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Archivo para diciembre, 2013

Los años verde olivo

miércoles, 18 de diciembre de 2013 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

No tenía yo ningún conocimiento sobre el escritor chileno Roberto Ampuero, nacido en Valparaíso en 1953, y autor de doce novelas, un libro de cuento y otro de ensayo, hasta que mi amigo manizaleño Pablo Mejía Arango, columnista de La Patria, me recomendó la novela Nuestros años verde olivo, a propósito de las crónicas que publiqué sobre mi reciente viaje a Cuba.

Esto me permitió descubrir un excelente novelista, tanto a través del título antes citado como de estos otros que seleccioné entre sus obras famosas: ¿Quién mató a Cristián Kustermann? y El caso Neruda. En el género policíaco, al que pertenecen varias de sus novelas más reconocidas, el escritor ha creado un personaje emblemático: el detective Cayetano Brulé. Esto mismo sucedió con Agatha Christie respecto al detective Hércules Poirot.

Fuera de Chile, Roberto Ampuero ha vivido en Cuba, Alemania, Suecia, Estados Unidos y Méjico, donde es hoy embajador de su país. Además ha sido catedrático y columnista y posee vasta experiencia internacional en el campo cultural. También en el político, toda vez que Nuestros años verde olivo, editada en 1999 (y que comenzó a escribir en 1981), nació a raíz de su vínculo socialista en contra de la dictadura de Pinochet, y de su adhesión a la causa revolucionaria de Fidel Castro, de la que se desengañó al haber vivido o conocido los amargos episodios que narra en su novela. Huyendo de una dictadura, cayó en otra.

El libro contiene dos aspectos fulgurantes que atrapan la atención del lector: el novelístico, movido por la pericia narrativa para mantener una constante atmósfera de interés y suspenso, y el testimonial, que describe de manera elocuente los actos de opresión, tortura y pérdida de la libertad ejecutados por el régimen castrista durante el medio siglo que lleva la revolución. Dicha realidad, que parece aminorarse en los últimos días, ha causado la pobreza estremecedora que sufre el pueblo cubano.

Sobre su novela, manifiesta Ampuero: “Ella es mi memoria, mi recuerdo personal, mi verdad individual, de los años de exiliado que viví en la isla”. Por supuesto, esta obra de aparente ficción, que encaja en el género de novela autobiográfica (con algunos personajes encubiertos para evitar represalias contra las personas que revelaron sus confidencias), se encuentra en la lista de libros prohibidos por el gobierno cubano. Solo circula en forma clandestina, y por lo tanto, muy restringida, como sucede con libros de otros autores censurados: Heberto Padilla, Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa, entre otros.

Vargas Llosa expresó el siguiente concepto sobre la novela de su colega chileno: “Hacía tiempo que un libro no me absorbía y emocionaba tanto”. Esto mismo puede decir el autor de estas líneas. Y agrego: si se desea conocer la verdad oculta sobre el régimen totalitario que atropelló los derechos humanos, suprimió las libertades individuales y amordazó la libertad de expresión, la respuesta la da este libro. Lo que narra es extensivo a toda la vida cubana. Tal la fuerza comunicante que el escritor, víctima de la frustración al igual que miles de cubanos y de escritores y artistas, le ha imprimido a su obra maestra.

Concluida la lectura del libro, me queda grabada esta escena patética: los libros no permitidos en Cuba son reciclados como papel o tirados a las calderas para su extinción. Las dictaduras son la prolongación de la época inquisitorial, aunque la mayoría se diferencian de ella por el aspecto religioso. No hay dictadura buena. Algunas son peores que la propia Inquisición.

El Espectador, Bogotá, 5-IX-2013.
Eje 21, Manizales, 6-IV-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 6-IV-2013.
Red y Acción, Cali, 6-IV-2013.

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Comentarios:

En las dictaduras la religión es la dictadura misma, y el dictador, el ídolo, el centro del culto. Y el culto, como en todas las religiones, lo hay de todos los colores: azul, rojo, rojizo… En fin, solo me resta decir que el hecho de que nos hayamos salvado en Colombia de una de esas dictaduras, no nos vacuna contra una recaída. Ar mareo (correo a El Espectador).

No he leído ninguna novela de Roberto Ampuero, ni de muchos otros escritores que han narrado horrores de los disidentes del régimen castrista. Pero casi desde el principio de su revolución en los 60 hablé e hice amistad con cantidad de cubanos exiliados en Colombia que me contaron todas las masacres del régimen. Desde esa época comienzan a incubarse mi odio y rabia por el castrismo. Casi parecido al régimen de Stalin y el de Hitler. Luis Quijano, colombiano residente en Houston (USA).

Estoy de acuerdo con Ampuero: no hay dictadura buena, aunque agregaría que ellas no solo se visten de verde olivo. Pueden hacerlo también con corbata y vestidos elegantes, cooptando los medios de comunicación, presentando a los adversarios como enemigos y aplastando el pensamiento crítico y su expresión, que es el quejido o la alerta que emiten las sociedades cuando sus estructuras producen vivencias discriminatorias. Jorge Mora Forero, colombiano residente en Estados Unidos.

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El anillo del Pescador

miércoles, 18 de diciembre de 2013 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

El mayor símbolo papal lo representa el anillo del Pescador. Lo utiliza el papa para sellar la correspondencia privada. En él se ve a San Pedro pescando en un bote. Cuando termina el período del pontífice, el anillo es destruido y se fabrica uno nuevo, con diferente diseño, para quien entra a remplazarlo.

Es un elemento personal que identifica al papa y le recuerda que él es un humilde pescador, como lo fue Pedro, el primer papa. Este símbolo se ha olvidado, y ahora viene a revivirlo Francisco, quien ha dirigido al mundo claros mensajes sobre la renovación de la Iglesia, que él se propone liderar en momentos tan oscuros como los actuales que han hecho debilitar la fe religiosa y proliferar una ola de corrupción, ambiciones clericales, concupiscencia del dinero y el poder, con olvido de los principios cristianos que constituyen la piedra angular sobre la que Pedro fundó la institución del papado.

Francisco dispuso que su anillo fuera de plata dorada y no de oro macizo, como el de su antecesor. Y aplicó la misma medida a la cruz que lleva sobre el pecho. En estos actos van implícitas no solo su sencillez y pobreza habituales, sino un llamado a la austeridad y la humildad, que contrastan con el boato y la opulencia que se viven en los recintos del Vaticano y en los palacios diocesanos. Algunas vestimentas costosas de los jerarcas de la Iglesia superan los diez millones de pesos. Jesús era pobre.

¿Acaso esa fue la organización establecida por Pedro, un modesto habitante de las riberas que para sobrevivir tenía que lanzar la red a las aguas procelosas en busca del alimento cotidiano? Él no conocía los palacios, ni las limusinas, ni los anillos de oro macizo, ni los trajes color púrpura, ni los bancos. Iba con el pie descalzo por las orillas de los ríos. Su poder estaba en la sencillez, en la vida austera, en su modelo de honradez y transparencia. “El verdadero poder es el servicio”, dice Francisco.

Este papa sorprendente viene, según sus palabras, del “último lugar del mundo”, donde no tenía vehículo propio a pesar de su alta investidura, y donde andaba en metro o en colectivo y residía en una pieza desprovista de todo lujo, por renuncia que hizo de la habitación suntuosa que le brindaba su carácter de arzobispo de Buenos Aires. Huía de la riqueza y la ostentación para seguir los caminos de Pedro y predicar la palabra sabia sin ataduras humanas. A ese lugar fue a buscarlo la Iglesia, con angustia –y su barca elemental–, para que la pusiera a flote y la salvara del naufragio que se veía llegar.

Entendió el reto y se puso el anillo del Pescador, el auténtico anillo, el anillo de los pobres, el que carece de fulgores y falsas pedrerías. El nuevo prelado sabe, no ahora sino desde siempre (según lo confirman sus elocuentes huellas pastorales), que el poder arrogante no puede producir beneficio social. Y tiene a San Francisco de Asís como su prototipo de vida. Este vivió en una época de gran prosperidad eclesiástica y abandonó su propia fortuna para irse por los campos predicando la palabra bienhechora, consintiendo a las plantas y a los animales y aliviando las penurias de los seres humildes.

Francisco, que conoce los tugurios, clama por “una Iglesia pobre y para los pobres”. Ojalá la encuentre. Le toca buscarla, porque esta ha perdido su cauce. Ojalá lo dejen trabajar. Está dispuesto a hacerlo. “Nuestra vida es un camino –dijo en su primer día como papa–; cuando nos paramos, la cosa no va. Hay que caminar siempre en presencia del Señor”.

Este sentido del camino, de andar a la vera de los ríos, como Pedro, es aplicable a este turbulento mundo moderno de tan enredados senderos. Francisco ya escogió su itinerario. “Ir adelante es conocer a dónde va el camino”, le advirtió al mundo.

El Espectador, Bogotá, 22-III-2013.
Eje 21, Manizales, 22-III-2013.
La Crónica del Quindío, 23-III-2013.
Red y Acción, Cali, 23-III-2013.

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Comentarios:

Estas apreciaciones sobre la misión de Francisco y las frases citadas de él refuerzan mis reflexiones compartidas con distintos grupos de discípulos en torno a la necesidad de distinguir entre la religiosidad y la espiritualidad. Consciente de la profundidad del tema, leí estas amenas líneas sobre El anillo del pescador, cuya extensa simbología, lejana a los dogmatismos de cualquier “ismo” religioso, conducen al universal espacio de la espiritualidad. Marta Nalús Feres, Bogotá.

Sin genuflexiones, el columnista destaca a una persona muy importante y realza unas condiciones humanas con las que ha sorprendido al mundo, en medio de la crisis que vive la institución que representa. Gustavo Valencia García, Armenia.

Al papa Francisco le toca cambiar la naturaleza humana si quiere renovar la Iglesia. A su favor tiene el ejemplo propio, que es poderosa inspiración. Gloria Chávez Vásquez, colombiana residente en Nueva York.

Lo único que veo en su contra es la edad, pues aunque 76 abriles no son aparentemente muchos para una persona normal, para el que debe tener una agenda terriblemente difícil, sí pueden hacerle mella. Pero jamás conoceremos los designios de Dios. Dios le ayude a cumplir su cometido. Luis  Quijano, colombiano residente en Houston (USA).

Un buen liderazgo genera, siempre y cuando encuentre eco y tenga apoyos internos, serios cambios. Lentos, pero los genera. Francisco tiene la ventaja de que cuenta con imagen, medios de comunicación, y el uso de la palabra, que es el único bien (por ahora) que parece tiene como arma. No hay, por mucho horror que nos rodee, que subestimar el poder de un buen líder, y menos cuando en medio de la decadencia moral y ética que vive este mundo le habla al poco espíritu de unos cuantos. suesse (correo a El Espectador).  

Convertir al Vaticano en un lugar para los pobres, transformar esa opulencia que se vive allí en algo humilde, lo veo muy difícil. Esa corrupción, esas intrigas, ese poderío… es una labor  para personas valientes. El papa como persona me cae bien, pero no creo que logre mucho. Por algo lo eligieron. eradelhielo (correo a El Espectador).

Todos sabemos que, hasta ahora (tal vez, con la fugaz excepción del papa Luciani), la Iglesia y sus jerarcas han sido sumisos y muy útiles alfiles del gran imperialismo y del gran capitalismo occidentales. No le será fácil al papa hacer que los poderosos reconozcan que gran parte de las miserias de este mundo se deben a su egoísmo, su prepotencia y su voracidad. CARV (correo a El Espectador).

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Hugolatría

lunes, 16 de diciembre de 2013 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En China se inculcaba en los niños la veneración de Mao como una deidad que gobernaba la existencia. La gente repetía ese nombre con respeto y embeleso, como si se tratara de un ser sobrenatural. Este tributo obsesivo a Mao, impulsado por él mismo, ha sido uno de los mayores cultos a la personalidad que han enajenado la mente colectiva de un país.

El caso del presidente Chávez en Venezuela no es el mismo de Mao, pero guarda similitud. Llegó al poder con la fuerza de su atractiva personalidad y con la promesa de restituirle al pueblo los beneficios sociales que durante mucho tiempo le había desconocido la tradicional clase política. Tradujo sus palabras en hechos reales, mediante una serie de medidas económicas que aliviaron, sin duda, la suerte de las clases desprotegidas. Magnífico que esto haya ocurrido.

Venezuela gozaba de una situación privilegiada gracias a su prosperidad petrolera. Esa bonanza le dio solidez a un gobierno rico que podía sin mayor esfuerzo mitigar las penurias populares. Tanta era la abundancia petrolera, que esta comenzó a canalizarse hacia otros países aliados con Chávez bajo el rótulo de socialistas, los que pasaban por malos momentos económicos. Al paso de los años, el apoyo a esas naciones, al tiempo que contribuía a enderezar las finanzas ajenas, desquiciaba las del país benefactor.

A este cuadro se sumaban los desaciertos de Chávez en el manejo de las finanzas públicas. Su soberana voluntad expropiaba empresas, ahuyentaba la inversión extranjera, desestimulaba la iniciativa privada, atropellaba los terrenos de la producción, como la empresa estatal PDVSA, que disminuyó sus cifras a niveles alarmantes. Esto era ajeno a la percepción de los pobres, ya que ellos gozaban de los frutos que, a pesar de la postración financiera del país, recibían sin interrupción e incluso con creces.

Por encima de todo, para el pueblo estaba la figura mágica de Chávez, un dios todopoderoso. Claro que lo era, pero a costa del colapso económico a que ha llegado Venezuela con su inflación incontenible, el desajuste alocado de su moneda, el agudo receso industrial que ha desembocado en el desabastecimiento de los bienes básicos de la canasta familiar. Esto para no hablar de la ola de corrupción que se vive en la vida pública y de la inseguridad que sacude al país, sobre todo a su capital, donde se registra una de las tasas más altas de asesinatos del mundo.

Desde que Chávez entró en la etapa terminal de su existencia, el culto a su personalidad se desbordó. La masa lo proclama no solo como el segundo Bolívar, título que él mismo se arrogó, sino como un santo. Muchos le prenden velas. Su retórica populista y caudillista le permitió poner el Estado a su servicio, y así mismo destruirlo. Esto no lo ve la gente idólatra del líder. La historia pasará su cuenta de cobro. Pero no la historia de estos días, ya que medio pueblo venezolano anda obnubilado tras la figura mítica de su ídolo.

Hasta el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, manifestó no tener dudas “de que Chávez –a quien cataloga de mártir– iba a regresar junto con toda la gente piadosa, su alteza sagrada Jesucristo y quien representa a toda la santidad, el hombre perfecto” (se refiere al imán Mahdi, que según la creencia regresará para salvar a la sociedad).

Lisandro Duque Naranjo transcribe en su columna de El Espectador esta frase de un comentarista radial, que escuchó en Guadalajara: “Esas camisas rojas de los que lloran en Caracas son iguales a las que se ponían las multitudes enajenadas por Mussolini, solo que las de estas eran de color pardo”. En cualquier forma, y esto es irremediable en el caso de los caudillos mesiánicos que alcanzan tanta popularidad y veneración como Chávez, tras sus ejecutorias llega el mito. Fenómeno curioso, por cierto.

El Espectador, Bogotá, 15-III-2013.
Eje 21, Manizales, 15-III-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 16-III-2013.
Red y Acción, Cali, 17-III-2013.

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Comentarios:

Quiéranlo o no, el chavismo seguirá creciendo en la mente de los pueblos de América Latina. Venezuela seguirá gobernada por el chavismo por muchos años más. Creo que hasta cuando se acabe el petróleo, por allá dentro de 150 años. Y seguirá teniendo logros en lo social, lo político y lo económico. sincorruptos (correo a El Espectador).  

El desastre económico muy pronto golpeará a Venezuela y lo dejará de muerte. Es una muerte lenta, pero que llega, llega. La Roca (correo a La Crónica del Quindío).

En Colombia, para el Estado, comprar armas es «inversión», pero la educación es un «gasto». Nuestros jóvenes deben elegir entre la dura calle o cargar fusil, porque saben que nunca pisarán una universidad. Pedroperezsosa (correo a La Crónica del Quindío).

Dentro de poco tiempo se verá todo el daño que hizo Chávez en Venezuela. A ver si después que salga a flote la amarga realidad le seguirán poniendo velas. Luis Quijano, colombiano residente en Houston (USA).

La encrucijada de las sotanas

lunes, 16 de diciembre de 2013 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Horas después de que Benedicto XVI anunció su renuncia al papado, un rayo de grandes dimensiones explotó sobre la basílica de San Pedro. El fotógrafo Alessandro di Meo captó esa imagen en todo su fulgurante esplendor, y esa misma noche –cuando una fuerte tormenta estremecía el cielo de Roma– fue transmitida por la BBC y vista por el mundo entero. Ese rayo poderoso lo interpretan muchos como un aviso del cielo, o del poder divino, que se da a la Iglesia para que examine sus acciones y rectifique sus pecados.

La estadía de un papa en su trono es vitalicia y la mayoría de ellos, salvo contadas excepciones, ha muerto de edad avanzada al frente del timón. Hacía 598 años que no renunciaba un romano pontífice, y esto sucedió con Gregorio XII, en 1415, pero él fue obligado a hacerlo dentro del ambiente tenso que se vivía en aquellos días a raíz del Cisma de Occidente.

En el discurrir de la Iglesia católica solo hay una renuncia comparable a la de Benedicto XVI, y es la de Celestino V, en 1294, cuando al considerarse con pocas capacidades para desempeñar su alta investidura, y agobiado como estaba por las luchas internas que mantenían en jaque a dos corrientes de cardenales electores, prefirió renunciar para volver a su anterior vida de ermitaño. Lo cual, sin embargo, no pudo lograr, ya que fue encarcelado. Y así murió.

En abril de 2009, pasados más de siete siglos desde la renuncia de Celestino V, el papa ahora dimitente fue a visitarlo en su tumba olvidada. Benedicto XVI le contaría que él pensaba hacer lo mismo, abrumado también por la pesada atmósfera de intrigas, corrupción, espionaje y graves desviaciones morales que se vivía en los pasillos del Vaticano y en el entorno universal de la religión. Hecho que amenazaba hacer zozobrar la frágil barca de San Pedro en medio del oleaje de este turbulento siglo XXI. Dijo el papa en el anuncio de su renuncia: “He llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.

Uno de los principales objetivos de Benedicto XVI al iniciar su papado en el año 2005 fue el de reprimir los escándalos sexuales que se cometían en los predios religiosos, y que quedaban impunes. Estaba preocupado por la ola de pederastia que invadía, a todo nivel, el ejercicio sacerdotal. Y advirtió: “La Iglesia está en la obligación moral de entregar los criminales a la justicia”. Este lenguaje no se conocía. Desde entonces han pagado sus culpas, con cárcel y otros correctivos ejemplarizantes, muchos sacerdotes, obispos y cardenales malhechores. Tal proceder le acarreó al jerarca una rebelión interna patrocinada por altos mandos de la Iglesia. Quién lo creyera.

Los cuervos del Vaticano que destapó Eric Frattini hacían –¿y hacen aún?– de las suyas desde las cumbres del poder: filtraciones de documentos, fraudes en el Banco Vaticano (o IOR: Instituto para las Obras de Religión), guerra de los vatileaks y muchas maniobras más. Los cardenales Bertone y Sodano se mueven hoy con la fuerza del poder (también llamado politiquería) que ellos lideran y de la cual buscan lucrarse, cada cual por su lado, en los intríngulis que manejan la elección papal.

Ojalá haya llegado el momento de darle un viraje a la barca de San Pedro. La Iglesia debe reformarse. Debe interpretar los cambios convulsionados de la era moderna. Se necesita un verdadero líder que sepa encauzar la institución por rumbos seguros. Quiera el cielo, bajo el signo atmosférico que estalló en la cúpula de la basílica de Roma, que en este cónclave, crucial para la Iglesia, surja la fórmula milagrosa que lleve a la elección de un sabio conductor de la cristiandad, el que no debería salir de ninguna de las listas tradicionales que hoy se pelean la primacía electoral.

El Espectador, Bogotá, 8-III-2013.
Eje 21, Manizales, 8-III-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 9-III-2013.

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Comentarios:

Dijo un filósofo alemán: «Las luciérnagas y la religión necesitan la oscuridad para poder brillar». Recuerden la cantidad de atrocidades que se han cometido, se cometen y se cometerán en nombre de Dios. pacharitas7391 (correo a La Crónica del Quindío).

Yo no creo eso de que el papa renunció porque no se siente con capacidades físicas para desempeñar su cargo. Viejo y acabado estaba Juan Pablo II y hasta el último suspiro llevó las riendas de la Iglesia. Más bien me inclino por los intríngulis y maquinaciones que se mueven por debajo de la mesa en el Vaticano, las cuales deben ser como para alquilar balcón. Pablo Mejía Arango, Medellín.

Los vientos que soplan en el Vaticano en estos días llevan un acre olor a azufre. El solo hecho de que el cardenal de California Mahonny, por nombrar solo a uno, aun después de todas las porquerías que cohonestó, esté presente en el cónclave, es sin duda alguna una muy mala señal. De toda esa pederastia y corrupción a todo nivel nada bueno puede resultar. Luis Quijano, colombiano residente en Houston (USA).

El papa es muy inteligente: si no renuncia no habría pasado nada. trapo3 (correo a El Espectador).

El hermano de Benedicto XVI dijo que su hermano tenía la renuncia en mente desde que asumió el puesto, ya que cada vez los seres humanos viven más años, pero no envejecen más tarde, sólo tardan más en morirse. En este siglo XXI y gracias a los avances de la ciencia, un papa que no esté dispuesto a renunciar podría tener 110 años y estar lúcido. El de la H (correo a El Espectador).

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Siervos sin tierra

lunes, 16 de diciembre de 2013 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Al regresar Siervo Joya del ejército se encuentra con la noticia de que su familia ya no posee la tierra que cultivaba. La guerra entre liberales y conservadores, en época durante la cual este campesino boyacense desea laborar su propio terruño, hizo insufrible la vida rural del país. En tales días, los gamonales y terratenientes despojaban de los predios a sus legítimos dueños en nombre del partido de turno.

La historia narrada por Eduardo Caballero Calderón en su novela Siervo sin tierra tuvo lugar en los años cincuenta del siglo pasado, años de atroz violencia partidista, y parece escrita para los días actuales. Solo han cambiado los nombres de los usurpadores de la tierra, que ya no son ni los conservadores ni los liberales (hundidos hoy en otros afanes), sino los guerrilleros, los narcotraficantes, los paramilitares y los terratenientes. El problema se agrandó.

Lo que hace el escritor de Tipacoque no es otra cosa que presentar el drama de los campesinos de todas las épocas, víctimas de la barbarie que se enseñorea de los campos, se apodera de los bienes ajenos y siembra el terror y la muerte. Los campesinos son los eternos desposeídos. Los huérfanos de todos los gobiernos y de todos los políticos.

Ahora el tema del día es la reforma agraria. La misma reforma que se intentó hace ochenta años en el gobierno de López Pumarejo, y que otros gobernantes han pretendido efectuar, siempre con resultados nugatorios. El problema, lejos de resolverse o por lo menos aminorarse, ha echado raíces cada vez más profundas. Tan oscuro es el panorama, que no se conoce a ciencia cierta cuál es el número de desplazados que han salido de los campos para refugiarse en los centros urbanos. Unos hablan de tres millones, otros de cinco. De todas maneras, una realidad lacerante, dramática e insoluble.

Tampoco se conoce la cantidad de tierra usurpada. Millones de hectáreas, por supuesto, que configuran todo un estado de injusticia e insensibilidad social en este territorio feraz –e inexplotado– donde los abusos, los atropellos, las impunidades y las desigualdades nos señalan como uno de los países más injustos e inequitativos del mundo. Si en poder del Mono Jojoy se han descubierto quinientas mil hectáreas (muy bien guardadas), puede calcularse la dimensión de estos despojos a lo largo de cien años de soledad.

Durante los tres meses de discusión que lleva el asunto agrario entre el Gobierno y las Farc ha salido a flote la necesidad de actualizar el catastro rural, establecer el censo de los desplazados y ejecutar la reparación de los daños. Si la conducta de las Farc ha sido siempre evasiva, sería poco lo que podría esperarse de ellas cuando se trata de poner las cartas sobre la mesa. Sin embargo, no hay nada imposible.

Andan en buena dirección las acciones oficiales que buscan rescatar las propiedades camufladas a nombre de testaferros, de abogados de mala fe y de los propios usurpadores, para restituirlas a sus verdaderos dueños y conseguir la reforma agraria que ningún gobierno ha podido realizar. Mientras tanto, la población campesina vive atemorizada ante las amenazas de los grupos ilegales que no desean la paz de los campos.

Como idea central está el banco de tierras, entidad que se anuncia voluminosa y operante, y que ojalá no se convierta en una utopía más, en una falacia más. Esta ilusión hace soñar a las multitudes de desposeídos de todo el país, que han creado cinturones de miseria en los suburbios y en los semáforos de las capitales.

Siervo Joya no ha muerto. Es ese lánguido personaje que pulula hoy por las calles, sacado de una novela magistral de los años cincuenta, y que se trasladó a nuestros días con el inri infamante con que la sociedad, que somos todos, castiga a los millones de siervos sin tierra que aún confían en una esperanza de vida, en medio de oprobios, de balas y de tinieblas.

El Espectador, Bogotá, 1-III-2013.
Eje 21, Manizales, 1-III-2013.
La Crónica del Quindío, Armenia, 2-III-2013.
Red y Acción, Cali, 12-III-2013.

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 Comentarios:

Traer a nuestros días la remembranza de Siervo sin tierra, la obra del maestro Caballero Calderón, es mostrar que el problema agrario en Colombia nunca recibió la necesaria atención. Por eso la cadena de delitos que genera la rapiña por la tierra y que la actitud pusilánime de los gobiernos desencadenó en la grave realidad en que hoy se encuentra. Ojalá las intenciones pregonadas por el actual gobierno conduzcan a hacer justicia a los campesinos despojados, víctimas de tropelías toleradas. Es una labor titánica, si sabemos del cúmulo de intereses y de mezquinas ambiciones a enfrentar. Gustavo Valencia García, Armenia.

He poematizado el mensaje de Siervo sin tierra y El Cristo de espaldas, novelas estudiadas en mi Universidad de Greensboro antes de invitar a USA a Caballero Calderón gracias a mi espíritu colombianista que el autor agradeció epistolarmente. Ramiro Lagos, Greensboro.

Este artículo nos lleva a esas épocas aciagas que no quisiéramos repetir, pero Siervo Joya  sigue vivo.  Se me viene a la memoria el famoso tango Cambalache, cuya historia no pasa y todos los días se vuelve de más actualidad; parece escrito y compuesto en el presente de nuestro país. Jaime Vásquez Restrepo, revista Mirador del Suroeste, Medellín.

Al elegir a nuestros gobernantes nos hemos equivocado: no nos han defendido y han aprovechado su cuarto de hora para enriquecerse. Boricua71 (correo a El Espectador).

Recomiendo la lectura de Siervo sin tierra. Es deprimente y triste, pero así vive una gran porción del campesinado colombiano. Así lo engañan y agreden. preocupadoporcolombia (correo a El Espectador).