Sodoma

jueves, 20 de febrero de 2020

Por: Gustavo Páez Escobar 

Cuatro años gastó el escritor y periodista francés Frédéric Martel en la investigación para la escritura de su libro Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano, publicado hace poco por Penguin Random House en 638 páginas. Para tal propósito recorrió treinta países, vivió incluso dentro del propio Vaticano, y contó con un equipo de ochenta personas para el estudio de los documentos y las entrevistas con cardenales, obispos, sacerdotes y diversos testigos sobre esta materia.

El libro, traducido a numerosos idiomas, enfoca el problema mayor que hoy afronta la Iglesia católica, que es el de la homosexualidad del clero, comenzando por los altos prelados del Vaticano. Advierte el autor que su obra no critica el carácter homosexual de la persona, que es un estado natural, sino el hecho de practicarse, de manera descarada, como conducta prohibida por la Iglesia.

Se presenta una doble moral: condenar en público lo que se hace en privado. Y no tan en privado, ya que tales actos se ejecutan en la mayoría de los casos ante los ojos de la comunidad y producen grandes escándalos. La hipocresía se volvió normal en los predios eclesiásticos. Estos desvíos son los que devela Martel con pruebas abundantes.

A esto se suma el caso de la pederastia que tanto revuelo ha tenido en los últimos tiempos, y que en realidad subsiste desde épocas inmemoriales. Pero solo en los últimos años comenzó a destaparse la corrupción eclesiástica y castigarse a los autores y sus encubridores gracias a las nutridas denuncias que se han presentado en todos los confines del mundo.

El mal no da más espera. Es el papa Francisco quien ha ejercido el mayor papel en esta campaña de depuración, si bien se siente frenado por los sectores más radicales, retrógrados y ortodoxos de la Iglesia. Si Jesucristo viviera, volvería a usar el látigo para sacar del templo a los depredadores de su religión.

El trabajo de Martel reviste especial trascendencia en este momento crucial que vive la Iglesia católica. Es un trabajo serio y bien documentado, escrito con carácter analítico, estilo ameno, mente serena, y a veces punzante, para que sea el propio lector el que juzgue. Sabe pintar muy bien a las personas, tanto en el aspecto físico como en el interno y en el moral.

Dice que “el Vaticano tiene una de las comunidades gais más numerosas del mundo”, y afirma que “el papa vive en Sodoma. Amenazado, atacado desde todos los flancos, criticado, Francisco, como ha dicho alguien, está entre los lobos”. Y toca el tema del celibato católico, norma obsoleta y antinatural que desde hace mucho tiempo reclama revisión. Puede pensarse, como se ha sugerido muchas veces, en el celibato opcional, en oposición al obligatorio, que tantas tragedias y conflictos ha causado.

El eminente sacerdote colombiano Alfonso Llano Escobar, de la orden jesuita, dijo lo siguiente en carta abierta al papa (El Tiempo, 5 de julio de 2016): “Usted, querido papa Francisco, sabe muy bien que Jesús no impuso a sus apóstoles y discípulos el yugo del celibato. Usted bien sabe que durante los primeros diez siglos los sacerdotes católicos se casaban (…) Padre Francisco: tenga bien presente que si usted no lo hace (suprimir el celibato), no lo hará ningún otro papa, según lo previsible, en el siglo XXI”.

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El Espectador, Bogotá, 15-II-2020.
Eje 21, Manizales, 14-II-2020.
La Crónica del Quindío, 16-II-2020.

Comentarios 

El artículo da a los lectores que no conozcan la obra de Martel una idea muy clara y concisa sobre el contenido. Además, constituye una intrigante invitación a penetrar en su lectura, dada la actualidad del tema y los muchos episodios de homosexualidad y pederastia que en los últimos tiempos se han descubierto con el aberrante y triste protagonismo de miembros religiosos de la Iglesia católica. Eduardo Lozano Torres.

Sin duda el libro Sodoma ha levantado ampolla no solo en los medios eclesiásticos, sino en el mundo en general, pues bien sabidos tenemos los escándalos sexuales que rodean a la Iglesia por su gran número de clérigos homosexuales y su consabida pederastia, algunos para encubrirse y otros por el celibato impuesto, que está mandado a recoger hace mucho tiempo. En el Vaticano se consume el secreto de las atrocidades cometidas por sus miembros. Inés Blanco, Bogotá.

La homosexualidad de seglares o de religiosos no es cuestionable, así no se mantenga en privado. El problema es la pederastia, un ataque inhumano a la libertad sexual que causa traumas difíciles de superar. Ojalá el papa Francisco le ponga fin al celibato como obligación, y que este sea por elección personal, aunque no creo que acabe la homosexualidad entre los religiosos, porque esta es congénita y no una enfermedad para la que exista tratamiento. Es simplemente una apetencia natural en muchos individuos y tan respetable como la heterosexualidad. leticiagomezpaz (correo a El Espectador).

Uno de los capítulos más dolorosos y aberrantes es el dedicado a Alfonso López Trujillo, arzobispo de la católica capital de Antioquia. Muchos pecados se rumoraban y sabían del personaje –arrogante, vengativo, intrigante como el que más, ultraconservador, anticondón, depredador de las riquezas religiosas de las parroquias–, pero no se sabía, con detalle, como las que cuenta Frédéric Martel, de sus prácticas desaforadas de homosexualismo. Era un diablo, diablo, al igual que Maciel en México. ossamar (correo a El Espectador).

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