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Archivo para marzo, 2015

Desgracias del dinero sucio

miércoles, 25 de marzo de 2015 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Son tantos, tan monstruosos y continuos los actos de corrupción que se cometen en Colombia, que se cubren unos a otros para dar paso a nuevos desenfrenos. En este sinfín de maniobras oscuras, de cohechos y prevaricatos, de asociaciones para delinquir y de robos descarados al erario o a la empresa, la moral pública ha caído en abismos insondables.

Se soborna lo mismo al agente de tránsito o al funcionario de impuestos, que al juez y al magistrado. En Colombia todo es comprable y vendible. El decoro y la honradez son flores exóticas en nuestros días. Nunca la justicia había estado tan pervertida. El  capítulo bochornoso que se vive hoy en la Corte Constitucional produce grima y vergüenza y desespero a los ciudadanos de bien. Los delincuentes de cuello blanco son los mayores corruptos y los mayores corruptores del país.

Los desvíos de la justicia y de la conducta pública tienen como común denominador el ansia irrefrenable de poder y dinero que se apoderó de la sociedad y se volvió endémica. Y todo se va olvidando. De escándalo en escándalo, las colosales fechorías ya no se ven. Se las llevan las corrientes de la impunidad y la degradación de las costumbres.

El empresario italiano Giorgio Sale, años atrás sonado personaje del alto mundo (por los días en que regaló unos botines a un magistrado y un reloj a otro, con intenciones aviesas), y quien más adelante fue condenado a diez años de prisión por el delito de lavado de activos, había dejado de ser noticia. En noviembre de 2013 le fue concedida la casa por cárcel debido al cáncer de pulmón y la diabetes que padecía. Habían pasado los días fulgurantes en que los círculos sociales y políticos frecuentaban su restaurante L’Enoteca y su almacén Made in Italia.

Ahora llevaba una vida escondida en el municipio de Cartago, donde pagaba, en el apartamento que compartía con su esposa, la pena que le faltaba cumplir. Por las calles se le veía caminar con lentitud y fatiga, como alma errante, acompañado de su inocente mascota. Murió en días pasados, víctima de sus dolencias y entre las sombras de su tremenda soledad.

Caso parecido es el de Mariano Alvear Sofán, fundador de la Universidad San Martín. Se calcula que a través de las maromas realizadas durante largos años desvió un billón de pesos a sus cuentas particulares. Montó con su familia un potente clan que explotaba los dineros succionados a miles de estudiantes atraídos por los planes que la universidad anunciaba en los periódicos con gran despliegue y en forma constante (un señuelo para el engaño).

Se le dictó orden de captura, lo mismo que a otros directivos de la universidad. La audiencia tuvo que llevarse a cabo en su lujosa mansión de El Peñón debido a la enfermedad que lo aqueja (fascitis necrotizante –infección severa–). Ahora viene un largo proceso judicial donde se expropiarán sus bienes localizables, y hasta es posible que vaya a prisión, si su edad –74 años– y su precaria salud lo permiten. ¿Qué queda de su emporio económico y de sus días de esplendor? Un horizonte de miserias.

Otro tanto sucede con los grandes capos. Pablo Escobar, el hombre más poderoso de la mafia colombiana, terminó abaleado en el techo de una modesta casa de Medellín. Gonzalo Rodríguez Gacha, uno de los terroristas más temidos, ricos y sanguinarios de la historia junto a Pablo Escobar, fue dado de baja en espectacular cacería. Los hermanos Rodríguez Orejuela, fuertes narcotraficantes, pagan prisión en Estados Unidos. Es el mismo caso de Carlos Lehder, el otrora dueño de la isla Cayo Norman, por donde introducía los narcóticos a Estados Unidos.

Igual panorama de desgracias se cierne sobre Víctor Maldonado y los directivos de Interbolsa; sobre Silvia Gette, exrectora de la Universidad Autónoma del Caribe, exvedette y exbailarina erótica en Argentina; sobre Jorge Pretelt Chaljub, presidente de la Corte Constitucional. La lista de infractores de la ley es infinita. Pero la gente no escarmienta en cabeza ajena. A veces, ni en cabeza propia, porque se vuelve a delinquir cuando llega la ocasión.  

Epílogo. La Posada Alemana, la suntuosa sede de Carlos Lehder en el Quindío, está en escombros desde hace mucho tiempo. De allí desapareció hasta la estatua de          John Lennon elaborada por Rodrigo Arenas Betancourt. En días pasados tuvo que ser demolida, para evitar que causara una tragedia, la casa de Pablo Escobar en la Hacienda Nápoles, que en los tiempos de gloria fue visitada por políticos, reinas y muchas figuras nacionales. En ambas mansiones se sienten fantasmas.

El Espectador, Bogotá, 20-III-2015.
Eje 21, Manizales, 20-III-2015.
Mirador del Suroeste, n.° 63, Medellín, diciembre/2017

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Comentarios

Es muy triste que quienes hemos vivido con rectitud de principios y de conducta, ahora seamos los «pendejos» de este país carcomido por la corrupción. Esto se está volviendo irrespirable, pues para donde uno mire hay una «cartelización» con propósitos siempre torcidos. Pero nos toca seguir insistiendo ante propios y extraños sobre la necesidad de retomar lo perdido. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

La columna pone el dedo en la llaga purulenta en que se convirtió la sociedad colombiana,  otrora modelo de gentes laboriosas y honestas. Gustavo Valencia García, Armenia.

La gente no aprende. Pero será la ley del karma la que cobra justicia. Así anda el mundo. El diluvio universal es ahora “la corrupción universal”. Gloria Chávez Vásquez, Nueva York.

Muy acertado el artículo en estos momentos en que la gente solo quiere tomar el camino más fácil y solo importa el “yo, yo, yo y lo que sobre para mí”. Alexandra Oñate, Bogotá.

La Justicia es el cáncer que corroe a nuestro país. No sólo en la Corte Suprema sino en todos los departamentos los jueces tienen precio. Por eso no se pueden esperar fallos justos y ronda la inequidad por doquier. Raquel Martínez Aguirre, Armenia.

Mi reconocimiento por tener aún nuestro país personas como usted con entereza de carácter y sabiduría para que como periodista exprese lo que es el sentir de la mayoría de nuestro querido pueblo colombiano y que ojalá la reflexión y sensatez de nuestros dirigentes direccionen una sociedad con decoro y decencia sobre todo en los de cuello blanco que tanto daño le están haciendo con su maligno ejemplo. Fernando Valencia Ríos, Tuluá.

Qué nos pasó cómo sociedad es la pregunta que me hago antes que mis hijos me la hagan para ver si puedo encontrar una respuesta para mantener la dignidad como pueblo. Muchas son las veces que me pregunto sobre la necesidad de mantener la bandera en alto de los valores, la familia, la civilidad y el respeto por el orden, las leyes y las instituciones. Armando Rodríguez Jaramillo, Bogotá.

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Ministros renuentes

lunes, 9 de marzo de 2015 Comments off

 

Por: Gustavo Páez Escobar

El exministro y exparlamentario Edmundo López Gómez se refiere en su artículo del pasado 27 de febrero en El Nuevo Siglo al proyecto de disminuir la cotización de salud de los pensionados del 12% al 4%, para nivelarla, como es de elemental justicia, con la cifra que pagan los trabajadores activos.

Esta vieja aspiración de los pensionados había logrado un avance, casi definitivo, con el proyecto de ley 183 de 2014, liderado por el exministro de Trabajo Rafael Pardo, el que fue aprobado en primera instancia por la Comisión Séptima de la Cámara de Representantes en mayo de 2014. Ya se consideraba ganada la batalla. Pero se atravesó el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, con el argumento de que dicho proyecto amenazaba la sostenibilidad fiscal.

En la campaña presidencial, el presidente Santos les habló así a los pensionados: “Hay un proyecto de ley en el Congreso de la República, y yo voy a aprobar ese proyecto de ley. Ustedes han sido las víctimas de un sistema lleno de dificultades, de burocracias, inclusive de corrupción”.

Y el aspirante a la Vicepresidencia, Germán Vargas, fue enfático en afirmar: “No hay derecho y no puede ser que cualquier trabajador colombiano esté cotizando en materia de salud el 4% y los jubilados el 12%. Vamos a unificar el régimen para que los jubilados coticen en igualdad de condiciones a como lo hacen todos los trabajadores del país”.

La decisión gubernamental, sumada al ambiente parlamentario, favorecía el trámite de la ley 183, pero no se contaba con la obstinada oposición del ministro Cárdenas. Él anteponía el afán fiscalista a la justicia social. El vicepresidente Vargas, que ha debido ejercer un papel fundamental, prefirió olvidarse de sus palabras promisorias en los días de la campaña.

El nuevo ministro de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, reconocido exlíder sindical, se fue por el camino cómodo de no indisponerse con el jefe de las finanzas, y en lugar de abogar por la causa de los pensionados (que debería ser una de sus banderas  en el ministerio), se convirtió en invitado de piedra, que ni opina, ni muestra el carácter de su alta investidura, ni da la pelea que debe dar. Ambos ministros se han comportado como enemigos de los pensionados.

Edmundo López hace esta revelación de suma gravedad: según informantes suyos, el ministro Mauricio Cárdenas “se salió de los trapos para amenazar con su renuncia si el Congreso aprobaba la nivelación de los aportes para la salud”. Por lo visto, este anuncio fue suficiente para congelar el proyecto de ley.

¿Dónde queda la palabra del Presidente? ¿Y la del Vicepresidente? Desconcierta saber que vale más un ministro prepotente que el propio Presidente, que en este caso ha terminado tolerando la voluntad de su ministro y guarda silencio frente a sus ofertas de la campaña presidencial. Increíble que esto suceda. Los ministros deben ser leales con el Presidente, y si no comparten sus órdenes, deben dejar sus cargos. Es lo que pide el columnista López Gómez dentro de este deplorable capítulo de la farsa nacional: que renuncien los ministros de Hacienda y de Trabajo.

En cuanto a la tesis de la “sostenibilidad fiscal”, olvida el ministro que ese argumento no tiene validez, por cuanto viola lo consagrado en el acto legislativo 03 de 2011 (que hace parte, por tanto, de la Constitución), donde se establece: “…bajo ninguna circunstancia, autoridad alguna de naturaleza administrativa, legislativa o judicial, podrá invocar la sostenibilidad fiscal para menoscabar los derechos fundamentales, restringir su alcance o negar su protección efectiva”.

El Espectador, Bogotá, 6-III-2015.
Eje 21, Manizales, 6-III-2015.
La Píldora, n° 175, Cali, abril de 2015.

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Comentarios:

Dos datos que aclaran la relación Santos-Cárdenas: Juan Manuel Santos durante varios años fue el representante por Colombia, en Londres, de eso que llamaban el Pacto Cafetero y Mauricio es hijo de un personaje que como presidente de la Federación de Cafeteros parasitó a los cultivadores durante muchos años. Ese parisitismo congénito es el denominador común de estos señores. Rabil (correo a El Espectador.com)

El ministro de Hacienda es el enemigo de los pensionados de Colombia. Ya es hora de que cancele los veinte millones de dólares que le debe al Estado el doctor Mauricio Cárdenas Santamaría, los cuales le imputó el Consejo de Estado cuando fue ministro de Transporte. Solo así dará buen ejemplo como ministro de Hacienda y aliviará el hueco fiscal del cual tanto habla. Benjamín Herrera.

Poco creo que Garzón vaya a hacer algo por los jubilados en este tema de jugársela por el derecho a la igualdad, sencillamente porque él es pensionado de Ecopetrol y por mandato de la convención colectiva de trabajo la empresa asume el pago de las cotizaciones por salud de los trabajadores activos y los pensionados. orlandotinoco0826 (correo a El Espectador.com).

Ojalá otras voces se unan para que una aspiración más que justa de los pensionados sea tenida en cuenta, pues no se trata de un regalo: se trata de corregir una injusticia que a pesar del insensible ministro Cárdenas no debe ser aceptada, pues la ley así lo determina. ¿Cárdenas es un dictador dentro del gobierno? ¿Hay acaso ministro de Trabajo que nos represente? ¿Dónde quedaron las promesas de campaña de Santos y Vargas? guicama (correo a El Espectador).

El columnista tiene toda la razón. No es posible que este país siga desmemoriado e inequitativo. Santos y Vargas Lleras deshonran la palabra empeñada durante la campaña presidencial. Y la Constitución aparece como letra muerta ante Cárdenas y ante Garzón. Cárdenas pertenece a la casta de los que tienen el poder para joder y Garzón es un traidor. Esta semana lo vimos fungiendo más como vocero de las petroleras que de los trabajadores de Ecopetrol, olvidando que fue presidente de la USO. Agualongo (correo a El Espectador.com).  

Los ministros y el presidente parecen payasos burlándose  de la gente de bien, de los pensionados que ya entregamos al país toda nuestra fuerza laboral y ahora ríen a escondidas y a costa de  todo el gremio respetable de los  jubilados. Y… aquí no pasa nada. Inés Blanco, Bogotá.

Muy bien: hay que cantarles las verdades claras a estos burócratas privilegiados que viven del sudor del pueblo. Jorge Mora Forero, Weston (USA).

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