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Respaldo a Uribe

martes, 2 de noviembre de 2010 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Desde Miami, el general retirado Manuel J. Guerrero Paz, ex comandante de las Fuerzas Militares y ex ministro de Defensa del presidente Virgilio Barco, me envía la siguiente comunicación a propósito de mi columna La recta final de Uribe. El ilustre ex comandante militar afirma que lo que falta en Colombia es decisión política para acabar con la subversión:

“Durante mi tránsito por la vida pública y particularmente por el Alto Mando Militar, reiteradamente manifesté, también públicamente, que la única vía para derrotar la virulenta violencia que azota desde hace más de cinco décadas a nuestra patria, era la de tomar la ‘decisión política’ de acabar con la subversión, decisión que a lo largo de nuestra vida independiente solamente la tomaron los siguientes mandatarios:

“El general Rafael Reyes en los albores del siglo XX con la fundación de la Escuela Militar de Cadetes y la creación de un ejército regular permanente. Con esto acabó de tajo el enfrentamiento armado entre liberales y conservadores, cada uno de los cuales tenía su ejército político.

“Sesenta años más tarde, el presidente Guillermo León Valencia tomó la ‘decisión política’ para acabar con el bandolerismo que afectaba prósperas regiones del país y a juro que lo logró; su decisión le mereció el título de Presidente de la Paz.

“En los años 80, el presidente Julio César Turbay Ayala, secundado magistralmente por su ministro de Defensa, general Luis Carlos Camacho Leiva, firmó contra viento y marea el Estatuto de Seguridad y con esta ‘decisión política’ aniquiló la insurgencia en el territorio nacional, pero desafortunadamente por maniobras políticas no se explotó el éxito estratégico, y con el mandato de Betancur Cuartas la guerrilla volvió a su reales, envalentonada por la debilidad política del establecimiento

“Uribe, desde que asumió el mando de la nación, tomó la ‘decisión política’ de acabar con la subversión, de izquierda y de derecha,  que prometió en su campaña política, y el pueblo colombiano sin titubear lo eligió con votación abrumadora, que creció en la reelección, porque objetivamente comprobó que Álvaro Uribe Vélez era diferente a los jefes políticos de los partidos tradicionales que no cumplen una sola promesa y lo que han hecho, como resultado de su desidia, ha sido permitir el fortalecimiento de estos facinerosos terroristas que flagelan inmisericordemente a Colombia.

“Por otra parte, es lamentable que no haya un hombre en Colombia de la talla y calibre de Álvaro Uribe Vélez para sucederlo en la Presidencia. Así las cosas, la solución democrática es reelegirlo tantas veces como sea necesario para que le devuelva la paz a Colombia y para que,  como decía el maestro Echandía, ‘podamos pescar de noche’. Manuel J. Guerrero Paz”.

El Espectador, Bogotá, 16 de junio de 2008.

La recta final de Uribe

miércoles, 27 de octubre de 2010 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

No se equivoca Osuna en su caricatura de este domingo en El Espectador, titulada Opinión de sobra, en la que pone en labios del presidente Uribe la siguiente frase que dirige a los aspirantes a sucederlo: “Repártanse ustedes el 17% que me sobra”. No podría entenderse esta frase como un acto de jactancia del mandatario, sino que interpreta lo que pensarían los colombianos en caso de consultarles su voto sobre el tema de la reelección.

Varios factores llevan a pensar que si Uribe decide aceptar esta opción que comienza a agitarse con ardor en la vida nacional, su éxito sería holgado. No ahora, sino a lo largo de sus dos mandatos, e incluso en momentos políticos muy difíciles para él, ha obtenido el mayor índice de respaldo popular que ningún otro gobernante haya logrado en mucho tiempo atrás.

El país no olvida lo que hace seis años significaba la inseguridad en las carreteras, en las regiones apartadas y en los propios cascos urbanos. Bajo la constante amenaza del terrorismo, los colombianos no se atrevían a desplazarse de sus lugares de residencia, si no querían exponerse a los atentados y los secuestros, muchas veces con pérdida de la vía. Las ‘pescas milagrosas’, uno de los sistemas más horrendos de intimidación y explotación que ha sufrido la población civil, se volvieron corrientes durante muchos años, sin que las autoridades consiguieran reprimirlas.

Para citar un solo caso que conozco muy bien, la gente dejó de viajar por carretera desde Bogotá hasta las provincias boyacenses del Norte y de Gutiérrez por miedo de ser asaltada en el camino o privada de la libertad por los guerrilleros. Varias de esas poblaciones fueron tomadas por la fuerza, bajo el imperio de la bala y de los cilindros cargados de explosivos.

Cerca de Soatá se dinamitó el puente Próspero Pinzón sobre el río Chicamocha, obra vital para el tránsito automotor y peatonal en aquella lejana geografía, y así quedó incomunicada durante largos meses una extensa región habitada por sufridos ciudadanos que no encontraban respuesta a su desamparo. Hasta que en el gobierno de Uribe se reconstruyó el puente, se instaló un batallón de alta montaña en el nevado de El Cocuy, se exterminó la guerrilla que durante años había sembrado el terror en pueblos y veredas, y se recuperó la tranquilidad hasta el día de hoy.

La lucha sin tregua contra las Farc deja evidentes avances. Desarticulada la acción guerrillera gracias a golpes contundentes de la Fuerza Pública, luego de cinco décadas de violencia desatada a lo largo y ancho del país, se avizora, si no el final de esa guerrilla, sí su deterioro cada vez más palpable. El país respira hoy aires de optimismo y sosiego que nunca antes se habían vivido frente a esta calamidad pública.

El ejercicio que en este campo ha hecho el presidente Uribe de una autoridad nítida, firme y valerosa, sin aceptar condiciones claudicantes que irían en menoscabo de la tranquilidad pública, es el que ha arrojado este triunfo manifiesto que se les fue de las manos a sus antecesores. La guerra no está ganada, pero falta poco para lograrlo.

Enemigos acérrimos de Uribe lo atacan argumentando nexos suyos –en el pasado e incluso en el presente– con el paramilitarismo, pero no han podido demostrar que esa versión sea cierta. En cambio, está a la luz pública que fue él quien le propinó un golpe fulminante a la parapolítica, casi hasta exterminarla.

¿Cómo se entenderían sus supuestas simpatías con los paramilitares si fue él quien extraditó a la cúpula de esa organización a Estados Unidos, cuando continuó delinquiendo desde la cárcel?

La vergüenza que sufre Colombia ante el mundo con un Congreso postrado en el mayor extremo de la corrupción (65 de sus miembros investigados y 30 en la cárcel), es un lastre que se ha generado a lo largo de los años gracias a la acción tolerante de los partidos y de los gobiernos. Destapada la olla, es preciso que venga la depuración moral mediante los correctivos que sea preciso ejecutar,  para que en el futuro las costumbres políticas conquisten el terreno perdido.

En el Gobierno actual, la economía ha tenido saludable resurgimiento. Se restableció la confianza de los inversionistas extranjeros y se han visto programas de envergadura que empujan nuestro progreso. Sin embargo, algunos signos preocupantes, como el de la inflación creciente y el deterioro de algunos renglones de la agricultura, traen malestar y un reto para el gobierno. Además, la llamada ‘yidispolítica’ acarreará no poco malestar para el presidente Uribe, cuando el caso produzca los efectos tempestuosos que se ven llegar.

Hoy la gran incógnita nacional tiene que ver con la segunda reelección de Uribe. Tema candente que no ha encontrado respuesta clara, entre otras cosas por el silencio que guarda el mandatario. Sus opositores, asumiendo que él buscará el nuevo período, esgrimen la teoría de que al prolongarse su mandato se fomentará el poder dictatorial, frenando el desarrollo de la democracia y frustrando la legítima aspiración de otras figuras que esperan el turno.

En la parte constructiva, difícil de aceptar por los críticos acerbos, está la conveniencia de alargar el mandato para que pueda culminarse el programa de liquidar a la guerrilla, o por lo menos atomizarla. Una interrupción en la política de seguridad democrática, que tan buenos resultados ha dado, sería funesta. Nadie mejor para llevarla hasta la recta final que su propio artífice, el presidente Uribe.

Si al pueblo se le presenta esta disyuntiva, a buen seguro que respaldará al líder con alta votación, a sabiendas de que el índice que lo favorece supera, en forma sostenida durante hace buen tiempo, el ochenta por ciento. El pueblo es el que manda.

El Espectador, Bogotá, 9 de junio de 2008.

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Comentarios:

Durante mi tránsito por la vida pública y particularmente por el Alto Mando Militar, reiteradamente manifesté, también públicamente, que la única vía para derrotar la virulenta violencia que azota desde hace más de cinco décadas a nuestra patria era la de tomar la “decisión política” de acabar con la subversión. Uribe, desde que asumió el mando de la nación, tomo la “decisión política” de acabar con la subversión, de izquierda y de derecha, que prometió en su campaña política, y el pueblo colombiano sin titubeos lo eligió con votación abrumadora, que creció con la reelección, porque objetivamente comprobó que Álvaro Uribe Vélez era diferente a los jefes políticos de los partidos tradicionales. Es lamentable que no haya un hombre en Colombia de la talla y calibre de Álvaro Uribe Vélez para sucederlo en la Presidencia. Así las cosas, la solución democrática es reelegirlo tantas veces como sea necesario para que le devuelva la paz a Colombia y para que, como decía el maestro Echandía, “podamos pescar de noche”. General (r) Manuel Guerrero Paz, Miami.

Los colombianos de bien pensamos que debe continuar Uribe y su política de seguridad democrática hasta lograr la derrota final de los enemigos de Colombia y obtener así una paz real que sea duradera. Capitán de navío (r) Jorge Alberto Páez Escobar, Bogotá.

Si una dictadura fuera como es el mandato del señor Uribe, bienvenida sea. El país estuvo secuestrado por la guerrilla y nadie se atrevía a salir de su ciudad por físico miedo a ser secuestrado y ningún otro gobierno se preocupaba por eso. Yo ya firmé por la lista para la futura reelección de este superpresidente, lo mismo toda mi familia. Daniel Ramírez Londoño, Armenia.

Beligerancia sin sentido

miércoles, 27 de octubre de 2010 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Eludir la verdad revelada por los computadores de ‘Raúl Reyes’, como tratan de hacerlo los presidentes de Venezuela y Ecuador, es lo mismo que pretender ocultar el sol con las manos. Pruebas tan manifiestas como las presentadas por la Interpol, cuya autoridad en el mundo no puede ignorarse, dejan muy mal parados a los dos mandatarios y hacen reflexionar sobre la infiltración de las Farc más allá de nuestras fronteras.

Para nadie era un secreto que las Farc habían extendido sus redes a territorios vecinos bajo el amparo de autoridades complacientes que, como en el caso de Venezuela y Ecuador, las protegían y estimulaban. El ímpetu de los guerrilleros en esta carrera de penetración internacional comenzó a disminuir desde hace seis años con la llegada de Álvaro Uribe al Gobierno.

El mayor éxito suyo contra la subversión ha sido el ataque al campamento de las Farc en territorio ecuatoriano, donde fue abatido ‘Raúl Reyes’ y se encontraron sus tres computadores personales, todo un arsenal de datos que sacó al aire los mayores secretos de la organización, en una impresionante red de comunicaciones.

Documentos escritos, direcciones electrónicas, archivos de imágenes, sonido y video, hojas de cálculo, páginas web, todo en cantidades alarmantes, permanecían resguardados en estos computadores desde muchos años atrás. El material equivale a 39’5 millones de páginas de word, que una persona gastaría más de mil años en leer, si leyera cien por día. Algo monstruoso, claro está.

Luego de exhaustivo examen practicado por peritos de indudable competencia y credibilidad, la Interpol dictaminó que ni los computadores ni el contenido habían sido alterados o manipulados por las autoridades colombianas. Dictamen que no aceptan los presidentes Chávez y Correa, quienes atacan con virulentos calificativos a la mayor institución de policía internacional, de la que son miembros 186 países, incluidos Ecuador y Venezuela.

Al hallarse en estos archivos testimonios que comprometen a los dos presidentes en sus relaciones secretas con las Farc y delatan actos de apoyo económico a la organización guerrillera, y viceversa, Correa y Chávez vociferan en los escenarios internacionales y descalifican, por supuesto, el trabajo que no los favorece. Correa dice que lo tienen sin cuidado lo que piensen Estados Unidos, la Interpol y Colombia sobre los documentos develados, y Chávez, por su parte, compara a los investigadores con un “circo de payasos”.

Al terminar su gira por España, París y Bélgica, países escogidos para enderezar su imagen en Europa, el presidente Correa hizo énfasis en que Ecuador no era un santuario de las Farc por haberse localizado allí el campamento de ‘Raúl Reyes’, sino que se le sacrificaba como víctima, para desfigurar los hechos. Y agregó que el problema de América Latina era Colombia, donde está la guerrilla. Colombia, y no Ecuador, ni Venezuela, ni Nicaragua. ¡Vaya paradoja!

Mientras tanto, periódicos internacionales, como El País de España y el Washington Post, acogen la versión sobre el posible apoyo que las Farc recibieron del Gobierno de Chávez, y sobre el dinero que esa guerrilla habría aportado para la campaña presidencial de Correa. Hay un dicho muy certero que viene al caso: “Quien tiene rabo de paja no se arrime a la candela”.

Chávez y Correa están jugando con el fuego y para ampararse buscan desviar la atención con su sartal de ofensas y amenazas. Los computadores no han hecho otra cosa que destapar verdades ocultas. El mayor mérito de tales revelaciones es el de haber desenmascarado a los presidentes que incentivan el terrorismo en la región suramericana.

Chávez lanzó dardos contra Uribe si propiciaba el proyecto de Estados Unidos de trasladar a la Guajira la base naval de Manta (Ecuador), y precisó: “Venezuela era toda la Guajira. Ese terreno nos lo quitaron. Hay que pedirle a Uribe que reflexione, que se vaya solo por ahí, a un río”. Palabras beligerantes e injuriosas agregan otro conflicto donde no lo hay, y no hacen sino echarle fuego a la hoguera que incendia las relaciones de los países en discordia.

También la senadora Piedad Córdoba, cuya voz arrebatada no puede faltar en estas expresiones hostiles, se va lanza en ristre contra el Gbierno colombiano, como aliada incondicional de Chávez y simpatizante ferviente de las Farc. Ella parece más venezolana en actitud bélica, que ciudadana nuestra con sentido patriótico.

Nada tan deseable como buscar los caminos de la concordia, de la sensatez y la diplomacia para zanjar conflictos y vivir como pueblos civilizados.

El Espectador, Bogotá, 28 de mayo de 2008.

Un símbolo

lunes, 2 de agosto de 2010 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Empezando el año, el país recibió un signo de esperanza con la libertad del exministro Fernando Araújo, después de permanecer cautivo de las Farc durante seis años. Este hecho representó un respiro en medio del conflicto armado que perturba la paz de los colombianos desde varias décadas atrás y mantiene sepultadas en los montes, bajo ominosos sistemas de opresión, a buen número de víctimas inocentes sacrificadas por una guerra insensata y atroz.

Un mes después de liberado Araújo, se destapó el escándalo de la ‘parapolítica’, que puso al descubierto, cada vez con mayores lastres, el grado de corrupción de varios parlamentarios en su connivencia con los paramilitares. Lo que se murmuraba en todo el país como una verdad oculta, de un momento a otro explotó como noticia nacional y se transmitió al orbe entero. La imagen de Colombia, con el desvío rampante de su clase política, ha llegado a los peores niveles de afrenta universal. Nunca el descrédito del país, desde el Proceso 8.000 hasta el capítulo actual, había sufrido tales tormentas  de indignidad.

La onda explosiva tumbó a la canciller María Consuelo Araújo, quien, a pesar de no tener mancha propia en este barrizal, queda salpicada con actos ilícitos de familiares cercanos. No sería lo mismo ser ministra de otra cartera que canciller de la República, cargo donde se muestra la cara de nuestro país ante el resto de naciones. La sombra de sospecha que caería sobre su nombre limitaría su campo de acción, y  Colombia sería la perjudicada.

Como un presagio de lo que podría ocurrir, Patrick Leahy, presidente del subcomité que autoriza los fondos para el Plan Colombia en el Congreso de Estados Unidos, hizo un fuerte pronunciamiento sobre el ‘paragate’ colombiano. Triste rótulo nos hemos ganado en los escenarios del mundo. ¿Cómo podría la canciller Araújo desvanecer ante extraños la idea de que ella, por ser pariente de personas llamadas a juicio –y acaso condenadas en el futuro– no está comprometida en tales episodios?

El presidente Uribe, hábil para dar sorpresas con nombramientos imprevistos que caen bien en la opinión pública, designó al exministro Araújo como remplazo de María Consuelo Araújo. Dos Araújos, sin ningún nexo familiar y pertenecientes a partidos contrarios: la una, enredada en problemas ajenos –pero de su órbita familiar– que tienen que ver con la parapolítica, y el otro, salido del cautiverio como símbolo de la lucha contra la subversión. Los dos son símbolos de algo.

Fernando Araújo posee aptitudes para acertar en su cargo y goza de un momento privilegiado para cambiarle el rostro al país en el exterior. Ojalá que así sea. Y que Colombia sea la ganadora.

El Espectador, Bogotá, 24 de febrero de 2007.

Lunares de Bogotá

lunes, 2 de agosto de 2010 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Lástima que en la costosa propaganda que el alcalde Garzón se está haciendo un  año antes de concluir su mandato, no pueda incluir tres renglones fundamentales para la calidad de vida de los bogotanos: el tránsito, las calles y el medio ambiente. Lástima que en la costosa propaganda que el alcalde Garzón se está haciendo un  año antes de concluir su mandato, no pueda incluir tres renglones fundamentales para la calidad de vida de los bogotanos: el tránsito, las calles y el medio ambiente. Lástima que mientras Bogotá ha obtenido prestigio internacional como atractivo centro turístico, tengamos que calificarla, por el pésimo estado de sus calles, como la ciudad de los huecos.

Lástima que mientras el New York Times la define como un “lugar fabuloso para visitar”, la polución del medio ambiente sea cada vez más lesiva para la salud. Lástima que mientras Bogotá conquista el premio de la X Bienal de Arquitectura de Venecia (Italia), el caos del transporte vuelva neurótica a la gente en medio del floreciente urbanismo. Lástima que mientras la Unesco la declara como “Capital Mundial del Libro”, los vándalos se roben las tapas de las alcantarillas, creando verdaderas trampas mortales a lo largo y ancho de la ciudad, y nada les pase

Con el emblema de “Bogotá sin indiferencia”, la Alcaldía ha contratado una inmensa y reiterativa campaña para mostrar a los contribuyentes –que somos quienes pagamos los avisos– los lados positivos de la administración. En páginas enteras que se repiten en periódicos y revistas, y que de tanto publicarse ya no se leen, se comunica la reducción de homicidios, de accidentes de tránsito, del robo de carros y de residencias.  

Además, se citan los programas dirigidos a la educación y se resalta que buena parte del presupuesto del distrito ha tenido carácter social. Estos logros, que son evidentes y que la opinión pública ha recibido con beneplácito, no necesitan de semejante despliegue publicitario, similar al de una campaña política. Ojalá se supiera el monto de esa crecida erogación. Al Alcalde se le ha ido la mano en este gasto innecesario. Lleras Camargo, tan pulcro en sus actos de gobierno, decía que las obras se acreditan por sí solas y prohibió que tuvieran ninguna placa de reconocimiento. 

Bogotá está destrozada: no le cabe un hueco más. Los 362 mil millones que aprobó el Concejo para dicha finalidad, y que sumados a recursos del IDU aumentan la cifra a cerca de un billón de pesos, apenas significan un baño de agua tibia para reparar toda la malla vial (7,2 billones de pesos). Y al Alcalde se le termina el período.

Lástima que Bogotá continúe paralizada por el desesperante caos vehicular. Hay que sacar de circulación 8.000 buses viejos, que aparte de congestionar el tránsito contaminan la atmósfera. Pero como los empresarios del transporte tienen poder político e imponen su voluntad, el problema sigue sin solución. Ojalá la recién creada Secretaría de Movilidad no se convierta en una nueva dependencia inoperante.

El Espectador, Bogotá, 2 de febrero de 2007.   

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Comentario:

Jaime Castro cuando fue alcalde se inventó la sobretasa a la gasolina para tener unas impecables vías, tasa que se generalizó por todo el país, y las vías son horribles, con unas pocas excepciones. La sobretasa de Jaime Castro tuvo un nuevo incremento de 5 puntos, y las vías son un desastre. ¿Dónde está el dinero de rodamiento, que es mucho, el dinero de operación de los vehículos de servicio público, el dinero que cobran por matricular un carro, el dinero de las infracciones de tránsito que debe destinarse solamente a la seguridad vial?

Lo más triste es que esos recursos frescos son para tapar huecos, trabajo que solo dura mientras entra el invierno. El asunto no es botar la plata tapando huecos: es levantando toda la capa y repavimentando, y aprovechar esta coyuntura para quitar esos separadores tan mal instalados técnicamente, que reducen la movilidad, generan muchos trancones y una elevadísima accidentalidad. La contaminación del transporte público es una verdadera vergüenza, no hay chatarrización, los carros viejos se varan, contaminan, hacen lento el tráfico.

Una publicación de una página, en un día domingo en El Tiempo, está costando cerca de 20 millones. Qué forma de despilfarrar nuestros impuestos. Estamos mal gobernados. General Orlando Páez Barón.