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Archivo para febrero, 2021

Juan el ermitaño

martes, 16 de febrero de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar

César Montoya Ocampo falleció en Pereira el 3 de mayo de 2019, a la edad de 89 años. Tres años atrás había publicado el libro autobiográfico Memorias de Juan el ermitaño. Suena extraño el apelativo de ermitaño –o sea, persona que vive en soledad– cuando en su vida pública estuvo siempre rodeado de gente entusiasta que admiraba sus dotes como gran orador, renombrado penalista y brillante hombre de letras.

Seis meses antes de su deceso recibí de él un amable mensaje en torno a mi nuevo  libro, la novela Jirones de niebla, y recuerdo además la sustanciosa conversación que tuvimos años atrás en un homenaje que se rindió a su colega penalista y también escritor Horacio Gómez Aristizábal. Con esto quiero señalar que con César Montoya Ocampo mantuve buena sintonía intelectual, si bien nuestros encuentros personales no eran frecuentes.

Nació en Aranzazu, Caldas, y tuvo una niñez marcada por la estrechez económica. En sus memorias recuerda que tenía que hacer un largo recorrido a pie limpio para llegar a la escuela rural donde estudiaba sus primeras letras. Es el mismo caso de Belisario Betancur en Amagá. Al igual que él, fue seminarista obligado, destino que no los convenció. En Salamina, pueblo cercano a Aranzazu y que se ha distinguido por su clima cultural, cursó el bachillerato. Comenzó a estudiar jurisprudencia en la Universidad de Caldas, y en Bogotá ingresó al Externado de Colombia.

De vuelta en su tierra nativa, descubrió su vocación por la política. Llamó la atención de los líderes locales por su inteligencia, apostura y facilidad de expresión. Algún día pronunció un repentino discurso que causó sensación y le hizo ganar aplausos. En ese momento comenzaba su carrera en la política. Al paso de los años sería figura relevante en la región, al lado de personajes como Silvio Villegas, José Restrepo Restrepo, Fernando Londoño Londoño, Gilberto Alzate Avendaño –su ídolo–, Hernán Jaramillo Ocampo, Omar Yepes Alzate, Rodrigo Marín Bernal… La plana mayor de la intelectualidad caldense.

Para llegar a ese nivel prominente había tenido que sufrir desprecios y rechazos por su origen humilde. A todo se sobrepuso. En su mente palpitaba la idea de que las cosas importantes se consiguen con paciencia, aptitud y mérito, y hacia esa dirección enfocó su capacidad y entusiasmo para conquistar la excelencia. A medida que subía escalones, todo se iba limando. Después, sería el brillante tribuno que llenaba las salas con su palabra fulgurante y su profunda erudición humanística.

En medio de bohemias vivificantes, de su amor por el tango, la milonga y la música del alma, y dueño de una progresiva y sólida sabiduría adquirida en lecturas sin límite, aprendió a ser grande. Se hizo maestro de la palabra. Siguió la escuela del grecolatinismo, escribió 7 libros e innumerables columnas de prensa, pronunció discursos magistrales. En el 2010  se residenció en Pereira por asuntos de salud,  y allí vivió la temporada final de reposo, aislamiento del mundanal ruido y reflexión filosófica ante el declinar de la vida.

A ese estado de soledad llegó después de haber disfrutado de grandes honores en la vida pública: concejal de varios municipios, diputado, magistrado del Tribunal Superior, representante a la Cámara, embajador en Bolivia, contralor de Bogotá. Le faltaron 2 votos para ser contralor general de la república. En sus memorias se advierten muchas soledades. Mucha nostalgia. Por eso, escogió para su libro la figura emblemática de Juan el ermitaño. Con él se fue el último grecolatino que quedaba.   

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El Espectador, Bogotá, 13-II-2021. Eje 21, Manizales, 12-II-2021. La Crónica del Quindío, Armenia, 14-II-2021.

Comentarios 

Muy buena y merecida recordación del gran César. Sin lugar a dudas, nuestro último grecolatino. Faltaron dos datos importantes: fue director nacional de Instrucción Nacional y, acaso en 1995, fue votado como el abogado penalista más destacado de Colombia. Augusto León Restrepo, Bogotá.

Por algo escribió «Memorias de Juan el ermitaño». Según cuentas, estuvo en retiro en Pereira y sacó a la luz su verdadero sentir emocional; hay soledades que no se notan, por apariencias de las personas que las padecen y demuestran ante los demás una cara y una actitud diferente. Alguna falencia lo atormentó, un amor frustrado, una nostalgia ancestral, en fin, vaya uno a saberlo. Inés Blanco, Bogotá.

Parque de la Vida

martes, 2 de febrero de 2021 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

Presencié en un video el acto en que las autoridades quindianas conmemoraron este 25 de enero los 22 años del terremoto que destruyó la ciudad de Armenia. El acto tuvo lugar en el Parque de la Vida, sitio emblemático fundado el 1° de junio de 1990, cuando César Hoyos Salazar inició su periodo como alcalde de la capital.

El sentido del parque es el de rendirle honor a la vida como el bien más preciado que tenemos. Ahora, por cruel ironía, murió, el mismo día de la conmemoración de la fecha siniestra, Jorge Eliécer Orozco Dávila, alta figura del periodismo, que cumplió una brillante carrera de 47 años en RCN, donde fue director de noticias en el Quindío, gerente regional y director nacional de Radio Sucesos.

Jorge Eliécer fue periodista desde los 16 años, tanto en esta cadena radial como en la televisión y en diversos periódicos. Ya en la época del retiro, fundó el portal web de noticias titulado Siempre periodista. Su muerte ha causado honda conmoción, por tratarse del periodista más destacado del departamento y poseedor además de otras facultades singulares, como su portentosa voz y su talento como cantante.

En 1987, el Comité de Cafeteros destinó la suma de $100.000 como aporte para la construcción de un parque urbano que se convirtiera en tributo al espíritu cívico y progresista de los quindianos. En esta obra participaron otras entidades que le rindieron homenaje a Armenia en sus 100 años de vida, cumplidos el 14 de octubre de 1989. El municipio y la Beneficencia departamental donaron los lotes en los que había funcionado el orfelinato de San Vicente.

El plan inicial contemplaba la construcción de una cascada de agua, un puente peatonal y varios senderos y jardines. Con el paso del tiempo se extendieron diversos atractivos a lo largo de las 10 hectáreas integrantes de la obra. En principio, a esta se le asignó el nombre de Parque del Centenario. Pero César Hoyos Salazar, elegido alcalde popular el 11 de marzo de 1990, propuso cambiarle la denominación por la de Parque de la Vida.

Entre las razones que adujo estaba el deseo de querer superar la tragedia vivida en  el país entre los años 1980 y 1990, que había dejado numerosos muertos causados por la ola terrorista responsable de la explosión de bombas, el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla, el incendio del Palacio de Justicia y la muerte de numerosos  magistrados y personal civil, lo mismo que de guerrilleros que participaron en la acción subversiva; e hizo alusión a los 25.000 muertos que produjo la devastación de Armero, y al asesinato de Luis Carlos Galán y connotados líderes políticos, entre otros sucesos siniestros.

Frente a este escenario desolador, el parque representa un llamado a la sensatez y un repudio a la violencia que ha cubierto de sangre la vida nacional. Además, es una referencia turística y cultural de Armenia. Una oración por la paz en un bello paraje ecológico situado en pleno corazón de la ciudad.

Este fue el panorama que vi el 25 de enero en el Parque de la Vida, con la mala fortuna de que ese mismo día falleció, víctima de un cáncer atroz contra el que luchó con increíble valentía, mi eminente amigo el periodista Jorge Eliécer Orozco. Aun así, escribió su columna en La Crónica del Quindío hasta el 30 de diciembre. Este sitio esplendoroso lleva un cálido mensaje por la paz de los colombianos.

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El Espectador, Bogotá, 30-I-2021.
Eje 21, Manizales, 29-I-2021.
La Crónica del Quindío, Armenia, 31-I-2021.

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