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La poesía de Marta Nalús

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Dos breves libros, de 110 y 62 páginas –El amante (2002) y Mar de noviembre (2006)–, conforman la obra poética de Marta Nalús editada hasta el momento. Prepara su tercer poemario, al que le tiene asignado el título de Momentos, y trabaja con lentitud y grandes paréntesis en la novela La sombra del mar.

Sobre esta novela, me dice que dentro de sus propósitos más deseados está el de darse su año sabático para concluir la obra en Viena, ciudad que la seduce desde que vivió allí en los años 70. En aquella época, ya graduada en Filosofía y Letras en la Universidad Javeriana, partió para Europa en plan de ampliar su formación, y se especializó en Filosofía y en Psicología en Roma y Viena.

Se me ocurre pensar que su fascinación por la capital de la música surge en su espíritu no solo por los recuerdos que le dejó su residencia en aquella ciudad, sino por el afecto entrañable con su hijo Valeriano Lanchas, el niño prodigio del canto lírico que surgió en el mundo bajo la dirección de Pavarotti. Hay lazos invisibles que manejan las acciones humanas, y en este caso de madre e hijo aliados por el influjo del arte, sus propios destinos se atraen y se compenetran.

La intensa actividad de Marta Nalús en el campo educativo, como profesora,  directiva universitaria y consultora en Educación y Desarrollo Humano, no le ha impedido el ejercicio de las letras. Pero lamenta que su vida cotidiana, que se mueve dentro de un ajetreo agobiante, no le haya permitido avanzar con el ritmo que quisiera en la escritura de sus libros.

Marta Nalús ha sido poetisa desde siempre. Apenas tierna adolescente, ya elaboraba sus primeros versos en Soatá, frente al río Chicamocha, los que durante años mantuvo en secreto en el cuaderno escolar que crecía con sus inquietos ensueños. Es posible que desde entonces le naciera la imagen del agua como parábola de vida y esperanza, que años después irradiaría en Mar de noviembre, según lo expresa en el siguiente verso: Quiero cesar de consentir nostalgias / y quiero avivar el fuego con el agua. / Detener el viento con la playa / y fundirnos, / tú y yo, / en el mar de la esperanza”.

Se capta un hilo conductor en ambos poemarios: el acento intimista manejado por bello sentimiento romántico, que a buen seguro persistirá en los libros posteriores, ya que hay signos vitales en la creación literaria, sobre todo en la poesía y en la narrativa, que nunca se borran en la obra del escritor. El alma sensitiva de Marta deja su impronta en El amante con ardientes expresiones y sutiles metáforas movidas por la ilusión y el ansia amorosa.

La poetisa conoció en Santa Marta, a los doce años de edad, el mar con que soñaba frente a las aguas del río Chicamocha, en la plácida Soatá de nuestros ancestros. Desde entonces, el agua marina se convirtió en el mayor aliento para su inspiración poética. El mar, que es rugido y tempestad y bonanza, configura, en los versos de esta eterna enamorada que es Marta, el sentido pleno de la vida.

No hay vivencia, ni sentimiento, ni regocijo, ni dolor, ni paisaje alguno que no estén representados en el mar. Eso es Mar de noviembre: una alegoría de los hechos reales, y sobre todo de las emociones del alma romántica, frente a ese mar abierto, a veces bravío y a veces reposado, que baña las páginas de este hermoso poemario. Alborozos y pesares, sueños y desengaños, presencias y olvidos, lejanías y esperanzas… son hálitos en la poesía de Marta con que ella sabe conjugar los arcanos de la vida.

El mar no cesa: vendrá más tarde La sombra del mar, la novela aplazada que algún día hará realidad, cuando logre disfrutar de su año sabático ojalá bajo el marco musical de Viena.

El Espectador, Bogotá, 16-II-2011.
Eje 21, Manizales, 18-II-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 19-II-2011.

 

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Los combates de Milcíades

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Se aproxima Puesto de Combate, la revista de Milcíades Arévalo, a los 40 años de vida. Increíble ejercicio de supervivencia el que ha demostrado este órgano batallador de la cultura que se ha sostenido en las aguas procelosas de un mar surcado por toda suerte de borrascas.

Al hablar del mar, es preciso traer a cuento que la idea de crear la revista le nació a Milcíades Arévalo siendo marinero de un barco mercante, en el año 1965. Allí conoció a Ariel Canzani, el capitán de la embarcación, un lobo de mar que además era poeta y editaba en el cuarto de máquinas la revista Camorán y Delfín, famosa en las letras argentinas, como la propia poesía de Canzani.

Dicha publicación, que había nacido en 1964 (es decir, un año antes de que Milcíades Arévalo comenzara a navegar), llegaría hasta diciembre de 1972, con 29 ediciones. Ya separado del oficio de marinero, Milcíades fundó su propia revista en septiembre de 1972, imitando a su maestro. Hoy, Puesto de Combate ha realizado 76 ediciones y se propone llegar hasta la número 80, con la que coronará la meta de los 40 años y dará por terminado su viaje, según anuncia el valiente editor.

Ojalá esta mala noticia no se realice, para bien de la literatura. De aquí a entonces nacerán otros bríos y surgirán en el horizonte nuevos vientos de esperanza. Los combates de Milcíades por no naufragar han sido titánicos. No dudo en calificar como acto heroico el hecho de sostener su revista sin ningún apoyo oficial y tener que luchar la publicidad privada con vocación de mártir. Esto lo ignoran los organismos encargados de la cultura nacional.

Y lo sabemos quienes, en defensa de esta tierra de letrados, conocemos los infinitos tropiezos y amarguras que ha tenido que soportar este acorazado quijote de la época moderna, y por lo demás, hacedor de milagros. Consciente de dicha realidad, Milcíades se duele, en el editorial del último número, de la  indiferencia hacia su esfuerzo, con estas palabras:

“Seguramente jamás conseguiremos un premio, ni tampoco que nos consideren parte de la cultura de la tierra que nos vio nacer. Nada de eso importa, ni la indiferencia ni la sed ni el hambre (…) Cumplimos 39 años. De tanto soñar ni siquiera soñamos que alcanzaríamos a caminar tanto (…) Esta entrega está dedicada a los pocos que han creído en nosotros y a los muchos incrédulos de este país de ciegos”.

El último número de Puesto de Combate salió en octubre pasado y su edición fue posible gracias a la ayuda sorpresiva y providencial de la Corporación Biblioteca “Rafael Carrillo Lúquez”, de Valledupar, dirigida por Mónica Morón Cotes, quien contrató la publicación de una muestra de la literatura que se elabora en el departamento de Cesar. Buena parte de la edición está dedicada a divulgar la obra de 26 escritores de la región, quienes a través de diversos matices y enfoques muestran la riqueza literaria de ese territorio imbuido de magia y misterio.

Por otra parte, sobresalen en este número páginas de gran calidad, como la poesía de Miguel Méndez Camacho, el reportaje inédito de Derek Walcott, nóbel de literatura 1992, el reportaje de Fernando Cruz Kronfly sobre el Libertador, y el de Eduardo García Aguilar sobre el mundo colombiano de los escritores.

Digno de aplauso es el gesto de Mónica Morón Cotes al brindar con tanta decisión doble apoyo cultural: tanto a los escritores de su propia tierra, como a Puesto de Combate, uno de los medios más dedicados al quehacer literario, con esta  maravillosa revista llamada a perdurar muchos años más.

El Espectador, Bogotá, 9-II-2011.
Eje 21, Manizales, 10-II-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 12-II-2011.

* * *

Comentario:

Estos esfuerzos son un gran ejemplo para nosotros los jóvenes que nos iniciamos en las lides periodísticas. Comparto totalmente el lamento y la protesta por la falta de apoyo tanto del Gobierno como de la empresa privada para con los medios que trabajan por mantener viva la llama de la cultura. Lorena Rubiano Fajardo, Bogotá.

 

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Mirador del Suroeste

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Por Orlando Cadavid Correa, gran pregonero de los valores de Antioquia, conocí hace un año la revista Mirador del Suroeste, fundada y dirigida por el arquitecto Jaime Vásquez Restrepo. Desde entonces la leo con mucho aprecio.

El primer número apareció en diciembre de 2001, y su finalidad básica fue la de recoger la vida del suroeste antioqueño, exaltando su historia, personajes, costumbres y tradiciones a través de crónicas, anécdotas, sucesos municipales y creaciones literarias. De paso, le echa vistazos permanentes a toda Antioquia y no olvida registrar hechos destacables de la vida nacional.

Desde su fundación, la revista ha tenido una periodicidad trimestral, que nunca ha fallado. Se inició con un tiraje de 800 ejemplares y hoy llega a 2.000. El primer número fue de 44 páginas y hoy fluctúan las ediciones entre 52 y 68 páginas, dependiendo de la parte financiera. La publicidad es costeada en gran parte por la empresa privada: la oficial es casi nula. Las ventas y suscripciones sólo llegan al 10% del tiraje, y el 90% restante es de distribución gratuita.

Todo lo hace Vásquez Restrepo por amor a su tierra. No se trata de una empresa rentable, pues los ingresos apenas compensan los costos, cuando no es que el director filántropo atiende con su propio peculio el déficit de algunas ediciones. Es un delicioso hobby que lo hace vivir y le produce regocijo espiritual.

Con la asesoría del comunicador Alonso Orozco Cadavid, Vásquez Restrepo concibió la idea de la revista como una manera grata de ocupar la etapa de retiro de la vida laboral. Jubilado después de intensa actividad como arquitecto y constructor, sus días transcurren en medio de los afanes editoriales, por lo demás placenteros, que exige cada número trimestral. No hay lugar para el ocio ni el deterioro físico y mental. Ejemplo digno de mostrarse y exaltarse como motivo aleccionador para los jubilados.

En 1969, Vásquez Restrepo se graduó de arquitecto en la Universidad Pontificia Bolivariana y se especializó como interventor en la construcción de viviendas del Instituto de Crédito Territorial. Extendió su experiencia profesional a varias importantes empresas, como Impac, Metrocable de Occidente, Metro Cable Santo Domingo, Suratep, Biblioteca Temática de las Empresas Públicas de Medellín, Eternit Pacífico. Fuera de Antioquia, atendió distintas zonas de trabajo, como Cali, Chocó, Bucaramanga y Pereira.

Queda por decir que Mirador del Suroeste es una publicación pulcra, esmerada en su presentación y en sus artículos, y que mantiene alto espíritu regionalista por el progreso de los pueblos antioqueños, sobre todo de la zona geográfica que se destaca en el título. En cada número se realza un municipio, con amplia información local y despliegue fotográfico de los personajes y obras del lugar. En el último número, el de diciembre pasado, el turno fue para Andes.

Me cuenta Vásquez Restrepo que el número 4 fue dedicado a Salgar, patria chica del entonces presidente Uribe, para hacerlo coincidir con el encuentro de los dirigentes del suroeste antioqueño, entre los que se hallaba el propio Uribe. Con tal ocasión, se dieron cita muchas personas que lo conocían desde niño y que se dedicaron a contar sabrosas anécdotas en torno al personaje. Allí se hizo presente su primera maestra, a quien el Presidente rindió tributo de cariño y gratitud, lo mismo que un viejo recolector de café, ciego, casado y con varios hijos, a quien puso como ejemplo de tesón y de trabajo.

Supe también de la experiencia vivida por el director en el número dedicado a Jericó, que le permitió conocer las 19 iglesias o capillas que tiene el municipio, “caso único –dice– en Antioquia y creo que en Colombia, en un municipio de ese tamaño”.

La materia prima de la revista es el hombre. Y a través de él, la tierra antioqueña, como emblema de trabajo y tradición. Con un promotor entusiasta, en su etapa del descanso creador, que lo mantiene joven y jovial: Jaime Vásquez Restrepo.

El Espectador, Bogotá, 2-II-2011.
Eje 21, Manizales, 5-II-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 5-II-2011.

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Mesada de los pensionados

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Circula por internet un correo enviado por Antonio Guihur Porto, en el cual anuncia la presentación de un derecho de petición ante la Corte Constitucional para que se revise, con base en el derecho a la igualdad, el incremento de las pensiones de jubilación (el 3,17%, o sea, el índice de la inflación). Su petición cobija otros aspectos del régimen pensional.

En las discusiones del  salario mínimo, al cual se le fijó en principio un aumento del 3,4%, y luego, por intervención del Presidente de la República, se elevó al 4%, nadie tuvo en cuenta a los jubilados. Por su parte, las empresas planean subir los sueldos el 4,3%, en promedio. Mientras tanto, las pensiones de jubilación pierden cada vez mayor poder adquisitivo, sin que existan voceros que defiendan a este sector.

En la petición del señor Guihur Porto hay cuentas muy claras, y perjudiciales para los jubilados, sobre la depreciación de las pensiones en razón de los mecanismos existentes. Este es el texto de dicho documento, el que además fue remitido al vicepresidente Angelino Garzón y a los ministros de Protección Social y de Hacienda:

* * *

“¿Es justo que a los pensionados en Colombia se les incremente anualmente sus mesadas pensionales en un porcentaje inferior al pactado para el aumento del salario mínimo? ¿Cuál es el fundamento legal para esta discriminación con los pensionados? Como se sabe, a los pensionados se les aumenta su mesada pensional al inicio de cada año con base en el IPC (índice de precios al consumidor), un porcentaje que además de estar siempre fuera de la realidad económica del país, cada año está por debajo del porcentaje que se conviene para el incremento del salario mínimo. ¿Por qué? ¿Dónde queda el derecho fundamental de la igualdad expresamente establecido en la Constitución Política de la República?

“Los pensionados, durante toda su actividad laboral productiva, siempre aportaron, al igual que los trabajadores activos actuales, los mismos porcentajes para aportes parafiscales, y teniendo en cuenta que los pensionados por su edad ya no son elegibles como trabajadores, ¿por qué se les discrimina de esta manera mermándoles cada el valor adquisitivo de su mesada pensional con relación al salario mínimo legal? El sólo hecho de estar pensionado en Colombia, el pensionado ya ha tenido una merma considerable de sus ingresos económicos con relación a su último salario alcanzado; veamos por qué:

“1) Tanto el Seguro Social como las otras entidades oficiales y privadas obligadas a reconocer pensión calculan el valor de la mesada pensional  de acuerdo con el ingreso base de liquidación(IBL) alcanzado por el afiliado, que como es obvio, por ser un promedio de los últimos 10 años, el tal ingreso base de liquidación siempre será inferior al último salario del afiliado (primera causal de la merma salarial).

“2) Sobre este ingreso base de liquidación (IBL) se aplica el 75%, es decir, se disminuyen más aún los ingresos salariales que tenía el afiliado en un 25% cuando se pensiona (segunda causal de la merma salarial en un 25%).

“3) Sobre el valor de la mesada pensional liquidada, al pensionado se le descuenta directamente de su pensión el 12% para aporte de salud, es decir, un 8% más que cuando era empleado porque como tal, para aporte de salud solamente se le descontaba de su salario el 4% ya que el empleador aportaba el otro 8% (tercera causal de la merma salarial en un 8%).

“Si tan sólo sumamos los anteriores porcentajes de las mermas salariales (25% + 8%), esto representa un total de merma salarial de un 33%, o sea, que el pensionado recibe una mesada equivalente, aparentemente, a tan sólo 67% de lo que eran sus ingresos reales como trabajador y esto sin tener en cuenta la disminución que implica el cálculo del ingreso base de liquidación (IBL).

“Veamos el ejemplo de un trabajador modesto que su último salario fue de $ 3.000.000. Su pensión, sin incluir el cálculo del IBL, queda en $ 1.980.000, resultado de: 75% de $ 3.000.000 = $ 2.250.000, menos el 12%  de $ 2.250.000 = $ 1.980.000 que representa el 66% de su último salario de $ 3.000.000.

“Luego entonces, a ese trabajador, ya pensionado, se le rebaja su calidad de vida y la de su familia, y si a esto le incluimos el hecho de que anualmente al pensionado se le incrementa su mesada con base en el porcentaje del IPC y no con base en el porcentaje del incremento del salario mínimo, cada año irán quedando rezagados los ingresos de un pensionado. ¿Es justa esta situación de los pensionados en Colombia? La Honorable Corte Constitucional tiene la palabra. Antonio Guihur Porto – C.C. 9.057.983 – Email: aguihur@gmail.com.

El Espectador, Bogotá, 25-I-2011.
Eje 21, Manizales, 25-I-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 29-I-2011.
Mirador del Suroeste, No. 38, Medellín, marzo de 2011.

 

 

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Antigua Bogotá

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Denodado defensor de los monumentos históricos de Bogotá e infatigable propulsor de su desarrollo fue José Joaquín Herrera Pérez, muerto en marzo de 2005. Su amor por Bogotá era obsesivo. Pocas personas como él han cumplido labor tan perseverante y decidida por el progreso de la capital. Está considerado como el mejor amigo de Bogotá.

Dejó huellas de su paso por diferentes entidades a las que estuvo vinculado, como el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, la Sociedad de Mejoras y Ornato, el Planetario Distrital y el Museo de Desarrollo Urbano. Fiel a esa vocación, hace muchos años fundó la Sociedad de Amigos de Bogotá, encargada de preservar el patrimonio histórico, señalar abusos públicos –de las autoridades o los ciudadanos– y promover la preservación de la memoria histórica y el desarrollo armónico y amable de la pujante y bella metrópoli que es la capital colombiana.

El nervio de esta actividad se encuentra en la casa situada en la calle 12 con carrera 6ª, dotada de  excelente biblioteca y donde se guarda inmensa cantidad de fotos de la vieja Bogotá, lo mismo que de personajes históricos de la ciudad y del país. Allí se ofrecen exposiciones y se cumplen diversos actos culturales. Este es el legado que Herrera Pérez le dejó a Bogotá, y que por otra parte queda recogido en dos libros de su autoría: un estudio sobre los monumentos públicos y la historia del Palacio Municipal y del edificio Liévano.

Ahora, dos hijos suyos, Gabriel y María Elvira Herrera Herrera, que llevan en sus venas la rica semilla que sembró su padre, prosiguen esta obra de maravilloso contenido cívico. Como primer paso, revivieron la Fundación Amigos de Bogotá e impulsaron la tarea trazada por su fundador, a través de la intensa vida cultural que se vive en la sede de la organización.

E hicieron imprimir en los últimos meses del año pasado, con el sello de Editorial Planeta, un precioso libro, en pasta dura y con exquisita confección artística, que lleva por título Antigua Bogotá, 1880-1948. En él reúnen 48 postales con fotos memorables de la ciudad, correspondientes a la vieja Bogotá que se ha venido desvaneciendo al paso de los días, pero que conserva en muchas de sus facetas la imagen perdurable de un sitio de gratísima memoria.

Los arañazos del tiempo no han conseguido borrar la cara entrañable, tal vez envejecida –pero perenne y diáfana para quienes la conocemos de vieja data–, de esa sosegada Bogotá de la era  colonial, inconcebible para las generaciones actuales. Hoy la vida es de ruido,  afán y velocidad. Las añejas construcciones se cambiaron por las líneas vertiginosas que implantó el urbanismo apabullante de estos días. Ese contraste entre lo antiguo y lo nuevo es lo que plasma el encanto de esta ciudad que no se deja robar la esencia primitiva y tampoco impide el gigantismo de la época moderna.

Muy bien define esta metamorfosis de la ciudad el profesor e historiador Germán R. Mejía Pavony en las palabras de presentación de la obra: “Sus edificios, calles y decenas de otros objetos y lugares pueden sobrevivir a sus creadores pues están hechos de materiales más duraderos que la piel que nos protege a nosotros, los constructores de ciudad”.

Adentrarnos en el alma de la ciudad que quedó detenida en 1948, cuando la barbarie incendiaria destruyó casonas y edificios coloniales, y se inició una nueva era, es –me parece– el fin esencial de esta serie de fotografías que evocan el pasado sin ignorar el presente y el futuro. Los cambios de piel de Bogotá significan el proceso natural que lo mismo en las ciudades que en las personas imprime la evolución de los años.

La belleza de estas fotos recopiladas por los hermanos Herrera es el testimonio  elocuente con que ellos honran la imagen de su padre y al mismo tiempo enriquecen y exaltan la historia bogotana.

El Espectador, Bogotá, 20-I-2011.
Eje 21, Manizales, 22-I-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 22-I-2011.

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Comentarios:

Hace ya 12 años que no piso las calles bogotanas, pero como nací allá en el 40, me acuerdo con mucha nostalgia de todos sus rincones, principalmente del centro y alrededores donde viví por cerca de 13 anos. Luis Quijano, Houston (Estados Unidos).

Dan ganas de salir corriendo a comprar el libro que parece ser un verdadero tesoro digno de la mesa de centro de cualquier sala que se respete. Estas notas devuelven la alegría al alma. Colombia Páez, Miami.

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