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Eliminemos el cráter

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Uno de los motivos que llevaron a Carlos Alberto Villegas Uribe a renunciar a la Secretaría de Cultura de la Gobernación del Quindío fue su frustración frente al propósito oficial de hacer de la minería un programa gigante en el país.

En lo que al Quindío se refiere, manifiesta que su territorio ha sido titulado para la minería en un 67 por ciento, panorama que no resultaba nada atractivo para su gestión, ya que él buscaba “defender el paisaje cultural cafetero del espíritu depredador de la megaminería (una de las locomotoras del Gobierno nacional que sólo dejará un Quindío lleno de famélicos quindianos tiznados de hollín)”.

Meses después, la Unesco declara la zona cafetera de los departamentos de  Caldas, Quindío, Risaralda y Valle como Patrimonio Cultural de la Humanidad. La disyuntiva actual es preservar el paisaje cafetero, o permitir su deterioro con la explotación minera. El odontólogo quindiano Daniel Ramírez Londoño dice lo siguiente: “Yo creo que si el paisaje cafetero fue declarado patrimonio mundial será intocable en este aspecto. Lo indicado sería hacer una campaña ante el gobierno para que desista de ese proyecto que tanto daño le haría al Eje Cafetero”.

La minería es una de las locomotoras del presidente Santos en la que basa uno de los puntos para el desarrollo del país. La voz de alarma que acaba de lanzar Manuel Rodríguez, exministro de Ambiente, en el sentido de no convertir a Colombia en un cráter, debe ser sopesada con toda la seriedad que exige. El país carece de estructura adecuada para controlar la expansión de este renglón, el que ya ofrece un panorama desordenado y peligroso, con seria amenaza para la ecología y con grave riesgo de favorecer el surgimiento de los oscuros traficantes que buscan pescar en río revuelto.

Para dar un paso grande en la minería –anhelo justo y deseable para este país rico en oro, carbón y otros preciados elementos–, deben buscarse bases sólidas en materia científica y legislativa, y establecer luego normas estrictas de control para que la riqueza no se nos convierta en tragedia ecológica. O en la cueva de Alí Babá de que habla el exministro Manuel Rodríguez.

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El curioso gobierno de Bélgica. – Ricardo Bada, periodista español que reside hace largos años en Colonia (Alemania), y gran amigo de Colombia, comenta lo siguiente sobre mi columna anterior, Huelga de sexo:

“Tu columna está muy bien, sólo déjame decirte que Bélgica sigue sin gobierno y ha batido ya todos los récords mundiales en la materia. En el año ya largo que Bélgica lleva «sin» gobierno, durante seis meses ha cumplido mejor que nunca su papel de presidente rotativo de la Comunidad Europea, y los belgas no han conocido otro periodo mejor de calma en su vida política, tanto que los humoristas se preguntan si no sería mejor que Bélgica continuase en ese statu quo de gobierno en funciones (el anterior dimitido). La paradoja parece ser que Bélgica es mucho más gobernable «sin» gobierno que con uno jurado ante el Rey. Dicho sea de paso, por si te vale para tu columna: el consejo de ministros belga es el único del mundo en el que intervienen intérpretes, porque los ministros flamencos, aunque lo entienden, se niegan a hablar en francés, y los valones de todos modos no entienden neerlandés”.

Apreciado Ricardo: En efecto, no ha sido suficiente la amenaza de la senadora belga de no tener las mujeres sexo con sus maridos. Las huelgas de sexo son más teóricas que reales. Más de teatro y picaresca –con la inmortal Lisístrata como protagonista– que efectivas en la intimidad de las parejas. Pienso en los contrabandos de sexo que ocurren con las mujeres de Barbacoas, ¿no lo crees? Lo importante es que consigan su carretera. GPE

El Espectador, Bogotá, 13-VII-2011.
Eje 21, Manizales, 15-VII-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 16-VII-2011.

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Comentario:

La minería por sí sola no sirve para nada. Un país no se desarrolla solo con la explotación minera como nos lo quiso mostrar el presidente Santos. Está comprobado que mientras más dependa un país de la minería y de recursos naturales, menos se desarrolla y al final solo quedan la contaminación y los huecos;  si no díganselos a los africanos y al resto de América Latina. El desarrollo minero debe ir de la mano de una revolución educativa para ser productiva y para que realmente beneficie a la sociedad.  Alarico, 07/13/2011 (carta a El Espectador).

 

 

 

 

Huelga de sexo

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Nunca calculó Aristófanes (445 a.C.) que Lisístrata, escrita hace 2.422 años, llegaría a convertirse en incitación para adelantar las huelgas de sexo que se han cumplido en distintas partes del mundo. En los tiempos modernos, las mujeres vinieron a entender la lección de esta comedia y la han utilizado como arma poderosa para ganar sus arduas batallas.

La astuta y enérgica Lisístrata acaudilló un grupo de mujeres de Grecia para instar a sus maridos a deponer las acciones guerreras que se libraban en Peloponeso. Como este anhelo no era nada fácil de conseguir, las esposas los sometieron a la abstinencia sexual. La medida resultó efectiva.

En Colombia, un día llegó a manos del general Manuel José Bonnet la jocosa pieza de Aristófanes, y el militar, con ese constante humor que lo caracteriza, y a sabiendas de que el sexo es de las pocas cosas que nunca cambian en el mundo, propuso a las compañeras y amantes de guerrilleros y paramilitares que se negaran a complacer las ansias de sus hombres como camino para obtener un acuerdo de paz.

La fórmula no le funcionó al general. Pero le quedó gustando el discurso. Años después, como gobernador del Magdalena, región muy propensa a las trampas electorales, dio esta receta a un grupo de mujeres de la zona bananera: “Si su marido va a vender el voto, dígale: mi amor, a esta cama usted no vuelve”.

En el reciente Festival de Cannes fue presentada la película que lleva por título La fuente de las mujeres, donde su director, Radu Mihaileanu, reproduce en otro escenario la comedia de Aristófanes. Se trata de un pueblo pequeño donde las mujeres, bajo los ardientes soles africanos, deben transportar, desde lo alto de una montaña situada en una aldea remota, el agua que se consume en el pueblo. Ante lo cual se rebela un día Leila, joven esposa que, cual otra Lisístrata, propone a sus compañeras realizar una huelga de sexo. Santo remedio: en adelante son los hombres los encargados de trasladar el agua.

Acción similar ocurrió en febrero de este año contra los políticos belgas que no se ponían de acuerdo para formar un nuevo gobierno. La causa la lideró una senadora que, recordando un hecho parecido que había ocurrido dos años atrás en Kenia, convocó a la abstinencia sexual. El nuevo gobierno quedó constituido a los pocos días, conforme había sucedido en Kenia.

Por último, y omitiendo otros casos de esta moda contagiosa que amenaza la estabilidad de cualquier pareja en el momento menos pensado, está el capítulo de las 300 mujeres de Barbacoas (Nariño) que iniciaron brutal embestida contra sus resignados adanes (con privación de lo que ya se sabe), por no ser capaces de conseguir el arreglo de la trocha –como la llaman– que comunica al pueblo con el resto del país. Son 57 kilómetros de vía intransitable, llenos de huecos, charcos y barrizales, que llevan hasta Junín, el municipio más cercano.

Barbacoas nunca ha tenido carretera. Es un pueblo huérfano de la protección oficial. Tampoco ha tenido hombres de empuje, briosos de verdad, según lo denuncian estas fogosas evas que se pusieron los pantalones para asumir el liderazgo de la comunidad. Ya llegaron hasta Pasto, bajo el mando implacable de la jueza Maribel Silva, quien no solo sabe de leyes severas sino de dolorosos castigos para la pobre masculinidad apabullada del municipio minero que no ha logrado salir de su atraso secular.

Algunos maridos han tenido que acampar en el quiosco de la plaza mientras se amaina la tempestad. Se ignora cuánto tiempo durará la penitencia sexual, que en cualquier caso afecta por igual a hombres y mujeres (pero con mayor razón a esta gente del Pacífico, de sangre caliente). Lo cierto es que la huelga se ha sentido en toda Colombia. Y surgirán otras lesístratas que seguirán el ejemplo con igual arrojo, sobre todo después de enterarse de la llegada de la maquinaria oficial –como tiene que suceder– a este olvidado municipio de 22.000 almas y de muchas esperanzas frustradas.

A todas estas, Aristófanes debe estar muerto de la risa, como comediógrafo y poeta de su época, por haber sabido llegar a nuestro mundo actual 2.422 años después de creada su gran heroína, la mayor chantajista de sexo que se conozca.

El Espectador, Bogotá, 6-VII-2011.
Eje 21, Manizales, 7-VII-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 9-VII-2011.

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Comentario:

Tu columna está muy bien, sólo déjame decirte que Bélgica sigue sin gobierno y ha batido ya todos los récords mundiales en la materia. En el año ya largo que Bélgica lleva «sin» gobierno, durante seis meses ha cumplido mejor que nunca su papel de presidente rotativo de la Comunidad Europea, y los belgas no han conocido otro periodo mejor de calma en su vida política, tanto que los humoristas se preguntan si no sería mejor que Bélgica continuase en ese statu quo de gobierno en funciones (el anterior dimitido). La paradoja parece ser que Bélgica es mucho más gobernable «sin» gobierno que con uno jurado ante el Rey. Dicho sea de paso, por si te vale para tu columna: el consejo de ministros belga es el único del mundo en el que intervienen intérpretes, porque los ministros flamencos, aunque lo entienden, se niegan a hablar en francés, y los valones de todos modos no entienden neerlandés. Ricardo Bada, Colonia (Alemania).

Apreciado Ricardo: En efecto, no ha sido suficiente la amenaza de la senadora belga de no tener las mujeres sexo con sus maridos. Las huelgas de sexo son más teóricas que reales. Más de teatro y picaresca –con la inmortal Lisístrata como protagonista– que efectivas en la intimidad de las parejas. Pienso en los contrabandos de sexo que ocurren con las mujeres de Barbacoas, ¿no lo crees? Lo importante es que consigan su carretera. GPE

Paisaje cafetero

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

De plácemes están las 80.000 personas que en los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle se dedican al cultivo del café en una extensión de 67.000 hectáreas, con motivo de la declaratoria que ha hecho la Unesco de esta zona como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El reconocimiento representa título de honor para Colombia al difundirse en el mundo el paisaje cafetero como una de las imágenes ecológicas más bellas del planeta. Esta estampa lleva el sello cultural y social de una población laboriosa que ha hecho del café no solo un medio de subsistencia familiar sino un motor económico para el progreso del país.

Alrededor del café se mueve toda una estructura humana y empresarial que, dirigida por la Federación Nacional de Cafeteros y sus comités regionales, genera sistemas de salud y educación, construcción de acueductos y vías rurales, tecnologías avanzadas para el cultivo y explotación del grano y, lo que es más importante, preservación del medio ambiente y dignificación del hombre como elemento de trabajo y persona útil para la sociedad y el país.

En épocas pasadas y durante muchos años, el café fue el principal eje de la economía nacional. Grandes líderes de esta industria eran respetados en los mercados internacionales y su voz era decisiva para mover los resortes y los secretos de una actividad que, girando con las estrategias propias de una bolsa de valores, repercutía en las finanzas de los países competidores. Al paso del tiempo, y en razón del surgimiento de otros productos y de diversos fenómenos de la economía mundial, el café en Colombia pasó a segundo plano, pero nunca ha perdido su naturaleza de producto básico para el desarrollo de la nación.

En el Quindío, cuya economía dependió en altísimo porcentaje y durante largo tiempo de la prosperidad cafetera, no eran determinantes los reveses del grano –que por épocas se presentaron de manera crucial– para hacer desistir a los cultivadores de esta misión ancestral que les hierve en la sangre. Allí, el café es un dios, una pasión, un emblema ancestral. Pasadas las bonanzas cafeteras y sufridos los estragos causados por la realidad de tremendas épocas de penuria, el quindiano no ha dejado de creer en el café.

Y nacieron –para seguir hablando de la región que conozco muy  bien– las casas rurales que se acondicionaron como acogedora cadena hotelera que  atrae turistas de Colombia y el mundo, seducidos por la suntuosidad de los paisajes. Estos viajeros han sido la voz cantante de los prodigios que produce la tierra manejada por hombres visionarios que, al lado de las cosechas que no cesan, han establecido una industria turística con repercusión mundial.

Ahora, la varita mágica de la Unesco declara la zona, conformada por 47 municipios y 411 veredas, Patrimonio Cultura de la Humanidad. Esto parece un cuento de hadas. El café es un canto a la vida, al hombre y a la naturaleza. La policromía de los campos reverdecidos por las cosechas en flor es uno de los espectáculos más embrujados que se pueden ofrecer a la sensibilidad del artista, del poeta o el caminante.

Como ironía incomprensible, copio la respuesta que me dio Carlos Alberto Villegas Uribe cuando le pregunté en marzo cuáles eran los programas que había concebido para ejercer el cargo de secretario de Cultura de la Gobernación del Quindío, y por qué renunciaba cuatro meses después de posesionado: “…defender –enfatizó– el paisaje cultural cafetero del espíritu depredador de la megaminería (una de las locomotoras del Gobierno nacional que sólo dejará un Quindío lleno de famélicos quindianos tiznados de hollín)”. Y agregó que el 67 por ciento del territorio quindiano ha sido titulado para la minería.

De ocurrir esto en el Quindío, se cambiaría el paisaje cafetero que lo ha hecho merecedor del premio de la Unesco, por el paisaje minero (en un 67 por ciento de su territorio, según Villegas), lo que  degradaría las tierras al extremo de causarles aridez irreparable y robarles el encanto que hoy exhiben.

El Espectador, Bogotá, 29-VI-2011.
Eje 21, Manizales, 30-VI-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 2-VII-2011.

La estatua perturbadora

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En el barrio Chicó Norte, donde resido, una bomba rompió la tranquilidad de las 9:20 de la noche, el pasado 16 de junio. Todo el barrio se estremeció con el impacto. Su eco repercutió en toda Colombia.

Informan las autoridades de Policía que la bomba era de mediano poder (2,5 kilos de indugel). Pocos días atrás, el primero de junio, fue desactivado en el mismo lugar (la estatua de Laureano Gómez) otro explosivo con 12 kilos, también de indugel. Nadie se explica por qué, si acababa de ocurrir ese indicio sobre un atentado terrorista alrededor de la imagen del líder político, no se dispuso vigilancia permanente para evitar la repetición de ese hecho.

La onda explosiva causó daños en 13 edificaciones y consiguió su propósito de crear zozobra no solo en el barrio afectado sino en toda la ciudad. La Librería Francesa, situada muy cerca del sitio de la explosión, sufrió la rotura de todos sus ventanales. Lo mismo ocurrió en varios edificios, con la mala suerte de que al día siguiente la señora Cielo Rojas, habitante de un edificio de seis pisos cuyos vidrios habían quedado destrozados, cayera al vacío y pereciera, por salvar a su hijo del peligro en que se hallaba frente a la ventana destruida.

El mismo día de la explosión, el representante Miguel Gómez Martínez, nieto de Laureano Gómez, había abandonado el país por amenazas contra su vida. Oscuras intenciones por frenar la investigación que vuelve a activarse para esclarecer el magnicidio de Álvaro Gómez (ocurrido en noviembre de 1995) parecen ser el detonante de esta bomba puesta en la estatua del caudillo conservador, quien va a cumplir 46 años de muerto.

El mensaje parece claro: como dicho monumento fue elaborado con la cabeza en alto relieve del presidente Gómez, se estaría indicando que la cabeza principal del clan, personificada en su nieto –el representante a la Cámara Miguel Gómez–, corría peligro por su empeño en investigar el crimen de su tío Álvaro. Toda una urdimbre que lleva a la triste conclusión de que la violencia es un estigma que se transmite de generación en generación y nunca cesa: es el legado macabro que recibimos de Caín.

Se sabe que la estatua del barrio Chicó fue elaborada en 1994 por el artista Fernando Montañés, que le imprimió a la cara del personaje su perfecta expresión. Tras la explosión, el bronce salvó por completo la figura del caudillo. Apenas sufrió un destrozo el pedestal. Allí se advierte la mirada de Laureano  como enjuiciando la persecución que se urde contra sus descendientes.

Los vecinos del barrio piden que se retire ese monumento por considerarlo factor de inseguridad. Si fuera a ser reconstruido, pienso que los habitantes lo impedirían. Entre otras cosas, ignoro en razón de qué disposición oficial fue levantada aquí dicha estatua.

Quizá se trate de la ley 25 de 1966, que dispuso, en el gobierno de Guillermo León Valencia, la erección de un monumento en honor del presidente desaparecido, en la intersección de la avenida de las Américas con carrera 30. Allí se construyó la “Glorieta Laureano Gómez”, la cual desapareció al ser transformado el lugar por obra del desarrollo de la capital.

Es posible que el traslado, con otro diseño artístico, hubiera sido al barrio Chicó, perturbado hoy por este nuevo zarpazo de la violencia que no respeta la paz de los sepulcros. Y cobra nuevos muertos. Espero que algún lector suministre la noticia exacta sobre este particular. Y que llegue la paz a los espíritus.

El Espectador, Bogotá, 22-VI-2011.
Eje 21, Manizales, 24-VI-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 25-VI-2011.

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El polémico ‘Doctor Muerte’

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

El médico patólogo Jack Kevorkian, de 83 años, conocido como el ‘Doctor Muerte’, falleció plácidamente en un hospital de Michigan escuchando la música que más le agradaba, la de Sebastián Bach. Tal vez alcanzó a pensar en aplicarse la eutanasia, llegado el caso, método pregonado por él para evitar los dolores extremos y tener una muerte digna.

Se fue del mundo en forma tranquila, tras una vida agitada que muchas veces lo hizo enfrentar con los tribunales y a la postre lo llevó a la cárcel durante ocho años. Había sido acusado por la muerte de Thomas Youk, enfermo terminal a quien ayudó a morir con la aplicación de una inyección letal. La escena de esta muerte fue transmitida en el programa 60 Minutos de la CBS, lo que dio motivo para que los jueces determinaran que se había tratado  de un asesinato.

Su nombre ha producido aguda controversia en el mundo. Unos lo consideran hombre cruel y otros lo califican como compasivo y piadoso. Los primeros lo responsabilizan del asesinato de más de 130 personas, y los segundos consideran que la eutanasia asistida, y elegida por el propio paciente, es el sistema más indicado –y humano– para eliminar el grave padecimiento de los enfermos desahuciados y disminuir el dolor de las personas allegadas.

Le teoría del doctor Kevorkian choca, y de hecho ha chocado en el mundo entero, contra muchas normas legales, religiosas y de ética médica. Esta teoría despierta grandes interrogantes, sobre todo después de su muerte. Fuera de los campos legal y religioso, circunscritos a las áreas geográficas y a la conciencia individual, tal vez lo más complejo es saber si existe el derecho de terminar con la propia vida, y si los médicos que asisten a este método  (autorizado por el propio enfermo terminal) quebrantan la ética profesional.

En Estados Unidos hay lugares donde el suicidio médico-asistido es legal: Oregón, Montana y Washington. Si el hecho por el que el doctor Kevorkian fue condenado hubiera sido cometido en uno de estos estados, no hubiera tenido problema. Pero sucedió en otro territorio. Esto pone de presente la complejidad del caso.

En conferencia que pronunció el ‘Doctor Muerte’ en la Universidad de Florida, en enero de 2008, manifestó ante cerca de 5.000 personas que su objetivo no era matar a los pacientes sino evitarles el sufrimiento. Otra vez dijo que si tenemos compasión con un animal que está sufriendo, y lo ayudamos a bien morir, por qué no hemos de tenerla con los seres humanos. Y proclamaba su lema: “Morir no es un crimen”.

La Iglesia Católica no acepta esta práctica, al igual que el aborto. En cambio, Dalai Lama hace esta precisión: “Si una persona va a morir y padece un sufrimiento grande o se encuentra en estado vegetativo y prolongar su existencia solo causará mayor sufrimiento y dificultades a otros, la ética budista le permite terminar con su vida”.

En Colombia, la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, creada en 1979, propugna la conciencia de una muerte digna y busca evitar la prolongación inútil de la vida y el sufrimiento innecesario del paciente. Para el efecto, establece un procedimiento para que el enfermo terminal rechace la aplicación de drogas heroicas para prolongarle la vida por medios artificiales. Esto no es eutanasia. Pero es casi lo mismo.

El doctor Jack Kevorkian fue toda la vida estudioso de la muerte. Algunos le atribuyen una pasión enfermiza por la muerte. Otros lo juzgan salvador de este trance supremo. De todas maneras, era un excéntrico, que desde los primeros años de medicina ya practicaba experimentos exóticos en personas  moribundas. También se dice que algunas de las primeras eutanasias no se hicieron con pacientes terminales. Sea lo que fuere, su muerte deja un legado para que la humanidad continúe indagando en esta delicada materia, que es parte sustancial de la propia vida.

Alguien expresó que este personaje de la muerte, que tanta polémica levanta en el mundo entero, y la continuará levantando, es “un genio incomprendido”.

El Espectador, Bogotá, 15-VI-2011.
Eje 21, Manizales, 17-VI-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 18-VI-2011.

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Comentarios:

Todos los seres humanos tenemos derecho a morir dignamente y sin sufrimiento. Si nadie nos pidió permiso para venir al mundo, al menos que tengamos el derecho en nuestra etapa final de morir sin sufrimiento y sin pedirle permiso a nadie sino a nosotros mismos. Por lo menos yo ya le avisé a mi esposa que si llego a una situación final de desahucio, de inmediato regreso a Colombia a morir dignamente en mi tierra, si es que Dios me da la oportunidad de hacerlo. Luis Quijano, Houston (Estados Unidos).

Queremos felicitarlo muy expresivamente por su columna El polémico ‘Doctor Muerte donde desde una perspectiva muy seria comenta sobre la eutanasia y la vida de Jack Kevorkian. Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente. Juan Mendoza-Vega, presidente. Carmenza Rocha, directora.

No creo que sea el hombre el encargado de quitarle la vida a otro ser humano en ninguna de sus modalidades, tales como asesinatos, accidentes que pueden ser evitados, veredictos judiciales, incluso por caridad con el paciente moribundo y sus seres queridos, pero tampoco me parece que el hombre deba alargar la vida de un paciente al cual no se va a poder reintegrar a la vida más que como un pedazo de carne estático y manejado por máquinas, por la decisión de tener al ser querido en este mundo sin saber qué más pudiera estar sufriendo, en vez de dejarlo descansar y terminar con su ciclo vital. Juan Manuel Guerrero Peñuela, Miami.

Un tema bien espinoso el de su artículo. El caso es que cada día somos más los que optamos por ayudar a nuestros seres queridos a terminar de una vez con un padecimiento que definitivamente no tiene cura; después de que el médico dictamina que lo que sigue es dolor, agonía y sufrimiento, sólo queda acatar la voluntad del paciente y ayudarle a morir con dignidad. Por experiencia propia le digo que tal proceder deja una gran satisfacción y tranquilidad de conciencia. Pablo Mejía Arango, Manizales.

El tema de la muerte es bien interesante y tiene muchos aspectos como el religioso y el legal o jurídico; hay sentimientos encontrados hacia una persona que está sufriendo día a día sin posibilidad de recuperación. Independiente de cualquier religión que se profese, estoy totalmente de acuerdo con la eutanasia o el derecho a una muerte digna. Pero supongo que cada caso es muy particular. Ligia González de Páez, Bogotá.

Gracias, apreciado Gustavo, por esta ilustrativa nota. Estos días escuché en la radio una entrevista con «el doctor Quintana», un médico que viene practicando la eutanasia («suicidio asistido») desde hace más de veinte años, en total a 85 personas. Alpher Rojas Carvajal, Bogotá.

El tema de la eutanasia es uno de esos temas que me apasionan por lo complejo, porque, por un lado, me parece que uno tiene todo el derecho a terminar con su vida cuando ésta se vuelve insoportable y dependiente de medicamentos, sondas, hospitales y tratamientos inútiles. Pero por el otro lado, mis creencias católicas, muy acendradas, me hacen pensar que un católico no puede ejercer ese derecho. Diana López de Zumaya, Ciudad de Méjico.