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Las caídas del Presidente

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

La hora no sólo se le adelantó a Colombia: también al presidente Gaviria, cuya luna de miel ya concluyó. De aquí en adelante tendrá que cargar el sol a la espalda,  sin manera de opacarlo, ya que la luz eléctrica puede racionarse, e incluso apagarse –como él mismo lo hizo con este país resignado–, pero el astro rey permanecerá inmutable. Y esto no es poca ­cosa cuando faltan más de dos años para finalizar el mandato.

El Presidente, cuando se encontraba en pleno apogeo de su prestigio, y el país  entero lo aplaudía de pie en las plazas de toros y en los estadios de música –o sea, cuando viajaba en el punto privilegiado de la órbita astral–, expresó varias veces esta frase optimista que a muchos sonó pretenciosa: «La popularidad es para gastarla». De tanto jugar con su popularidad, la dejó perder. Lo normal es que la fama de un Presidente comience a disminuir en la segunda etapa de su perio­do, y no cuando falta, como en este caso, mucho camino por re­correr.

Una caricatura de Osuna pone al Presidente encaramado en el reloj de la historia y pedaleando contra la corriente nacional. El reloj, ya lo vimos, se puede ade­lantar una hora y nada pasa. Ni siquiera habrá una economía significativa de electricidad. No sucede lo mismo con adelantar la paciencia de los colombianos. Día a día, es decir, apagón tras apagón y desacierto tras desacierto, tam­bién disminuye el límite de resis­tencia del país. Si hubiera manera de medir la paciencia de la gente, como se hace con los embalses, se vería que la tolerancia ciudadana ya tocó fondo.

Son diversas las causas que han contribuido a esta baja en la popularidad del Presidente: violencia encarnizada en campos y ciudades, flagrante corrupción de la clase política y del sector oficial, crisis energética, creciente alza de la vida, agudos conflictos labora­les que atentan contra la econo­mía nacional y la seguridad so­cial, falta de producción industrial y agrícola, voracidad tributaria, empobrecimiento del pueblo… El país no puede progresar si subsis­ten estos focos que desestabilizan –cada vez con mayor rigor, como viene ocurriendo– la tranquilidad pública.

A todos nos preocupa y nos duele que Gaviria no sea el mismo de antes. En él está encarnada la esperanza de Colombia. Preciso es recordar que pocos gobernan­tes han llegado al poder rodeados de tanto respaldo popular, de tan­ta confianza y expectativa. Se dijo en principio que la buena estrella favorecía al Presidente y suce­dieron, en efecto, hechos  positivos derivados de la gestión gubernamental.

Después, poco a poco, muchas esperanzas se frustraron. Hasta marzo de este año no había concluido la luna de miel. Hoy ya cesaron los aplausos que aturden. ¿Qué pensarán de esto los asesores de la imagen presidencial?

Se insiste, con todo, en una traumática reforma tributaria y en privatizaciones discutibles que erosionan la estabilidad del Go­bierno. Los desgastes causados por las imprevisiones y las impro­visaciones –tanto de ministros co­mo de los jóvenes asesores de Palacio– deberían sopesarse, aho­ra con mayor hondura, para bus­car otro ritmo en los días por venir. Todavía es posible, y ojalá así suceda, ganar puntos en el reto del futuro.

*

Vimos al Presidente vacilante en su reciente discurso por tele­visión. La improvisación no lo favoreció. Echarle la culpa al vera­no para justificar la oscuridad del país (cuando el Gobierno no revi­só la versión del exceso eléctrico, y el ISA permaneció un año sin gerente), no convenció a nadie. Desde luego que hay que confiar en la ayuda de Dios y de la naturaleza. Pero Dios también di­jo: «Ayúdate, que yo te ayudaré».

El Espectador, Bogotá, 8-V-1992.

 

El caso Escrucería

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Bastante tardía la manifes­tación de protesta que hizo el Senado de la República ante Samuel Alberto Escrucería Manzi, senador de Nariño, que acaba de ser condenado por el delito de peculado.

Sus colegas, y ahora excolegas, levantaron la sesión y abandonaron el recinto para mostrar de esta manera el rechazo de esa conducta in­digna.

¿Por qué no lo hicieron an­tes y esperaron hasta que la Corte Suprema de Justicia se pronunciara? Días atrás la Comisión de Ética aprobó una moción de censura contra el senador, la que al ser so­metida al Senado en pleno fue derrotada debido a la extraña solidaridad que varios de los senadores –entre ellos, otro Samuel, el del Quindío– tuvie­ron con el compañero en pe­ligro.

Aunque no son las corpora­ciones las que delinquen, sino sus miembros, la repulsa de los senadores ha debido ser unánime y vigorosa para pro­teger el prestigio de la entidad. Aquí se repite la lección de la manzana podrida: que si ésta no se retira del grupo, se pudren las sanas.

El asunto es de conta­minación. Problema de higiene. El acto de protesta al final del episodio, cuando ya todo estaba consumado, no enaltece al Senado de la República, y sobre todo a sus miembros vacilantes, por lo que atrás se dijo: por tardío.

El comportamiento delictuo­so de Escrucería era conocido de todo el país. Nadie entendía cómo una persona con antecedentes penales podía pertenecer al cuerpo supremo del poder legislativo. Enrique Gómez Hurtado puso el dedo en la llaga –y esto lo honra en grado sumo– como autor del debate moral que adelantó con valor y entereza, y que a la postre no recibió el respaldo de todos sus colegas, entre los que está el otro Samuel, que tam­bién anda en líos con la justi­cia por sus actuaciones cuando fue gobernador del Quindío.

Por poco Enrique Gómez Hurtado resulta en la cárcel ante la denuncia por calumnia que le entabló el senador delincuente. ¿Se ha salvado la dignidad del Senado? Ojalá que así fuera.

Si en adelante todos sus miembros (y los integrantes de las otras corporaciones públicas) reaccionan a tiempo contra la inmoralidad y la corrupción, otra sería la suerte del país.

La Crónica del Quindío, Armenia, 11-V-1992.

 

Becas disfrazadas

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

De acuerdo con investiga­ción adelantada por el periódico El Tiempo (6-IV-92), en el Quindío se entregaron por conducto del Icetex auxilios oficiales por cerca de 135 mi­llones de pesos con la finalidad de pagar becas estudiantiles canalizadas a través de par­lamentarios de la región.

Sobre este caso comentaba Plinio Apuleyo Mendoza en El Tiempo: «Este dinero no va, realmente, sino en mínima parte a los beneficiarios de becas. Estos reciben cualquier cosa y lo demás queda en manos de sedes políticas dis­frazadas de fundaciones».

Corroborando lo anterior, dos estudiantes del municipio de Circasia, Nelly Franco y Luz Miriam Hernández, declararon que de los auxilios girados a ellas ($256.000 y $164.000) apenas recibieron $30.000 y S40.000, o sea, el 12% y el 24% de lo que ha debido entregárse­les. Manifiestan que la dife­rencia tuvieron que dejarla para financiar la campaña electoral de Izquierda Liberal, dirigida por el senador Rogelio González Ceballos y por el actual gober­nador del Quindío, Mario Gómez Ramírez.

Se calcula que alrededor del 70% de estos auxilios quedó en poder de las sedes políticas. En el caso de Izquierda Liberal, que gestionó 230 becas por cerca de sesenta millones de pesos, $42 millones habrían ido a la casa política y sólo $18 millones a los estudiantes fa­vorecidos.

En total se giraron al Quindío 400 becas gestionadas por este movimiento político. Por consiguiente, nadie está exento de culpa. Este era el estilo que se usaba en el país con los auxilios parlamentarios y que ahora, según la nueva Constitución, será corregido para depurar la moral pública. Ojalá así suceda y no se acuda a otros esguinces para torcer la sana intención de las normas y en este caso sacar tajada de los auxilios destina­dos a ayudar a estudiantes pobres.

Un concejal del depar­tamento manifiesta que «la corrupción con las becas se viene presentando hace muchos años en el Quindío y otros departamentos del país”. Ese es el país –el de las mañas y los disfraces– que debe quedar atrás para que Colom­bia recupere el recto camino que dejó perder.

La Crónica del Quindío, Armenia, 27-IV-1992.

 

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El Diario del Otún

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Con una edición gigante de 56 páginas, el Diario del Otún ha celebrado sus diez años de vida.

Fundado el primero de febrero de 1982, esta gaceta de los pereiranos registra brillante trayectoria que le ha hecho ganar, por su seriedad, espíritu de servicio y calidad editorial, sitio de privilegio en la prensa colombiana. No es poca cosa este tránsito a lo largo de 2.970 días cumplidos el 10 de abril, fecha de esta edición especial donde se repasan los orígenes del periódico y se recuer­dan los hechos más importantes que durante esta década marcaron la vida del departamento de Risaralda.

Es el periódico, por excelencia, el medio más propicio para escribir la historia de los pueblos, por ser el que llega con mayor propiedad al nervio de las noticias y sabe interpretar, como brújula de la sociedad, las esperanzas y las angustias de la comunidad. El Diario del Otún almacena hoy el registro detallado de los principales sucesos que a partir de 1982 surgieron en la región, en el país y en el mundo, y ha sabido presentarlos con objetividad y buen criterio.

El fundador de la tribuna pereirana, Javier Ramírez González, murió seis años después de haber creado la empresa, viejo sueño que logró realizar con fortuna. Llevaba el periodismo en la sangre, como inquieto batallador de cuartillas pertinaces, y por eso le regaló a Pereira este diario de altura.

Su espíritu está vivo en la rotativa, la que no sólo se ha superado en técnica sino que ha aprendido el arte de la supervivencia con páginas bien escritas, con pulcritud idiomática y apropiado diseño editorial.

El reto del fundador lo prosiguen hoy, con todo éxito, los diligentes di­rectores, Luis Carlos y Javier Ignacio Ramírez Múnera, quienes con sus colaboradores y columnistas han sabido mantener encendida la llama de las ideas para prestarles a la ciu­dad, al departamento y a Colombia un servicio de lujo.

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Encuentro de escritores

De la ciudad de Armenia recibo la siguiente comunicación: «Respecto a su comentario reciente sobre el foro de escritores, le manifiesto que nin­gún escritor quindiano fue invitado, de ahí nuestra ausencia. Jesús Arango Cano».

La Crónica del Quindío, Armenia, 21.IV-1992.
Diario del Otún, Pereira, 25-IV-1992.

 

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Perplejidad

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

El país está perplejo ante los sucesos de actualidad: subversión, inmoralidad pública, reforma tributaria, alza del sueldo de los congresistas, crisis eléctrica. Estos, por hoy, son los problemas más sobresalientes que gravitan sobre la  tranquilidad de los ciudadanos. Vendrán mañana otros episodios de igual o superior gravedad, y los debates que entonces se adelanten serán tan efímeros como los que se ventilan en el momento.

Alrededor de estos temas surgen acaloradas discusiones y se enjuicia, con el  tropicalismo que nos caracteriza, a los autores de los grandes desafueros que mantienen desestabilizada la vida pública. Pero como después surgirán otros conflictos, sobre los anteriores caerán las sombras del olvido y volveremos con nuevas ardentías sobre otros acontecimientos que distraerán durante unos días la atención nacional. Y el país seguirá de tumbo en tum­bo por el despeñadero de la diso­lución moral y económica a que nos tiene condenada la incapaci­dad de políticos y gobernantes.

El señor ministro de Minas y Energía, doctor Juan Camilo Restrepo Salazar, al anunciar que el país va a quedar a oscuras por varios meses, pidió mesura en el debate sobre la crisis eléctrica por considerar que existen no una sino varias causas que originaron el agudo racionamiento eléctrico. De hecho, tendió un manto de perdón sobre los causantes de tan grave calamidad. De ultratumba parece salir la voz censora de Laureano Gómez con su célebre ¡Tapen! ¡Tapen!, que tantos desca­labros produjo en su época en bien de la moral pública.

Si en los años recientes ocurrieron serios errores en el ma­nejo de las políticas de electrici­dad, el actual Gobierno ha debido enderezar, en cerca de dos años que lleva su mandato, ese desa­cierto. Esperó, sin embargo, a que se agotaran las represas para imponer el inevitable apagón que hoy tantas chispas le saca a la paciencia ciudadana. No es sen­sato absolver la incapacidad administrativa moderando, como lo pide el ministro, un debate que debe sacar a la luz, en este país en sombras que a veces ve así mejor el capítulo de los abusos y las ineficiencias.

En el campo de las inmorali­dades, la concejala de Bogotá Floralba Cárdenas de Rodríguez de­vuelve $ 38 millones que había recibido en el festín de los auxilios oficiales y que mantenía en un banco a nombre de su esposo, por «ser la única persona de confian­za para que las obras sociales no se fueran al traste». Hay dos preguntas elementales: ¿Resulta sensato esperar tanto tiempo pa­ra iniciar las obras sociales? ¿De­volvió la concejala los intereses que le produjo el CDT? Este depósito produce, a la tasa moderada que pagan los bancos, alrededor de un millón de pesos mensuales. Ojalá el banco informe a cuánto ascendió la ganancia.

El señor Presidente libera a su ministro de Gobierno, doctor Humberto de la Calle Lombana, antes de que lo haga el Tribunal de Ética (y el mejor Tribunal de Ética es la opinión pública), de las dudas que existen acerca de su inhabilidad para ser ministro en razón de los contratos que tenía con el Estado.

¿Es correcto en este caso el respaldo del señor Presidente pa­ra su ministro de confianza, cuan­do el caso todavía está oscuro?

El Gobierno, en momentos en que busca abrirle paso a la refor­ma tributaria, aumenta los suel­dos de los congresistas de $ 900.000 a $ 2’500.000 (178 por ciento). Como queda fácil entenderlo, con esto se facilita, ablandando la conciencia de los legisladores, el éxito de los nuevos impuestos. El pueblo, mientras tanto, padece enor­mes angustias económicas. Y no puede olvidar que el arrogante ministro Hommes negó uno o dos puntos al salario mínimo, mien­tras a los congresistas –de quienes busca ahora comprensi­bles complacencias– les regala 38 salarios mínimos.

Colombia está en sombras. ¡Sombras, perplejidad! Si sólo fueran sombras materiales… Pero sobre todo son sombras morales, y éstas son las que embrutecen a los pueblos.

El Espectador, Bogotá, 8-IV-1992.

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