Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Temas literarios’

Medalla al Mérito Artístico y Literario

lunes, 17 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Regreso hoy al Quindío, después de dos años de ausencia, más que por los merecimientos de la litera­tura, por los caminos del afecto. Aquí está la misma comarca amable que se ha quedado suspensa en el sentimiento, y aquí están los amigos de siempre que hacen más entrañable el retorno. Apenas han variado de la urbe en progreso algunos aspectos externos que la presentan más esbelta, y solo se han movido algunas hojas de calendario para certificar que el tiempo vuela y la amistad perdura.

El resto permanece igual. ¡Qué grato resulta hallar al paso de los días el mismo semblante y el mismo corazón de los pueblos que uno se acostumbró a querer, y qué bello comprobar que ni el alma cambia ni las emociones se marchitan!

Y aquí está el mismo escritor que antaño deambu­laba, entre asombros y hallazgos, por estas apacibles calles; que proclamó en esta tierra su fe en los valores del espíritu y lanzó desde Quingráficas su primer libro; que aquí hizo sus primeras armas en el periodismo y recibió, superadas las iniciales  tormentas de la escritura, el estímulo de esta ciudad receptiva que contribuía a que el escritor fuera más escritor.

Desde aquellos lejanos inicios hasta el día de hoy muchas cuartillas han sido escritas al filo del tiempo. Fueron primero páginas silenciosas, sudadas en diabólicas noches de persecución de las ideas y disfru­tadas en tranquilas alboradas con el milagro de las realizaciones gratificantes. Y luego, a medida que se conquistaban las páginas de los periódicos y el santuario de los libros, se veía cómo se consolidaba, con el afán diario y la lucha sin tregua, el sentido de ser escritor.

A Armenia, que conoció y sigue conociendo mis vigilias y mis lealtades; que entendió el esfuerzo de mi  disciplina y no ignoró los primeros pasos del inquieto buceador por los territorios de la creación; que respondió siempre, como amante solícita, a los requiebros y las exaltaciones; a esta Armenia de los milagros y los bruñidos paisajes, que jalona el porvenir al lomo le sus leyendas y al impulso de su raza productora de grandeza; a esta ciudad maternal que acogió al forastero y lo hizo sentir como en su propia casa, vengo hoy a devolverle, en admiración y gratitud, lo mucho que me ha dado en oportunidades.

Queda en Armenia la primera jornada del escritor, que será la más importante por ser la más espontánea y la de mayor emotividad y denuedo. De este arranque dependerá la obra futura. No podrá haber proyección sin haber existido entrega. «Escribe con sangre y aprenderás que la sangre es espíritu”, advirtió Nietz­sche. Si algún consejo pudiera darle yo al novel escritor es que no intente serlo si carece de capacidad para el sacrificio; y al viejo escritor le preguntaría con cuánta sangre ha trabajado su producción, para que él mismo se dé la respuesta adecuada.

En esta tierra de escritores y poetas, donde el arte en todos los géneros florece al unísono con los cafe­tales y con la belleza ambiental, bien está que hagamos un alto en el camino para rendirle pleitesía a la cultura. La verdadera cultura es patrimonio de la pro­vincia, de donde se traslada a los centros y allí no siempre se conserva auténtica. El origen seguirá sien­do la provincia, con su acervo de tradiciones y costum­bres, sus poemas, sus cuentos, sus leyendas y fantasías, todo lo cual traduce el alma de los pueblos.

El folclor, que es el museo de lo cotidiano, recoge el modo de pensar, de actuar y de querer de una re­gión. La verdadera trascendencia del hombre consiste en descubrirse a sí mismo y ahondar en los secretos de sus antepasados, para transmitirse como ser social a otras generaciones.

Es necesario defender el legado de los pueblos. Hay que explorar y cuidar la provincia como fuente de cultura y depositaria de las raíces que nos atan al pro­pio terruño y la propia raza. Es aquí donde debe dár­sele énfasis al escritor, el mejor memorialista del tiempo. Destacar los valores de la provincia y las dimensiones de la patria a través de lo terrígeno que llevamos en nosotros mismos, es compromiso social que no puede eludir quien se precie de escritor.

Con humilde alborozo y emocionada sorpresa recibo este homenaje que me ofrece la Gobernación del Quindío, por significar un incentivo para la dura batalla del escritor. De todos los escritores, que yo represento como consecuencia de mi carrera obstinada. Si en algo he contribuido a exaltar la provincia, no puedo escon­derme a la respuesta de la tierra en este encuentro vitalizante.

Señor Gobernador, distinguida dama de la cultura regional: vengo con mi esposa y el hijo quindiano, y en representación de las hijas ausentes, a decirles gracias, muchas gracias, por el alto honor que nos dispensan con esta medalla nacida de su generosi­dad que nos abruma. Gracias por las amables pala­bras de don Alirio Gallego Valencia, presidente de la Asociación de Escritores del Quindío, que refrendan los vínculos de la amistad y el colegaje. Y mil gracias a esta noble sociedad de amigos, artistas y escritores que nos rodean, por la oportunidad que nos dan de volver sobre las huellas que hemos dejado escritas en el alma del Quindío.

La Patria, Revista Dominial, Manizales, octubre de 1985.
Revista Manizales, N° 534, noviembre de 1985.

* * *

Mensajes:

Aspiro a que una de las primeras felicitaciones, de corazón y de alma, sea la mía por la condecoración que hoy te concedió la Gobernación del Quindío. En tu pecho, tal insignia nos llevará en tu labor literaria por los caminos por donde vayas. Alirio Gallego Valencia, presidente de la Asociación de Escritores del Quindío.

Acepta nuestras congratulaciones por merecido homenaje que te otorga el departamento del Quindío. Tu paso por el Quindío dejó huellas inextinguibles que conservamos con afecto y gratitud. César Hoyos Salazar, Elsa Marina, hijas, Armenia.

*

Universidad del Quindío.- Resolución No. 032 del 8 de octubre de 1985.

…La producción literaria del señor Páez Escobar y su vinculación a la cultura regional ameritan un reconocimiento por parte de la Universidad del Quindío y especialmente de sus programas de lingüística y literatura.

Acuerda: Asociarse al homenaje que hoy rinde la Gobernación del Quindío mediante la imposición de la Medalla al Mérito Artístico y Literario 1985. Destacar la obra del señor Gustavo Páez Escobar como un aporte a la narrativa quindiana. Invitar a las juventudes universitarias a conocer su significativa producción y a tomarlo como ejemplo de dedicación intelectual.

Horacio Salazar Montoya, rector, demás miembros del Consejo Académico.

*

Registro emocionado y complacido el acierto de la Gobernación del Quindío al condecorar a quien ha cantado y servido a la comarca con tanto brillo y eficiencia. Braulio Botero Londoño, Cali.  

La merecida condecoración a su arte literario, orgullo del Quindío y de Colombia, llena de gozo a la familia betlehemita. Berenice Moreno, superiora general, Bogotá.

Páez Escobar concibió la casi totalidad de sus páginas en el medio quindiano, rodeado de las admirables gentes de la comarca y estimulado por un aire de permanente actividad intelectual. En ésta, se ha movido con alegría espiritual y con afán de mejorar sus condiciones de escudriñador de mundos. Y, muchas veces, el Quindío aparece presidiendo, con la totalidad de su riqueza humana y social, las páginas de este escritor. Por favor, continúe exaltando la inteligencia, señor Gobernador, en esta época que otros valores principian a prevalecer. Es justo, además, que un acto de esta naturaleza se realice en torno a un hombre que su vida la ha armonizado en torno de las palabras. Otto Morales Benítez, Bogotá (carta al gobernador Rodrigo Gómez Jaramillo).

Por Euclides Jaramillo Arango supe que esta noche recibirás en Armenia la condecoración que bien ganada tenías por tus innumerables actos de servicio y amor a la tierra quindiana, a su cultura y a su desarrollo. Cuánto me alegra que se reconozca una labor prudente. Gustavo Álvarez Gardeazábal, Tuluá.

A sus muchos aciertos suma la Gobernación la muy justa condecoración al gran humanista Gustavo Páez Escobar, hombre profundamente comprometido con todo lo quindiano. Gustavo Páez siempre prefiere dar a recibir y practica aquello de que no hay excelencia sin exigencia. Como defensor del Quindío ha sido el primero entre los mejores. Horacio Gómez Aristizábal (mensaje al Gobernador).

La Sociedad de Mejoras Públicas mira con mucha complacencia la imposición de la Medalla al Mérito Artístico y Literario a Gustavo Páez Escobar, distinguido ejecutivo y hombre de letras que por muchos años viene vinculado a nuestra comunidad y de lo cual nos enorgullecemos. Fabio Arias Vélez, presidente, demás miembros dela Sociedad

Quiero dejar constancia de mi aprecio por todo lo que valen sus importantes escritos acerca de la exaltación de nuestros valores; su activísimo interés por los problemas del Quindío y su fecunda gestión como gerente del Banco Popular en Armenia. Julia Emma Silva de Buitrago, gerente regional del Sena, Armenia.  

No podía el Club de Leones pasar desapercibido el hecho con que el Gobierno Departamental lo distinguió. Sus éxitos en los campos periodístico y literario han trascendido nuestras fronteras y el departamento del Quindío ha sido conocido, en muchas de sus facetas, a través de sus escritos como columnista de uno de los grandes diarios del país. José Gregorio Casas R., Armenia.

Peligros de la fama

lunes, 17 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

El nivel de la fama, mientras más alto esté, más peligroso se vuelve. En las alturas se cometen los peores errores, porque las cumbres, que representan el ascenso del hombre en busca de celebridad, marean. Cuando se ha logrado ponderación humana, el hombre suele desentenderse de sus deficiencias al verse calificado como persona capaz y a veces como genio. De ahí el refrán de «cría fama y échate a dormir».

La fama abre todas las puertas. El misterio está en adquirirla. En los elevados sitios de la pirámide, lo mismo de una profesión que de un estado social, más facilidad existe para que el hombre cometa ligerezas y abuse de su estatura.

Lo mismo ocurre en el mundo de las letras. Al escritor le quedará cuesta arriba encontrar editor para su primer libro, y tampoco lo hallará en el décimo si para entonces su nombre no es comercial. Lo será con trucos publici­tarios, con uno que otro escándalo y de pronto con algún puño célebre, como el de Vargas Llosa a García Márquez, magos de la literatura y de la publicidad. La calidad del producto literario y su comercio caminan en distinta dirección y no basta que el novelista escriba excelentes obras para que éstas sean vendibles.

*

Doris Lessing, ponderada escri­tora inglesa, sabe que su solo nombre es suficiente para colocar cuanto libro quiera difundir. Los editores viven detrás de ella en persecución de la última novedad, que se negocia a cualquier precio. Pero no fue sino ponerse un seudónimo para comprobar que El diario del buen vecino, novela que ofreció de edi­torial en editorial, no despertaba interés. Podía ser superior a las anteriores, pero carecía de sello co­mercial. ¡Lo que hay detrás de un nombre!, exclama Panesso Robledo.

Los socios del boom latinoamericano, que se unieron no sólo para encumbrar la literatura regional sino para vender libros, no ignoran lo que significa ser célebres. La mejor obra de cada uno de ellos no es, posiblemente, la escrita después de la consagración sino la sudada en largas y precarias noches de lucha diabólica. Creo que García Már­quez no producirá nada mejor que El coronel no tiene quien le escriba, aunque fue Cien años de soledad la que lo hizo universal.

Hay escritores que con un solo libro consiguen la gloria. Esto pasa con Juan Rulfo y su Pedro Páramo, obra de escasas cien páginas que él no logrará superar. La escribió en un estado luminoso, pero no habría llegado a ser famosa si no hubiera contado con el instante de suerte que abre las puertas del triunfo. Estos instantes son esquivos y por lo general no se repiten. Cuando a Rulfo se le pregunta por un nuevo libro, responde con excelente lógica que todo cuanto tenía que decir ya está expresado en Pedro Páramo.

Alcanzar la fama es ambición humana. Muchos llegan antes de tiempo y se frustran para el resto de la vida. También con la fama se encuentra, cuando es prematura, el nivel de la incompetencia. Se cierra el horizonte y el escritor se limita, como Rulfo, a una sola novela. Otros, como García Márquez, viven anunciando su obra cumbre, cuando ésta ya está escrita y ninguna posterior logrará desplazar la consagrada por la nombradía.

El escritor de carrera gasta media vida buscando editor y la otra media huyendo de los editores. Menos, claro está, cuando se cambia de nombre, como le ocurrió a Doris Lessing, que, encubierta como Jane Somers, descu­brió que su literatura, o sea, su mercancía, no valía un céntimo en los mercados.

*

La fama tiene un precio, a veces muy costoso. Se dice que la soledad es el peor castigo de llegar tan alto. Y es que en medio de los oropeles de la gloria el alma puede vivir desolada. García Márquez, que ha recorrido todas las escalas del escritor, siente hoy nostalgia por la vida simple del reportero y la placidez del cuentista y del novelista normal. Cuando era feliz e indocumentado es el título que le asigna a uno de sus libros, de regreso de los escenarios del aplauso.

Algo bárbaro debe de tener la fama cuando atrapa a la persona y no le permite escapes. Los que están afuera la persiguen tontamente, tal vez por ignorar que también es un suplicio, y por desgracia un suplicio irreversible.

El Espectador, Bogotá, 18-X-1984.

Libros caldenses

lunes, 17 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

La mano amiga de Gloria López, directora cultural del Banco de la República en Manizales, me ha hecho llegar, en gesto que agradezco muy de veras, los cuatro últimos libros publicados por la Biblioteca de Escritores Caldenses. Coincide esta remesa con el recibo de otros tres libros, también caldenses, dedicados por sus propios au­tores.

No en vano Caldas ostenta el título de tierra culta. Editar libros a porrillo, como viene ocurriendo bajo los auspicios de la Gobernación y de otros organismos, representa acto relevante en el desarrollo espiritual del pueblo que guarda sus tra­diciones y da ejemplo a otras co­marcas sobre la importancia de di­fundir el pensamiento estimulando a los escritores.

*

Herejías. – Título perfecto para el estilo crítico con que Hernando Salazar Patiño viene analizando el discurrir de la literatura colombiana. Su aguda penetración intelectual, su viveza conceptual, el rigor de su escritura y la audacia –movida por su innata irreverencia constructiva– con que el autor des­menuza la obra de nuestros escrito­res, hacen de este acopio de notas periodísticas un interesante juego de la inteligencia.

Y hay algo original, que al mismo tiempo constituye un acto de valor: estos ensayos, cose­chados en veinte años de periodismo y cátedra universitaria, se publican sin correcciones, o sea, en su forma auténtica, enfrentando los riesgos del paso del tiempo. Hernando, un hereje en la literatura, que ha ejercido la crítica separándose del montón y con elevada solvencia mental, no les ha temido a las vacas sagradas y ha aportado juicios novedosos y polé­micos, una manera de aguijonear nuestro mundillo de escritores y seudointelectuales, donde pocos lo­gran con perseverancia coronar una carrera de significación.

*

Argentina, a quien pueda interesarle. – Camilo Restrepo, hombre de vastas jornadas cultura­les, caminante de países y ex­periencias diversas, apuntala sus observaciones sobre su tránsito por la Argentina con este breviario de finas acotaciones. Es una reseña ágil y sugerente que se convertirá en medio eficaz de consulta y confrontación sobre los episodios, por lo general convulsionados, del gran pueblo suramericano en los tiempos recientes.

*

Historia de Anserma, Cal­das.– A sus 62 años de vida Roberto Restrepo González, enamorado de las letras desde los bancos de la escuela, edita sin vanidades ni pre­tensiones retóricas estas memorias sobre su pueblo, y lo hace con de­voción, con escrutinio y con fidelidad. Es valioso aporte histórico que engrandece la bibliografía de Caldas.

*

Medallones de la fiesta.– La fiesta brava, en todo su colorido a través de policromos dibujos y en­cendidos textos en verso, donde el lector se siente vibrátil en medio del fragor del ruedo, resurge en este texto del abogado Roberto Cardona Arias, nacido en Neira y exalcalde de Manizales. Es la forma de contribuir, con emoción y nervio, a la cultura de las plazas y al arrebato de las multitu­des.

*

Cátedra caldense.–  Otto Morales Benítez, estudioso de la evolución de su pueblo y su raza, se recrea, con ágiles pinceladas que darán lugar a otros ensayos, en varios tópicos culturales e históricos de Caldas. Analiza al vuelo –porque se trata de una conferencia pronunciada en la Universidad Autónoma– ciertos esquemas que flotan en el ambiente de su tierra, como la conformación del medio caldense, su colonización, las expediciones científicas, la eco­nomía regional, las liviandades del sector público. En la pluma de Mora­les Benítez todo toma fuerza, categoría, prolongación.

*

Qué hay por ai.– Es el segundo libro costumbrista que sale de la pluma de José Jaramillo Mejía, alto ejecutivo de Manizales y oriundo del Quindío, quien desde su columna de La Patria maneja un estilo delicioso, entre humorístico y crítico. José me hace el honor de recoger en este segundo testimonio suyo las siguientes palabras con que me referí a su anterior libro, A mitad de camino: «Su mejor virtud, descubierta con sólo recorrer unas pocas páginas del acopio de escritos periodísticos que conforman su libro, es el de la autenticidad, esa desenvoltura para recrearse en hechos y paisajes, pintar costumbres y definir temperamentos, que lo hace accesible al lector».

*

Perfiles y nostalgias.– La obra poética de Fernando Mejía Mejía tiene vuelo en el país. Hombre de crepúsculos y amaneceres, sensible al hecho social, tallador de ajustadas pedrerías románticas, revela ahora una dimensión poco conocida: la del poeta en prosa. Con precisión y donosura de estilo, Perfiles y nostalgias es el recorrido sobre diferentes inquietudes del espíritu, con penetración en hombres de letras y en hechos culturales que se entrelazan para plasmar un escrutinio sobre el medio ambiente y el sentido del momento histórico.

*

¡Libros, libros caldenses! ¿Cuántas regiones podrán mostrar lo mismo? Es apenas una reseña, dentro de lo que permite la brevedad de la nota de periódico, sobre lo que está produciendo este departamento decidido a no dejarse ganar el reto de la cultura. La imprenta oficial alcanza para todos, sin fatigosas envidias. La cultura de masas comienza, no hay que dudarlo, por el libro. Y cada libro tiene su propio ambiente y su propia dimensión.

El Espectador, Manizales, 23-IV-1984.  

 

Hay novelistas pero no hay novela

lunes, 17 de octubre de 2011 Comments off

Carta de Gustavo Páez Escobar a Horacio Gómez Aristizábal

He leído con mucha reflexión tus comentarios sobre mi novela en proyecto. Son referencias honrosas y estimulantes. Expresas además importantes puntos de vista sobre la trayectoria novelística del país. Al enjuiciar la ausencia de la novela colombiana, como un hecho repre­sentativo del testimonio cultural del pueblo, haces ver uno de los vacíos de los tiempos actuales.

Hay novelistas pero no hay novela. Hay ganadores de concur­sos pero no existe una conciencia continuada, seria, realmente valedera.

El Quindío, por ejemplo, no tiene historia escrita porque nadie se ha atrevido a escribir una novela de verdadera profundidad histórica. Los fenómenos sociales de esta tierra son dignos de ser amasados con los in­gredientes del buen novelista para dejar la constancia de una época. El mejor historiador debiera ser el nove­lista. La historia no se escribe con unas cuantas apun­taciones, más o menos minuciosas, como suministrando fechas, pero carentes de densidad humana. La marca de los tiempos es algo muy diferente al relato simple de sucesos, sin tono ni temperatura. Al novelista le corres­ponde tomarle el pulso al tiempo. Crear el ambiente.

Para entender hoy la guerra de Cartago hay que leer Salambó. Flaubert no hubiera logrado interpretar el dramatismo bélico de no haber escudriñado archivos, realizado profundas investigaciones y a la postre haberse situado en el mismo escenario de los hechos a oler la propia historia. Su obra es gigante  porgue le puso el calor humano que no todo novelista encuentra o es capaz de crear.

El Quindío carece, lo repito, de historia escrita. Falta la novela que rescate para la historia la trascendencia de este pueblo forjador de grandes sucesos. La bonanza cafetera es todo un venero de sociología que daría lugar, con buen ojo crítico, para enmarcar la sociedad quindiana dentro de tiempos conflictivos en el desarrollo económico y humano de la región.

El río corre hacia atrás, de Benjamín Baena Hoyos, que ha pasado inadvertida como formidable novela quindiana, pinta la colonización y se convierte en referencia del despegue histórico de una generación de hombres productores de trabajo.

Colombia, por otra parte, que tiene novelistas ocultos, sin estímulos para ser rescatados del anonimato, es dada a la vana ponderación. Le gusta vivir de ficciones. Nuestros escritores, que por naturaleza son narcisistas, pugnan por conquistar la fama efímera, la de los elogios mutuos, donde el humo no permite el florecimiento de la verdadera obra que reclamas. Esa obra puede escribirse en pocos libros, a veces en un solo libro, pero de dimensiones tales que se consiga traspasar la mediocridad. Rulfo, con su Pedro Páramo, se inmor­talizó. No necesita de más libros para ganar la gloria.

En nuestro medio se malgasta el tiempo entre falsas pedrerías que a nadie consagran. Estos basto­nazos de viejo que dan muchos de nuestros escritores, a veces llenos de pasiones y de inútiles poses de intelec­tuales, son frustrantes. Sigue, entonces, el vacío que acentúas en tu carta.

El novelista colombiano, que vive desconcertado y camina con miedo, quiere tomar a García Márquez como brújula. Grandísimo error. Hay que crear el estilo propio, individual, dentro de dimensiones diferentes a las del escritor macondiano que ya se apropió de su terreno. Hay que ser auténticos. Si nos dejamos falsificar, estaremos perdidos.

Vemos, sin embargo, aparecer algunas muestras aisladas que indican el esfuerzo de estos tiempos por retratar nuestra época traumatizada. De pronto surge el verdadero testimonio que se echa de menos.

Tus enfoques son certeros. Creas preocupación. Respecto a este modesto escritor, retas mi calendario cuando dices: «Gustavo Páez Escobar está en la edad cenital en que la vida empieza a sazonar sus mieles y el espíritu sus más sabios silencios». Veré qué sigo haciendo. Por lo pronto, trabajar con tesón y tratar de superar los escollos de mi oficio bancario, una barrera en ocasiones  esterilizante. Y además no dejarme des­orientar. Entre lecturas sólidas y sabias directrices huyo de los falsos apóstoles de la litera­tura.

Peleo contra el tiempo para poder leer, escribir, producir. Ese es mi problema. También mi reto. No se debe vivir sin retos ni metas. Confiemos, Horacio, en la tenacidad, que es arma poderosa. Es la mejor herramienta de los escritores. El mundo de las letras, de tan enredados caminos, es posible conquistarlo con disciplina y tenacidad. Y es imposible avanzar sin tales pertrechos.

La Patria, Revista Dominical, Manizales, 13-II-1983.

 

 

 

Vigencia del escritor

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Palabras pronunciadas por el autor en el acto de lanzamiento del libro de cuentos El sapo burlón, en el Museo Arqueológico del Quindío.

*

Muchas veces me he preguntado para qué sirve la literatura en un mundo como el actual tan materializado y tan frívolo. El hombre moderno vive esclavo de los caprichos de la moda y disipado entre las fantasías de esta época que pretende ser fastuosa y hasta tecnificada, pero que se ha olvidado de alimentar el espíritu. Parece que el afán de nuestros días con­siste en desnaturalizar al hombre, en ro­barle su esencia de ser pensante y crea­dor, para convertirlo en robot.

Hoy es más importante la posesión de bienes materiales, el enriquecimiento vo­raz, la locura de la droga, el desenfreno de la conducta, que las reglas del decoro y el ejercicio de la moral.

Nos movemos en un mundo ligero y frenético donde los valores se derrumban y los principios se desprecian. El hombre ya no piensa, y menos investiga ni crea. Vive dominado por el televisor y sedu­cido por los placeres fáciles. Poco a poco vamos llegando al peor materialismo, y en realidad ya estamos en él.

Ante tanta disolución es que me pre­gunto para qué sirve la literatura. ¿Sí valdrá la pena escribir libros? Seamos sinceros. El escritor se está quedando sin lectores. En esa misma forma la mente se atrofia. Las nuevas generaciones no nacieron para pensar. Se aburren entre los clásicos. Lo quieren todo prefabrica­do y no hacen ningún esfuerzo por descubrir las maravillas del espíritu.

Quiero decir, sin embargo, que el li­bro no ha muerto, ni morirá jamás. To­davía hay lectores silenciosos que luchan por la supervivencia del hombre. Toda­vía hay quijotes de la literatura que no quieren dejar acabar este planeta. Y es preciso entender que el mundo sólo se salvará con humanismo. Aquí es donde la respuesta al interrogante que he plan­teado me indica que la literatura es el arma contra la mediocridad. Con ella derrotaremos la decadencia de los nuevos tiempos.

Entonces vale la pena ser escritor. No importa que el escritor sea un ser solitario entre el bullicio del mundo, si él está ayu­dando a redimir al hombre, a dignificar la vida.

La reunión de esta noche comprueba que el libro no ha muerto. Aún hay quienes lo escriben y quienes lo leen. Yo vengo a este escenario a hacer un acto de fe en la vigencia de las letras; a sostener, además, que sin espíritu no podremos salvarnos del desastre. Y habrá que seguir proclamando a todos los vien­tos que es necesario acogernos, para no naufragar, al último vestigio que encon­tremos de humanismo.

Me siento muy a gusto en la sede del Museo Arqueológico del Quindío recibiendo el generoso homenaje que ustedes han que­rido dispensarme con mo­tivo de la publicación de mi último libro. Si la obra es modesta, atestigua de todas maneras que todavía existe interés por la cultura.

Este Museo del Quindío, convertido en la referencia cultural de este pueblo, es también demostración de civismo. El Banco Popular tuvo la feliz idea de engrandecer el patrimonio que hoy admiramos en este recinto y de contri­buir así a la defensa del arte.

Quiero re­cordar que el presidente de la Junta Directiva del Banco Popular era el doctor Hugo Palacios Mejía, aquí presente, promotor entusiasta de esta realización. Reci­bo sus palabras estimulantes con emoción y como reto para proseguir la marcha.

El ambiente, por lo tanto, no puede ser más propicio para celebrar la aparición del nuevo libro, este sencillo libro escrito en el Quindío en los entreactos de mi ofi­cio agobiante, y editado por el Banco Popular dentro de sus conocidos propósitos culturales.

La Patria, Manizales, 26-I-1982.
Mensajero, Banco Popular, abril de 1982.
Revista Aristos Internacional,
Alicante (España), nov/2020

Palabras de Hugo Palacios Mejía

Aunque ando metido de político, no sé mucho de cuentos. Por eso, quizás, no debía aceptar el encargo de hablar esta noche. Si finalmente me lancé al ruedo fue apenas por tener la oportunidad de hacer pública mi admiración y mi aprecio por Gustavo Páez Escobar. Gustavo es un quindiano por adopción. Él vino de otras tierras hace algún tiempo y se ha quedado entre nosotros dejando aquí muchas cosas muy buenas. Este Museo, por ejemplo, que rescata para Armenia piezas valiosas de nuestra cultura aborigen. De no ser por Gustavo y el Banco Popu­lar, el Museo estaría más hundido que la avenida 19.

Esta, que hoy presentamos en sociedad, es la cuarta obra suya, y todos hemos tenido oportunidad de leerlo en El Espectador y La Patria. Su voz es una de las pocas voces del Quindío que reciben audiencia ante el país. No soy yo persona capaz de hacer un análisis literario de la obra de Páez, sobre todo después del que hizo en el prólogo Otto Morales Benítez, y después del análisis que debieron hacer los directores del Fondo de Publicaciones del Banco Popular, que decidieron incorporar este libro a una colección que goza de bien merecida fama en el país y en el exterior. Creo, sí, que puedo destacar la perseverancia creadora de Gustavo.

Escribir es un oficio que demanda mucho tiempo y paciencia y que, por regla general, no produce sino satisfacciones personales. El escritor, sin embargo, presta un gran servicio a la comunidad. Su vocación es eminentemente social.  El oficio de escritor supone, necesariamente, un afán de comunicarse, de compartir, que es el signo distintivo de todo el progreso humano. Gracias al escritor las experiencias y las percepciones individuales pasan de unos lugares a otros y de unas generaciones a las sucesivas, formando, así, la herencia de la especie. El escritor merece siempre el aprecio de sus conciudadanos.

A Gustavo lo buscamos las más de las veces para pedirle préstamos y sobregiros. Era justo que nos reuniéramos esta tarde alrededor suyo para darle las gracias por lo que él ha hecho por nuestra ciudad y nuestro departamento. Para darle las gracias por su perseverancia en la creación literaria y por los buenos ratos que nos depara la lectura de sus artículos y de sus cuentos.