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Archivo para diciembre, 2013

Aquel 11 de septiembre

sábado, 21 de diciembre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

11 de septiembre de 1973. Día crucial para Chile, cuando su presidente Salvador Allende, que gobernaba al país desde el 4 de noviembre de 1970, pone fin a su vida en el palacio de la Moneda, disparándose con un fusil en la cabeza.

El palacio presidencial estaba bombardeado por los golpistas, a la cabeza de quienes se encontraba el general Augusto Pinochet, que pocos días atrás –el 23 de agosto– había sido nombrado comandante en jefe del Ejército de Chile al considerarlo Allende un “oficial leal”. La situación política y social del país no podía estar más enredada, y fue el propio Pinochet el que terminó deponiendo a su jefe constitucional. El general, desde su puesto de combate, pronunció esta frase dirigida a uno de los altos mandos: “Se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país… pero el avión se cae, viejo, cuando vaya volando”.

Allende resistía en su palacio como un hombre valiente y digno. No estaba dispuesto a rendirse ni pedir clemencia. Luchaba como un león acorralado. Sabía que su final había llegado, y por eso pidió a sus inmediatos colaboradores que lo dejaran solo. Con voz serena –y recriminatoria contra los militares sublevados–, pronunció por la radio su último discurso al pueblo y fue enfático en anunciar: “¡No voy a renunciar!”. Su médico Patricio Guijón, que lo acompañó hasta el último momento, escuchó de labios del mandatario la frase “¡Allende no se rinde!”, y lo vio desplomarse víctima del disparo mortal.

La situación del país era insostenible. Tras cuatro intentos, Allende había llegado al poder con el apoyo de Unidad Popular, fuerza constituida por partidos de izquierda, y su propósito era crear un sistema no violento que estableciera el Estado socialista mediante la utilización de medios legales. Entre las medidas prioritarias para lograr dicho objetivo se acometieron la nacionalización del cobre, sin pago de indemnizaciones a las empresas de Estados Unidos, el impulso a la reforma agraria y la conversión de empresas privadas en empresas estatales.

La primera reacción contra el nuevo gobierno chileno provino de Estados Unidos, presidido por Nixon, que enfiló sus baterías para frenar el ímpetu marxista. Bajo tal premisa vino el bloqueo económico contra Chile, hecho que produjo un desastre interno de grandes proporciones. Sin víveres, sin bienes básicos para los hogares, con una inflación desbocada, el país había colapsado y el pánico hacía estragos.

En medio de este cuadro desolador se inició la dictadura de Pinochet, que habría de prolongarse por espacio de 17 años (de 1973 a 1990). El cambio era necesario, y así lo recibió la opinión pública. Pero luego se estremeció la sociedad al implantarse una época de represión, terror y despotismo militar, donde se cometieron los mayores desmanes contra la libertad de expresión y se atropellaron los derechos humanos con los sistemas más implacables de crueldad.

Pinochet, admirador del dictador español Francisco Franco, practicó iguales métodos  de castigo contra sus opositores. Los cadáveres de las víctimas desaparecían de la escena nacional, la mayoría lanzadas al mar desde los aviones militares. El progreso que se vio en muchos frentes de la vida pública quedó oscurecido por la multitud de muertos que dejaron estos 17 años de oprobio.

Hoy se cumplen 40 años de aquel 11 de septiembre, día caótico y sangriento en que cayó un régimen marxista, autor de muchas equivocaciones, para implantarse una época de pavor y retaliación que crispa el ánimo de los chilenos actuales. Y del mundo entero. Las dos figuras históricas –opuestas en estos episodios–, Allende y Pinochet, sirven de motivo de reflexión para el ejercicio del poder en cualquier latitud del planeta.

El Espectador, Bogotá, 13-IX-2013.
Eje 21, Manizales, 14-IX-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 13-IX-2013.

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Comentario:

Magnífica página, con una reflexión importante. No han podido los regímenes socialistas, tampoco las dictaduras, encontrar el equilibrio, el punto preciso de la equidad. Esperanza Jaramillo, Armenia.

Un rostro en el tumulto

sábado, 21 de diciembre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

 Lo que al principio se mostró como un movimiento tranquilo, al paso de las horas se convirtió en una asonada nacional. Era el paro agrario, anunciado para el 19 de agosto. El presidente Santos, que no midió el alcance de la protesta, alcanzó a restarle importancia al paro. Cuando dos días después abrió los ojos a la realidad, ya el país estaba bloqueado.

Al lado de los campesinos se habían infiltrado grandes masas de saboteadores que comenzaron a taponar vías fundamentales para el transporte y cometer toda suerte de atropellos contra los vehículos, las personas y la Policía. Los reportes sobre los desastres ocurridos en lugares neurálgicos eran alarmantes. Los propios campesinos no estaban conscientes de que tales desmanes eran perpetrados por hordas enfurecidas de delincuencia común que nada tenían que ver con las justas demandas del sector.

La ciudad más afectada fue Bogotá. Como la Policía actuaba con moderación, los revoltosos, llevados por sus odios viscerales y su sed de destrucción, se enfrentaron a las fuerzas del orden armados de piedra y garrote. Ellos sabían que el momento era propicio para saquear, incendiar y arrasar cuanto estuviera a su alcance. Y así lo hicieron. Por varios días, la capital quedó en sus manos. Las quemas de vehículos, el robo de los negocios, las agresiones a los policías y al público sembraron de terror la vida capitalina.

Bogotá quedó paralizada y los alimentos comenzaron a escasear. Escenas de humo, de heridos, de balas perdidas, de calles paralizadas y todo un horizonte de barbarie y actitudes criminales hicieron recordar el 9 de abril. Así había comenzado aquella revuelta frenética que destruyó a Bogotá y causó daños incalculables en bienes y en vidas. Así podría suceder ahora si no se actuaba con mano dura para reprimir el ímpetu vesánico.

Eran agitadores profesionales, tan hábiles para pescar en río revuelto, los que se ocultaban tras las capuchas para cometer las mayores tropelías y quedar impunes. La paciencia de la Policía los favorecía. Habían cambiado la ruana por la capucha, y solo días después los campesinos advirtieron que habían sido suplantados.

Gloria Barreto, sencilla habitante del barrio San Cristóbal, salió de su casa con el fin de hacer un reclamo por una factura del agua. En la Plaza de Bolívar quedó envuelta en estas pandillas de maleantes que lanzaban piedras, palos y objetos diversos contra el cordón policial que a duras penas lograba contenerlas. Se encontró con las caras de angustia de algunas uniformadas, y estas le hicieron recordar a su hija de 22 años.

Posesionada de dolor y valentía, alzó los brazos en cruz frente al grupo del Esmad, como escudo humano y la manera de proteger a la Policía. Permaneció estática, expuesta al atropello y los ultrajes de los agitadores. Han podido lincharla, claro está, pero solo recibió empellones y sufrió lesiones menores. Dice que los manifestantes reflejaban “falta de amor y una furia interna en su corazón”.

Detrás de la insania, y controlada ya la asonada, queda el rostro de esta valerosa mujer que se levantó sobre el odio y el salvajismo arrasadores para dejar en el tumulto su mensaje de amor. Por otra parte, es preciso meditar sobre la suerte de estos grupos de desadaptados, de resentidos sociales, que no cuentan con medidas salvadoras para ser rehabilitados.

El Espectador, Bogotá, 6-IX-2013.
Eje 21, Manizales, 5-IX-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 7-IX-2013.

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Comentarios:  

Un justo homenaje a esa valiente mujer, quien brilló con luz propia, y sin pretensión alguna. Sólo la de solidarizarse y defender con su valerosa decisión a un grupo de policías que protegían la catedral. Gustavo Valencia García, Armenia.

He leído con mucho interés esta reflexión sobre la crisis ocasionada por la movilización social del campesinado colombiano y el papel humanitario de la valerosa dama, sin duda un símbolo de concordia y dignidad. Alpher Rojas Carvajal, Bogotá.

La capucha me parece que es símbolo de cobardes, y no importa si la usan los de derecha, los de izquierda o de los organismos de seguridad. Así como condeno el abuso policial, cuando se presenta, condeno también la violencia que se desata contra ellos. El sofisma de que son las fuerzas del sistema no convence. Este no se va a derrumbar porque se lancen piedras o artefactos explosivos a los policías que también son hombres… del pueblo. Además, como bien decía Ciorán, «el revolucionario de hoy es el policía del mañana». Jorge Mora Forero, colombiano residente en Weston (USA).

Una cosa era el paro campesino y otra muy distinta el aprovechamiento del mismo por parte de los terroristas, para hacer lo que siempre hacen: actos vandálicos en contra de la Fuerza Pública y los comerciantes, además de asaltar y robar cajeros automáticos, almacenes y negocios de barrio. Holarunchos (correo a El Espectador).

Alfonsina Storni

sábado, 21 de diciembre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

 (En los 75 años de su muerte)

Poetisa argentina de origen suizo (Sala Capriasca, 29 de mayo de 1892–Mar del Plata, 25 de octubre de 1938). Alfonsina es un nombre árabe que quiere decir «dispuesta a todo». Esta regla se cumplió en la vida de Alfonsina Storni. Sus primeros años fueron sacudidos por las limitaciones económicas, que la llevaron a ganarse la vida a los trece años de edad, cuando murió su padre: primero fue fabricante de sombreros, más tarde empleada de una farmacia y luego actriz en una compañía de teatro que viajaba de pueblo en pueblo.

Cuando regresó de esta actividad, supo que su madre había vuelto a casarse y se había marchado de la ciudad. Tiempo después, Alfonsina ejerció el oficio de maestra en Rosario y Buenos Aires, y al mismo tiempo colaboraba en los principales periódicos y revistas del país. En sus artículos se mostraba decidida defensora de las causas femeninas. Y al paso de los días se reveló como una de las poetisas más destacadas de América.

En sus libros iniciales, La inquietud del rosal y Languidez, se descubre su exquisita sensibilidad erótica y tierna melancolía, y en ellos comienza a aparecer su rebeldía ante un mundo injusto. En Ocre, su obra maestra, asoma un sentimiento de desengaño amoroso, tal vez proveniente de su condición de madre soltera a los 20 años. Se había enamorado de un hombre casado que le enturbió la juventud con la amarga experiencia de un hijo bastardo. Por eso le cogió aversión al matrimonio.

El país la consideraba su mejor poetisa romántica. «Me he pasado la vida cantando al hombre», decía, y luego agregaba: «Quiero un amor feroz de garra y diente, que me asalte a traición a pleno día». El no ser amiga del matrimonio no era obstáculo para tener continuas aventuras amorosas. Juana de Ibarbourou recuerda la siguiente escena en el puerto de Montevideo, mientras su amiga se alejaba hacia Buenos Aires: un enamorado se despedía de ella desde el muelle, encendiendo luces en forma de corazón.

Y llega su larga relación con el cuentista uruguayo Horacio Quiroga, hombre casado. A los 28 años, Alfonsina ingresó al grupo literario que él dirigía con el nombre de Anaconda (el título de uno de sus libros). Fue un romance tormentoso, que le causó profundas heridas. Quiroga fue su gran frustración.

Diagnosticado el cáncer de mama en 1935, fue sometida a una mastectomía radical. Tres años después reapareció el mal, como fiera voraz, que le produjo terrible abatimiento. Días antes de su muerte escribió el poema Voy a dormir, que sirvió de fondo para la canción póstuma compuesta en su honor: Alfonsina y el mar. En el final del poema, dedicado sin duda a Horacio Quiroga, la amante decepcionada exclama: «Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono, le dices que no insista, que he salido».

En octubre de 1938 fue descubierto su cadáver flotando en el mar. Quedaría fácil atribuir el motivo del suicidio a la enfermedad incurable. Pero a dicha circunstancia se une otro elemento de peso, que siembra la duda: fuera del desengaño con Quiroga estaba su mente desajustada por las toxinas de la vida, que le creó un peligroso estado depresivo.

El Espectador, Bogotá, 30-VIII-2013.
Eje 21, Manizales, 30-VIII-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 31-VIII-2013.

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Comentarios:

Ha sido grato recordar a través de este artículo la memoria de Alfonsina. Desde muy temprana edad leía sus poemas, publicados en ese entonces en una revista que mamá acostumbraba comprar. Después, con más deleite, sabía apreciar su poesía. Elvira Lozano Torres, Tunja.

La vida de Alfonsina fue, en efecto, muy triste y tormentosa; leyendo su poesía, creo igual que dice el artículo, que todos sus dolores espirituales y físicos tuvieron que llevarla a una depresión profunda. Máxime considerando la época, demasiado  difícil para una mujer. Muy concreta y bella esta página. Esperanza Jaramillo, Armenia.

Hay que resaltar la excelente versión de la canción Alfonsina y el mar en la maravillosa voz de Nana Mouskouri. Marmota Perezosa (correo a El Espectador).

Acabo de leer con placer tu artículo sobre Alfonsina Storni. Se lo acabo de enviar a varios poetas amigos, especialmente al poeta español Fernando Opere y a mi colega, también poeta, Mark Smith Soto, quien por recomendación mía publicó en Tercer Mundo un libro sobre Alfonsina. No sabía en detalles sus relaciones con Horacio Quiroga, alusión muy interesante de tu artículo. Ramiro Lagos, Greensboro (USA).

Mi conocimiento sobre su muerte es que al saber que su fin era tan próximo, ella que jamás sería una suicida, decidió adelantar el final. Con respecto a sus restos, lo que yo conozco es que nunca se hallaron, que el mar no la devolvió. Se supo porque sus ropas fueron encontradas en la  playa. Ofelia Angélica.

Respuesta. Diferentes versiones han circulado sobre la muerte de Alfonsina Storni, entre ellas la que se da en este correo. Todo esto aumenta el mito de Alfonsina. Wikipedia dice lo siguiente: «Se suicidó en Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres. Hay versiones románticas que dicen que se internó lentamente en el mar. Su cuerpo fue velado inicialmente en esa ciudad balnearia y finalmente en Buenos Aires. Actualmente sus restos se encuentran enterrados en el Cementerio de la Chacarita». Leo en otra parte que dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. Si sus restos reposan en la Chacarita, esto significa que Alfonsina regresó del mar. GPE

 

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El impulso de Medellín

sábado, 21 de diciembre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

Grato placer experimenta el turista al visitar Medellín, la ciudad más innovadora del mundo según el concurso organizado por The Wall Street Journal y Citigroup. Esta evidencia, que causa admiración y sana envidia, salta a la vista desde que el viajero pisa la primera calle y comienza a ver la urbe esplendorosa, ordenada, limpia y cubierta de árboles (con tres árboles por habitante).

Quienes vivimos el caos de Bogotá tenemos que inclinarnos ante el portento de la capital antioqueña, que tiene al hombre y a la naturaleza como los primeros objetivos de la vida civilizada. Así tiene que ser. Pero no lo es en muchos municipios del país.

El conductor que nos traslada desde el aeropuerto de Rionegro nos revela este hecho increíble, que luego apreciamos en todos los recorridos por la ciudad: en la malla vial no se encuentra un solo hueco. “Con tu ayuda tendremos la mejor malla vial del país”, pregonan las autoridades, al tiempo que invitan a que los habitantes reporten los huecos, para proceder a repararlos. También en Bogotá se pueden denunciar los infinitos cráteres que hacen desesperante el tránsito vehicular, pero su arreglo, cuando se cuenta con buena suerte, demora dos años.

Hay en Medellín sistemas efectivos de prevención y control que brindan grandes beneficios. Uno de ellos consiste en la construcción de obstáculos ornamentales en la parte central de las vías más transitadas, para impedir que los viandantes transiten por allí y puedan ser atropellados por los vehículos. Las cebras cumplen su oficio de facilitar el paso de la gente, y los conductores le dan preferencia al peatón. Nadie abusa del pito del vehículo: de hecho, casi no se escuchan pitos en Medellín.

La máxima velocidad permitida es de 60 kilómetros por hora en la generalidad de las vías, y de 80 en las autopistas. El carro que viole esta norma se somete a ser detectado por las cámaras electrónicas instaladas a lo largo de las vías. El infractor recibirá en su vivienda el respectivo parte, sin manera de eludir su culpa. Estas reglas rigurosas son las que forman la conciencia ciudadana.

El metro inició operaciones en 1995 y se convirtió en poderoso motor de avance social, del que carece la capital del país. Medellín no se conformó con el metro, sino que años después construyó el metrocable, sistema que llega a una de las zonas más escarpadas y marginadas, la comuna noroccidental, y se integra con el metro; además, tiene en ejecución el metroplús y el tranvía, ideados para recorrer sectores estratégicos e impulsar, entre todos, la movilidad masiva de esta urbe pujante que pasa de 2´500.000 habitantes, y de 3’500.000 con su área metropolitana.

Ahora bien, el vigor de la ciudad, nacido del propio empuje de la raza antioqueña, contrasta con el índice de pobreza que se vive en algunos sectores de la población. Duele decir que Medellín es un centro de agudas diferencias sociales. Por otra parte, subsisten aún focos de violencia que no se logran extirpar a pesar del empeño de las autoridades. Estos lunares afean la cara amable de la urbe prodigiosa.

En otro sentido, no queda duda sobre el premio que ha obtenido como la ciudad más innovadora del mundo. Medellín no se detiene, y todos los días se inventa nuevos mecanismos de desarrollo. Su sentido del progreso y la creatividad, la amabilidad de su gente, la belleza de sus paisajes, la delicia de su clima y los hitos de su cultura ancestral (expuestos en numerosos museos, bibliotecas, universidades, teatros, parques y obras históricas) impregnan el ambiente de esa sustancia mágica que hace grata la estadía e invita al viajero a regresar.

El Espectador, Bogotá, 23-VIII-2013.
Eje 21, Manizales, 23-VIII-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 24-VIII-2013.

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Comentarios:

Medellín es una ciudad ampliamente discriminada, quizá la mayor en ese sentido en Colombia. Del sur hacia el centro es arbolado y muy bonito (la parte de los ricos), del centro hacia el norte es pobre y marginal (la parte de los menos favorecidos). Las montañas ocupan una población inmensa en la que la pobreza avanza de manera dramática. Sergio Almirón.

Tuve la necesidad de asistir a una cita médica en el hospital Pablo Tobón Uribe, y durante mi estadía vi aterrada cómo al metro de Medellín, orgullo paisa, le quedaron debiendo algún medio para subir ese mundo de escaleras. En su lugar encontré el  hospital de lujo Pablo Tobón Uribe. Consultorios hermosos, una cafetería de lujo, y lo mejor, un personaje de talla mayor, el hepatólogo Juan Carlos Restrepo Gutiérrez. Qué gran persona, de condiciones humanas envidiables. Yanira Araque.

¿Por qué no se da una pasada por las zonas más abandonadas y deprimidas, violentas e inseguras, esas que no salen en las publicaciones de autopromoción? Estas oleadas de elogios y aplausos no le sirven a la ciudad. Por el contrario, engordan un ego paisa ya de por sí bastante inflado, y ocultan cada vez más en el fondo una realidad que los políticos de turno no quieren dejar ver, para su beneficio. Novecientoscuatro (correo a El Espectador).  

Aunque el orgullo paisa a veces se confunde con un narcicismo regionalista, las palabras de este artículo son inspiradoras y un descanso hacia tantos comentarios negativos que leo en los foros y en la red, donde se ve un odio que me entristece, por parte de personas de otras regiones, especialmente de Bogotá. Franz Santiago Suárez Lopera.

Medellín hace todo el esfuerzo por salir adelante. A pesar de las dificultades que nunca faltan, el progreso se nota día a día y cada vez se avanza más. Jaimeur (correo a El Espectador).

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En pocas palabras

sábado, 21 de diciembre de 2013 Comments off

Gustavo Páez Escobar

Espero que cuando esta nota salga publicada, José Jaramillo Mejía haya reconsiderado su decisión de retirarse como columnista de La Crónica del Quindío. Él se disgustó porque en su artículo de la semana pasada le fue eliminada la frase final. Posición respetable la suya, por supuesto. Pero vale la pena considerar que el periódico, dentro de su nuevo formato, estableció un límite de palabras para sus columnistas, y José, en forma impensada, excedió el espacio.

Es deseable que mi amigo de las letras continúe deleitándonos con sus amenos escritos. Como el asunto es de palabras, me valgo de la ocasión para traer a cuento las que escribí para la solapa de su libro En pocas palabras (2006):

«En 1980 conocí el primer libro de José Jaramillo Mejía: A mitad de camino, y tres años después leía su segunda obra: ¿Qué hay por ai? Y pasaron 22 años para volver a tener noticia bibliográfica del jovial amigo quindiano, que desde vieja data se encuentra radicado en Manizales, donde ha cumplido destacada labor cultural, tanto a través de su columna permanente en el diario La Patria, como de diversas expresiones de su inquieta inteligencia.

«Su último libro, La vida sonreída, representa, fuera de un grato reencuentro con el dilecto colega de las letras y el periodismo, la ocasión de unir los eslabones distanciados por los azares del tiempo. Y de saber que su creación ha sido perseverante, con ocho obras publicadas. Sus amenas crónicas sobre la vida cotidiana tienen la virtud de pintar el ambiente comarcano con toques de gracia, naturalidad y viveza. De los sitios por donde discurre su existencia saca siempre motivos de reflexión para conjugar los sucesos menudos y transformarlos en paradigmas de la sociedad.

«Interpretando la aldea, con sus hechos comunes y sus personajes pintorescos, dibuja el alma universal de los pueblos. Su humor vivencial, que no deja decaer ni en circunstancias adversas y que hace de su literatura un hervidero de ocurrencias sutiles y geniales, es el nervio de toda su producción. Incluso cuando formula discrepancias o censuras, se vale del gracejo y de la sátira mordaz, penetrada de simpatía. Es frecuente hallar en sus páginas filones de filosofía y dardos de jocosidad.

«Hasta con la muerte es juguetón. Esto se evidencia en los sorprendentes versos que titula 12 sonetos para leer después de muerto, que hacen parte de su «vida sonreída». Poemas de fino humor, a lo Luis Carlos López, llenos de ironía y encanto. Este cortejo con la parca hace pensar que ni siquiera en el último trance dejará su estilo bromista e ingenioso, que lo salvará de los sinsabores de la despedida fina».

El Espectador, Bogotá, 9-VIII-2013.
Eje 21, Manizales, 9-VIII-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 10-VIII-2013.

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