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Medio siglo de La rebelión de las ratas

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

La rebelión de las ratas gana en España, en 1961, el premio Selecciones Lengua Española de la Editorial Plaza & Janés y le hace conquistar a su autor alto renombre nacional e internacional. En ese momento Fernando Soto Aparicio tenía 28 años de edad, y a partir de entonces inicia una vertiginosa carrera, hasta convertirse en uno de los escritores más prolíficos y acreditados del país, con una obra que se aproxima a los 60 volúmenes.

La novela no se pudo publicar en 1961 ya que el régimen de censura implantado por el general Franco, al considerarla subversiva y posible detonante de problemas sociales, prohibió su edición en España. En vista de lo cual, los abogados de la editorial presentaron un recurso de apelación. Además, se dejaron sentir las protestas de varias asociaciones de escritores.

La respuesta a esta reacción fue la de permitir la publicación, pero mutilándole 40 páginas, lo cual fue rechazado en forma categórica por Soto Aparicio. Frente a nuevas apelaciones y protestas, las que se habían extendido a escritores de varios países, en 1962 pudo publicarse la novela en su integridad. Ganó la literatura y perdió la implacable censura del gobierno dictatorial, como tenía que ocurrir.

La rebelión de las ratas fue publicada diez años antes que Cóndores no entierran todos los días, de Gustavo Álvarez Gardeazábal. Ambas novelas se convertirían en la mayor insignia de sus autores y están entre las primeras obras cronológicas de sus carreras. Esto indica que el triunfo en el arte es caprichoso. Después de tales títulos, y por más altura que tomaron los escritores, nunca consiguieron superar aquellas producciones de juventud que recibieron –y siguen recibiendo– los mejores comentarios del público.

En el presente mes de mayo y dentro de la Feria Internacional del Libro se produce la reedición de las dos obras con motivo de los 40 y 50 años que cumplen desde su primera impresión. Y se presentan varios hechos curiosos: ambas novelas fueron ganadoras de premios de España, sus autores tenían 26 y 28 años de edad cuando obtuvieron el galardón, las dos novelas corresponden al género de denuncia, ambos autores nacieron en el mismo mes (Soto Aparicio, el 11 de octubre 1933, y Álvarez Gardeazábal, el 31 de octubre 1945), y por otra parte, ambos tienen el número 1 en el día del natalicio.

Álvarez Gardeazábal escribe un excelente prólogo para la edición de lujo de La rebelión de las ratas, de Panamericana Editorial, donde anota: “Su autor, tal vez más respetado que promovido, ha seguido batallando con uno y otro libro, con uno y otro tema, abriéndose en la historia nacional un nicho igual al que los creyentes de su natal Boyacá les abren a las distintas manifestaciones de la Virgen María en los taludes de sus carreteras o en las orillas de las montañas (…) La vigencia de esta obra la ha dado el mayor crítico que posee la literatura: el paso de los años. Ha resistido convertida en ícono de una durísima realidad colombiana que no se nos acaba. La eterna batalla por sobrevivir”.

La literatura está de plácemes con esta doble efemérides. Cóndores y rebeliones van de la mano en la espectral violencia que, nacida en los años 50 del siglo pasado, arruinaron la paz del país. Las denuncias del escritor boyacense y del escritor tulueño no han perdido vigencia.

Nunca pensaría Fernando Soto Aparicio que aquel Rudecindo Cristancho que llegó a conseguir trabajo en una mina de carbón en el pueblo imaginario de Timbalí (Boyacá), que encontró la acogida de una prostituta –Cándida– y más tarde lideraría la rebelión de los trabajadores contra el hambre y la explotación, encarna el mismo minero de la época actual, vilipendiado por el trabajo infame y las mismas condiciones de ruindad y servidumbre de hace 50 años. Cambiando de escenario –y no de patronos tiranos–, La rebelión de las ratas es otra Germinal, de Emilio Zola. Tanto la novela francesa como la colombiana se convertirían  en poemas épicos del trabajo.

El Espectador, Bogotá, 4-V-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 7-V-2011.
Eje 21, Manizales, 7-V-2011.

* * *

Comentario:

Poema épico de los de abajo, tu columna, dedicada  al escritor Soto Aparicio, es una bendición merecida de tu pluma para el escritor más consagrado de Colombia, aunque sin muchos medios, pero con muchos aplausos. Desde Sevilla, te mando un cálido saludo solidario con la amistad y las letras. Ramiro Lagos, Sevilla (España).

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El furor de las aguas

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Nunca pensó el presidente Santos que durante su gobierno le correspondería reconstruir al país, afectado de manera catastrófica por la peor ola invernal que ha ocurrido en toda la historia colombiana.

Ocurrida la emergencia a los pocos meses de iniciada su administración, las cinco locomotoras que anunció en la campaña presidencial para el desarrollo de la nación (sector de la vivienda, infraestructura, sector agrícola, sector de la minería y el petróleo, y desarrollo tecnológico) aún no han tomado impulso. No es que esas iniciativas estén paralizadas, sino que la atención del desastre les ha quitado el vigor que por estos días, nueve meses después de iniciado el gobierno, debería mostrar resultados evidentes que no se ven.

Mientras tanto, las fuerzas desatadas de la naturaleza mantienen a la gente perpleja y atemorizada ante tanta desgracia pública que ocurre en todo el territorio. Grave situación la causada por este crudo invierno que no ha cesado en un año y que se prolongará, según el Ideam, hasta el mes de junio en la región andina, pero luego las lluvias se trasladarán a la costa del Atlántico.

El desborde de los ríos, quebradas, lagunas y embalses hasta extremos nunca imaginados ha destruido la red vial, inundado poblaciones enteras (como Útica), arrasado cosechas, ahogado animales y producido una verdadera hecatombe nacional. Los muertos ascienden a 418 (entre ellos, 90 en el presente año). Las personas afectadas pasan de tres millones, y muchas han quedado en la ruina absoluta.

La Sabana de Bogotá ha sido una de las regiones más castigadas por el furor de las aguas. Se perdieron grandes cantidades de fresas, flores, hortalizas y papa en más de 20.000 hectáreas inundadas. La leche sufre una merma de 300.000 litros. Los ríos Bogotá, Frío y Ubaté irrumpieron como tromba maldita. La Universidad de la Sabana, que ha puesto tanto empeño en la construcción y mantenimiento de su sede, quedó anegada. La laguna de Fúquene, que desde muchos años atrás ha mermado su nivel a merced de los cebolleros, se rebosó como jamás había sucedido, ahogó las siembras de cebolla e hizo imposible el tránsito en una carretera de vital importancia para la región.

La primera lección que puede sacarse de esta debacle es el maltrato continuo  que se le ha dado al medio ambiente durante largo tiempo. Colombia, país de inmensa riqueza ecológica, no ha sabido cuidar la naturaleza. Por eso, esta se rebela y cobra los abusos cometidos. En lugar de cuidar la forestación de los montes y las riberas de ríos y lagunas, hacemos todo lo contrario. Queda una segunda lección, entre las más significativas: la precariedad del Estado para contrarrestar con prontitud estos golpes sorpresivos. En este terreno cabe mencionar la pésima estructura de las carreteras, prioridad que registra un retraso inaudito y nos tiene a la zaga de la mayoría de países del continente.

El director del Ideam, Ricardo Lozano, define muy bien el fenómeno: “La Niña no ha dejado de impactar al país. Es como un huracán completo que entra y se queda por meses”. Y del presidente Santos es la siguiente revelación: “Cuando me fui a la sierra nevada de Santa Marta a saludar a los mamos, ellos me advirtieron que la naturaleza se vengaría de los abusos del hombre y que el país se vería enfrentado a grandes inundaciones en su territorio”.

En medio del desastre, hay que admirar la serenidad, el tino y el pragmatismo con que el presidente Santos ha sabido afrontar la crisis. Si todavía sus cinco locomotoras no han emprendido la plena marcha, frenadas por la conmoción nacional, el Gobierno ya puso en marcha mecanismos eficaces de apoyo a la gente damnificada y reconstrucción de los bienes materiales más apremiantes. Por lo pronto, están arbitrados 4,4 billones de pesos para cubrir buena parte de los destrozos.

Hay que confiar en las buenas acciones del Gobierno y no permitir que el optimismo, que es la principal fuerza para salir del naufragio, se debilite. Y nos ayude a fortalecer la esperanza.

Eje 21, Manizales, 28-IV-2011.
El Espectador, Bogotá, 28-IV-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 30-IV-2011.

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Comentarios:

Creo que el furor de tanta agua es buscando limpiar esa suciedad que nos invade, no el invierno. Luis Fernando Echeverri Calle, Medellín.

Tarde o temprano, la Naturaleza siempre pasa la factura, y ahí vienen entonces el llanto y el crujir de dientes. Muy buena tu columna, y ojalá que sea fundado tu optimismo en la gestión presidencial. Ricardo Bada, Colonia (Alemania).

Perfecta descripción de lo que los colombianos estamos viviendo. Esta vez, a diferencia de años anteriores, el invierno tocó todos los estratos sociales y es así como se sensibiliza aún más este grave problema de la naturaleza enfurecida por el mal manejo de las manos nuestras. Si no nos concientizamos, toda esta deforestación que se viene presentando será nuestro enemigo permanente, como lo ha sido el hombre para la tierra. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Para los que vivimos en el exterior es triste y depresivo ver cómo se anega nuestro bello país, pero da rabia y coraje que mientras la ola invernal arrasa con todo y se necesitan recursos monetarios de urgencia, los corruptos y ambiciosos cínicamente y sin ninguna vergüenza siguen esquilmando el tesoro público y privando a sus compatriotas de recursos urgentes y necesarios. Luis Quijano, Houston (Estados Unidos).

Reglas básicas de buen periodismo

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Me pide Ángel Castaño Guzmán mi opinión sobre la prensa escrita en el Quindío con destino a una investigación que adelanta sobre el periodismo de la región. Por no residir en el Quindío, no me queda fácil elaborar un concepto a profundidad sobre dicho asunto, pero me referiré en cambio a varios principios fundamentales que gobiernan la profesión del periodista en cualquier lugar.

El primero de ellos es el de la independencia conceptual. El periodista debe mantener un criterio autónomo, fortalecido por la ética y la moral, para dar la información o criticar hechos censurables de la vida pública sin estar atado a conveniencias personales. La verdad debe prevalecer por encima de toda circunstancia. Esto supone el no depender de favores, obsequios o tratos interesados del público o las autoridades.

Distinguirá lo que es cierto de lo que es falso o engañoso. Para hacerlo, debe buscar fuentes serias de información y no conformarse con la primera versión, sino confrontar los hechos. Cuando critica, debe hacerlo con altura y precisión, huyendo de la ambigüedad, la ligereza o el lenguaje oscuro. Antes de dar a la publicidad cualquier escrito, debe releerlo, corregirlo y darle la mayor exactitud y comprensión posible. No olvidar que de su palabra depende la honra ajena.

Cuando Rodrigo Gómez Jaramillo se posesionó de la Gobernación del Quindío en el año de 1984, pidió a los periodistas que eliminaran la lisonja, la alabanza o la adulación, y que le criticaran sus errores y se convirtieran en vigilantes de la moral pública, como camino propicio para defender los intereses de la sociedad.

Él no quería una prensa amiga, sino una prensa crítica. Valiosa lección que ojalá nunca se olvide. ¿Esa regla de oro se practica hoy en el Quindío? El mejor amigo es el que nos dice la verdad, recordó el Gobernador, e invitó a los periodistas a ser censores y no conformistas. Al respecto, dice el escritor boyacense José Umaña Bernal: “El periodismo es oficio de hombres libres; y sólo en la rebeldía se conserva la dignidad”. No debe entenderse la rebeldía como irrespeto, grosería u ordinariez y dicha actitud debe expresarse con elegancia, carácter y categoría.

El bien decir y el bien escribir es regla primordial en el oficio del periodismo. ¿Cómo puede alguien ejercerlo con idoneidad y donaire si no domina las reglas esenciales de la gramática, la ortografía y el bello estilo? Nótese que los grandes periodistas son al mismo tiempo grandes literatos. No se hicieron de la noche a la mañana, sino que se quemaron las cejas estudiando textos con asiduidad, asistiendo a cursos frecuentes, leyendo mucho y depurando con rigor sus artículos.

Por desgracia, la gramática está sacrificada en los predios generales del periodismo. Los que se salen del pelotón son los que hacen carrera, se distinguen ante el público (el mayor censor y el mayor dispensador de méritos), y en una palabra, se vuelven maestros de su noble y hermoso destino.

Bogotá, 15-IV-2011.

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Honores al novelista de Tuluá

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Gustavo Álvarez Gardeazábal está en la edad de recibir honores. Su obra consta de veinte libros y más de mil artículos de prensa o ensayos. El género que más lo distingue es el de la novela, en el que ha publicado trece títulos.

A los 65 años de edad y a los 40 de la publicación de Cóndores no entierran todos los días –su novela más destacada–, la Universidad del Valle le otorga el doctorado honoris causa en Literatura que le será entregado el 14 de mayo en el salón Rentería del Hotel Guadalajara de Buga.

Antes de dicho evento, la misma Universidad del Valle organizó en su sede de Buga un coloquio sobre los 40 años de Cóndores, con presencia del autor. Este, por otra parte, ha recibido en su finca El Porce a estudiantes de las universidades Javeriana y Católica para intercambiar puntos de vista sobre su obra cumbre. Si León María Lozano, jefe de los “pájaros” y el cóndor mayor de la violencia en el Valle, estuviera vivo, se sentiría honrado con que alrededor de su memoria se realizaran estos actos académicos.

Pensará León María, en su hondísima tumba (si es que todavía existe), que él no nació para los alamares de su paisano el escritor, sino para ser matón en la violencia tenebrosa de los años 50, pero aun así se sentirá grato con quien se ha encargado de perpetuar su nombre siniestro en el recuerdo de las futuras generaciones.

Además, la Editorial Grijalbo publicará dicha novela en edición de lujo y con patrocinio de Compensar, Comfenalco Valle, Interaseo y Electra. Que no será superior –pienso yo– a la bella publicación que poseo de Ediciones Destino (Barcelona) con la que se divulgaba esta obra ganadora, en 1971, del Premio Manacor, hecho que llevó al novelista, que apenas contaba 25 años, a las cimas de la fama.

En esta serie de homenajes a Álvarez Gardeazábal se suma el de la Editorial Panamericana, que le reeditará El bazar de los idiotas, y el de la Universidad del Valle, que hará lo mismo con La tara del Papa. Obras que desde ya despiertan el interés de los asistentes a la Feria Internacional del Libro que está próxima a abrir sus puertas en Bogotá.

Con toda razón mi ilustre amigo, a quien el mundo se le vino encima con esta profusión de agasajos, me escribe lo siguiente: “Aunque cuando lleguen esos homenajes uno comienza a oler a gladiolo, aspiro a sobrevivir a tanto honor”. Claro que pasará la prueba de esta que pudiera llamarse una encerrona de la fama. Son de esos sucesos laudatorios en la vida del escritor de renombre que este no puede rehusar, ya que es autor de su propio destino en el camino que escogió de las letras, que ya no puede abandonar por más que quisiera.

Con este bagaje literario, Álvarez Gardeazábal ha llegado no tanto a la que algunos llaman con eufemismo la edad dorada (sinónimo de vejez), sino a la cumbre de su obra combativa y valiosa. Cóndores es fiel retrato de la violencia colombiana en aquellos años nefastos y como tal se encuentra unida a este memorable proceso histórico. Todas sus novelas son de denuncia y contienen aguda certeza para combatir a los gamonales de los pueblos y desenmascarar las taras sociales o los excesos religiosos. Bien se merece el novelista estos reconocimientos que por lo pronto lo desquician, pero que habrán de fortalecer su espíritu luchador y creativo para nuevas realizaciones.

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Un esquivo honoris causa. Este caso me hace recordar el honor que hace ya largo tiempo me otorgó el rector de la Universidad del Quindío al anunciarme que me había sido conferido el mismo título que ostentará mi tocayo: doctor honoris causa en Literatura. Muerto de la pena, le rogué que me dispensara de aceptar la distinción debido a los nexos estrechos que mantenía con la Universidad como gerente del Banco Popular. Era cuestión de ética en mi ejercicio bancario. El rector me entendió. Y yo casi soy doctor.

Eje 21, Manizales, 16-IV-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 16-IV-2011.
El Espectador, Bogotá, 17-IV-2011.

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Comentarios:

La bellísima nota que has escrito sobre mi jubileo me abruma como a niñito de escuela recibiendo medallas y felicitaciones. Gardeazábal, Tuluá.

Cóndores es una de esas lecturas que impactan y que  por ello permanece incólume su recuerdo, con mayor razón cuando a nuestra generación le correspondió vivir esa violencia de la nefasta década de los años 50 y el estertor  de los 40. Los merecidos homenajes que recibirá el maestro Gardeazábal son consecuencia de una vida dedicada a su arte literario, que impregna de ese valor civil que se destaca en su personalidad, de  hombre franco y valeroso. Gustavo Valencia G., Armenia.

Qué bueno ese doctorado honoris causa para GAG, y qué buena tu crónica. Rescato sobre todo de ella la escueta y preñada narración de por qué no eres tú también doctor honoris causa, qué concepto tan ético de la vida el que ahí se revela. Te cuento que yo pasé por una experiencia no homologable, pero sí parecida, en el 2006, estando de vacaciones en mi ciudad natal. Te copio los dos fragmentos de mi diario que relatan el hecho. Ricardo Bada, Colonia (Alemania). 

Victorias del toro

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

A partir de enero de este año quedaron prohibidas las corridas de toros en  Cataluña (España). Cuatro años atrás, un crecido número de ciudadanos que apoyaban la abolición de la fiesta brava en medio de exaltados manifestantes del bando contrario, exhibieron frente al Parlamento una pancarta con esta  leyenda: “Cataluña: Si te quieres presentar delante del mundo, primero suprime las corridas de toros”.

Conseguir la votación final (68 votos a favor de la supresión y 55 en contra) implicó una larga lucha de las organizaciones y personas protectoras de los animales, que lograron convencer a la mayoría de parlamentarios de que las corridas de toros debían desaparecer de su territorio. Medida nada fácil, dada la  fuerte tradición taurina que existe en España.

Conseguido este propósito en una de las regiones más importantes de España, como lo es Cataluña, no queda difícil predecir que el ejemplo hará carrera en toda la nación y se  extenderá a los países latinoamericanos, herederos de la tradición taurina, algunos de los cuales, como Colombia, han hecho del toreo una industria de difícil erradicación.

Sin embargo, las cosas comienzan a cambiar. El senador Camilo Sánchez, que considera que el 95% de los colombianos están en contra del sufrimiento de los animales, lidera una acción parlamentaria para buscar que también en Colombia se prohíban las corridas, al igual que todo tipo de maltrato animal, como el practicado en los circos y en las peleas de perros y de gallos. Dijo Gandhi: “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados en la forma en la que tratan a los animales”.

Por lo pronto, el toro sale triunfador en la legislación de Cataluña. Poco a poco la gente de este territorio tomó conciencia sobre lo que significan las torturas que se infligen al pobre animal, convertido en espectáculo sangriento para espectadores fanáticos que se dejan manejar por las bajas pasiones. Pensar que las corridas de toros son una tradición cultural que debe respetarse, como algunos lo exponen como razón valedera para no hacer nada en contrario; o que se trata de una expresión artística, con el argumento de que grandes pintores del mundo las han magnificado en cuadros famosos, equivale a ensalzar la violencia como insignia humanizada del arte.

Lo cierto es que los matadores de toros, protagonistas bárbaros de las plazas atiborradas de multitudes frenéticas, gozan –y hacen gozar al público– con la sangre que brota de los músculos destrozados del cuello del toro. Y que le sale a borbotones por la boca agobiada de asfixia y angustia.  Este espectáculo, que se pretende presentar como refinado o sensacional, es avivado por esas masas delirantes que confunden el arte con la crueldad. Son las mismas masas que no quieren resignarse a que el rey de fiestas goce del derecho a la vida.

La revista española Adda Defiende los Animales, abanderada de las causas justas que conducen a la eliminación de las corridas de toros en el mundo, llega a los países de Latinoamérica como protesta denodada, que ya cumple veinte años, contra el salvajismo humano.

Luchadora inquebrantable de dicho postulado, la revista no ha desfallecido en su condena contra los horrores de la fiesta brava (nombre muy apropiado para calificar la insana diversión) y hoy proclama la medida de Cataluña como un paso adelante que llevará, sin duda, a nuevas victorias que bien se merece el toro, el ser más vilipendiado y torturado por el hombre en las plazas públicas.

Y que como ironía es el que le hace ganar vítores clamorosos a su matador, acrecienta su fama y lo vuelve más salvaje. ¿Qué diferencia hay entre el torero que mata y el público que aplaude?

El Espectador, Bogotá, 31-III-2011.
Eje 21, Manizales, 1-IV-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 2-IV-2011.

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Comentarios:

El toreo no tiene cabida en los países civilizados del siglo XXI. Es inmoral e indigno exaltar la violencia a través de espectáculos públicos como la matanza de toros. Aplaudo y me quito el sombreo ante los honorables legisladores, el señor Camilo Sánchez y el bloque de los 600. La Colombia del siglo 21 necesita gente de alta ética moral que haga brillar la luz del nuevo mundo. DonPedometro (carta a El Espectador).

Las corridas de toros son un espectáculo bárbaro que se deberá erradicar por la crueldad y desprecio a la vida de un animal noble, que tanto aporta al hombre en su alimentación y otros beneficios de su presencia vital.  No es posible que un enfrentamiento, en esas condiciones de desigualdad y desventaja, para el bruto noble, siga amparado por vetustas legislaciones que enarbolan cuestionados argumentos de vergonzosa tradición cultural y de falsa apreciación artística, para satisfacer el morbo de minorías y la codicia de empresarios interesados en fomentar y mantener el grotesco espectáculo. Gustavo Valencia García, Armenia.

Es una salvajada y algo absurdo en un mundo que se dice tan avanzado en todas las áreas: medicina, tecnología, ciencia, etc, que se sigan practicando estas muertes a animales indefensos y que las personas vayan supuestamente a ver arte y entretenimiento a costa de tanto dolor. Estoy de acuerdo: son iguales de culpables quienes matan como quienes disfrutan con las muertes. Liliana Páez Silva, Bogotá.

Hace unas cuatro décadas asistí por primera y última vez a una corrida de toros en Bogotá. Desde entonces y al ver la crueldad de semejante espectáculo jamás volví  a pisar un ruedo. La verdad es que si vemos y leemos todos los días la crueldad con que paramilitares, guerrilleros y hasta miembros del ejército asesinan sin ninguna compasión a sus mismos compatriotas, todo con la complicidad de políticos y congresistas, no veo con extrañeza cómo esa misma dizque sociedad asiste a una corrida de toros donde la sevicia y crueldad se pavonean delante de la alta clase colombiana. Luis Quijano, Houston (Estados Unidos).