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Entradas Etiquetadas ‘Temas literarios’

Centenario de Laura Victoria

martes, 27 de octubre de 2009 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Las Academias Colombiana de la Lengua y Boyacense de Historia tributaron a Laura Victoria grandioso homenaje para conmemorar el centenario de su nacimiento, ocurrido en Soatá el 17 de noviembre de 1904. En el acto académico fue presentado el libro Laura Victoria, sensual y mística, de mi autoría, editado poco tiempo antes de su muerte. La ilustre desaparecida fue la pionera de la poesía erótica y su fama traspasó las fronteras patrias y la llevó a las altas cumbres del elogio, al lado de las grandes líricas del continente.

Con motivo de la edición de su biografía y de la muerte de la poetisa, diversas voces se dejaron oír en reconocimiento a su destacada obra literaria y su valiente actuación por las causas femeninas. En el periódico El Tiempo, Enrique Santos Molano comentaba que “sus primeros poemas, publicados en los años veinte, la consagraron como una de las figuras más excelsas de la poesía lationoamericana y fueron celebrados en todos los países de habla hispana”. En la emisora WFM, Alberto Casas Santamaría se refería a ella como una figura de “importancia cultural innegable” y recordaba que su poema En secreto, de fino sensualismo, produjo escándalo en aquellos tiempos puritanos.

En un reportaje radial por RCN, Dora Castellanos la calificaba como una mujer “vital, apasionada, interesante y atractiva, que causaba escándalo, porque ninguna otra mujer se había atrevido a decir una poesía tan ardiente, tan directa y sensual”. Maruja Vieira, en el mismo programa radial, manifiestaba que fuera de poetisa, Laura Victoria fue gran periodista, y mencionaba el encuentro que tuvo con ella tres años atrás en Ciudad de Méjico, ocasión en que su amiga añoraba al país y se dolía de no serle ya posible el regreso.

En su espacio radial, Jorge Consuegra, romotor de la cultura nacional, lamentaba la indiferencia de la prensa ante la muerte de la poetisa, con estas palabras: “Colombia no le dio a Laura Victoria la importancia que se le debía haber dado, a pesar de ser superior su obra a la de Juana de Ibarbourou y Delmira Agustini”. En efecto, ningún periódico (que yo sepa) publicó la noticia fúnebre, como sí lo hicieron varias cadenas radiales.

En cuanto a los medios escritos, merece destacarse la página suscrita por Carolina Abad, editora de Arte y Gente de El Espectador, dos semanas antes del deceso, en la cque declaraba que como pionera de la poesía erótica, Laura Victoria “desafió prejuicios sociales y religosos para dar rienda suelta a su imaginación, a sus sentimientos y a la sensualidad de la mujer”. Y pocos días antes, la poetisa Inés Blanco había publicado en el periódico Acorpol (Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de la Policía Nacional) otra página notable, donde decía: “No le tiemblan la mano y la pluma a Laura Victoria para entregar en versos toda su capacidad emotiva y física”.

Como biógrafo de Laura Victoria, he sido destinatario de una serie de mensajes provenientes del mundo de las letras y sobre todo de los jardines de la poesía, en torno a la gran cantora del romanticismo, mensajes que deseo destacar y agradecer con ocasión del homenaje ofrecido por las dos Academias atrás citadas. La brevedad del espacio me impide transcribir, como lo quisiera, conceptos y poemas llegados a mi mesa de trabajo, pero voy a citar los nombres de los oferentes: Víctor Cardona Rojas, Hernando García Mejía, Leonor Herrera de Rodríguez, José Trino Campos, Mara Agudelo, Helena Araújo, Aníbal Quintero Quintero, Tertulia Tienes la Palabra “Francisca Vélez”, Horacio Gómez Aristizábal, Jaime Lopera, Esperanza Jaramillo, Sylvia Lorenzo.

En fin, se nos ha ido la pregonera del amor sensual y del amor místico, pero quedan su obra y sus realizaciones humanas como paradigmas del talento colombiano y como ejemplo de imitación para los nuevos tiempos.

El Espectador, Bogotá, 9 de diciembre de 2004.

La casa de Julio Flórez

martes, 27 de octubre de 2009 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Pasados sus días de gloria, el poeta Julio Flórez se retiró a Usiacurí, a 38 kilómetros de Barranquilla, donde vivió sus últimos años como granjero. Allí fue a buscar, en las aguas medicinales que eran famosas en la región, cura para el cáncer que le había aparecido en el rostro. Y murió en dicho municipio el 7 de febrero de 1923. Un mes antes había sido coronado poeta nacional.

En 1911 compró por 300 pesos la casa que en unión de su esposa y sus hijos ocupó hasta su muerte, vivienda que fue atendida, hasta hace ocho años, por una sobrina política del poeta. Luego quedó abandonada. Hace tres años, parientes de Flórez la entregaron en administración a Coprous, fundación puesta al servicio del progreso local. El año pasado, el inmueble fue declarado patrimonio cultural de la nación.

A través del tiempo (y han pasado 81 años desde la muerte de Julio Flórez), esta casa representa la mayor identidad de Usiacurí. A la entrada está erigido, en medio de hermosa arborización tropical, un monumento al poeta. Convertida en museo para perpetuar su memoria, en ella se guardan sus libros, muebles y objetos personales, y es visitada por continuas corrientes de turistas.

Hay hechos fortuitos, como este del traslado circunstancial a un sitio escondido, que se vuelven concomitantes para el renombre de un pueblo. Julio Flórez, oriundo del municipio boyacense de Chiquinquirá, nunca llegó a calcular que su viaje en busca de curas medicinales iba a significar su morada final en aquella agreste geografía, por esos días un punto ignorado en el mapa nacional.

Lo mismo sucedió con Baudilio Montoya, el “rapsoda del Quindío”, que por simple accidente llegó a Calarcá y allí se quedó por el resto de su existencia, dándole realce al pueblo que lo acogió como hijo adoptivo. O con Germán Pardo García, que a pesar de haber nacido en Ibagué, consideró a Choachí, donde transcurrieron su niñez y juventud, y de donde sacó la inspiración para escribir su obra grandiosa, como su verdadera patria.

Hoy la casa de Julio Flórez está a punto de derrumbarse. No hay dinero para repararla, y el estrecho presupuesto municipal no permite erogar los 300 millones de pesos que se requieren para las obras de ingeniería y la conservación del patrimonio cultural. Ojalá el alma del poeta, que sembró allí sus últimas esperanzas de vida, ilumine la fórmula que permita conservar esta joya histórica, a la que un día le cantó el ilustre morador: “Oculta entre los árbles mi casa / bajo denso ramaje florecido / aparece a los ojos del que pasa / como un fragante y delicioso nido”.

El Espectador, Bogotá, 8 de julio de 2004.

Gabriela Mistral en Colombia

martes, 27 de octubre de 2009 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Gabriela Mistral nunca estuvo en Colombia. Sin embargo, fue una enamorada de nuestra tierra y mantuvo cercanía espiritual o epistolar con notables figuras nacionales, como el presidente Eduardo Santos y los escritores Germán Arciniegas, Agustín Nieto Caballero, Germán Pardo García, Amira de la Rosa, León de Greiff, Rafael Vásquez, Luis Enrique Osorio, Baldomero Sanín Cano. Sin conocer la geografía colombiana -pues su salud, siempre que intentó viajar a Bogotá, se veía amenazada por los riesgos de la altura-, era como si aquí hubiera residido toda la vida. Su visión del país, sobre la cultura, la gente y los paisajes nacionales, era increíble.

Otto Morales Benítez la define como la hermana mayor de la cultura colombiana. En un escrito de 1934, así se expresó la poetisa: “Decir Colombia es un modo hasta más exacto de decir América”. Ese afecto consentido la llevó en repetidas ocasiones a hablar de “nuestra Colombia”, con énfasis y orgullo, como si se tratara de su propia patria. Eduardo Santos, inmejorable cultor de su amistad y ferviente admirador de su valía literaria, le mantuvo abiertas las páginas de El Tiempo y en él escribió Gabriela magistrales ensayos (iniciados hacia 1923 y que llegan hasta el 45, cuando obtuvo el Premio Nóbel), los que habían quedado sepultados en el olvido.

Con la publicación que acaba de hacer el Convenio Andrés Bello, dirigido en Colombia por Ana Milena Escobar Araújo, con la asesoría de Otto Morales Benítez -quien desde hace varios años trabajaba en este proyecto gigante-, viene a rescatarse no ya la figura poética de Gabriela, difundida en el mundo entero con las excelencias que le da su obra lírica, sino a la prosista que pocos conocen. Tras una pesquisa por diarios, revistas y archivos epistolares, y movido por la obsesión que le produjo años atrás el conocimiento fragmentario de este acervo cultural, Morales Benítez logró compilar, sacudiéndoles el polvo de los años y de la ingratitud, refulgentes escritos que son recogidos hoy en los tres volúmenes de lujo que llevan por título Gabriela Mistral, su obra y poesía en Colombia.

El torrente de inquietudes, recuerdos y reflexiones que la autora sembró en sus cartas y ensayos constituye un monumento de la mayor altura intelectual, que quizá los académicos suecos, orientados sólo por la fama de la chilena en el campo de la poesía, no llegaron a descubrir. Suele suceder que cuando se examina una obra, los ojos se van detrás de los libros publicados y pocas veces se reflexiona sobre la producción dispersa en periódicos y revistas, y menos en el género epistolar, que permanece escondido y por lo general se ignora. Ese es el tesoro que sale ahora a la luz, 45 años después de fallecida la escritora, hecho ocurrido en Nueva York en 1957.

El verdadero pensamiento suyo como humanista, sicóloga y socióloga está contenido en estos documentos de inestimable valor. La fuerza de su espíritu se manifiesta aquí con los rayos luminosos de un lenguaje rico en ideas y matizado con los dones de la serenidad, la donosura y la firmeza intelectual. En su epistolario se disfruta del encanto de un alma sensible que se dispensaba a los demás con efusión y generosidad. Sus enfoques sobre el continente americano -la Indoamérica que ella exaltó- reflejan, como gran pensadora y crítica social, sus hondas raíces humanas dentro de una región amarga, donde los moradores viven vejados por la tiranía y la explotación y languidecen agobiados por la miseria y la desesperanza. “Por el ímpetu de la herencia y por una lealtad elemental -proclama Gabriela-, mi defensa del indígena americano durará lo que mi vida”.

Su sentido de la democracia contradice su decir constante de que no era política. Sus obras y expresiones revelan todo lo contrario: pocas personas como ella, de su estirpe cultural y de su fibra indígena, se han compenetrado tanto con los seres tristes y amargados, con los niños y los desvalidos, con los pobres y los hambrientos. En carta dirigida al Club Rotario de Bogotá, publicada por El Tiempo en 1941, presenta un cuadro estremecedor sobre el hambre y la miseria, como si se tratara de un fenómeno de los días actuales, y puntualiza: “Lo único válido es una liquidación de la hambruna, la desnudez y la ignorancia populares. Y cuando digo aquí “desnudez” tengo en los ojos la carencia de casa y vestido, es decir, la falta de algodón sobre el cuerpo y la escasez de habitación humana”.

Gabriela Mistral se marchó de la vida con el dolor de no haber estado nunca en Colombia. Pero fue de espíritu una colombiana más -y por extensión, una americana airosa, o mejor, una mestiza auténtica, una indoamericana de carne y corazón-, que vivía nuestras angustias y esperanzas; que admiraba a nuestros escritores y poetas; que soñaba con nuestros ríos, valles y montañas; que mantuvo cálida correspondencia con destacadas personalidades nacionales, y que siempre llevó a flor de labio el nombre de Colombia como un heraldo de su alma romántica. El presidente Eduardo Santos, su mecenas e indeclinable amigo, era uno de sus mayores ídolos.

Gabriela llegó a Colombia en días pasados, en estos tres libros maravillosos de su propia creación. En el homenaje que le tributó en el Gimnasio Moderno el embajador de Chile, don Óscar Pizarro Romero, escuchamos la voz viva de la poetisa, con su mensaje de amor y perennidad, y nos sentimos jubilosos con ella y con su herencia literaria, y orgullosos de ser sus hermanos colombianos.

El Espectador, Bogotá, 21 de diciembre de 2002.
La Patria, Mnizales, 29 de enero de 2003.
6Columnas, 2 de diciembre de 2009.
Eje 21, Manizales, 3 de diciembre de 2009.
Revista Aristos  n.° 32, Alicante (España), junio de 2020.
Comentario
Leí el artículo de su autoría acerca de nuestra querida Gabriela. Quisiera aprovechar esta oportunidad para destacar los mensajes y contenido de tan magnífico artículo, que en definitiva realza una vez más el entrañable afecto entre colombianos y chilenos. Óscar Pizarro,  embajador de Chile en Colombia.