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Aporte de la Cámara de Comercio

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Bajo los auspicios del doctor Josué Moreno Jaramillo, el dinámico y brillante director ejecutivo de la Cámara de Comercio, ha terminado la entidad la construcción de un moderno edificio que se dará al público en los próximos días. Lástima que esta inauguración no hubiera sido incluida dentro de las obras programadas para la visita del señor Presidente de la República, pues dada su importancia y el esfuerzo con que se ha ejecutado bien merece que tenga el auge a que se hace acreedora.

Se trata de una construcción bien di­señada donde se distinguen el buen gusto con que se ejecutó el proyecto y, sobre todo, la utilidad con que se aprovechó un espacio de terreno no muy extenso pero sí bien aprovechado. Contará con un auditorio para 80 concurrentes, dotado de sillas confortables y las comodidades para dispen­sar un grato ambiente en conferencias, actos culturales y diversas representaciones que se quieran realizar.

El doctor Moreno Jaramillo, servidor incondicional de la ciudad y cuya presencia en Armenia se confunde con la propia existencia de la Cámara de Comercio, muestra así su aporte al engrandecimiento local no sólo en la parte arquitectónica sino en la funcional de la empresa que dirige y que se pone a la altura de las grandes capitales del país. Ha sido un desvelado y discreto impulsor del comercio desde su alta investidura y bien merece que se le reconozca el entusiasmo con que laboró durante largos años para hacer posible este viejo proyecto.

Los usuarios de la Cámara de Comercio contarán con instalaciones amplias y armonizadas para la prestación de un servicio que siempre ha sido eficiente, pero que en adelante será superior. Maravilla encontrarse uno con el ánimo de servicio demostrado por este ejecutivo cuando, pensando en la ciudad, ha dispuesto espacios para la exhibición de obras de arte, la estética de una fuente de agua y otros atractivos que hacen agradable el recorrido.

La naciente Academia de Historia tendrá allí un salón para estimular su creación y su desarrollo. También la Dirección Nacional de Estadística ha sido favorecida con una sede para su actividad.

Todas las entidades deberían, siempre que planean un edificio, acordarse de la cultura. Un espacio para exhibición de cuadros sería una buena contribución. La cultura de los pueblos no es posible sin que existan mecenas. Ya se ve, en el caso de la Cámara de Comercio, que ha existido planeación para el bien de la ciudadanía.

Felicitaciones al doctor Josué Moreno Jaramillo por su apoyo al progreso de la ciudad y por el buen ánimo que muestra al vincular a esta sede otros atractivos que le hacen ganar aplausos.

La Patria, Manizales, 27-V-1981.

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Presencia de Bonilla-Naar

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Ha tenido el Banco Popular la feliz idea de publi­car las obras de Alfonso Bonilla-Naar en dos tomos, uno con su producción poética y el otro con su narra­tiva. El prólogo general es de Luis Carlos Adames Santos, el magnífico editor del Banco Popular que en forma silenciosa, afortunada y espléndida ha signa­do otros importantes sucesos, como La convención de Ocaña, de José Joaquín Guerra, o Temas de di­plomacia y de historia, de Diego Uribe Vargas.

A sólo dos años de su muerte logra rescatarse la amplia obra del médico, cuentista, novelista y poeta que sorprendió al público, y sigue sorprendiéndolo, con sus virtudes de eminente científico y admirable fabulador y poeta. No se sabe qué admirar más en él, si al investigador del cáncer cuyos avances despertaron gran interés en el cuerpo médi­co –y que irónicamente habría de terminar víctima del horrible flagelo–, o al narrador espontáneo y fácil, de vigoroso aliento; como también al poeta sentimen­tal, autor de tierna y clara entonación.

Es caso poco frecuente el de quien, al margen de su actividad médica o de cualquier otra actividad, saca tiempo para escribir cuentos y poemas, y además los elabora con fuerza narrativa y acento lírico. La cuentística de Bonilla-Naar está imbuida de ambiente médico y es por eso, sin duda, que se trata de trozos perfilados con exquisito sabor humano, donde no faltan la intriga y la sorpresa. En sus Cuentos impresionantes pone a jugar la imagina­ción en la urdimbre de situaciones insólitas que transportan al lector a difíciles senderos donde no se sabe si está sucediendo la realidad o la ficción.

El médico, por su contacto con el mundo, vive impregnado de temas tristes, o irónicos, o patéticos; y acaso por eso su mente responde mejor a la narrati­va y a la poesía. Este médico polifacético, que no só­lo tuvo tiempo para adelantar investigaciones asombrosas de su ciencia, sino que se convirtió en cuentista tenaz, en novelista disciplinado y en poeta sensible y diáfano, tiene asegurado puesto prominente en la literatura colombiana. Fue, como Chéjov, escrutador del destino humano y no se conformó con auscultar a la humanidad, sino que del contacto con los dolores y las alegrías del hombre extrajo valiosas enseñanzas.

El médico, como también ocurre en nuestra pa­tria con César Uribe Piedrahíta, ha honrado a la lite­ratura con obras famosas en el mundo entero. Su profesión lo hace propenso al humanismo. Cuando Bonilla-Naar se va por los sucesos ordinarios de la vida y fabrica escenas comunes, coge de la ma­no a su personaje y lo pone a recorrer senderos tran­sitados por todos, pero lo hace con gracia y con inge­nio.

Casi todas sus obras obtuvieron galardones, o sea, que fue un agraciado de la fama. Ahora, dos años después de su muerte, se recopilan sus obras y se entregan al país como demostración de lo que vale la literatura cuando va unida a una noble profe­sión.

La Patria, Manizales, 11-XI-1981.
Mensajero, Banco Popular, diciembre de 1981.

 

 

 

 

Palizas en la literatura

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Produce enojada hilaridad el espectáculo de dos escrito­res, atrincherado cada cual en su columna periodística, que en las últimas semanas han descendido a la ofensa personal con poca consideración para con el público lector. Cuando hay pasión, como acontece con este par de literatos, se pierde el interés por lo que se escribe. Cada uno de ellos, con denuestos inconcebibles, quiere, en síntesis, proclamarse mejor escritor que el otro.

Mientras el uno, con arrogan­te actitud, descalifica a los letrados del Quindío y se autoelogia como una de las figuras cimeras del país (¿quién se lo estaba preguntando?), el otro, que nunca se ha resignado a los términos medios y que también se supone en igual nicho, se viene lanza en ristre contra quien pretende des­conocerle su sitial en las letras.

Es una lucha estéril y pueril que nadie entien­de. ¿Le hará esto bien a la literatura o por lo menos con­seguirá dilucidar la posición encontrada de los dos energú­menos? ¿Que el uno es mejor literato que el otro? ¿Y esto a quién le interesa? Es bien sabido que los celos en la li­teratura corroen y destruyen. Y bien claro está que, tratán­dose de un pugilato personal, el par de rivales se deja ob­cecar por la envidia. Cada uno recela de la eventual preben­da de su vecino, porque además son colindantes en un espacio periodístico.

A falta de mayor entretención se han dedicado a destruir­se mutuamente. Y pretenden que esto tiene interés para los sufridos lectores. Son semanas enteras propinándose garrote, como si la literatura no tuviera nobles propósitos. A verdaderos trancazos defienden sus posiciones, sin ceder un milímetro y sobre todo creyéndose, cada cual, el dueño de la verdad.

La literatura no se merece estos arrebatos. Los conflictos personales deben ventilarse por fuera de las columnas que los directores de los periódicos ceden  para tratar asuntos de interés común. El público pide respeto. Que el uno sea mejor escritor que el otro y acaso el non plus ultra de la literatura regional no lo determinará, por cierto, un punto de vista egoísta, sino el gusto del público. Jugar al narcisismo no le hace bien al hombre. Las preferen­cias de la gente son ajenas a la soberbia del individuo.

En este enfrentamiento salta a la vista el sentido parro­quial con que se busca destrabar una reyerta entre dos hom­bres de letras, cada uno olímpico en su propia consideración. Tiran palos de ciego y aspiran a quedar intactos. Para que cada uno permanezca contento, lo mejor sería que continúe sintiéndose lo mejor de la literatura, sin dar explicacio­nes. Si las da, se presta a que no se le crea, ya que no hay nada tan antipático y negativo como hablar en loa propia.

La literatura, lo sostendré hasta el cansancio, es un semillero de envidias y rivalidades. Y la envidia es el mayor pecado de la humanidad.

El Quindiano, Armenia, 23-V-1981.

 

Control de carros oficiales

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Buena medida la adoptada por la Gobernación sobre los vehículos oficiales.  Deseamos que se mantenga firmemente. No hay razón para el turismo de los funcionarios en los días no laborales. Se abusa mucho en este sentido y ha llegado el momento de frenar las libertades que altos empleados se toman durante los fines de semana.

Los bienes del Estado deben cuidarse como patrimonio de la comunidad. Si determinados oficios exigen vehículo para la movilización del funcionario y su adecuada representación, no está bien que durante los días de ocio se utilice con fines personales y con exhibición de actitudes antipáticas que no pueden ser bien vistas por la opinión pública.

Al desgaste de la maquinaria en excursiones fuera del perímetro urbano se suma el consumo de combus­tibles y también el mal uso de la parte mecánica. El confort no ha de consistir en exagerar lo que debe usarse con sentido moderado y práctico. Los bienes ajenos, si en realidad fuéramos considerados, han de usarse con mayor prudencia que si fueran propios. Pero sucede todo lo contrario.

Guardar los vehículos en los recesos del trabajo es una sabia disposición del Gobernador, que ojalá tenga cabal cumplimiento durante su mandato y más allá de él. Debe ser una norma permanente. Bien está que el Gobernador o el Alcalde de la ciudad, en razón de sus investiduras y por ser los personeros de la comunidad, tengan a su servicio el vehículo asignado, pero no es tolerable que otros funcionarios hagan lo mismo.

Lo que por lo general falla es la tergiversación que se da a las disposiciones. Lo que ahora comienza con rigidez, más tarde se puede desviar al mediar las excepciones o la injerencia de ciertos privilegiados que suelen dañar la disciplina oficial. En el sector particular esto no ocurre. Allí hay sentido de la responsabilidad y por eso las empresas son más organizadas y rentables.

Los talleres del departamento deben hacerse responsa­bles de la guarda, sin excepciones, de los vehículos de los mandos medios. Si esto se cumple, se dará un ejemplo de dignidad administrativa. Por lo pronto, aplaudimos el gesto del Gobernador al demostrar que desea preservar los bienes del Estado. Es actitud prudente y ejemplarizante. Si se comienza desde la cabeza, lo demás es fácil. Muchos de los pecados de la vida pública residen en el mal ejemplo que se recibe desde las altas esferas.

Estamos seguros de que este ejercicio de la austeri­dad oficial va a mantenerse y extenderse a otros campos. Que sigan el cumplimiento del horario y la permanencia en los despachos. Así podrá el Gobernador ganar mucho terreno.

La Patria, Manizales, 17-V-1981.

 

 

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El documento de los exalcaldes

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En el foro de ex alcaldes convocado en esta ciudad por el diario El Tiempo se debatieron los más candentes problemas que agitan la vida de la ciudad de Armenia, y ahora, como corolario de aquel encuentro, varios dis­tinguidos ex mandatarios municipales se dirigen al señor Presidente de la República denunciando algunos de los vicios crónicos que frenan nuestro desarrollo.

En lo que es, al mismo tiempo que una denuncia, un clamor, se pide la intervención presidencial para redimir a las Empresas Públicas de la politización en que ha caído y que significa el principal escollo para salvarlas de su inoperancia y rescatarlas de su actual iliquidez. Es un do­cumento serio, de indudable intención moralizadora. Salta un primer interrogante: ¿por qué los firmantes no lo hicieron cuando ocuparon la Alcaldía y lo propiciaron cuando varios de ellos fueron gobernadores del departamento?

Es un examen retrospectivo sobre sus propias experiencias, que debe mirarse con la seriedad que tiene. Si en su momento estos dirigentes, que sufrieron en carne propia la garra de la politiquería, fueron acaso in­capaces de modificar un caótico estado de degeneración ad­ministrativa, ello no le quita hoy vigor a su denuncia pública para que bajo otros enfoques se procure llegar a la solución que la sociedad reclama para superar la actual encrucijada.

Lo que el momento exige es una total rees­tructuración de las Empresas Públicas, las que según el documento están «abocadas a una delicada crisis técnica, administrativa y financiera». Esto lo conoce muy bien la ciudadanía, testigo impotente para remediar tan precaria situación. Si las Empresas se han convertido en un nido de la politiquería y es preciso buscarles otros cauces, ¿por qué no desarrollar la fórmula redentora?

Tenemos el anuncio del actual gobernador, doctor Niño Díaz, de ejercer su mandato al margen de las influencias políti­cas, como en parte lo ha hecho; y también la voluntad del bien intencionado burgomaestre, doctor Agudelo Zuluaga, de trabajar por los intereses de la ciudad, con destierro de los hábitos clientelistas. Podría­mos, entonces, suponer que el ambiente no puede ser más favorable. ¿Qué se espera?

Hay que tecnificar la entidad hasta convertirla en instrumento útil para las necesidades colectivas. Hoy el deterio­ro de los servicios públicos postra a la ciudad en uno de sus más lamentables estados de ineficiencia. El agua, la luz,  el alcantarillado, los teléfonos, el aseo, el matadero son verdaderos lastres para la ciudad en progreso.

La burocracia que se acomoda en las casillas presupuestales absor­be la capacidad que se requiere para impulsar los servicios públicos. Con un déficit  crónico no se pueden emprender obras. La voz de los ex alcaldes, varios de ellos ex gobernadores, merece un juicioso análisis.

La Patria, Manizales, 16-V-1981.

 

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