Popular, y al año siguiente El Tiempo escoge “Humo” como uno de los mejores cuentos publicados ese año. Su novela Destinos cruzados, escrita en su adolescencia, es llevada a la pantalla chica en 1986 por Fernando Soto Aparicio como la primera telenovela de RCN.

¿Qué milagro convirtió a un gerente de banco en escritor prolífico? En realidad, el escritor convivía con el economista. En su adolescencia, Gustavo ya era un ávido lector que estudiaba en serio el griego y el latín. El hogar de sus padres era fruto del estudio, la disciplina y el amor por la poesía. Pedro Páez Cuervo fue médico en las selvas del Casanare, y Herminia Escobar era educadora; de sus seis hijos, Jorge Alberto (capitán de navío de la Armada Nacional) escribió poesía (Bitácora de ensueños) y Gustavo se dedicó a la prosa.

La vida laboral de GPE transcurre en la Contraloría Departamental de Boyacá, y luego en el Banco Popular como ejecutivo en Bogotá y otras ciudades. Como gerente en Armenia logra que el banco construya la moderna sede y que el presidente del banco en esa época, Eduardo Nieto Calderón, lo respalde en su proyecto de dedicar 2 pisos del edificio al Museo Arqueológico.

Conoce a Astrid Silva Ortiz en Bogotá, una bella joven que trabajaba en la General Electric. Fue amor a primera vista. Se casaron a los ocho meses y ella se retiró de la empresa para dedicarse a las labores del hogar. Astrid se compenetró tanto con el escritor su esposo que, según él, en sus 58 años de casados “ha sido mi faro y mi motivación en esa labor”. Sus tres hijos son exitosos profesionales. Su hija Liliana trabaja en Caracol Radio, Fabiola es ingeniera de Sistemas y Gustavo es administrador de empresas, especializado en mercadeo. Los Páez Silva tienen una nieta, Valeria, de ocho años.

Durante sus 15 años de residencia en el Quindío, Gustavo Páez se identificó con la región y sus tradiciones. “Me encantaron la amabilidad, la simpatía y la hospitalidad de la gente, y entré a compartir el ambiente cultural que allí se vivía. Estaba en mi salsa”. Más lealtad aún porque fue en esa región donde realizó su vocación literaria. La región lo honró con cuatro condecoraciones, entre ellas la Medalla al Mérito Artístico, otorgada por la Gobernación, y el Cafeto de Oro, por la Alcaldía de Armenia.

Gustavo Páez nos revela un secreto bien guardado hasta ahora, en esta anécdota: un día el rector de la Universidad del Quindío, Horacio Salazar Montoya, le informó que el centro docente había dispuesto concederle el doctorado honoris causa en Literatura. Muy a su pesar declinó el honor, porque su ética profesional no le permitía ignorar los conflictos de interés entre el banco y la universidad. “Deseaba conservar mi independencia al frente del cargo”, dice Páez Escobar.

Entre sus libros publicados: “Ráfagas de silencio”, una obra de vivencias en la selva inhóspita con la figura del legendario Tulio Bayer como personaje central.  “Ventisca” describe la destrucción de un pueblo, similar a la tragedia de Armero. En “Biografía de una angustia” Páez demuestra su empatía natural y calidad como biógrafo, escribiendo sobre la vida del poeta colombiano autoexiliado en México Germán Pardo García. El libro es publicado en 1994 por el Instituto Caro y Cuervo. En 2002, escribe sobre las experiencias y observaciones de sus viajes, un itinerario de diez mil kilómetros por los países europeos, realizado en el otoño de 1998, al que titula “El azar de los caminos”. En 1998 edita “La noche de Zamira”, una novela sobre los problemas socioeconómicos derivados de la bonanza cafetera. En 2003, la Academia Boyacense de Historia publica “Laura Victoria, sensual y mística”, la biografía de la pionera de la poesía erótica en Colombia.

Aparte de que mantiene colaboraciones en La Crónica del Quindío, Eje 21 de Manizales y algunas revistas, como Mirador del Suroeste de Medellín y Aristos Internacional de Alicante, España, Gustavo Páez Escobar es miembro de la Academia de Historia de Boyacá, de la Academia Patriótica Antonio Nariño, del Instituto Sanmartiniano de Colombia, entre otras.

En la vida de este boyacense que respiró el aire quindiano por espacio de 15 años, se da muy bien aquello de que la persistencia con paciencia todo lo alcanza. En su sensatez de carácter, Gustavo ha alcanzado lo que se ha propuesto, con una disciplina y vocación extraordinarias. Conocido en el medio intelectual por su don de gentes, su generosidad y respeto hacia sus colegas, ha guiado a muchos al tiempo que brindaba su amistad. Virtudes que no son comunes en el egocéntrico mundillo literario de nuestro país.

Como testigo de la historia y la cultura, Gustavo Páez Escobar es un referente para las nuevas generaciones de académicos y escritores. De sus más de 2.000 artículos periodísticos, guardados en su página literaria digital, más de 300 son sobre el Quindío. Su primer libro de cuentos fue incluido en la Cápsula de El Tiempo, a abrirse en 2052.

Constante en su método, Gustavo ha cuidado bien lo que será su legado. Con la colaboración de Astrid, la guardiana de sus archivos, y Fabiola, la hija experta en la moderna tecnología, sus escritos han sido preservados como una herencia de amor para la patria.

Gloria Chávez Vásquez es escritora, periodista y educadora residente en EE.UU.

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Comentarios

Me alegra sinceramente la bella página escrita por Gloria sobre tu vida y tu carrera literaria. Tu importante participación en el mundo de las letras merece ser exaltada. Eres un escritor serio, con una pluma depurada y una disciplina excepcional. Felicitaciones extensivas a Astrid y a los tuyos. Importante también la referencia sobre tu vida laboral porque dejaste huella en esta tierra.  Muy hermosa tu foto con Valeria.

Muy bellas y merecidas todas las notas de solidaridad y afecto que has recibido con ocasión de la página de Gloria. En el largo ejercicio de vivir y escribir van quedando muchos episodios importantes de la vida, en una suerte de neblina. Bueno es que alguien recuerde el camino recorrido por una persona que, como tú, ha dejado plasmada su impronta. Esperanza Jaramillo García, Armenia.

Respuesta. Aprecio mucho tus nobles palabras. Como sabes, el reconocimiento en el mundo de las letras es escaso. Esta es una áspera realidad. El oficio del escritor es el más solitario del mundo. Si existe verdadera vocación para la escritura, y esta se ejerce con convicción, sacrificio y altas miras, se obtienen en silencio grandes satisfacciones. Cuando uno mira hacia atrás en el final de la vida, lo que en realidad se salva es lo constructivo, lo que se ha forjado con rigor y firmeza, lo que se ha escrito con sangre. Lo demás se lo lleva el viento.

Ya desaparecido el escritor de la escena del mundo, quizás alguien, con el correr del tiempo, lo recuerde por algún libro que ya nadie menciona. Por eso, disfrutemos en vida de un aplauso, de una flor, de una sonrisa, antes de entrar en las sombras del olvido. Gustavo Páez Escobar. 

Me uno a cada palabra que Gloria Chávez escribe sobre la vida literaria del papá escritor y en especial a las palabras sobre el maravilloso ser humano que me dio la vida y del cual me siento tan orgullosa. Este legado es de inmenso valor para mi vida. No hay mejor herencia que la del buen ejemplo.

Un padre intachable, de valores indestructibles, lleno de sabiduría, siempre presente para la familia. Cada consejo es acertado y más que consejos nos da vivencias y palabras de aliento para continuar por el camino recto que nos trazó desde pequeños. Gracias, Gloria, por exaltar la vida literaria de mi papá y su condición humana. Le agradezco a Dios a diario por haber nacido dentro de una verdadera familia y tener como padres unos seres inigualables. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Desde 1971 hasta la fecha hay un largo camino muy bien recorrido en tu casi silenciosa pero fructífera tarea como cuentista, novelista, cronista, biógrafo, periodista, gestor e impulsor del arte y los artistas, donde la calidad de los trabajos te dejan, sin ninguna duda, una satisfacción enorme, al lado de tu cómplice Astrid y la admiración y reconocimiento de tus hijos, lectores y amigos, entre quienes me cuento, desde el año 1994, cuando nos presentó el escritor Óscar Londoño Pineda, con ocasión de la publicación de «Biografía de una angustia» acerca de mi pariente el poeta Germán Pardo García. Gloria ha hecho un retrato, una pintura o un mapa de tu historia, sin error en el lienzo, ni en el color ni en el tema. Inés Blanco, Bogotá.

Esta frase es la que más me llama la atención de lo que escribe Gloria Chávez: «Conocido en el medio intelectual por su don de gentes, su generosidad y respeto hacia sus colegas, ha guiado a muchos al tiempo que brindaba su amistad»: Lo de don de gentes, sí, así está muy bien descrito. Loretta van Iterson, Ámsterdam, Holanda –autora del bello libro Nido de oropéndolas (2010)–.

La impecable redacción y el mágico manejo del idioma es una dupla con la cual nos has hecho soñar, reír y llorar. Yo también digo: ¡Gracias! Gracias por enseñar con tu pluma. Gracias, colega. Gracias, primo mío, por dejar honda huella en el oficio literario que inició en el lejano Llano el poeta Pedro Páez Cuervo a quien la vida te entregó por hijo. Siempre has sido nuestro orgullo. Colombia Páez (El Nuevo Herald, Miami).

Tu carrera como escritor bien merece este y muchos más reconocimientos. Recibe mi abrazo de felicitación, que estoy seguro se sumará al de muchas otras personas que te admiran y siguen tu producción periodística y literaria. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

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En el alma del Quindío (2)

martes, 31 de agosto de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Pueblo Tapao –o Pueblo Tapado– es el sitio que mejor personifica la guaquería en el Quindío. Evoca el pasado de la región, cuando los primeros pobladores se dieron a la tarea de buscar el tesoro aborigen. El nombre de Pueblo Tapao indica que el oro y la orfebrería de los quimbayas fueron “tapados” en este pintoresco caserío que se localiza entre La Tebaida y Montenegro, en la vía que conduce al Parque Nacional del Café, uno de los principales atractivos del Quindío. Otro parque significativo es Panaca, en Quimbaya. También sobresalen el Parque de la Vida, en Armenia, y el Jardín Botánico, en Calarcá. En 1978 fue erigido Pueblo Tapao como corregimiento de Montenegro. Es un bello paraje lleno de arborización, fincas, alojamientos rurales, almacenes de artesanías y encantadores paisajes.

No siempre se sabe el origen de los pueblos. Veamos el caso de Montenegro. Cuando los primeros pobladores querían saber en qué parte se hallaban las guacas más ricas, se les respondía que estaban cerca de un monte negro. Hacia allá se fueron los colonizadores, y así nació Montenegro, municipio que registra hoy evidente progreso. Luis Arango Cardona publicó en 1924 el libro Recuerdos de la guaquería en el Quindío, al que siguieron varias obras de Jesús Arango Cano, su hijo, ambos versados en esta materia.

El pasado histórico del Quindío está ligado a las tumbas en las que los quimbayas enterraron su riqueza. En 1959, una ley creó el Museo Arqueológico del Quindío, adscrito al Instituto Colombiano de Antropología. En 1965, el museo fue trasladado a la Universidad del Quindío, y fue inaugurado el primero de julio de 1967, primer aniversario de la fundación del departamento. En 1972, siendo yo gerente del Banco Popular en Armenia, se firmó un fideicomiso mediante el cual la entidad crediticia, que poseía alto espíritu cultural bajo la dirección de Eduardo Nieto Calderón, pasaba a administrar la muestra arqueológica. Para tal fin se acondicionaron, a título gratuito y como homenaje a la región, los dos pisos superiores del edificio.

Cuando me trasladé a Bogotá en 1983, el banco cumplía excelente función como guardián del tesoro quimbaya. Allí no solo se exhibían las piezas de la colección, sino otras pertenecientes a diversas culturas, que eran tomadas del propio museo del banco ubicado en la Casa del Marqués de San Jorge en Bogotá. Y se desarrollaba permanente actividad cultural. Un día supe que el museo había sido desmontado y devuelto a la universidad, y los dos pisos se habían destinado para renta de la sucursal. Lamentable suceso.

Hoy camina esta crónica por la tierra legendaria de los quimbayas. El primer sitio que visité con mi familia fue Pueblo Tapao. Allí tuvimos grata tertulia con un viejo amigo que reside en ese paraíso terrenal. En Pueblo Tapao se respira el aire de la guaquería bajo el mito y el misterio. Este viaje de placer nos permitió el reencuentro con el alma del Quindío a través de su historia y sus tradiciones.

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El Espectador, Bogotá, 28-VIII-2021.
Eje 21, Manizales, 27-VIII-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 29-VIII-2021.
Aristos Internacional, n.° 46, Alicante (España), octubre/2021.

Comentarios 

Elegí levantar mi casa cerca de Pueblo Tapao, justamente por los extraordinarios paisajes de la zona. Desde allí se mira el cañón colmado de guaduales de todos los matices. Es un lugar muy agradable para vivir. Respecto al origen del nombre he oído decir que fue denominado así debido a que la exuberancia impedía ver más allá. Esperanza Jaramillo, Armenia.

El Quindío no solo es la zona más fecunda de Colombia, es la región más fértil del mundo. Con solo atravesar el hermoso departamento salta a la vista el humus feraz de sus tierras. Al llegar al Quindío no puedo evitar evocar al querido rapsoda quindiano Baudilio Montoya, antioqueño “nacionalizado” en el Quindío, donde falleció. Gines (correo a El Espectador).  

Innegable, el Quindio es tierra de los afectos del creador. Forma parte de ese triángulo admirable, otrora llamado del café, con Risaralda y Caldas, o gran Caldas antes. Y como haya sido, esa hermosa región es rescoldo para la vida apacible en medio de gente muy laboriosa, sin igual en Colombia. Atenas (correo a El Espectador).

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En el alma del Quindío (1)

miércoles, 18 de agosto de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Hablar del alma del Quindío es lo mismo que hablar de todo el Quindío. Quien no lo conozca, se ha perdido de uno de los mayores espectáculos de la geografía colombiana. Con apenas 12 municipios y 1.845 kilómetros cuadrados de extensión, sobresale como uno de los territorios más fértiles, hermosos y hospitalarios de Colombia, y por eso se ha vuelto centro de atracción de las continuas corrientes turísticas que llegan del exterior y del propio país. El prodigio de la tierra hizo brotar palabras precisas, que suenan mágicas –edén y paraíso–, con las que se califica la riqueza ecológica del departamento.

Con estos apelativos están bautizadas muchas fincas, negocios y lugares diversos. El aeropuerto, ubicado en La Tebaida, a 15 kilómetros de Armenia, se denomina El Edén. En cercanías del club Campestre queda el reconocido restaurante Estación Paraíso, donde en el año 2013 mi esposa y yo tuvimos la gratísima sorpresa de encontramos con un entrañable grupo de amigos quindianos que fueron invitados por nuestros hijos y sus cónyuges para celebrarnos las bodas de oro. Muy cerca funciona el restaurante Rancho Edén, que lleva dos décadas de tradición y se ha convertido en sitio emblemático.

Me dice Josué López Jaramillo, mi excolega de la banca en Armenia y agrónomo de profesión, que el Quindío posee unas de las tierras de más alta calidad del país, ya que el suelo es profundo y rico en materia orgánica, y por eso posee mucha fertilidad. Sí: es un paraíso, o un edén, tanto por la fertilidad de la tierra como por el embrujo de sus paisajes. A esto hay que agregarle la amabilidad y la simpatía de su gente, tesoro innato que permanece fresco como sus verdes campiñas.

Vuelvo ahora al Quindío con mi familia en gratificante periodo de descanso, tras sufrir el confinamiento de 16 meses causado por la pandemia. Nos hospedamos en el hotel Palma Verde, compuesto por 16 confortables casas campestres –el mismo número de los meses del encierro, curiosa coincidencia–. Obsérvese que el nombre del hotel representa un tributo a la ecología de la comarca: la palma y la lozanía del entorno son el mejor distintivo del alma regional. La palma de cera del Quindío fue escogida como el árbol nacional de Colombia.

El hotel está en el kilómetro 10 de la vía al aeropuerto, cerca de una glorieta. Para mí, que viví 15 años en Armenia y regresé a Bogotá hace 38 años, es sorprendente descubrir en este paraje, antes deshabitado, un poderoso polo de desarrollo que ha surgido, a ritmo veloz, con viviendas, hoteles, restaurantes y otros negocios, como los supermercados Laureles y D1. Hoy crece en el sector una maravillosa zona turística con ambiente campestre que mañana será un centro urbano.

Los quindianos son personas de empuje, esfuerzo y progreso. No se arredran ante las dificultades. Si fueron capaces de reconstruir a Armenia en solo cinco años después del terremoto de 1999, cualquier cosa pueden hacer.

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El Espectador, Armenia, 14-VIII-2021.
Eje 21, Manizales, 13-VIII-2021.
La Crónica del Quindío, 15-VIII-2021.

Comentarios 

Comparto tu opinión sobre el Quindío y en particular sobre Armenia. Estuve allá con la familia pasando una Semana Santa, hospedado en el Club Campestre de Armenia, y en realidad fue una experiencia maravillosa. Entre otras cosas, hay bellísimos pueblos alrededor de la capital del Quindío. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

Soy testigo de todas las maravillas del Quindío que tú nombras, pues las disfruté en familia hace pocos años. Mercedes Medina de Pacheco, Bogotá.

Su columna es no solo una manifestación de gratitud hacia una tierra que lo acogió con cariño, sino un artículo con argumentos para motivar a la gente a que la visite. José Miguel Alzate, Manizales.

Verdaderamente envidiable que se hayan decidido a viajar al Quindío, tierra que todos ustedes aman, y que hayas encontrado no solo a Armenia sino a todo el departamento tan bello, tan grato, tan lleno de recuerdos y con esa naturaleza de prodigio que todavía tengo metida en el corazón, pese a que hace ya muchos años no regreso al Quindio. Diana López de Zumaya, Ciudad de Méjico.

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