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Las cenizas de Nariño

domingo, 17 de marzo de 2024 Comments off
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Al día siguiente de las elecciones

viernes, 15 de marzo de 2024 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En horas de la mañana del lunes 30 de octubre, un día después del desarrollo de la jornada electoral, me trasladé en un taxi, junto con mi hija Fabiola, al barrio La Candelaria, a donde íbamos a cumplir una diligencia. Por supuesto, el tema obligado fue el de las elecciones, que por fortuna habían transcurrido con relativo sosiego en gran parte del país. Colombia amanecía con un nuevo aire.

El taxista nos escuchaba en silencio. Notamos que le interesaba la conversación. De pronto, se integró al tema. Le preguntamos si había votado, y nos contó que lo hacía desde años atrás. Nos confesó que no creía en los políticos y, por lo tanto, había votado en blanco. Y entró a enjuiciar a la clase dirigente como la responsable de los desastres que ocurren en el país, causados por la corrupción, el saboteo de los bienes públicos, los abusos del poder, la impunidad y tanto desafuero que todo el mundo conoce y nadie castiga.

Quedamos sorprendidos con su discurso, que en verdad fue un gran discurso: incisivo, claro y vehemente. Lo hacía con absoluta convicción. Desde luego, nos habíamos equivocado con el personaje, a quien en principio consideramos un petrista más. Por el contrario, lanzó pestes contra el mandatario. Como nos quedó sonando lo del voto en blanco, le pedimos que nos explicara dicha actitud, que parecía insólita. Nos manifestó que sentía dolor de patria con la misma intensidad con que repudiaba a los políticos, y pensaba que ese era un medio legítimo de protesta, insatisfacción y rechazo de la conducta perversa que ejercen los gobernantes.

Pensé entonces que para el taxista seríamos nosotros –mi hija y yo– integrantes de la clase alta que él abominaba. Tal vez nuestro aspecto le creaba esa suposición. Sin embargo, sus palabras le fluían con respeto, con calma y sinceridad. Fue una charla útil y aleccionadora, cómo no, en la que vimos un eco del clamor nacional que aleja de las urnas a más de la mitad del electorado. Y nos hallamos frente al hecho excepcional de un taxista alejado del sectarismo y el conformismo y que tiene la entereza de utilizar el voto en blanco como una herramienta democrática, de opinión y al mismo tiempo de censura.

Ese voto sumó cerca de un millón de sufragantes en las elecciones que acaban de pasar. Es un resultado funesto que debe preocupar a políticos y gobernantes. Es la voz de la gente inconforme y apática que se suma a la abstención rampante que ha perdido la fe en la democracia. En Maicao y Gamarra el voto en blanco ocupó el primer lugar, lo que obliga a repetir las elecciones. En algunos municipios o departamentos obtuvo cifras elevadas, como rechazo a los aspirantes que, a pesar de todo, han llegado ufanos al poder. Ojalá la voz del taxista, que representa a millones de colombianos, sirviera como motivo de reflexión un día después de las votaciones.

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Eje 21, Manizales, 3-XI-2023. Nueva Crónica del Quindío, Armenia, 5-XI-2023.

Comentarios

Lo que les sucedió a ustedes con el conductor del taxi me pasó a mí  en Cali con el taxista que me transportaba hacia el aeropuerto en las pasadas elecciones para presidente. Asumí que el señor era petrista, pero cuando le pregunté por quién sería su voto, me respondió que  votaría por Rodolfo Hernández, aun sabiendo que no era la persona  indicada, pero que lo prefería al peligro que Petro encarnaba.  Además, catalogó a Petro como uno de esos «politiqueros de  siempre», de quienes renegó casi todo el trayecto. Eduardo Lozano  Torres, Bogotá.

La mayoría de los taxistas colombianos son los mejores voceros de  los problemas en las grandes ciudades del mundo y es a este gremio  que han tenido que ingresar muchos profesionales por la escasez de  trabajo, exmilitares, pensionados y una que otra persona por  rebuscarse. Jorge Enrique Giraldo Acevedo, Fusagasugá.

Esta columna es una buena radiografía de lo que ocurre con muchas  personas. En los casos de Maicao y Gamarra, el voto en blanco ganó porque así lo impulsaron líderes que no querían que en esa  jornada alguien ganara. A los que votan en blanco, con razón o sin ella, con frecuencia los llaman “tibios”. En general, considero que el   péndulo viene de regreso. Mauricio Borja Ávila, Bogotá.

En realidad, la opinión de un hombre como ese taxista nos sirve de   termómetro para medir la opinión del pueblo pensante. Mercedes   Medina, Bogotá.

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Por el territorio de los muertos (5)

martes, 20 de diciembre de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

En la fila hacia el cementerio Central vimos a la senadora María José Pizarro, que llevaba un ramo de flores y esperaba, como nosotros, que el vigilante abriera la maciza puerta de acceso. Iba sola. Era fácil identificarla, ya que fue la encargada de imponerle la banda presidencial a Gustavo Petro y aparece con frecuencia en la televisión y los periódicos.

Después encontramos depositadas las flores en la tumba de su padre, Carlos Pizarro Leongómez, el legendario comandante del grupo guerrillero M-19, quien luego de dejar las armas y firmar la paz con el Gobierno fue asesinado, siendo candidato presidencial por su movimiento político, en abril de 1990. Es uno de los mausoleos más bellos del cementerio.  Representa la memoria de una de las tantas etapas turbulentas del país y evoca el símbolo de la guerra y la paz –que hace recordar la inmortal novela de León Tolstói–.

Más adelante vimos una placa en mármol blanco, muy bien conservada, con esta leyenda en español y polaco: “En este lugar, descansa en paz el coronel Felipe Mauricio Martín (Filip Maurycy Marcinkowsi), hijo de Polonia, prócer de la Independencia de Colombia”. Y agrega que la embajada de Polonia en Bogotá “erige esta placa como testimonio de los lazos de amistad entre ambas naciones”. En efecto, el coronel Martín (1786-1853) cumplió valerosos actos en la causa libertadora de Colombia. Hoy su nombre está perdido en el decurso del tiempo, pero perdura esta insignia memorable en la necrópolis bogotana. Falleció hace 169 años. ¡Honor al mérito!

La tumba de Luis Carlos Galán Sarmiento (1943-1989), asesinado en Soacha cuando era el más probable vencedor de las elecciones presidenciales de 1990, es otro vestigio de la guerra atroz que ha azotado al país desde los propios inicios de la Independencia. Está cubierta en mármol blanco. En ella hay una inscripción que dice: “Quiero que el país me recuerde como el hombre que ayudó a cambiar el modo de pensar de la Nación”. Aquí y allá, y sin que lleváramos un rumbo fijo, fueron surgiendo las sepulturas de grandes líderes del país en épocas remotas y recientes, mezcladas a veces con sepulturas incógnitas. Este es el ambiente de los cementerios.

Como parte de esta crónica que se mueve en el ámbito de las armas, de las guerras y del sacrificio de vidas en los campos de batalla, y en defensa de la patria, cabe resaltar los panteones del Ejército de Colombia y de la Policía Nacional. Son edificaciones antiguas y espaciosas que sobrecogen el ánimo al hacer pensar en la cantidad de historias y de hechos heroicos que encierran esas paredes. Ambos panteones muestran la vejez derivada del paso de los años y hoy ya están clausurados al haber llegado al tope de su capacidad.

En la época moderna, estos recintos funcionan en los Jardines de Paz ubicados en el norte de la ciudad, en amplias extensiones de terreno, y están destinados además a los miembros de la Fuerza Aérea y de la Armada Nacional.

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El Espectador, Bogotá, 17-XII-2022. Eje 21, Manizales, 15-XII-2022. La Crónica del Quindío, Armenia, 18-XII-2022.

Comentarios 

No pierdo interés en las crónicas acerca de tus visitas a diferentes cementerios. En esta última me sorprendiste con la aparición de un personaje que desconocía (Felipe Mauricio Martín) a pesar de que mis lecturas sobre la historia de la campaña libertadora y épocas posteriores ha sido intensa. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Respuesta. En Google se encuentra alguna información sobre él, contenida sobre todo en una pequeña biografía escrita en 1882 por Ánjel (con j) María Galán para “Papel Periódico de Bogotá”, obra que da buena visión sobre este prócer de la Independencia colombiana que descubrí en el cementerio Central de Bogotá Gustavo Páez Escobar.

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Por el territorio de los muertos (2)

miércoles, 9 de noviembre de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar

 

Varias veces recorrí con mi hijo el sector donde está sepultado José Asunción Silva, pero no lográbamos localizar su tumba. Apareció al fin el suntuoso monumento de otra época, convertido hoy en una construcción deteriorada. En la parte superior leímos con gran dificultad los nombres del poeta y de su hermana Elvira, que se hallan cubiertos por densas capas de suciedad, es decir, de abandono y olvido.

 

¿Por qué la Casa de Poesía Silva no mantiene reluciente este monumento de tanta significación en la historia del país? Esto mismo sucede con otras figuras de las letras y la sociedad. Es oportuno recordar que los restos de Silva fueron sepultados en el cementerio de los suicidas, que era un verdadero muladar, y allí estuvieron durante 41 años, hasta que en 1937 fueron trasladados al cementerio Central.

 

También el sepulcro de Rafael Pombo registra dejadez a causa de las manchas negras que avanzan por la escultura. Con todo, me confortó ver a un muchacho de unos 16 años que leía con interés, en el libro abierto en la parte superior de la estatua, la primera estrofa de El renacuajo paseador, y me dije que por fortuna existe aún gente que disfruta la exquisita poesía del pasado.

 

Nos causó curiosidad la cara nítida de un apuesto señor cuya escultura está adornada con una corona, sin que aparezca su nombre. Dándole vuelta al sarcófago, hallamos esta inscripción en letras minúsculas, debajo de un verso que se cita en un ángulo del pedestal: i e a. Por ese medio logré identificar al personaje ilustre: Ismael Enrique Arciniegas, político, periodista y poeta santandereano, muerto en 1938.

 

En el panteón del presidente Eduardo Santos están también enterrados su esposa Lorencita y sus padres Francisco Santos y Leopoldina Montejo. Es un lugar carente de ostentación, y está algo alejado de la avenida principal, en la que reposan alrededor de 20 presidentes. Francisco Santos fue un notable político, abogado y periodista santandereano que se suicidó en Curití a los 51 años de edad debido a una enfermedad incurable. Sus despojos fueron enterrados en el cementerio laico de la población, y cuando su hijo llegó a la presidencia del país, en 1938, los hizo trasladar al camposanto bogotano.

 

En la lápida del presidente aparece Bogotá como lugar de su nacimiento, cuando en realidad nació en Tunja. El historiador Gustavo Mateus descubrió hace varios años la partida de bautizo en la catedral de Tunja, lo que hizo aumentar de 13 a 14 el número de los presidentes boyacenses. Desde el gobierno de Rojas Pinilla, hace ya 65 años, Boyacá ha estado huérfana de esta dignidad. El error relacionado con la ciudad natal obedeció al hecho de haberse ido Santos a vivir a Bogotá desde muy niño.

 

La arquitecta e historiadora quindiana María Eugenia Beltrán me envía este mensaje acerca de mi artículo anterior: “Amo los cementerios. Son el testimonio de la sociedad y representación de una estética que admiro”. En la próxima entrega comentaré otros aspectos curiosos que se desprenden de este recorrido por la necrópolis bogotana.

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El Espectador, Bogotá, 5-XI-2022. Eje 21, Manizales, 3-XI-2022. La Crónica del Quindío, Armenia, 6-XI-2022.

 

Comentarios

 

Con relación al nacimiento del presidente Eduardo Santos, hubo polémica durante varios años, hasta que se hizo el descubrimiento de su partida de bautizo en la catedral de Tunja por Gustavo Mateus, hecho que consignó en su libro Eduardo Santos. Creo que a él no le gustaba decir que había nacido en esta ciudad, de donde era oriunda su madre. Se comprobó así que el ilustre presidente nació efectivamente en Tunja, el 26 de octubre de 1888, y en marzo del año siguiente, sus padres se trasladaron a Bogotá. (En Wikipedia figura erradamente nacido en Bogotá el 28 de agosto de 1888). Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

 

En mis muchos recorridos por cementerios del mundo me sorprende el cambio de concepción de la muerte y la importancia de honrar a los personajes que han hecho historia. En el cementerio Monumental de Milán se puede hacer el recorrido desde los inicios del rito de enterrar. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, hoy se están modernizando estos mausoleos con las más altas técnicas de acondicionamiento ambiental para retardar los daños que se causan con el paso del tiempo. María Eugenia Beltrán Franco, Armenia.

 

Ojalá tu página contribuya a crear respeto por la memoria de colombianos ilustres. En este país no tenemos conciencia de la importancia que tiene nuestra historia. Esperanza Jaramillo, Armenia.

 

Me encantan estos artículos que resumen de una manera exquisita el recorrido por un cementerio que por lo general se describe triste. Acá conocemos historia y pormenores de importantes personajes del país que el paso del tiempo ha ido dejando en el olvido y se ve reflejado en tumbas mal cuidadas donde hasta los nombres tienden a desaparecer. Liliana Páez Silva, Bogotá.

 

Los cementerios tienen muchas aristas: la vida, la muerte, el abandono, el reconocimiento, los olvidos, los homenajes, el miedo, la dejación física por parte de deudos o del Estado, de las familias arrepentidas o gozosas por la desaparición de uno de sus miembros, los crímenes, los desaparecidos, las muertes prematuras… en fin, la lista es interminable. Los cementerios con su misterio y su sombra de terror, de silencio, son lugares muy visitados en el mundo y en ellos se logran inmensos descubrimientos, como tú y tu hijo, con la tumba del poeta Ismael Enrique Arciniegas. También tristezas, como en el caso de las tumbas de los poetas Silva y Pombo, que nadie se ocupa de cuidarlas. De igual manera, la tumba del doctor Santos y su señora Lorencita, donde el Estado se ha desentendido de mantenerla de forma decorosa y respetable, como debe hacerlo con todo presidente de la nación. Inés Blanco, Bogotá.

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Por el territorio de los muertos (1)

martes, 25 de octubre de 2022 Comments off

Por Gustavo Páez Escobar 

En 1836 fue dado al servicio el cementerio Central de Bogotá, y 3 años después se construyó la capilla central, al frente de la cual está el panteón donde reposan los restos del presidente Laureano Gómez, de su esposa María Hurtado de Gómez y de su hijo Álvaro Gómez Hurtado.

En abril de 1948 se enterraron en el globo 3 –en el que ahora funciona el parque El Renacimiento– los cuerpos de cientos de personas fallecidas durante el Bogotazo. Pasados 186 años desde la inauguración, hoy el cementerio está fuera de servicio y se convirtió en un gran recinto de memoria histórica. En 1984 fue declarado Monumento Nacional.

Los planos fueron elaborados por Domingo Esquiaqui, y la construcción fue adelantada por Pío Domínguez y Nicolás León. Julián Lombana edificó la portada, y en la parte alta se ve una estatua de Cronos ejecutada por Colombo Ramelli. Este dios porta un reloj de arena, que representa el curso del tiempo, y una guadaña, símbolo de la muerte.

En días pasados visité el cementerio en compañía de mi hijo Gustavo. Mi visita anterior ocurrió hace más de 10 años, cuando fui a buscar la tumba de Antonio José Restrepo, el famoso ‘Ñito’ Restrepo, que no se sabía dónde se hallaba. Se decía que en el cementerio Libre de Circasia; o en Titiribí, Antioquia; o en Barcelona, España, donde murió en 1933. Un día descubrí la noticia exacta: los restos habían sido trasladados, por gestión del presidente Eduardo Santos, de Barcelona al camposanto bogotano.

En el panteón de las Hermanitas de los Pobres notamos que hay una lápida volteada, otras dos están ladeadas, y otra tiene escritos los datos sobre el cemento fresco, con uso de algún objeto filudo. Figura una hermanita con su nombre religioso: Matilde San Agustín, y a continuación está el nombre que llevaba antes de entrar al convento: Estela Abad Mejía. Parece que es la última religiosa sepultada en este panteón, en el año 2003.

En los cementerios se descubren signos que despiertan curiosidad, sorpresa, lástima, tristeza e incluso hilaridad. Un día me dio por visitar el cementerio de un pueblo, sin ganas de quedarme todavía allí –¡válgame Dios!– , y gocé leyendo algunos mensajes dirigidos a los difuntos en forma sincera y auténtica, que adquieren para el transeúnte –¡qué pena!– el tono del gracejo. Pero sigamos el recorrido.

Nos llamó la atención la tumba de María Surley, muerta el 10 de septiembre de 1977. En ella aparece la foto de una joven sonriente, y en un ángulo se lee: “Feliz cumple hija”. Era el aniversario número 45 de su muerte, y su madre la visitó con flores frescas que irradiaban belleza entre las tumbas marchitas del contorno. No cabe duda de que ella ha ido a visitarla ese mismo día, durante 45 años, con cariño imperecedero. Tierno cuadro de amor, refrendado por esta inscripción fijada en la lápida: “Hija tu cuerpo descansa aquí, tu alma con Dios y tu recuerdo con tu familia”.

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El Espectador, Bogotá, 22-X-2022. Eje 21, Manizales, 20-X-2022. La Crónica del Quindío, Armenia, 23-X-2022.   

Comentarios 

Hay cementerios muy famosos en todo el orbe; sin embargo, por sencillos o pueblerinos que sean, guardan secretos y anécdotas muy curiosas. Hace unos días escuché a una periodista española quien por cosas de la pandemia se comprometió a trabajar con una revista dedicada a las historias y anécdotas de los difuntos. Y contó que, visitando alguno de los cementerios en París –creo –, encontró una tumba con un epitafio que decía: «Gracias por venir, disculpe que no me levante». Inés Blanco, Bogotá.

Qué interesante columna sobre el último destino para la especie humana: la parca. ¿La tumba de “Ñito” Restrepo sí reposa allí? Él fue un admirable hombre ilustrado, de rápido y mordaz verbo.  Atenas Pei (correo a El Espectador).  

Respuesta. Sus cenizas fueron trasladadas de Barcelona, España, por gestión del presidente Eduardo Santos, y se encuentran en el sector 2, denominado sector Trapecio, del cementerio Central. Gustavo Páez Escobar.

Amo los cementerios. Son el testimonio de la sociedad y representación de una estética que admiro. María Eugenia Beltrán Franco, Armenia.

¿Qué te motivó a iniciar esta serie de artículos, tema no muy frecuente en el periodismo? Me permito mencionar un pertinente dato sobre el cementerio bogotano. En diciembre de 1836, fue enterrado allí el primer hijo del general Francisco de Paula Santander y su esposa Sixta Pontón Piedrahíta, quien fue bautizado con el nombre de Juan. Él nació el día 20 de ese mes y murió a los pocos minutos. Con su inhumación, se estrenó el cementerio Central de Bogotá. Su ilustre padre era en ese entonces el presidente de la Nueva Granada. A partir de entonces, los difuntos de familias de alto rango social empezaron a ser enterrados allí, pues la costumbre era darles sepultura en las iglesias. Eduardo Lozano Torres, Bogotá.

Respuesta. He sido un enamorado de los cementerios, por las enseñanzas que dejan y por el aspecto curioso o jocoso que ofrecen algunas tumbas. En Buenos Aires visité los de la Recoleta y la Chacarita. En Villa de Leiva gocé mucho con algunas leyendas dejadas por los parientes. En Soatá, mi pueblo natal, acabo de visitar su cementerio y lo encontré transformado. Gustavo Páez Escobar.

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