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Le rompieron las alas

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Cuando el sargento José Libio Martínez fue secuestrado por las Farc en diciembre de 1997, Johan Steven no había nacido. En cautiverio, el sargento se enteró de la llegada de su hijo al mundo equívoco que le correspondería vivir. Nunca llegaron a conocerse. Y han transcurrido 14 años. El menor tiene casi los mismos años que su padre duró prisionero en la selva.

El secuestro selvático significa la lenta extinción de la vida. La muerte de la dignidad. Es el oprobio más cruel que puede recibir la persona. Íngrid Betancourt narra a la perfección, en su libro No hay silencio que no termine, esta tortura inconcebible en la naturaleza humana. Esos son los sistemas salvajes que emplean las Farc en esta guerra atroz, cercana al medio siglo, que tanta sangre ha derramado y tantas esperanzas ha frustrado en el país.

El sargento Martínez era el secuestrado que llevaba más tiempo en poder de los guerrilleros. Por eso tenía el precio más alto: había que mantenerlo retenido para ejercer mayor presión sobre el Gobierno a fin de obtener ventajas superiores por su liberación. Así de inicua y rastrera es la industria del secuestro. Como la esperanza es lo último que se pierde, el prisionero soñaba con salir algún día de la selva. ¿Cuándo? El tiempo en la selva es eterno.

Lo único cierto allí es la esclavitud sin horizontes, incesante y despiadada, que no deja un espacio para respirar los aires de la libertad. Esto, a pesar de que se mantenga prendida la llama de la estéril ilusión, la que a cualquier momento puede apagar una ráfaga de fusil o un tiro de gracia. Ese tiro de gracia fue el que acabó con la existencia del sargento Martínez y tres de sus compañeros en  miserable cambuche convertido en madriguera de la infamia.

Su hijo Johan Steven, una llama al viento que apenas comienza a vivir cuando ya tiene que padecer el infierno de la guerra, salió en Bogotá a recibir los restos de su padre, a quien no conoció. No lo conoció, pero lo sentía, lo palpaba, hablaba con él en sus noches de perplejidad. “Señores de las Farc, no esperaba que ustedes lo mataran, que me lo enviaran en un ataúd”, clamó el joven, sin derramar una lágrima. Ya no le salían más lágrimas, porque su corazón estaba petrificado, se había quedado quieto en el oleaje de su infortunio. Se había vuelto una roca en medio de la tempestad.

“Señores de las Farc –continuó impertérrito en su plegaria–, el 26 de noviembre me rompieron las alas, el anhelo de conocer a mi padre personalmente, de darnos ese abrazo tan anhelado durante 13 años, 11 meses y 5 días”. Los llamó señores, como si se tratara de unos caballeros. Y no tuvo necesidad de papel: las palabras le salían del alma, le punzaban el sentimiento, lo hacían  elocuente en medio de la desgracia.

Esta serenidad impasible y conmovedora penetró en la sensibilidad más estremecida de los colombianos y le dio la vuelta al mundo. En un instante, la palabra sosegada de este huérfano de la violencia que todavía no concibe que su padre se le haya escapado cuando creyó tenerlo tan cerca, creció por todos los confines como la voz clamorosa de este país de huérfanos y de viudas que no entiende tanta iniquidad. Este país que no sale de su estupor cuando las noticias dan cuenta de los crímenes de guerra que no tienen perdón de Dios.

Johan Steven tiene 13 años. Eso es lo que dicen sus papeles. Pero yo no sé cuántos años ha madurado por culpa de los episodios de locura que destrozan el derecho a ser niños. Yo lo vi con cara de adulto en las imágenes de la televisión. Este niño grande ha quedado con las alas rotas, y no se sabe hacia dónde levantará el vuelo. El país vive con las alas rotas. Johan Steven es hoy el rostro más duro del secuestro y de la violencia colombiana.

El Espectador, Bogotá, 30-XI-2011.
Eje 21, Manizales, 30-XI-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 3-XII-2011.
Aristos Internacional, n.° 34, Alicante (España), agosto/2020.

* * *

Comentarios:

Muy buena columna. ¿Ni siquiera nuestros nietos o biznietos podrán ver este país en paz?  Gustavo Valencia García, Armenia.

En este artículo está plasmada la realidad que estamos viviendo por culpa de la  guerra permanente de las Farc, sin objetivos y sin ningún horizonte. Este adolescente que maduró demasiado pronto por esa realidad, mostró su dolor ya sin lágrimas. Veo en él un futuro líder y creo que será un orgullo no solo para su familia sino para Colombia. Ligia González, Bogotá.

Cuando leo y veo las noticias siempre horribles de las Farc no puedo menos de sentir un odio y una rabia que enceguecen todo mi corazón. ¿Qué buscan las Farc con esos asesinatos tan viles y cobardes como los recientes y los que cometieron con los diputados de Cali?  Fuera de que no tienen ninguna bandera política se convirtieron en unos vulgares narcotraficantes, secuestradores y asesinos. Luis Quijano, colombiano residente en Houston (Estados Unidos).

Este artículo despierta la conciencia del ser humano más inconsciente. Gloria Chávez Vásquez, Nueva York.

Leí su artículo y con una lágrima que se negaba a desprenderse, sólo puedo decirle: una obra de arte al dolor y a la infamia. ¡Pobre nuestro país! Juan Fernando Echeverri Calle, Medellín.

Una pieza magistral, que interpreta muy bien lo que yo creo que sentimos todos los colombianos de bien.  Beatriz Rivera, Medellín.

Magnífica columna, y te felicito por ella, al mismo tiempo que me duele pensar que hayas tenido que escribirla. Creo que hubieses preferido, como yo, que no fuera necesario hacerlo. Ricardo Bada, Colonia (Alemania).

Las Farc es la plaga más temible, pavorosa, cruel y despiadada que hay sobre la faz de la tierra. Dios nos proteja a todo momento de esta máquina de la muerte.  Juanlunados (en La Crónica del Quindío).

He leído con la atención debida el artículo Le cortaron las alas. Excelente página que supo interpretar el dolor de ese niño que no pudo conocer a su padre por la intransigencia de una guerrilla que no se conmueve por nada. José Miguel Alzate, Manizales.

 

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Cuestiones idiomáticas

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

A Helena Manrique Romero (27 y 28-XI-2011).

Helena: Respecto a su nota sobre la nueva Ortografía de la lengua española, permítame hacer las siguientes anotaciones:

Acento y tilde no son sinónimos. El acento es la mayor entonación de la voz con que se pronuncia una sílaba, y a veces la respectiva vocal va marcada con tilde. Otras veces, aunque exista la acentuación de la voz, no se marca la tilde. La tilde es el signo gráfico que se marca sobre las vocales de acuerdo con las reglas establecidas.

Después de las normas de acentuación promulgadas por la Academia Española en 1959, está la Ortografía de 1999, que es la anterior a la que ahora se divulga (la de 2010).

Dice usted que el adverbio solo debe tildarse (sólo) cuando «es imperativo». No entiendo lo de «imperativo». Se marca la tilde para evitar el riesgo de la ambigüedad.

Sintáxis, que usted escribe con tilde, no la lleva.

1.931, 1.959, que usted escribe con punto, no lo llevan por tratarse de años: 1931, 1959.

* * *

Una misma cosa son el acento gráfico y la tilde. En este caso sí puede hablarse de palabras sinónimas, por tener el mismo significado. El acento prosódico es otra cosa: este no siempre exige el uso de la tilde. Estamos de acuerdo: el idioma es mutante. Sin embargo, hay reglas que no cambian, o lo hacen con mucha parsimonia. Lo mismo sucede con las palabras, si bien el DRAE ha abierto hoy sus páginas a infinidad de palabras de la época moderna (sobre todo las técnicas), lo mismo que a regionalismos o voces nuevas que antes permanecían huérfanos de la aceptación académica durante largos años, y muchas veces, cuando esto ocurría, ya el vocablo estaba en desuso. Gustavo Páez Escobar

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El flagelo cibernético

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Leí en estos días una página periodística donde se dice que Colombia es un país flagelado por los fraudes bancarios. La expresión es exacta. Cada día aumenta más este delito, y cada día la noticia asusta más a las personas que hacen sus operaciones con tarjetas plásticas o por internet.

Algunas entidades financieras han blindado sus sistemas de seguridad para protegerse contra los defraudadores y amparar a sus clientes. Otras no. Hay palabras nacidas en este campo que antes nadie conocía y ahora se volvieron corrientes: phishing, skiming, vishing, clonación, falsa lectora, virus troyano, ciberladrón… Muchos no saben qué quieren decir, pero sienten sus efectos arrasadores cuando les roban sus dineros en los bancos y sobre todo cuando estos no les responden por el fraude.

A raíz de la columna que sobre este asunto publiqué en julio de 2010, continúo recibiendo comunicaciones de gente lastimada por este flagelo público. Copio algunas de ellas:

«Yo perdí en el 2008 $ 19 millones de pesos de mi cuenta en el BBVA. Pagaron durante tres días cuentas de teléfonos celulares por ese monto. Yo nunca había efectuado un pago en línea. No valió todo lo que reclamé. Me dijeron en todos los tonos que yo le había dado a alguien la clave porque todas las operaciones se habían realizado exitosamente. Esta es la frase de cajón. La gerente de la oficina donde tenía mi cuenta sabía que soy pensionada del Banco de Bogotá y los últimos seis años fui gerente de una oficina de Granahorrar. Así que mal podría no saber las condiciones de confidencialidad y cuidado con las claves y las tarjetas. Qué injusticia». A. Bornacelli.

A mi esposa le hicieron cuatro retiros de su cuenta de ahorros por cajero electrónico de Barranquilla, cuando la cuenta es de Bogotá. Procedimos de inmediato a hacer el reclamo. Como usted lo dice, es una proforma dado que esto al parecer se presenta con muchos clientes. Carlos Orlando Ramírez Santana.

«En dos ocasiones hemos sido robados a través de internet. La cuenta es de Bancolombia, quien  previa investigación ha devuelto la totalidad del fraude a nuestra empresa. Sin embargo es muy importante que usted alerte a los lectores, porque este fenómeno aumenta cada día». Jorge Iván Arango H.

«En el BBVA me robaron la suma de $2,3 millones a través de internet, transfiriéndola de mi cuenta a una cuenta de Santa Marta del mismo banco. Coloqué la denuncia en la Fiscalía, coloqué reclamación en el BBVA y en la Superintendencia Bancaria. La Fiscalía no ha hecho nada, y el BBVA me respondió que la culpa era mía y no me devolvió nada. La Superintendencia le dio la razón al BBVA». Ricosblanc.

«He sido víctima de un robo a través de cajeros electrónicos y tenía mi cuenta en Colmena. El robo se llevó a cabo en una ciudad que dista mucho de la ciudad donde resido y que no he visitado. Colmena me respondió haciéndome saber que la culpa es mía. Es muy probable que haya complicidad de funcionarios de la misma entidad». Andrés Vinasco Lalinde.

«Mi caso sucedió entre el 2 y el 3 de diciembre de 2009, en Colmena. Vivo en un municipio de Antioquia y la clonación y el fraude ocurrieron en Santa Marta. Hasta el momento no ha sido posible recuperar el dine­ro ($ 13’200.000), retirado por compras, retiro en cajero y por internet». Iván Darío Ruiz Rojas.

«De mi cuenta extrajeron una suma de dinero desde un cajero electrónico ubicado en una población del Atlántico, siendo mi domicilio la ciudad de Bogotá». Cristian Castillo.

«He sido víctima de dos robos en mi cuenta de ahorros de Colmena. La primera vez me robaron $1.000.000 en un cajero de una ciudad que jamás he tenido el placer de conocer (Barranquilla), mientras yo me encontraba en Manizales, y justo un año después me retiraron por internet desde mi cuenta $4.269.000, a lo que dicha entidad simplemente aduce no ser responsable por el manejo de tarjeta y claves». María Cristina Buriticá Galvis.

«Me sacaron $ 2.000.000 de mi cuenta del Banco Caja Social. He remitido cartas al banco y a la Superintendencia Financiera. Coloqué la respectiva denuncia en la Fiscalía. La verdad no sé qué más hacer». Mauricio Arturo Pineda Arias.

El Espectador, Bogotá, 24-XI-2011.
Eje 21, Manizales, 25-XI-2011. Eje 21, Manizales, 25-XI-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 26-XI-2011.

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Comentario:

Así como “Colombia es un país flagelado por los fraudes bancarios”, también la regla es que los bancos se están especializando con todos los medios y los métodos para eludir la responsabilidad que les cabe. Y lo más triste es que aprovechándose del desconocimiento del común de las gentes y aun de quienes alcanzamos a medio distinguir la diferencia entre el fraude cibernético y la clonación, les ha quedado relativamente fácil a los bancos engañar a la mayoría de los clientes afectados, atribuyendo todos los fraudes a esta última figura. Luis Alberto Restrepo Gómez, abogado, Armenia.

 

 

 

 

 

Los perros de la guerra

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Jennifer, la cocinera de confianza de Alfonso Cano, salió de la vivienda junto con las dos mascotas del guerrillero: Pirulo y Conan, labrador dorado y perro criollo. Ella era la encargada de cuidarlos cuando no estaban con su amo, que era en contadas ocasiones. Por las mañanas, luego de asearlos y darles de comer, Jennifer los llevaba a dar una vuelta por los alrededores.

Cumplida su misión, aquel día entró con los perros a la vivienda, a las tres de la tarde. Entre la empleada y el par de mascotas se habían establecido grandes lazos de afecto. Los perros, nobles por naturaleza, poseen fino instinto para distinguir con rapidez a las personas que los quieren, y a las que, por el contrario, no los quieren. Y así mismo demuestran sus preferencias. Pirulo y Conan vivían jubilosos con Alfonso Cano, con quien habían realizado largas  travesías por la selva. Y con Jennifer, que les daba de comer y todos los días los sacaba a pasear.

Lo que ella no sospechaba era que sus pasos estaban vigilados. Los ojos de algún soldado vieron la entrada de los perros a la vivienda oculta en la espesa montaña, la que había sido usurpada a un indígena. Ya se sabía que el guerrillero se desvivía por sus mascotas hasta el punto de no permitir que se les dijera perros: había que llamarlos por sus propios nombres, equivalentes a los nombres de pila de los humanos en el agua bautismal. Las mascotas (se sabía con precisión que se trataba de dos perros) se convirtieron en su perdición. Pirulo lo acompañaba desde la antigua zona de distensión.

Sin quererlo (porque los animales no tienen malos sentimientos, como los hombres), las mascotas entregaron a Cano a las autoridades. Ese día, la casa fue bombardeada y en el ataque cayó el guerrillero más buscado del país, que varias veces se había escabullido como por arte de magia por entre las ráfagas que estuvieron a punto de darle captura o abatirlo. Esta vez lo delató su afecto por los perros, uno de los pocos afectos que conservaba. Conan fue herido en el combate y Pirulo huyó. Ambos dejan escritos sus nombres como personajes de la violencia colombiana.

En las filas contrarias, las del Ejército, hay una heroína: la perra Sacha. Era  experta en antiexplosivos, labor para la que había sido adiestrada durante largo tiempo, y en la que realizó más de cien operaciones exitosas. Se tiraba desde el helicóptero en compañía del soldado que guiaba sus pasos, y en la profundidad de la selva descubría las minas antipersonas y olfateaba la presencia del enemigo. Después de cinco años de combates, murió abaleada en el bombardeo al campamento del Mono Jojoy. Su maestro, el soldado Zamora, dice que su pérdida es igual de dolorosa a la muerte de un hijo. Para honrar su memoria, a Sacha le levantaron una estatua.

Durante el presente año, más de veinte perros antiexplosivos han caído en campos minados. Las noticias no suelen informar sobre estos mártires de la guerra. Son héroes anónimos que mueren en el campo de batalla y que carecen de una cruz o de un recordatorio dentro de las bajas de la población civil o militar. Las noticias de prensa informan así, por ejemplo: “Dados de baja diez guerrilleros en el Cauca”, y al día siguiente: “Fueron abatidos ocho policías en Arauca”. ¿Y los perros? Ellos no tienen prensa. No tienen dolientes.

Hay escuelas caninas de entrenamiento, tanto del Ejército como de la Policía, dedicadas a la lucha contra los explosivos, donde están matriculados estos perros inteligentes que se especializan en el rastreo de olores y de huellas, y a la postre mueren en los combates. Unos sobreviven. Otros ganan, con su muerte, medallas de heroicidad, como Sacha. O pasan a la historia, como Pirulo y Conan, por haber pertenecido a un guerrillero famoso. Todos merecen honores, no importa el campo donde hayan vivido.

La guerra no solo es de los hombres, sino también de los animales. Y no solo el perro es protagonista de las contiendas salvajes: a lo largo de la historia también se han empleado caballos, cabras, camellos, palomas mensajeras, aves de corral… Educados todos con el fin siniestro de ayudar al hombre a destruir a su propio hermano. Esa es la guerra: elemento monstruoso, rapaz, depredador, asesino,  que busca no dejar nada en pie, ni siquiera la nobleza y la inocencia de los animales.

El Espectador, Bogotá, 17-XI-2011.
Eje 21, Manizales, 18-XI-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 19-XI-2011.

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Comentarios:

Excelente columna de los animales de la guerra. Por fin algún medio se dio cuenta que ellos existen en esa guerra que se inventaron los humanos y que no tienen nada que ver. Jaime A. Reyes.

Me gustó el sentido homenaje a esos héroes, que son sacrificados,  al pagar con su vida la lealtad a sus amos. Recuerdo  los elefantes de Aníbal, el legendario estratega y conquistador cartaginés, quien  los convirtió en verdaderas máquinas de guerra. Gustavo Valencia García, Armenia.

Qué bello homenaje a los perros, a todos los animales que nosotros, los seres humanos, a veces tan crueles, a veces tan innobles, metemos en nuestras «broncas», como suele decirse en México. Diana López de Zumaya, colombiana residente en Méjico.

Muy buena nota. A mí también me ha llamado la atención la presencia de estos nobles animales en la guerra. Me pareció muy triste la suerte que corrió la perra Sacha.  No sé por qué razón las asociaciones defensoras de animales no hacen nada al respecto.  Carmen Arévalo (correo a El Espectador).

Acá en Estados Unidos,  los perros de la policía son oficiales de la policía y son condecorados por sus actos de valor y los respetan y protegen como a cualquier otro oficial. Mauricio Guerrero.

El final de una intransigencia

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Guillermo León Sáenz Vargas, o ‘Alfonso Cano’ en su nombre guerrillero, fue hombre inadaptado para la sociedad. Desde muy joven daba muestras del grado de insatisfacción que no le permitiría acomodarse en parte alguna, bien en la vida civil o bien en la guerrillera. Se forjaba un mundo demasiado idealista, y por eso mismo, imposible de alcanzar.

Nació en julio de 1948 dentro de una familia de clase media alta, en el quinto lugar de siete hermanos con ideas izquierdistas Sus padres, que eran académicos, fomentaban ardientes discusiones políticas que incentivaban la vocación de ideólogo del futuro miembro de la insubordinación colombiana. El país vivía por aquellos días el clima turbulento derivado del 9 de abril, y no era difícil que los nacidos bajo dicho signo abrigaran, bajo la bandera de Gaitán, propósitos revolucionarios.

A los veinte años de edad (1968), Cano cursaba estudios de antropología en la Universidad Nacional. Esa carrera estaba hecha a su medida. Sin duda, ella le encendió el alma hacia las causas del hombre. Su primer paso fue matricularse en el movimiento de la Juventud Comunista (Juco). Se casó a mediados de los años 70 y más tarde no tuvo inconveniente en renunciar a su esposa y a su hijo para irse al monte. Su familia no supo de él durante algún tiempo, y con el paso de los días se enteró de que como huésped de la clandestinidad se había vuelto guerrillero.

No solo había renunciado al bienestar familiar sino a su nombre civil. Era la manera auténtica de rebelarse contra todo lo establecido para fijarse su propio derrotero con un fusil en la mano e ideas extremistas en la mente. Su misión era la de cambiar el mundo. Con esa idea obsesiva moriría 33 años después de su ingreso al monte, y el mundo, tal como él lo concebía, no había cambiado. Su lucha había sido inútil.

Dejó un rastro de violencia por cualquier sitio donde pasaba. Fueron 33 años en que no se dio tregua para matar, secuestrar, torturar. Sus ideas sociales, cuando como estudiante de antropología se proponía redimir al hombre, las trocó por el apetito insaciable por el narcotráfico y la extorsión. Se inventó la ley 002 para asaltar el bolsillo de los ricos. El dinero burgués contra el que enfocaba sus actos en la guerrilla se volvió la pasión que le envenenó el alma.

Él mismo era esclavo del dinero. Pero ni siquiera podía gastarlo, porque la selva era una jaula de esclavitud, de privaciones, de angustia y desesperación.  De negación de todo. Cuando las Fuerzas Especiales le dieron de baja, llevaba consigo 194 millones de pesos, fuera de otra suma en dólares y en euros, que permanecían intactos desde que en agosto del 2010 huyó del cañón de Las Hermosas. Apenas disponía, para alimentarse, de mínimas porciones de arroz y algunos cereales. Estaba flaco y enfermo. Y había tenido que despojarse de su barba emblemática, que le transmitía carácter y poder, para que no lo reconocieran. Sin ella, se sintió infeliz. Qué vida miserable y desperdiciada para fines productivos.

Fue una personalidad caótica, arrogante, radical en sus decisiones. Quienes lo trataron de cerca lo califican de ortodoxo, terco, inflexible y dogmático. No era amigo del diálogo. La intransigencia fue quizá su signo más notorio. Alguien lo señala como un solitario político frustrado. Lástima que esa inteligencia y esa preparación intelectual (amante de la literatura, la historia y otras disciplinas) se hubieran torcido hacia la perversidad, hacia la lucha sin sentido.

Hubiera podido ser gran político, o gran académico, o gran ideólogo, pues tenía talante y capacidad para serlo. Prefirió la esterilidad de la selva. “Mató y murió por nada”, es frase dolorosa y dramática que leo en una nota de periódico.

El Espectador, Bogotá, 10-XI-2011.
Eje 21, Manizales, 10-XI-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 12-XI-2011.

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Comentarios:

Una semblanza triste, amarga e inútil de un pobre guerrillero que dedicó su vida  para hacer el mal a todos sus congéneres. ¿De qué le sirvió tanto estudio y tanta inteligencia?  Solamente siento inmensa tristeza por sus dos perritos que jamás supieron a quién le ofrecían tanta lealtad y que parece fueron los únicos dos seres a quienes trató con amor y reverencia. Luis Quijano, colombiano residente en Houston (USA).

Excelente radiografía de un intransigente que se perdió para la sociedad de bien. Me gustó mucho la frase final, una sentencia: “Mató y murió por nada”. Jaime Vásquez Restrepo, Medellín.

No acaba el ser humano con mente retorcida de calmar su ambición de poder, de dinero y de maldad, todo para terminar muerto encima de millonarias sumas que jamás pudo disfrutar. Inés Blanco, Bogotá.

Esa es la vida desperdiciada de los que toman el mal camino o nunca deciden arreglarlo. Juan Carlos Campuzano, Bogotá.

De todos modos, equivocado o no, le sobró valor para enfrentar el inicuo e injusto sistema que nos rige desde antes de la Independencia y que produce rebeldes de su tamaño. Réquiem para su alma y benevolencia para su juzgamiento celestial.  Elvirulo (correo a El Espectador).

La gran diferencia: entre Cano, el inadaptado, y el pueblo, es que Cano tomó el camino cuesta arriba, el más difícil, mientras el pueblo, inadaptado desde que nace, siempre va cuesta abajo, zombie, dormido en su infinita ignorancia, haciendo el papel de esclavo sempiterno y desde luego el de idiota útil. Cano aró en el mar y murió en su ley; pasará a la historia como un ser enfermizo, que siempre estaba huyendo, y, por sus crímenes, en un psicópata ávido de sangre. La historia juzgará, esperemos que objetivamente, porque siempre se escribe con mentiras. Carimagua (correo a El Espectador). 

Excelente análisis de la personalidad de un perdedor. Un individuo con problemas mentales. Gloria Chávez Vásquez, escritora colombiana residente en Nueva York.

 

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