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Los cuentos de Omar Morales

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

A 34 años de su primer libro de cuentos –Bajo la piel–, Omar Morales Benítez publica su segunda obra del mismo género, que lleva por título Los ojos del viento. Como en el primer caso, se trata de cuentos breves, trabajados con fuerza sicológica y talento narrativo.

En ambas series se aprecian aspectos comunes que mueven a los personajes dentro de mundos en permanente conflicto. Son personajes extraídos de las bajas esferas sociales, donde proliferan la pobreza, la angustia, el abandono, la desesperanza, la violencia familiar, el desacomodo en el propio entorno. Seres desadaptados y caóticos que deambulan por la vida bajo el peso de las ciegas pasiones o los instintos perversos.

Omar Morales se mete en estos ambientes sórdidos, manejados en ocasiones  por el licor, el sexo y la prostitución, cuando no por el crimen y la depravación moral, para captar mejor la condición humana. Su propósito es presentar al hombre en sus miserias y bajezas, y lo hace con pulso firme y mirada certera, pintando con propiedad y realismo el clima material y síquico de sus criaturas.

Para lograrlo, utiliza un lenguaje recursivo, poético, ágil e impactante (a veces mediante la creación de palabras propicias para el momento narrativo), lenguaje que ha preparado con rigor a través de los años, como es su persistente disciplina literaria. Algunos cuentos parecen poemas. Se nota el celo gramatical, la intención sicológica con que ha forjado el alma  de estos comediantes de la vida errátil, y la precisión de los escenarios donde los ha puesto a actuar. Esto explica el largo lapso corrido entre las dos publicaciones.

Tuvo él la gentileza no solo de anunciarme, años atrás, la lenta elaboración de los nuevos cuentos –siete en total, como un número cabalístico–, sino de hacerme partícipe de su lectura cuando los creyó listos para la imprenta. No se ha dejado manejar por el afán de escribir que acosa a muchos escritores. Por conocer sus altas dotes de cuentista, de las que hace gala en la nueva obra, no dudé en animarlo para que realizara cuanto antes el proyecto de la edición.

Hace 34 años, cuando dio a la estampa los diez cuentos de Bajo la piel, expuse lo siguiente en nota de El Espectador (15-XI-1977): “En cada uno de los relatos se siente la brusquedad de la vida. El hombre, perdido en un laberinto de odios, lágrimas y lacras sociales, no quiere encontrar la salida. Todo lo torna caótico y torturante”.

El mismo enfoque puedo extenderlo a los cuentos actuales. Con esto me reafirmo en el criterio de que la temática narradora de Omar se centra en un solo objetivo: la condición humana. Esta vez es el viento, con sus ojos sutiles,  el que invade los lugares y la intimidad de los seres infelices. Y bramando, todo lo remueve y lo vuelve patético. A veces diáfano. Hay cuentos de esta serie que no dejan un minuto de quietud, un respiro para el sosiego.

De los nuevos trabajos, hay dos que en mi concepto son los mejor logrados: La señora y Certeza de otras muertes. El primero refleja los genes transmitidos de generación en generación, que alguien, sin embargo, como es el caso de esta historia fantástica, logra purificar.

En Certeza de otras muertes, se tropiezan en ambientes opuestos dos actores de la comedia humana: el muchacho que desea aprender a ser hombre en las celdas oscuras de un prostíbulo, y ella, que le cuenta sus dramas, la violencia vivida en el campo, el salvajismo que ha sufrido a merced de la impiedad del hombre. La muchacha le enseña a ser hombre, y de paso le abre los ojos sobre la farsa del mundo. Son los ojos del viento los que recorren las páginas de estas vidas estremecidas.

El Espectador, Bogotá, 23-III-2011.
Eje 21, Manizales, 25-III-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 26-III-2011.
Puesto de Combate, No. 77, agosto de 2011.

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El mar infinito

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Avanzaba yo en la lectura de El mar infinito, el último libro de Jorge Marel, cuando sucede la devastadora tragedia de Japón que mantiene en conmoción al mundo entero.

Dos imágenes sobre el mar se cruzan en un solo momento de estupor y asombro: primero, ese mar poético al que el infatigable y brillante escritor de Sincelejo le ha dedicado numerosos libros, obra que recopila en un hermoso volumen de 424 páginas que abarca lo mejor de su creación entre los años 1976 y 2010; y luego, ese otro mar, tenebroso y fatal, que desencadena todo su poder para destruir una de las naciones más poderosas del mundo, y de paso le advierte a la humanidad que debe detenerse en su empeño diabólico de atentar contra la naturaleza y seguir jugando con las armas nucleares.

Jorge Marel es autor de 17 libros que exaltan la vida del hombre frente a la inmensidad y la belleza del mar, en el que se reflejan todos los sentimientos, emociones y angustias que mueven la existencia humana. Frente a su mar cotidiano que le inspira todas las palabras, Jorge Marel no cesa en su delirio marino y en la transmisión de su alma lírica.

Con la enumeración de algunos de los 17 títulos que conforman su patrimonio literario, hay motivo para definir su universo artístico: Palabras en el tiempo, Nocturnos del mar, Palabras cruzadas, El mar y las palabras, Metafísica del mar, Nuevo credo del hombre, Exilios y soledades, Oleajes, Espuma de mar, El mar infinito. Este mar de Jorge Marel, pleno de poesía y filosofía, es un estado del alma, un paisaje interior que lo embelesa y lo tonifica para seguir viviendo y seguir soñando.

Es tanta su compenetración con el territorio de las olas, de los alborozos y los naufragios, que incluso su apellido lo convirtió en un eco del mar. Jorge Marel es el poeta colombiano, y acaso universal, que más le ha cantado al mar. Ahora, frente al mar borrascoso que azota a Japón y estremece al mundo, la dedicatoria de su último libro parece el vaticinio de lo que habría de ocurrir. Palabra profética la suya, insondable como la propia profundidad marina de donde irrumpió el tsunami. Dice la dedicatoria: “A toda la gente solitaria del mundo, entrego este libro, con mi alma, en esta noche inmensa y oscura del mar”.

Una semana después de la noticia de Japón, los reflejos de la catástrofe titilan ante la faz de todas las naciones y la conciencia de los gobernantes como algo que no se comprende. Como una fuerza demoledora que no se detiene. Como una advertencia perentoria para que los gobiernos armamentistas frenen sus empeños destructores.

Una fuga nuclear salida de los reactores se ha ido a la atmósfera y amenaza la vida de miles de japoneses. Como ironía, siendo este país el que sufrió los mayores desastres producidos en la Segunda Guerra Mundial con los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, ha montado sus propias plantas nucleares. Japón resulta víctima de su propio invento. Esto mismo puede ocurrir con los otros países armamentistas que no cesan en su carrera  demencial por poseer mayor arsenal atómico para dominar a sus competidores.

El panorama de Japón no puede ser más tétrico: dos minutos de furia de la naturaleza provocaron la mayor destrucción desde la bomba atómica; barcos, aviones, edificios, viviendas, autopistas… fueron arrasados por el maremoto y la fuerza del primer terremoto y las más de 150 réplicas; cuatro millones de casas quedaron sin energía eléctrica en seis provincias; la cifra de los muertos, imposible de determinar, puede pasar de 10.000; más de 550.000 personas han sido evacuadas; Sendai, el epicentro de la catástrofe, está paralizada; las pérdidas económicas se calculan en 15 billones de yenes (unos US $ 182.000 millones); en una playa flotan 2.000 cuerpos…

Mientras tanto, Jorge Marel dice en su poema El mar infinito: El exilio / y la errancia del hombre / su soledad / y su muerte / su vida / y su trágica angustia / El mar / el mar borrascoso / bajo la noche/ El mar infinito…

El Espectador, Bogotá, 17-III-2011.
Eje 21, Manizales, 17-III-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 19-III-2011.

* * *

Comentarios:

Mi conclusión luego de leer tu artículo es muy simple y sencilla: el hombre solo piensa en el dinero y las cosas materiales. De vez en cuando la naturaleza le recuerda que ella también es parte de nuestra existencia y hay que quererla y cuidarla, y sobre todo pensar en ella como lo hace Jorge Marel. Luis  Quijano, Houston (Estados Unidos).

Tu columna nos pone a meditar y a orar con el escritor del mar y con tu pluma. Ramiro Lagos, Greensbore (Estados Unidos).

Acabo de leer el precioso texto que le dedicas a la poesía de Jorge Marel, y te lo agradezco doblemente, como lector, y por haberme descubierto esa poesía, de la que no tenía ni idea. Ricardo Bada, Colonia (Alemania).

En nuestro país muchos poetas le han cantado al mar, no solo Marel, sino Castañeda Aragón, Luis Carlos López, Dennis y otros. Este poema, Reloj del Tiempo, de Gustavo Cogollo, puede ser una muestra de ello:

«En la cuidadosa caligrafía de las mareas, en la exactitud apocalíptica de la vida, la brisa eriza la hierba y el polen vuela sobre la primavera y la arenilla se detiene en el lenguaje de la llanura. El mar, con sueños de paisajes se nutre de los vientos. Onírica marcha de la levedad y las olas posan en la arena de la playa. El reloj del tiempo equilibra sus velocidades articuladas en el vacío…» virruaco (carta a El Espectador).

Poemas recuperados

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En junio de 2004 viajé a Armenia a presentar la novela Un veterano encuentra su destino, de César Hincapié Silva. En aquella ocasión le pregunté a un amigo quindiano por los poemas inéditos que había dejado Carmelina Soto, muerta el 18 de marzo de 1994. El amigo me dio esta noticia desconsoladora: dichos poemas habían desaparecido y posiblemente habían ido a dar al cesto de la basura, cuando fue desocupado el apartamento de la poetisa.

En columna publicada el 22 de marzo de 1995  en La Crónica del Quindío, con ocasión del primer año de la muerte de Carmelina, revelé una simpática historia relacionada con dos poemas suyos, inéditos, titulados Llama y Brasa, de los que me había apropiado en un homenaje que sus amigos le tributamos en su propio apartamento, en octubre de 1979, con motivo de la medalla al mérito literario que le otorgó la Gobernación del Quindío. Y di a la publicidad tales poemas junto con la citada columna de La Crónica.

En aquel octubre de 1979, Carmelina me llevó a un libro de su biblioteca donde guardaba dichos poemas, me los leyó, y yo quedé encantado con ellos. Le rogué que me los obsequiara, a lo que no accedió. Me dijo que no valían la pena y que de todas maneras se trataba de un borrador. Luego se retiró a seguir disfrutando del encuentro con los amigos.

Ni corto ni perezoso, aproveché su ausencia para extraer del libro los poemas y pasarlos a mi bolsillo. Dije en mi nota de La Crónica, 15 años después: “Si la acción ha de llamarse robo, que lo sea. No me avergüenzo de ella: robar para la literatura es un placer delicioso”. Mi cometido quedaba cumplido al publicar aquellos poemas, ya muerta la poetisa. Cuando en el 2004 me enteré en Armenia de que toda su poesía inédita había desaparecido, me regocijé conmigo mismo al haber salvado del naufragio los dos poemas robados.

Pero mi sorpresa ha sido grande al llegar en estos días a mis manos el libro La casa entre la niebla, publicado en el año 2007 como homenaje póstumo a la poetisa, libro del cual son autores Luis Fernando Suárez Arango y Carlos A. Castrillón, el primero como realizador de una investigación adelantada sobre la poetisa para presentar su tesis de maestría de literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira, y el segundo como crítico literario de la Universidad del Quindío y erudito en la obra de la poetisa quindiana.

En este libro se recogen 20 poemas inéditos de Carmelina Soto, “más uno cuya primera versión data de 1979 –se anota en las palabras de presentación–, y que fue corregido y mecanografiado en limpio en la misma época del conjunto principal”. Vengo ahora a saber que la señora Marleny Garay, que cuidó de  Carmelina en sus últimos años, fue la persona silenciosa que salvó sus archivos. Este archivo está constituido por unos 500 folios (artículos, cartas, ensayos, guiones para radio y televisión, documentos personales, y su poesía inédita, ahora recuperada en su totalidad).

Enhorabuena por este rescate digno de aplauso para las letras quindianas. En él aparecen los dos poemas de mi historia, pero transformados por el riguroso arte con que Carmelina elaboraba su obra. Hasta los títulos de ellos –Llama y Brasa– fueron cambiados por La llama y La brasa: de esta manera les imprimió mayor contundencia.

En este libro-homenaje presentan sus autores detenidos estudios sobre la vida y la obra de la inmensa figura de la literatura colombiana. Los estudiosos de su obra encontrarán en La casa entre la niebla (título de uno de los poemas rescatados, que sirvió de bautizo para el libro) la profundidad y la belleza con que Carmelina forjó su paraíso lírico, ahora aumentado con nuevos motivos para la admiración y el asombro.

El Espectador, Bogotá, 8-III-2011.
Eje 21, Manizales, 9-III-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 12-III-2011.

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La cultura en el Quindío

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

El 12 de noviembre de 2010 presentó Carlos Alberto Villegas Uribe la tesis de los estudios de doctorado en la Lengua, la Literatura y su relación con los medios de comunicación que había adelantado en la Universidad Complutense de Madrid. Acto seguido fue nombrado secretario de Cultura de la Gobernación del Quindío, cargo que acababa de ser creado.

Villegas inauguraba dicha posición antecedido de amplia experiencia en el campo cultural. Entre los años 1998 y 2000 había sido gerente de Cultura en el gobierno de Henry Gómez Tabares, y antes se había desempeñado como coordinador del Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío. En ambas posiciones cumplió excelente labor.

En el gobierno de Belisario Betancur fue asesor del Icfes en los programas de educación a distancia. También asesoró al Sena en programas dirigidos a las seccionales de Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima. En el gobierno de Juan Martín Caicedo Ferrer como alcalde de Bogotá prestó sus servicios como asesor de comunicaciones.

El actual mandatario del Quindío, Julio César López Espinosa, al elevar la cultura al nivel de Secretaría de la Gobernación, pensó sin duda en las altas calidades de su coterráneo Villegas Uribe, quien no solo exhibía exitosa carrera en los cargos ejercidos, sino que coronaba un escalón más con el exigente doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.

Sin embargo, Villegas renunció al cargo tres meses después de su posesión. Este hecho produjo desconcierto en los medios culturales del Quindío, que esperaban un impulso vigoroso de los programas en ejecución y de los que habrían de realizarse bajo su mandato. Él fundamentó su decisión en la falta de capacidad instalada en la Gobernación para enfrentar el reto de la verdadera secretaría de cultura.

Se encontró con una estructura muy técnica, pero carente de recurso humano para desarrollar los planes que permitan resultados positivos. Puede pensarse que luchó por cambiar ese estado de cosas y no lo consiguió. No es fácil mover el aparato burocrático, sobre todo cuando se trata de la cultura, que en gran parte del país se convierte en invitada de piedra.

Le pregunto a Villegas cuáles eran los proyectos más importantes que tenía al llegar al cargo, y él me los resume: desarrollar el plan decenal de las culturas;  visibilizar la Biblioteca de Autores Quindianos, llevarla a la feria del libro y subirla a internet a través del proyecto colombiano Libro Total; fortalecer los consejos de cultura (departamental, arqueológico, patrimonio y de las áreas de danza, música, dramaturgia, literatura y artes visuales); recuperar la sala Roberto Henao Buriticá; defender el paisaje cultural cafetero del espíritu depredador de la megaminería (“una  de las locomotoras del Gobierno Nacional –dice– que solo dejará un Quindío lleno de famélicos quindianos tiznados de hollín”). Sobre este último aspecto comenta que el 67 por ciento del territorio quindiano ha sido titulado para la minería.

Como las bases no estaban dadas para cumplir sus planes, prefirió retirarse a fin de que sea el gobernador López Espinosa –en quien reconoce un gran gobernador de la cultura– quien adopte las medidas que crea pertinentes para estructurar la dependencia. Mientras tanto, hay que lamentar que el Quindío pierda a un funcionario de tan elevadas virtudes para ejecutar las políticas culturales antes esbozadas.

En comunicación que me envió Carlos Alberto Villegas el mismo día de su retiro, a propósito de mi columna sobre la Biblioteca de Autores Quindianos, y cuyos términos deben servir para repensar la cultura regional, me dice:

“Por decisión personal y ética, me hago a un lado. Mi regreso a Colombia me ha comprobado, como lo aseveras en algunas de tus columnas, que Colombia padece un alto grado de desinstitucionalización. Y lo que era una hipótesis sociológica, se ha convertido en una realidad: navegamos al esclavismo. Y nadie dice nada, ni hace nada. Yo, al menos, renuncié”.

El Espectador, Bogotá, 3-III-2011.
Eje 21, Manizales, 3-III-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 5-III-2011.

* * *

Comentarios:

Resulta muy lamentable para la cultura regional que cuando llega a esa Secretaría un funcionario de las calidades académicas del señor Carlos Alberto Villegas Uribe, se retire casi inmediatamente del cargo por no encontrar el respaldo suficiente, de manera especial en el apoyo con recursos humanos, para poder llevar a cabo un programa tan amplio y ambicioso como el que podía y quería  desarrollar. La cultura seguirá ocupando un plano inferior mientras no cambie la concepción cultural y la mentalidad de nuestros gobernantes, y mientras las sumas asignadas a la cultura sean migajas de los presupuestos oficiales.  Gustavo Valencia García., Armenia.

Muy justa tu nota sobre Carlos Alberto Villegas, quien fue mi compañero de labores tanto en la Alcaldía Mayor de Bogotá como en el Instituto del Pensamiento Liberal. Él es un destacado intelectual de grandes iniciativas y un artista ingenioso, creativo y visionario. Es una lástima que la administración no haya valorado su talento y la politiquería reinante le haya puesto trampas a su embrionaria labor. Alpher Rojas Carvajal, Bogotá.

En estos países los creadores se dedican a las obras a pesar y en contra del Estado.  Sólo unos pocos políticos (pensadores, reformadores y oradores de verdad) pasarán a la historia.  Las pinturas, las novelas, los poemas, las composiciones quedan. Alister Ramírez Márquez, Manhattan.

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Libros quindianos

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Por Carlos Alberto Villegas Uribe, secretario de Cultura de la Gobernación del Quindío, me enteré de la reanudación de la Biblioteca de Autores Quindianos, empeño regional que había entrado en receso hace buen tiempo y que ahora vuelve a ponerse en marcha gracias a un programa dinámico de la Gobernación y la Universidad del Quindío.

Para el efecto, se constituyó un comité permanente encargado de evaluar y recomendar para su edición obras de los escritores locales en los géneros del ensayo, la narrativa y la poesía. Esto permitirá, entre otras cosas, recuperar importantes libros de autores ya desaparecidos, varios de ellos con prestigio nacional, que por lo general tuvieron primera edición y nunca más volvieron a circular.

Para iniciar el programa se publicaron en pulcras ediciones los primeros seis títulos, que cito a continuación: Argonautas del espíritu, ensayos de Bernardo Pareja; Postigos: asomos y presencias literarias, ensayos de Jaime Lopera Gutiérrez; Ensayos de historia quindiana, textos de varios autores; Los muros y la rosa, poemas de Gustavo Rubio Guerrero; Conversaciones con el pez, poemas de Elías Mejía, y Quién patea un perro muerto, narrativa de Umberto Senegal.

Para el mes de abril se contempla la entrega de seis títulos más, y otros dos para el mes de junio. Vienen en camino espléndidos cuentos de Eduardo Arias Suárez y Antonio Cardona Jaramillo (dos de los mejores cuentistas que tuvo el país, por desgracia olvidados en nuestros días), lo mismo que una famosa novela de Jaime Buitrago Cardona y un libro de crónicas de Rodolfo Jaramillo Ángel. Así, el gobierno departamental cumplirá al finalizar el año destacada labor editorial, digna de encomio, como estímulo a los creadores del arte quindiano.

Fuera de esta colección, he recibido de sus propios autores, y las he leído con la mayor atención, las siguientes obras: Crónicas quindianas y Al son que me canten cuento, de Libaniel Marulanda; Conversaciones ajenas (recopilación de los mejores textos del primer concurso departamental de cuento Humberto Jaramillo Ángel), y La casa del hombre, poemas de Óscar Piedrahíta González.

En el caso de Libaniel Marulanda, oriundo de Calarcá, de quien sólo en forma vaga había oído hablar, me complace encontrarme con un escritor de calidad, tanto en el manejo de la crónica como del cuento. Sus trabajos recrean la vida de la comarca a través de cuentos bien logrados y de perfiles novedosos sobre personajes que han dejado rastro y merecen reconocimiento. Ha sido escritor consagrado desde hace buen tiempo al quehacer literario, al lado de su afición musical, y cuyas obras, de indudable mérito, enriquecen la bibliografía regional.

Gran promotor de la literatura quindiana es Ángel Castaño Guzmán, mediante la organización, con otros escritores, del concurso de cuento que lleva el nombre de Humberto Jaramillo Ángel. Además, en su revista La Avenida ha dado difusión a las obras y los hechos culturales que surgen en el departamento.

Óscar Piedrahíta González rescata en su libro La casa del hombre, publicado por la Alcaldía de Armenia y su Corporación de Cultura y Turismo, viejos poemas inéditos escritos durante sus andanzas nadaístas. Obras que fueron conocidas por Gonzalo Arango, Germán Espinosa y otros importantes poetas, que le expresaron su beneplácito.

En fin, con estas letras al vuelo deseo señalar el espíritu cultural que se vive en el Quindío y que de manera admirable se expresa en hechos tangibles como los que dejo reseñados.

El Espectador, Bogotá, 23-II-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 26-II-2011.
Eje 21, Manizales, 26-II-2011.

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Comentarios:

En nombre de los quindianos, te doy las gracias por la reseña de la Biblioteca de Autores Quindianos. Es la línea de tu actitud vital con el Quindío: generosa. Carlos Alberto Villegas Uribe, Armenia.

Me parece loable la labor cultural que realiza la Gobernación del Quindío desde su Secretaría de Cultura, con la publicación de obras que tienen importancia en la trayectoria literaria del departamento.  Publicarlas en nuevas ediciones es darle vigencia a obras que destacaron la calidad de los autores que usted menciona en su columna. No obstante, me parece insuficiente la labor de la Secretaría de Cultura. Creo que además del rescate de algunos nombres de valores regionales debería estimular el surgimiento de nuevos  escritores, con el apoyo de la Universidad del Quindío, entidad que cuenta con la estructura suficiente para esta labor. Gustavo Valencia G., Armenia.

Qué interesante observar esa valiosa producción intelectual de los quindianos.  Sin duda es un ejemplo para las demás regiones y una exaltación de la intelectualidad, del pensamiento y de la palabra escrita. Eduardo Durán Gómez, Bogotá.