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Andrea Marcela

lunes, 4 de noviembre de 2013

Por: Gustavo Páez Escobar

Andrea Marcela salió de su casa a las 8:30 de la mañana. Iba a efectuar una llamada telefónica. Y no regresó. Tenía 12 años y era muy querida en el barrio El Milagro, de Tunja, donde residía.

Desde que el primero de octubre se supo su desaparición, las autoridades iniciaron su búsqueda en Tunja y en los municipios cercanos. Nadie dio razón de ella, y el caso se convirtió en un misterio. Una llamada a la Policía, seis días después, permitió localizar su cadáver, con signos de tortura, a un lado de la vía que conduce de Tunja a Villa de Leiva, en el lugar que por cruel ironía lleva el nombre de La curva del muerto.

Dantesco cuadro este de encontrar a la niña quemada y atacada por los perros. Muy poco quedaba de ella. Con solo pensar en esta escena, se obnubila la mente para admitir que semejante acto de salvajismo lo pueda cometer un ser humano. El ánimo se exaspera frente a este crimen horrendo. La persona que lo ejecutó no puede ser sino un monstruo que se arrastra por las cloacas de la degradación moral.

Ese tal –bestia o demonio–, que debió de consentir la idea con instinto abyecto y mente criminal, no merece sitio en el mundo. Es posible que la tendencia sádica se le haya incubado en el alma desde el propio hogar, que no supo inculcarle principios. Y es preciso reflexionar sobre la falta de valores que existe en el mundo y proviene de la deformación de la familia, de donde salen seres desadaptados y rebeldes que mañana pueden ser sicópatas u homicidas.

Las pruebas iniciales practicadas en los residuos corporales de Andrea Marcela no permitieron hallar signos de abuso sexual. Esto no descarta la posibilidad de esa atrocidad ejecutada en una niña de 12 años, a quien le fue sellada la sonrisa en pleno despertar de la ilusión. Conturbados y movidos por la indignación, 8.000 estudiantes marcharon por las calles de Tunja en protesta por el atropello y en solicitud de justicia.

Coincide este hecho con la celebración, este 11 de octubre, del Día Internacional de la Niña, declarado por primera vez por Naciones Unidas para llamar la atención sobre los maltratos, discriminación, violencia y abusos sexuales que se cometen contra las niñas en el orbe entero.

En Colombia, estremecen estos datos: de los 22.597 exámenes por presunto delito sexual practicados por Medicina Legal en el 2011, el 80 por ciento (18.077) correspondió a niñas; en el mismo año fueron asesinadas 214 niñas menores de 18 años; 458.947 niñas entre los 5 y los 16 años no reciben educación escolar; es alarmante el número de niñas que reclutan las guerrillas para violarlas y hacerlas esclavas sexuales.

En Mariquita, el pasado 18 de septiembre, Brillith Lorena González, de 14 años, que había recibido grandes traumas en su casa, apareció de repente armada con un revólver en la cancha de básquet del instituto donde estudiaba, y se suicidó en presencia de los profesores y los alumnos. El germen suicida lo llevaba incrustado en la mente desde mucho tiempo atrás: varias veces había llegado a su casa con pistolas de juguete, y un día se cortó los brazos con una cuchilla de afeitar.

Andrea Marcela fue sepultada en Soracá, municipio aledaño a Tunja. Su tragedia consterna a la sociedad boyacense. Sentimos vergüenza y pena por semejante ultraje a la inocencia y al derecho de ser niña. Esta mártir muestra el rostro –en pleno Día Internacional de la Niña– de la violencia que se ejerce contra ellas. Con el correr de los días, su caso pasará al olvido. Permanecerá, eso sí, una cruz en el solitario cementerio que se levanta al cielo pidiendo clemencia por la niñez desamparada. Por la niñez carente de afectos, de ilusiones y de horizontes de vida.

El Espectador, Bogotá, 12-X-2012.
Eje 21, Manizales, 12-X-2012.
La Crónica del Quindío, Armenia, 13-X-2012.

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Comentarios:

La verdad, uno no quiere empezar el día con este tipo de lectura. Pero tampoco podemos ocultar la penosa enfermedad que está corroyendo poco a poco a nuestra sociedad no solo en Colombia sino alrededor del mundo: una total degradación de valores morales y espirituales en todo sentido. Cada vez es más el abuso de todo tipo contra criaturas y mujeres indefensas, en todas partes: hogar, escuelas, trabajo… ¿Qué sacamos con tanto adelanto tecnológico, con tantos logros deportivos, con tantos éxitos comerciales, si nuestra sociedad está mentalmente podrida en su esencia? Menos mal que usted no comentó sobre el abuso de la guerrilla contra criaturas impúberes sometidas a crueles vejámenes con coerción y a la fuerza. Nos estamos carcomiendo moralmente de a poquitos. Luis  Quijano, colombiano residente en Houston.

Gracias por hablar por nosotros. Un tema tan doloroso suele ser  ignorado en las columnas de opinión. El asesinato de una niña boyacense me duele porque las siento de la familia. Gloria Romero.

Y en Estados Unidos conmociona el suicidio de Amanda Todd, una hermosa adolescente de 14 años que no soportó más el «bullying». El video en el que anuncia su decisión de quitarse la vida y los motivos que a ello la llevaron, parten el alma. Patecaucho Cibernético (correo a ElEspectador.com).

Gracias por escribir esta columna. Las niñas merecen atención y desvelo. Muchas son convertidas en madres de sus hermanitos porque los padres trabajan y se les dan responsabilidades que no les corresponden. Gracias de nuevo por fijarse en este tema y continúe informando sobre el caso para que no se olvide y se haga justicia. Cecilia Zárate (correo a ElEspecgador.com).

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